Lo afirmó hace años el zoólogo norteamericano David Barash:
“La monogamia no parece ser natural en el mundo natural”.
Daba así una justificación científica al problema de la infidelidad humana basándose en el mayoritario comportamiento polígamo de los animales. Nuevos trabajos han ido avalando la naturalidad de esta tendencia por desear a la hembra/macho del vecino, hasta el punto de concluir que apenas un 5% de los animales son monógamos, el 3 % en el caso de los mamíferos. Para nuestra especie aún no hay estadísticas concluyentes (de momento), aunque el creciente uso de pruebas genéticas está demostrando que uno de cada 25 padres podría estar criando los hijos de otro hombre.
Últimos estudios de aves profundizan en esta evidencia biológica. Un trabajo realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Alemania revela que las hembras del diamante mandarín (Taeniopygia guttata) son infieles porque heredan unas variantes genéticas (alelos) de sus antepasados masculinos que aumentan su tendencia a la promiscuidad. Se deduce así que el gen de la infidelidad o “gen Casanova” existe y lo transmiten los machos. Lo más curioso es que los científicos han llegado a la conclusión de que en este caso la infidelidad femenina no reporta ventajas evolutivas y las hembras que incurren en adulterio lo hacen, sencillamente, porque han recibido esa predisposición natural por herencia paterna.Menos generalista, un estudio sueco echa directamente la culpa de la infidelidad masculina a un gen en concreto, el alelo 334 que tienen dos de cada cinco hombres.
Recuerda el proverbio latino que “Explicatio non petita, acusatio manifiesta” y quizá tenga algo de justificación no solicitada nuestro interés científico por encontrar reflejo en la naturaleza a nuestras debilidades. Y es que ya lo decía Freud sin que nadie se lo preguntara, “todos somos polígamos reprimidos”.
El jefe Raoni no pudo aguantar las lágrimas cuando se enteró de que la presidenta brasileña Dilma Rousseff ha autorizado el inicio de la construcción de la polémica central hidroeléctrica de Belo Monte, incluso después de que decenas de miles de cartas y correos electrónicos dirigidos a ella, así como más de 600.000 firmas, le pidieran el abandono del proyecto. Esta decisión supone la sentencia de muerte de los pueblos indígenas del río Xingu y de una naturaleza única.
El embalse de Belo Monte será la tercera presa más grande del mundo. Inundará 400.000 hectáreas de selva amazónica, expulsará del territorio a 40.000 personas y destruirá hábitats naturales extremadamente valiosos para la biodiversidad. Todo para producir electricidad a un alto coste social, económico y ambiental, en lugar de apostar por alternativas como mejorar la eficiencia energética del país. Para colmo de males, su construcción duplicará la población regional en al menos 85.000 personas más que llegarán buscando trabajo, provocando aún más presión sobre la tierra y los bosques circundantes.
Estas son noticias terribles que nadie cuenta pues a nadie parece importarle las lágrimas de un indígena.
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Más información sobre el proyecto: Survival, Amazon Watch.
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P.D. Gracias a Alberto por pasarme la información.
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ACTUALIZACIÓN (1 DE JULIO DE 2011): Norte Energia, la empresa que construirá la Central Hidroeléctrica Belo Monte en el Río Xingú, nos ha remitido a 20Minutos un comunicado de prensa donde desmiente que el proyecto vaya a afectar a las comunidades indígenas. Os incluyo a continuación el texto íntegro para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Comunicado de prensa – Brasilia Junio 2011
Central Belo Monte preserva áreas indígenas
La construcción de la Central Hidroeléctrica Belo Monte en el Río Xingú, en el estado de Pará, Brasil, cuya Licencia de Instalación (LI) fue concedida el 1 de Junio por el Instituto de Recursos Naturales y Medio Ambiente (Ibama), no va a inundar tierras indígenas. Estas tierras permanecerán sin tocar por la presa y demás estructuras de ingeniería de la UHE Belo Monte, tanto durante la fase de construcción como durante la fase de operación, que está prevista para su inicio en Febrero de 2015.
Eso significa que, al contrario de lo que publican algunos periódicos y otros medios, la construcción de la Central Belo Monte no alcanzará el área ocupada por tribu indígena alguna y menos aún la de los indios Kayapó.
