
Las cerca de 30 estaciones de esquí españolas recibirán esta temporada 7,5 millones de visitas de entusiastas del deporte blanco. Su llegada supone una avalancha de dinero a las tradicionalmente desfavorecidas zonas de montaña, pero también acaba con la tranquilidad de los últimos lugares vírgenes del país.
Ambas opciones, ocio y protección de la naturaleza, son perfectamente compatibles, aunque pocas veces se logra el tan ansiado equilibrio. El cambio climático por un lado, responsable de que cada vez nieve menos, está obligando a suplir artificialmente con cañones esas precipitaciones heladas que la naturaleza nos niega, a poner las pistas a mayor altura, a buscar nuevos lugares más rentables. Y por otro lado está el interés empresarial, ávido de ampliar las temporadas el máximo de meses posible, de desarrollar grandes proyectos inmobiliarios y comerciales lo más cerca del millar de pistas de las que disponemos en la actualidad.
Todos los excesos son malos, y llevar nuestros humos, ruidos, basuras y masificación a 2.000 metros de altura no deja de ser otro exceso más. Si muchos de los amantes del esquí visitaran esas pistas maravillosas durante el verano se quedarían aterrorizados al ver lo que se esconde bajo la nieve: arroyos canalizados y contaminados, montañas dinamitadas, carreteras, aparcamientos, escombros, tendidos eléctricos, microciudades fantasmas.
La gente de la montaña necesita al esquí para vivir con dignidad en esos lugares tan difíciles y hermosos. Pero no se puede hacer a cualquier precio. Hay que mejorar las instalaciones, hacerlas más sostenibles, no más grandes, no más artificiales, no más numerosas. O acabaremos convirtiendo nuestros paisajes alpinos en unos parques temáticos más, ajenos al entorno, a la población local y a su cultura. Podremos esquiar en esas pistas todo el año, es verdad, pero será como hacerlo bajo una nave climatizada de Dubai.
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Os dejo un vídeo de Ecologistas en Acción donde se critica el desmesurado consumo de combustible que supone la semanal invasión de fin de semana a las montañas con nieve.
La foto superior corresponde al “telesilla del amor” instalado en la estación aragonesa de Cerler. Sin comentarios.


¿Este mismo tema, casi punto por punto, no se hablo ya el año pasado en este mismo blog? A ver si cuando no hay temas, nos vamos a dedicar repetirlos anualmente!
30 noviembre -0001 | 00:00
Ya podíamos tener la suerte de tener por el norte algo así. Esquí todo el año.
Os dejo un artículo de recuperación de una lesión típica de esquiadores la pedrada
http://www.menecesitas.com
Saludos
10 diciembre 2009 | 23:16
Reconozco que cualquier movimiento masivo de coches es negativo para el medio ambiente, pero la solución real es el cambio de motores en estos… ojala los hibridos o mejor aun los electricos se impongan
Dinero extra sin invertir
10 diciembre 2009 | 23:24
todo lo que dice es verdad, no estamos cargando la montaña pero hay mucha gente que vive de ello. ¿cual es la solucion?
Jorapendia
Lo que se debería prohibir son esos pueblos de montaña. Es una salvajada que hayan nucleos de población tan grandes como Jaca con la contaminación e impacto ambiental que eso conlleva. Si no se largan voluntariamente, lo que habrá que hacer es ahogarlos económicamente para que e vayan, y prohibirles las estaciones es una buena manera de quitarles su manera de vida.
El resto ya lo hará la Unión Europea con la cuotas lecheras y demás.
Y como Jaca, digo lo mismo de Benasque, un pueblo demasiado grande para ese lugar tan maravillosos. Fuera turismo, fuera todo de las montañas y a vivir a las ciudades, que es donde deben vivir los humanos.
10 diciembre 2009 | 23:39