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Lo que no nos cuentan Lo que no nos cuentan

"Cerré mi boca y te hablé de mil maneras silenciosas". Rumi

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La comunicación no verbal en las reuniones de Rajoy con Pablo Iglesias y Albert Rivera

rajoyreunido

Ojalá pudiéramos tener la secuencia en vídeo (y si fuera con cámara oculta mejor) de estas negociaciones de una conmoción emocional muy significativa, y así poder ir enlazando la conducta no verbal con el discurso de ambos. Las instantáneas nos ofrecen menos información, o al menos, más sesgada a la hora de interpretar, pero siempre podemos jugar con las diferencias entre unos y otros para establecer buenas o malas sintonías en comunicación. En este caso, hay numerosos fotogramas que reflejan una posición muy parecida a la de estas dos imágenes que adjuntamos aquí, es decir, que la postura se mantiene en el tiempo y esto ya es válido para realizar inferencias sobre su nivel de rapport (compenetración psicológica en la comunicación).

Tenemos que destacar que existe una mayor conexión entre Rajoy y Rivera que en Rajoy e Iglesias. Esto no quiere decir que ambos estén de acuerdo en el contenido ideológico de lo que comparten, sino que están dispuestos a escucharse, comprenderse y empatizar.

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Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, un encuentro frío y sin ninguna sintonía

Encuentren las siete diferencias entre ambas fotografías, hablan por sí solas. De esta forma es mucho más sencillo visualizar la importancia y la información tan reveladora que nos da un simple saludo, un apretón de manos. Es brutal la distinción que hay en un mismo gesto según los estados emocionales que pueden provocarse por diferentes situaciones y contextos de alto impacto.

Hoy se producía el primer y esperado encuentro entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez tras la incertidumbre ocasionada por los resultados electorales del 20-D. Las imágenes y la secuencia videográfica son escasas, tanto como el afecto que ambos se han mostrado, pero analizamos paso a paso los indicadores no verbales más reveladores que se han producido en este esperado encuentro.

Mariano Rajoy (¿aún?) está en casa, se muestra territorial y lidera corporalemente la situación. Sale a recibirle con paso marcial, rápido, erguido y seguro en su caminar, no titubea, se aproxima todo lo que puede a su encuentro, no le espera, baja la escalera para recibirlo lo más inmediatamente posible, quiere demostrar que él es el líder. Es Rajoy quién ofrece en primer lugar la mano, Sánchez espera y acepta el saludo con desgana, como que “no le queda otra”, esto es interesante, ya que normalmente esperamos que nos ofrezcan la mano para saludar cuando consideramos a la otra persona como una figura de autoridad, en un puesto mayor de la jerarquía, aún con desdén, Sánchez le respeta.

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Las comparecencias: culpa y rabia en Pedro Sánchez, orgullo en Albert Rivera y tensión en Rajoy y Pablo Iglesias

Después de una lucha encarnizada por el poder y tras una campaña agotadora, llegó el momento del desenlace, pero a través de este análisis iremos más allá de los datos, analizamos la comunicación no verbal de los principales candidatos a la presidencia en sus comparecencias. ¿Serán congruentes?

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PIcomparecenciaPablo Iglesias aparece con una sonrisa permanente antes del discurso, se abraza con su equipo y no para de sonreír. Sonríe tan sostenidamente en el tiempo que no puede dar cuenta de una expresión de alegría natural, sino que la mantiene artificialmente para posar ante los medios. Esto no es ni bueno ni malo, es solo la imagen que elige proyectar. Al inicio lee el discurso preparado, algo que no suele ser frecuente en él, pero contextualizando “es lo que toca”. Cuando aporta datos y porcentajes exitosos para ellos la sonrisita que se le escapa a Errejón es reseñable: se le ve realmente satisfecho con los resultados e intenta reprimir esta sonrisa que sale sola, suponemos que por respeto a los partidos que no salieron tan bien parados.

Lo más significativo de esta comparecencia es lo que no se ve. ¿Será el adiós definitivo al ceño fruncido? Es fascinante cómo ha modificado su expresión facial, en este momento al menos, su movimiento en el rostro es idéntico al que suele utilizar Íñigo Errejón: concentración, interés y esfuerzo por comunicar correctamente, cejas arqueadas para enfatizar el mensaje pero sin connotación negativa emocional alguna en su rostro.