Cabe destacar que la región ocupada por los Kayapó se situa a 530 km de distancia del embalse de la Central. El proyecto de construcción de Belo Monte, preparado por la empresa Norte Energia S.A., ha sido elaborado con el cuidado de no inundar ningún territorio indígena y por esta razón, ninguna comunidad indígena resultará desplazada como consecuencia del emprendimiento.
El proyecto prevé la construcción de una embalse de 502,8 km², de los cuales 228 km² corresponden al propio caudal natural del río Xingú.
Por tal razón, es fantasiosa la afirmación de que el área inundada deberá alcanzar una extensión de algunos miles de quilómetros cuadrados, como se ha noticiado. Ni siquiera la concepción del proyecto inicial, preparado en la década de los años ochenta, durante el régimen militar, contemplaba una inundación de tal envergadura. Según el proyecto inicial, el área inundada sería de 1.600 km² que, con las adecuaciones impuestas por los órganos ambientales e indígenas, se redujeron hasta alcanzar la actual dimensión.
Es improcedente la información de que el impacto de la inundación será enorme, causando la liberación de gas metano o de dióxido de Carbono, como resultado de la desintegración de materiales orgánicos. La liberación de esos gases tuvo lugar en construcciones antiguas y no solamente en centrales brasileñas. El proyecto de Belo Monte prevé el rescate previo de la flora existente en el área de inundación, evitandose este problema.
El proyecto prevé además el traslado de unas cinco mil familias que viven hoy en situación precaria, en la ciudad de Altamira, gran parte de las cuales residen en palafitos y sin acceso a servicios básicos de saneamiento. Estas familias se transferirán a otra área cercana, donde Norte Energía construirá casas de albañilería, con saneamiento básico y energía eléctrica.
La reubicación de esas familias en otra área constituye una de las 40 condiciones impuestas por el Ibama para la outorga de la Licencia de Instalación de Belo Monte, con las que se comprometió Norte Energia.
El proyecto se estima en 25.800 millones de reales (unos € 11.220 millones). De este total, se aplicarán € 1.400 millones para la ejecución de acciones socio-ambientales en la región. Además, Norte Energia destinará adicionalmente, por su parte, cerca de € 220 millones para apoyar el Plan de Desarrollo Regional Sostenible de Xingú, en asociación con los gobiernos federal, del estado de Pará y de los ayuntamientos de once ciudades en el área de influencia de Belo Monte, que alcanzará más de millones de € 1.200 millones. Durante el pico de las obras, que está previsto para 2013, Norte Energia estima que el personal directamente empleado en la construcción será de 18.700 personas. Otras 23.000 personas estarán empleadas en actividades relacionadas con las obras y 54.300 familiares y otras personas convergirán en la región, llegando a un total de 96.000 personas Involucradas con la construcción de Belo Monte.
El atraso en la concesión de la Licencia de Instalación por parte del Ibama no afectará al cronograma de la obra. Norte Energía considera que dicho atraso se verá compensado con alternativas de ingeniería y de metodología de construcción, a fin de cumplir con la operación comercial de la 1ª turbina en la Zona Pimental el 28 de Febrero de 2015, instalándose la última turbina en la Zona Belo Monte el 31 de Enero de 2019.
Hace 50 años se puso en marcha uno de los tratados más revolucionarios de nuestra historia reciente. En medio de una inestable guerra fría que amenazaba con un tercer gran conflicto mundial, nos pusimos extrañamente de acuerdo para convertir a la Antártida en una gigantesca reserva natural, la menos poblada y contaminada del planeta.
Con la entrada en vigor el 23 de junio de 1961 del Tratado Antártico, los 48 países firmantes reconocen que
“es en interés de toda la humanidad que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y no llegue a ser objeto de discordia internacional”.
Desde entonces es el único continente sin fronteras, desmilitarizado, desnuclearizado y dedicado en exclusiva a la cooperación científica internacional. De momento hay un acuerdo mundial para prohibir toda explotación de sus ingentes reservas mineras y petrolíferas hasta el año 2040. También para preservar esa capa de hielo de más de 2,5 kilómetros de espesor en donde se atesora el 80% de toda el agua dulce del planeta. Paradójicamente, en este mismo continente helado se localiza el lugar más árido del planeta, los Dry Valleys, donde hace miles de años que no llueve por culpa de sus terribles vientos catabáticos.
