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Entradas etiquetadas como ‘Podemos’

¿Quién ganó el tenso cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera?

(EFE) Pablo Iglesias y Albert Rivera discuten en su cara a cara en el programa Salvados.

(EFE) Pablo Iglesias y Albert Rivera discuten en su cara a cara en el programa Salvados.

Albert Rivera y Pablo Iglesias se sentaron anoche frente a frente en un programa especial de ‘Salvados’, el moderador, Jordi Évole instaba constantemente a la cordialidad entre ambos, y así comenzaron, con un tono muy cordial, expresiones positivas, calma y buenas intenciones, pero duraron poco. Me limitaré a exponer algunos datos para que cada uno saque sus propias conclusiones. Y es que en mi opinión, ambos manifestaron aciertos y errores en lo que a comunicación no verbal se refiere.

El atuendo elegido ya nos dice algo, con anterioridad comentamos la importancia del uso o no de la corbata en política, curioso que en este caso el líder de Podemos la utilice y el representante de Ciudadanos no lo haga; ambos matizan posiciones, suavizan, e intentan romper así la asociación con la imagen transgresora de Pablo y con la más clásica y tradicional de Albert.

A veces, son las palabras las que incendian determinados comportamientos, acusaciones que se convierten en una especie de ‘botón’ que activa de pronto una intensa reacción conductual (positivas y negativas). Sin duda, se producen tres momentos destacados, con tal impacto emocional que son determinantes en el transcurso de la entrevista:

  • La alusión a Amancio Ortega: Pablo Iglesias estaba muy relajado y neutral hasta este momento. Le enfada que Rivera le acuse de haber criminalizado al famoso empresario a través de Twitter, su gesto se torna iracundo e incluso asqueado por lo que escucha. Ante está primera provocación Iglesias se desestabiliza y entonces adquiere también un rol más agitador, aunque consigue, en cierta medida recuperarse.
  • La mención a los refugiados sirios (el momento más tenso): Aunque ambos coincidieron en agilizar los trámites para la acogida de refugiados, la contienda llegó con la réplica de Iglesias: “Lo que dices es sensato Albert, pero no entiendo por qué votasteis en el Parlament de Cataluña en 2013 a favor de retirar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes”, y esto desata la angustia y el estrés de Rivera, que responde muy tenso “Pablo, tu demagogia es insultante”.”No te pongas nervioso”, le dijo Iglesias. “No me pongo nervioso, me indignas PabloA partir de aquí el líder de Ciudadanos comienza un viaje al descontrol sin retorno posible. Comienza a beber agua sin parar, a sudar de igual forma, no puede gestionar su vuelta a la calma. Y para colmo aun le quedaba encajar otro duro golpe.
  • La referencia a Venezuela: Fue la tecla que termina por encender a Albert. La insinuación de que le preocupen más los problemas al otro lado del charco en detrimento de los de España y sus (desafortunados) comentarios sobre el significado de una dictadura, hacen que se perturbe del todo, llegando incluso a elevar el tono de voz. En realidad, ya ambos no cesan de reproducir expresiones de ira, asco y desprecio, entran en un estadio afectivo muy negativo del que no logran recuperarse.

Otros datos relevantes:

  • Los papeles de Pablo Iglesias: No solía recurrir a la lectura, ni a datos, frases literales, porcentajes, etc. Pero en esta ocasión decidió ir acompañado de apuntes a los que apelaba asiduamente como apoyo argumental. Rivera sin embargo prefirió ir libre de guión.
  • A Iglesias le molestaba significativamente que Rivera le acusara de intransigente, ante está ‘tecla’ (utilizada repetidamente), muestra un intenso desprecio.
  • Evasivas de Albert Rivera: En algunas respuestas carece de contundencia, sobre todo, en las que se refiere a los futuros pactos. Le cuesta nombrar a los partidos políticos con los que sí o no pactaría.
  • El bolígrafo sigue adquiriendo el protagonismo en el impacto emocional de Iglesias. En esta ocasión además es muy flagrante su utilidad para descargar tensión y agresividad, cuando escucha a Rivera, literalmente, ‘lo aprieta’.
  • Albert casi siempre toma la posición no ventajista en sus intervenciones de respuesta, por un lado, toma la iniciativa y esto proyecta una imagen positiva, pero por otro lado, le regala constantemente tiempo a Iglesias para pensar mucho mejor sus réplicas.
  • El apretón de manos final: este elemento resulta muy ilustrativo de lo que fue el careo, resume muy bien el estado emocional, sobre todo, de Rivera. Está muy enfadado, ni le mira, ni se inclina, es una acción desdeñosa que realiza por deber protocolario.