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Mariano Rajoy en campaña: no está hecho para los enfrentamientos verbales

La campaña electoral es una situación emocionalmente intensa capaz de modificar a placer el comportamiento de los líderes políticos más estables y preparados. Las situaciones estresantes son capaces de alterar hasta las conductas o incluso rasgos de personalidad más arraigados. Vamos a ver por tanto cómo han evolucionado los cuatro principales aspirantes al gobierno, así como sus fortalezas y debilidades en base a su expresión no verbal.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en Cangas de Onís este miércoles. (EFE/José Luis Cereijido)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en Cangas de Onís este miércoles. (EFE/José Luis Cereijido)

Sin duda la decisión del presidente de no aparecer en debates a cuatro o diferentes encuentros de similares características, ha favorecido su estabilidad emocional. Los debates son situaciones estresantes que hacen perder el control a cualquiera: hay que encajar ataques, responder hábilmente, mantener las formas, no filtrar tensión a través del lenguaje corporal, no contradecirse, ser coherentes entre lo que se verbaliza y lo que se expresa no verbalmente… En fin, no es sencillo, y esta parte no es el fuerte de Mariano Rajoy. Vimos en el cara a cara con Sánchez cómo no está hecho para el enfrentamiento y se desestabilizaba con los duros golpes (dialécticos) de Sánchez.

Su fuerte es el diálogo calmado, él no es veloz en su pensamiento. Quizás su carácter analítico e introvertido le proporcione la necesidad de meditar mucho más sus respuestas. También le beneficia su apariencia formal y su experiencia. Las fuentes persuasoras expertas y de cierta edad se perciben como más fiables y seguras en sus actos.

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La agresión a Mariano Rajoy en Pontevedra desde la perspectiva de la comunicación no verbal

En el día de ayer, el actual presidente del gobierno Mariano Rajoy fue agredido por un chico de 17 años, durante un paseo electoral en Pontevedra. Vamos a analizar la secuencia desde la perspectiva no verbal para identificar detenidamente los elementos más relevantes de esta agresión.

Es interesante comenzar por el instante previo al golpe, el agresor (no podemos adjuntar fotogramas puesto que es menor) tiene inicialmente una mirada constante pero de reojo a Mariano Rajoy, y no solo a éste, también al equipo de escoltas que le rodea. Está aquí en un proceso de valoración cognitiva, piensa en cómo hacerlo, consecuencias, elección del momento adecuado, es más, cuando el escolta más próximo aparta la mirada, es cuando elige actuar.

Segundos después ya si fija frontal e intensamente su mirada en Rajoy, y realiza un movimiento significativo: se balancea, es decir, se prepara corporalmente para el ataque, me recuerda a ese pequeño salto que los luchadores de boxeo dan antes del combate. Esta acción tiene un sentido fisiológico, puesto que sirve para activar y aumentar la circulación sanguínea dotando de la mayor fuerza necesaria nuestro movimiento para iniciar el ataque. Justo cuando suelta el puñetazo el rostro del agresor es de odio e ira total, si lo analizamos fotograma a fotograma, vemos cómo hasta abre la boca en lo que parece ser un gruñido. Tras el golpe ya no mira a Mariano Rajoy, éste ya no le interesa, dirige su mirada inmediatamente al escolta que tiene más cerca, ya está preparado para recibir él ahora el contraataque.

Todo esto nos hace dictaminar que el ataque estaba bien meditado por el asaltante, que el golpe iba cargado fisiológicamente de toda la fuerza y energía necesaria para hacer daño, su motivación no era una llamada de atención o un ataque sin convicción emocional detrás, tiene todos los ingredientes de un asalto físico cargado de motivación y afecto negativos, para dañar al otro.

¿Qué podemos observar en Mariano Rajoy? Pues sobre todo, expresión (evidentemente) sincera de dolor intenso y conducta shock tras el trauma físico y psicológico recibido, no olvidemos que estos agravios en público duelen más internamente que físicamente. Se queda totalmente desorientado e inmediatamente baja la cabeza al suelo en un ademán por encontrar rápidamente sus gafas que cayeron al suelo. No lo consigue y mira a su alrededor, busca visualmente saber qué ha pasado, quién le ha atacado. Las personas que le rodean, le dan “golpecitos en la espalda” en señal de apoyo y ánimo, Rajoy los busca, mira a los lados y hacia atrás necesita sentirse rodeado por su gente y sentir de nuevo la seguridad perdida.