Por supuesto, tan virginal espacio no está exento de peligros. El más grave de todos es el cambio climático, responsable de que precisamente en este último medio siglo la Antártida se haya calentando el doble de rápido que el resto del planeta y registre preocupantes procesos de deshielo. También sufre los efectos de la sobrepesca y de la inaceptable caza de ballenas.
A estas agresiones se ha añadido en los últimos tiempos una nueva amenaza: el turismo. El creciente flujo incontrolado de turistas que visitan en barco o sobrevuelan en aviones el continente antártico empieza a pasar factura ambiental. Más de 50.000 personas en el último verano austral. Y es que no somos capaces de dejar en paz ni los desiertos helados más protegidos del planeta.
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Para refrescaros, nada más bello que este increíble documental sobre los pingüinos antárticos. Que lo disfrutéis.
En Alemania, devuelves en la tienda la botella de plástico del refresco que te acabas de beber y te devuelven 0,25 euros. Allí no sufren la crisis pero tampoco son tontos. Nadie tira una botella a la papelera porque vale dinero. Y encima se enorgullecen de conducta cívica.
Ayer en España, en el colegio de mi hijo celebraron la entrega de orlas. Al final del acto hubo una merienda y cientos de niños se lo pasaron bomba jugando al fútbol con botellas de plástico y latas de refresco que dejaron el patio sembrado de basura.
Mi primer pensamiento fue hacia el fracaso de un sistema educativo que ha sido incapaz de inculcar a los niños algo tan básico como no ensuciar. Mi segundo pensamiento iba dedicado a Alemania.
Viene todo esto a cuento por la aprobación este miércoles en el pleno del Senado de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados. Una Comisión decidirá próximamente sobre la viabilidad técnica y económica de la aplicación del sistema de depósito, devolución y retorno de envases (SDDR), o lo que es lo mismo, volver al viejo sistema de devolución de envases, el que ya tienen desde hace tiempo los alemanes. No sé a qué estamos esperando para ponerlo en marcha.
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El 72 % de los españoles está dispuesto a cambiar sus hábitos de consumo para luchar contra el cambio climático, y un porcentaje similar (80%) apoya la imposición de etiquetas para conocer el impacto ambiental de lo que compran. Al menos así concluye una encuesta electrónica de la Fundación Entorno, divulgada por la Agencia EFE, donde se contradice la idea generalizada de que los españoles somos mayoritariamente “irresponsables” en nuestros hábitos de consumo.
Estos datos me producen una tormenta de preguntas. ¿Somos los españoles consumidores verdaderamente responsables? ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos de consumo, a reciclar más y a gastar menos? Y la pregunta del millón: ¿Estamos dispuestos a pagar más por ayudar a nuestro planeta?
Sinceramente, pienso que esa encuesta realizada por Internet a 700 personas tiene un alto margen de error, como evidencian los estudios del Observatorio de la Sostenibilidad, que demuestran como la mitad de nuestros residuos no se recicla.
La realidad es testadura, y no hay más que acercarse a los contenedores de basura para encontrar en ellos inmensas cantidades de cartones y plásticos sin separar, a escasos metros de los puestos de reciclaje. Para ver toda clase de aparatos electrónicos averiados y no llevados a un punto limpio. Para acercarnos a las tiendas de moda y comprobar la manera compulsiva en que compramos de todo sólo por el vicio de atrapar chollos innecesarios. Esto último, la nueva cultura de la ganga, cada día más enquistada en nuestro registro genético, casa muy mal con la cultura del desarrollo sostenible que decimos apreciar pero que en realidad muchos prácticamente han desterrado de sus hábitos, ¿no os parece?
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Hoy celebramos el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Suena algo lejano, abstracto y burocrático, pero nos afecta mucho más de lo que pensamos. Con estos calores, anticipo de un duro verano, no está de más pensar en los peligros del avance imparable de un desierto, el Sáhara, que empujado por el cambio climático, los incendios forestales y la sustitución del paisaje agrario por especulativas macrourbanizaciones ha saltado el Mediterráneo.
El mayor desierto cálido del mundo hace 5.000 años no existía en la extensión que ahora lo conocemos. Muchos de los lugares hoy resecos eran espacios verdes y agradables donde abundaba el agua. Desde su formación hace 2,5 millones de años no ha hecho más que crecer, cada vez más rápido y más voraz. En los últimos 50 años ha consumido una superficie equivalente a dos veces la de España, un país que sufre como pocos los efectos devastadores de su llegada. Tan sólo debido a la erosión, el 42% del territorio español pierde más de 12 toneladas de suelo fértil por hectárea y año, y otro 12% más hasta 50 toneladas. Para el conjunto del Estado se calcula una pérdida total anual de suelo de 1.156 millones de toneladas, 60 millones de camiones bien cargados cada año.
La diferencia entre desertización y desertificación somos nosotros. La primera se debe a causas naturales imposibles de evitar, pero la segunda es toda culpa nuestra. Sin árboles, sin cultivos, sin pastos, sin agua, millones de personas de todo el planeta han pasado a convertirse en sedientos y hambrientos refugiados climáticos. Huyen del desierto como antes huían de las guerras. Y una vez asentado tiene mal arreglo lograr su retirada.
Hace unos días tuve la suerte de tener en mis manos el retoño de uno de los últimos 231 cipreses del desierto que sobreviven en el Sáhara. Al tocarlo me temblaron las manos. ¿Pasará algo parecido con nuestros bosques ibéricos?
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Esta vez no hay excusa. Cielos despejados, buena temperatura y un impresionante eclipse lunar que podremos disfrutar todos los españoles mañana miércoles 15 de junio justo en el momento de la salida del bello astro por el horizonte. No es necesario buscar lugares oscuros alejados de la fatídica contaminación lumínica. Cualquier lugar es bueno para verlo. Sólo nos hacen falta ganas y un horizonte despejado hacia el Este.
La fase total comenzará justo sobre el horizonte, y mientras la Luna vaya ganando en altura se podrá disfrutar del gran espectáculo de ver el lento avance de la fase parcial. En Tenerife el eclipse tiene premio especial, pues la sombra del Teide apuntará directamente a la Luna eclipsada en una alineación “casi perfecta”, según ha informado el Instituto Astrofísico de Canarias, y que podrá seguirse on line.
Como todos sabéis, el eclipse de Luna total se produce debido a que la Tierra se interpone por espacio de algo menos de dos horas entre el Sol y la Luna llena, oscureciéndola con su sombra.
Sin embargo, no es este eclipse algo inusual. En apenas un mes se registrarán en el planeta tres eclipses, dos de Sol y éste de Luna, aunque los solares sólo serán visibles desde el Ártico y la Antártida. En un año pueden darse un mínimo de 2 y un máximo de 7, siendo el promedio de 4.
Os dejo a continuación los horarios del eclipse en Tiempo Universal, de acuerdo con la información facilitada por AstroEduca. Para calcular la hora local peninsular se debe sumar dos horas y para el horario canario tan sólo una hora:
Comienzo fase penumbral: 17:24:34 UT (no visible en España)
Comienzo fase parcial: 18:22:56 UT (no visible en España)
Comienzo fase total: 19:22:30 UT (no visible en Canarias)
Fase central totalidad: 20:12:37 UT (visible en España)
Fin fase total: 21:02:42 UT (visible en España)
Fin fase parcial: 22:02:15 UT (visible en España)
Fin fase penumbral: 23:00:45 UT (visible en España)
Yo lo veré con la familia en un lugar maravilloso, las dunas de Corralejo, en Fuerteventura, frente a la isla de Lobos. ¿Desde dónde lo verás tú?
Siempre me fascinó la buhardilla de mi bisabuelo. Era de película, polvorienta, misteriosa, repleta de trastos inútiles, de sillas rotas y espejos ennegrecidos. Hoy ya no existe ni ese rincón mágico, ni prácticamente ninguno de esos lugares donde guardar lo viejo. En nuestra sociedad urbana de usar y tirar, con ridículas “unidades habitacionales” de 40 metros cuadrados, el espacio libre es oro y el cubo de la basura el mejor armario posible.
Tengo un lector que trabaja en la recogida de residuos urbanos de Madrid y que periódicamente me envía fotos de las barbaridades que encuentra en los contenedores de basura. Trajes, ordenadores, muebles, libros y sobre todo comida, toneladas de comida. Otro me asegura que en un gran almacén donde curra las devoluciones de aparatos defectuosos no se miran. Directamente se cambian por otro nuevo y el devuelto se tira a la basura. Muchas veces las averías son tan tontas como poner bien las pilas o retirar el precinto.
Por no hablar de las bolsas de un único uso. Estudios recientes confirman la existencia de 250.000 millones de partículas de plástico con un peso total de 500 toneladas flotando en un cada vez más contaminado mar Mediterráneo.