Mariano Rajoy intenta sobreponerse, retoma la marcha, lo más visible tras el agresivo suceso es el intenso sudor que se aprecia en su frente, por supuesto, producto de una alta tensión e incluso del miedo experimentado, aunque no podemos corroborarla en la expresión facial de Rajoy, dados los planos laterales y calidad de vídeo.

Inicia el paso con una postura erguida y con los brazos atrás, postura que denota exposición del cuerpo, no es una postura defensiva propia a de un ataque previamente sufrido, y por esto, no puede mantenerla más de unos segundos, aunque es lo que quiere e intenta, su impacto emocional ha sido fuerte y su cuerpo no le deja volver tan rápidamente a la calma, vuelve a posicionar los brazos lateralmente al tronco. Igual ocurre con su rostro, intenta sonreír cuando la gente se le acerca, pero en cuanto se marchan vuelve automáticamente a una seriedad muy marcada, mirada al suelo, algo perdida, sigue procesando lo que acaba de ocurrir. No sabe qué hacer con sus brazos, y se mete la mano izquierda en el bolsillo de la chaqueta, este gesto es un gesto manipulador, es decir, lo hace por hacer, no tiene sentido ya que no va a coger o guardar nada en este bolsillo, no hay utilidad en el acto, y por tanto es muestra de inquietud y nerviosismo. Su rostro sigue perdido, no fija la mirada, la gente se le acerca y le hace preguntas y responde con un “¿qué?” hasta dos veces, su cerebro tras el shock no puede procesar información.

Lo significativo quizás de este análisis es corroborar la sorpresa, la conmoción, el pasmo y la desorientación real de Rajoy tras el ataque. Sin lugar a dudas (y no me suelo mojar tanto) sus indicadores fisiológicos, corporales y actitudinales nos muestran que no se trata un hecho esperado por Mariano Rajoy sino más bien todo lo contrario.

Pasadas unas horas y ya en el mitin de A Coruña se palpa la estabilidad emocional y la reintegración en su conducta no verbal, aún se advierten las secuelas físicas como el hematoma o la sudoración intensa, pero no así ya las secuelas emocionales. Desde luego, es destacable la reposición del presidente en este caso ya que si analizamos el mitin no podemos imaginar (emocionalmente hablando) lo sucedido anteriormente: entra firme, concentrado, nada perdido, sonriendo y saludando, cuando habla no se le percibe acelerado, tiene pausa y rimo coherente en su discurso y ningún indicador nos hace sospechar de la tensión previa que sí que se filtraba a través de sus canales expresivos corporales en el momento crítico del ataque sufrido.

Mariano Rajoy expresa tristeza y Soraya Sáenz de Santamaría asco cuando hablan de corrupción

¿Qué diferencias emocionales expresan Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy cuando hablan de corrupción?

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Esta es la expresión emocional en el rostro que podemos apreciar en Mariano Rajoy cuando en diferentes momentos del programa de La Sexta Noche habla, le preguntan o escucha algo sobre corrupción. Parece que directamente se fuera a echar a llorar, pero ¿qué significa realmente esta expresión? Pues sí, como vemos en el fotograma comparativo, es tristeza, pena, pesar, aflicción… Corresponde con una emoción real, muy difícil de simular, ya que la acción muscular del rostro que se activa con esta expresión emocional no es un movimiento controlable por nosotros mismos y por tanto cuando se produce, le debemos dar total credibilidad. El movimiento se describe como: descenso leve de las comisuras labiales (sin tensión en la barbilla, si no, sí que sería un gesto adrede) y una elevación de la zona interna de las cejas, (éstas forman un triángulo), podéis intentarlo vosotros mismos frente al espejo para comprobar la complejidad de reproducirla exactamente así.

Ahora bien, ¿por qué se produce? Eso ya es otro asunto que se nos escapa. No hay certezas. Puede ser que realmente haya sufrido por este tema y se sienta dolido por la traición de sus colegas corruptos, pero también que sienta que la corrupción ha sido la mayor lacra durante el período de su gobierno, que es una mancha en su expediente, o incluso la causa de la pérdida irreparable de la confianza de los ciudadanos.

En el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, analizada en el programa de El Hormiguero, nos encontramos una expresión totalmente diferente a la anterior.