Estamos sumidos en una crisis económica brutal, frente a un futuro incierto donde los combustibles fósiles serán cada vez más caros y escasos, pero nos da lo mismo, lo nuestro es el derroche. Ahí están las cifras: cada español genera al año 547 kilos de basura y sólo recicla 82 kilos.
Para los economistas son buenos datos. A más despilfarro, más consumo y más negocio. Pensar en el ahorro, en el reciclaje, se considera un insulto a la inteligencia. Tener desván es una inutilidad, incluso para aquellos niños que descubrimos en ellas un mundo fascinante donde todo tenía un uso, hasta los trastos viejos.
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Acabo de regresar a casa tras un emocionante viaje a Madrid, donde he tenido el privilegio de asistir a la plantación de uno de los árboles más raros del planeta. Se trata del ciprés del Sáhara (Cupressus dupreziana), uno de los escasos descendientes de los 231 ejemplares que aún quedan vivos en el mundo, la mayoría de ellos con más de 2.000 años de edad.
Se trata de una especie en grave peligro de extinción, originaria del altiplano del Tassili n’Ajjer, en Argelia, cuya edad milenaria se relaciona con los míticos bosques anteriores a la llegada del desierto y con una extraordinaria cultura neolítica desarrollada a su sombra hace 8.000 años. En la actualidad constituye una población arbórea única y aislada, alejada cientos de kilómetros de los árboles más cercanos, localizada en un entorno único declarado Parque Natural y Cultural, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera.
¿Dónde pensáis que hemos plantado esta joya? No hay duda, en el Real Jardín Botánico de Madrid, uno de los más importantes del mundo y que gracias a esta primavera lluviosa luce ahora más bello que nunca. Lo podéis ver cuando queráis por debajo de la Terraza de los Laureles, donde están los famosos bonsáis de Felipe González, y junto a la colección de agaves americanos.
Como madrina para tan singular acto tuvimos la suerte de contar con la siempre entusiasta y querida amiga Odile Rodríguez de la Fuente, hija del admirado naturalista, quien recibió el retoño con la misma emoción que sentimos nosotros al entregárselo. No lo veremos, pero ojalá aguante vivo varios miles de años como sus primos del desierto.
En la imagen superior, Odile Rodríguez de la Fuente planta el retoño de ciprés siguiendo las indicaciones de Mariano Sánchez, vicedirector del Real Jardín Botánico de Madrid, y del jardinero Eustaquio Bote (Foto: Jose Moya). Sobre estas líneas, uno de los viejísimos ejemplares que aún subsisten en el desierto argelino del Sáhara.
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Hace falta promocionar el uso de las bicicletas como excelente método de transporte, barato, sano y ecológicamente sostenible. Pero no es de recibo que, para una vez que la Dirección General de Tráfico (DGT) se preocupa de enseñarnos a ciclistas y conductores las normas mínimas de convivencia en carretera, tropiece en un sexismo que hace enrojecer al machista más carpetovetónico. Y si no, ¿cómo interpretáis vosotros el comienzo de este vídeo educativo?
“Un señor con traje que va en bicicleta a su trabajo. Una señora con la compra en la cesta de la bici”.
El hombre trabaja y la mujer hace la compra. ¿Os suena?
Para seguir afirmando al mundo que “esto es España y este es uno de los grandes cambios que están ocurriendo. Cada día, dos millones de españoles usan la bici para desplazarse, y se espera que en 2020 sean un millón más”.
Verdaderamente es una buena noticia el resurgir de la bicicleta no sólo para ocio, sino como vehículo de transporte urbano. Pero resulta inaceptable el uso de clichés sexistas de épocas pasadas en una promoción institucional ¿no os parece?
De todas formas os dejo a continuación el vídeo. Para que lo veáis, critiquéis y, ya de paso, tomemos todos conciencia de las mínimas normas de seguridad en carretera cuando nos enfrentamos a las dos ruedas.
Soy geógrafo, naturalista, escritor, periodista y miembro de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. He trabajado una década en la Estación Biológica de Doñana y sigo haciéndolo con SEO/BirdLife, pero por encima de la investigación me entusiasma la interpretación de la naturaleza y la educación ambiental. También la divulgación científica. Desde 2004 trato de contagiaros esta pasión por la conservación de la biodiversidad a través de mis columnas en 20 Minutos, un observatorio pendiente (y crítico) del discurrir de la vida.
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