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En los fotogramas la podemos observar con diferente intensidad. ¿No os recuerda esta expresión facial a cuando algo nos huele o nos sabe mal? Se trata de la emoción de asco y la ejecutamos cuando sentimos un intenso rechazo por lo que estamos, en este caso, verbalizando. La sensación que se experimenta es la de un fuerte desagrado provocado por alguien o algo, por un acontecimiento psicológico o de valores morales repugnantes, este sentir nos impulsa a repudiar, actúa como repelente.

Sin embargo, y al igual que en el caso de la tristeza de Rajoy, no podemos saber con exactitud cuál es el estímulo que provoca este desagrado en la vicepresidenta, quizás rechazo hacia las personas que cometieron estos actos socialmente deleznables, desagrado ante la forzada situación de “tener que hablar otra vez del tema”, incluso hacia el presentador que le plantea la pregunta, si bien es cierto que en este último caso se transmitiría la orientación de ésta directamente a Pablo Motos, por el contrario parece que su mirada evoca al recuerdo y a imágenes internas cuando siente este rechazo.

Sea como fuere es interesante identificar las diferentes reacciones emocionales de ambas figuras políticas. Son del mismo partido, con la misma ideología, están ante el mismo tema y, sin embargo, experimentan distintas sensaciones al respecto.

En el debate a cuatro ganó la preparación y perdió la naturalidad

El de ayer fue el debate de lo aprendido, en el que en términos de comunicación no verbal ganó la preparación y la pose estudiada y perdió la naturalidad. No sé dónde queda la espontaneidad en nuestros líderes políticos, todo está tan preparado y mecanizado que es casi imposible detectar conductas súbitas que aparezcan de forma involuntaria, su comunicación es artificial dando lugar a una interacción insípida y carente de emociones para con el espectador.

Voy a repasar la actuación de los cuatro intervinientes desde mi especialidad, aquí y aquí hay más lectura para los interesados en lo que dijeron y quién quedó mejor parado desde el punto de vista del contenido.

DEBATE TELEVISADO ENTRE(8837633)

SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA, BIEN APRENDIDA DE CASA

Su gestión emocional es brutal, controla y racionaliza constantemente su actitud, su pensamiento analítico se filtra a través de su cuerpo, postura y discurso, ya que las pausas y el ritmo del habla denotaban un aprendizaje mnemotécnico anterior intenso. Sí que se le escapó algún suspiro cuando le preguntaban o referían la sustitución inadecuada por actual presidente Mariano Rajoy, síntoma de cansancio y desdén hacia el tema.

Pero sin duda, hubo una expresión en su rostro que fue incontrolable y típica de ella: si os fijáis en el vídeo después de cada una de sus intervenciones en el debate muestra una sonrisa, pero no una sonrisa reflejo de felicidad u orgullo que sería simétrica y con acción en la zona orbicular del ojo (veríamos marcadas las “patas de gallo”); la que expresa tiene solo acción unilateral, elevando de un solo lado la comisura de la boca, es una sonrisa desdeñosa que expresa, al igual que en el caso de Sánchez (que lo hace de forma puntual y hacia Pablo Iglesias) superioridad, es una falta de respeto o reconocimiento hacia sus rivales políticos de forma persistente, después de cada una de sus alegaciones se manifiesta irónica, definida esta ironía como una burla fina, ingeniosa y disimulada; una forma de ataque elegante, fría e intelectual de herir al opuesto.

Soraya

LA ANSIEDAD DE ALBERT RIVERA

El punto fuerte de Albert Rivera, como nos tiene acostumbrados ya, fueron sus gestos genuinos con los brazos, un baile en total armonía con lo que dice, que produce una comunicación agradable de seguir, ilustrativa y creíble, congruente siempre con su mensaje verbal. Pero, no es necesario ser un experto analista para darse cuenta de lo nervioso y descontrolado que estaba el representante de Ciudadanos, las reacciones fisiológicas, para su desgracia, son incontrolables, es lo único que no pueden gestionar los candidatos con antelación. La sudoración excesiva (hiperhidrosis) se relaciona con la ansiedad. La ansiedad tiene una función muy importante relacionada originalmente con la supervivencia para conservar nuestra integridad física ante amenazas del medio, en términos generales, significa miedo. Rivera esta noche percibía peligro en la situación a la que se enfrentaba. ¿Por qué? Quizás porque había mucho en juego, porque le resultaba estresante la confrontación o porque simplemente le faltaba la seguridad de la ventaja frente a sus adversarios. Todo en él se revelaba ya acorde con este indicador de una tensión intensa: no paraba de moverse, su cuerpo era incapaz de serenarse y se mantuvo en un balanceo intenso, se colocaba el traje, se retorcía las manos, se cogía el dedo meñique, se colocaba el traje, cogía papeles, los volvía a dejar… pura tensión.

Aquí viene la lectura positiva de todo esto, es el único que nos dejaba entrever que era humano. El resto de candidatos en sus ademanes hieráticos parecían de otro planeta, es fundamental tener en cuenta que el público puede empatizar con Albert, entendiendo que cualquiera de nosotros estaría así en esa situación y despertar en ellos comprensión y ternura con la zozobra que nos mostraba. Que quede claro, para la gente de casa pudo despertar sensibilidades y afecto pero desde el punto de vista del marketing, comunicación y psicología persuasiva no había por donde cogerlo.

PABLO IGLESIAS, ALGUNOS ERRORES IMPORTANTES

Siguiendo con la sudoración visible, nos encontramos a Pablo Iglesias, tremendamente desafortunado en la elección del color de su camisa. Esto puede parecer un elemento superficial e irrisorio, pero no lo es, el canal expresivo de apariencia es vital en la formación de impresiones sobre alguien y el aspecto de pulcritud, cuidado y esmero en la imagen que proyectamos es muy valorado y significativo para causar sensaciones positivas.

Otro elemento destacable de su atuendo era el bolígrafo; parecía que este objeto era ya una extensión de su cuerpo. Entró con él en la mano (incluso en momentos previos a plató) y no lo soltó durante todo el todo el debate. Esto forma parte de lo que conocemos como ‘gesto manipulador’, la persona necesita sostener algo entre manos para canalizar y aliviar la tensión del momento, este acto distrae al observador y además le impide gesticular con naturalidad e ilustrar el mensaje.

El punto fuerte de Iglesias vuelve a ser el tono con el que afronta el diálogo, la serenidad, calma y ritmo pausado en su discurso le dotan de un halo tranquilo, de seguridad en su mensaje y de su rol conciliador. Para mí, en esta ocasión ya algo forzado, el líder de Podemos es consciente de que este aspecto es el uno de los que le hizo destacar en el anterior debate a tres, y en esta intervención abusaba ya de los signos de calma para referirse a la participación de sus contrincantes. Si os fijáis en ciertos momentos esta llamada al sosiego no tiene demasiado sentido, la usa sin ton ni son, simplemente para volver a recrear esta figuración mediadora que le hace ilustre en sus apariciones públicas.

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PEDRO SÁNCHEZ, ARTIFICIAL, CONFIADO Y ALTIVO

Ya he comentado en varias ocasiones la asociación irremediable que evoca Sánchez con el estilo estadounidense. Pues bien, en esta ocasión se caracterizó hasta por los colores de la bandera de EEUU en su atuendo (rojo, azul marino y blanco) por cierto, recurso muy utilizado por los presidentes Obama y Bush en momentos críticos en los que hubieron de dirigirse a la nación para afianzar su bandera y patriotismo. Eso sí, su imagen pulcra y cuidada, hecha a medida, sugiere elegancia, formalismo, seriedad y distinción respecto a los demás.

Podemos captar en su rostro expresiones de asco y desprecio, sobre todo, dirigidos hacia Pablo Iglesias cuando éste le rebatía cualquier argumento. Estas emociones significan un profundo rechazo hacia lo que escuchamos de nuestro interlocutor y además la certeza de que se considera en un planto intelectual y moralmente superior a él. Estos ademanes de vanidad le restan cercanía y afabilidad para quién lo observa.

Sus gestos y posturas estaban demasiado bien articulados, robotizados, la excesiva perfección corporal le aleja de lo terrenal y no podemos conectar con él. Un gesto muy significativo al inicio fue el de frotarse profusamente las manos, es un gesto que denota expectativas positivas, ganas de comenzar por la confianza que sentimos, estaba listo para la acción y además iba a disfrutar con ello.

* Fotos: la primera imagen es de EFE, las otras son capturas de momentos del debate.