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Pablo Iglesias admite que en el pasado cara a cara entre ambos, en el mismo medio y formato, “lo hizo mejor Rivera”, y estoy totalmente de acuerdo, pero en este caso, con estos datos tan dispares, tengo mis dudas sobre por quién decantarme. ¿Qué pensáis vosotros?

 

 

 

La curiosa reacción no verbal de Pablo Iglesias cuando le preguntan sobre la ausencia de Errejón

Iglesias propone a Echenique como secretario de organización tras destituir a Sergio Pascual. Foto EFE/Kiko Huesca

Iglesias propone a Echenique como secretario de organización tras destituir a Sergio Pascual. Foto EFE/Kiko Huesca

El pasado viernes Pablo Iglesias ofreció una rueda de prensa (cuánto juego da este tipo de declaraciones) tras proponer a  Pablo Echenique, como secretario de organización tras destituir a Sergio Pascual, hombre de confianza de Íñigo Errejón, en medio de (al parecer) una crisis interna en el partido. En esta exposición ante los medios, tuvo que dar cuenta de la ausencia de Errejón en este y otros relevantes acontecimientos acaecidos en los últimos días.

En primer lugar, destaca la frialdad en las palabras empleadas al responder, se aleja de la intimidad y el afecto que le une con su número dos, y retoma así todo el protocolo y formalidad posibles para dar su respuesta, frases como “está ejerciendo sus labores”, “hemos contactado”, “me consta que hoy ha estado trabajando”, dan cuenta de un distanciamiento verbal, ya que se trata de referencias o términos poco usuales para hablar de una persona con la que hay cierto vínculo de apego.

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La cordialidad no verbal impera en los últimos encuentros políticos: Felipe VI y Puigdemont y la reunión de la izquierda

Carles Puigdemont saluda al rey Felipe VI a su llegada a la cena de bienvenida a los asistentes al Mobile World Congress/EFE

Carles Puigdemont saluda al rey Felipe VI a su llegada a la cena de bienvenida a los asistentes al Mobile World Congress/EFE

No todo iba a ser malo. Después del tenso ambiente político que protagonizó el desdén de Mariano Rajoy con el ‘no saludo’ hacia Pedro Sánchez, encontramos otros ejemplos actuales para ilustrar la armonía y afabilidad en ciertos sectores político-monárquicos.

El primer ejemplo se produjo el pasado domingo en el primer encuentro entre Felipe VI y Carles Puigdemont, después de la investidura de este último en la Generalitat de Cataluña. Observamos como Carles se aleja de las puertas del Liceo y va al encuentro con el Rey que llega en su coche, ambos se topan con una amplia sonrisa del otro, establecen un contacto visual directo que se interpreta como apertura y buena disposición a la comunicación y el apretón de manos es formalmente perfecto, con la duración adecuada y total verticalidad, hay neutralidad y por tanto hay empatía, así mismo, todo esto es congruente con su expresión facial, no se desprende dominancia ni agresividad por parte de ninguno de los dos, se muestran receptivos el uno con el otro.

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La comunicación no verbal en las reuniones de Rajoy con Pablo Iglesias y Albert Rivera

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Ojalá pudiéramos tener la secuencia en vídeo (y si fuera con cámara oculta mejor) de estas negociaciones de una conmoción emocional muy significativa, y así poder ir enlazando la conducta no verbal con el discurso de ambos. Las instantáneas nos ofrecen menos información, o al menos, más sesgada a la hora de interpretar, pero siempre podemos jugar con las diferencias entre unos y otros para establecer buenas o malas sintonías en comunicación. En este caso, hay numerosos fotogramas que reflejan una posición muy parecida a la de estas dos imágenes que adjuntamos aquí, es decir, que la postura se mantiene en el tiempo y esto ya es válido para realizar inferencias sobre su nivel de rapport (compenetración psicológica en la comunicación).

Tenemos que destacar que existe una mayor conexión entre Rajoy y Rivera que en Rajoy e Iglesias. Esto no quiere decir que ambos estén de acuerdo en el contenido ideológico de lo que comparten, sino que están dispuestos a escucharse, comprenderse y empatizar.

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Las comparecencias: culpa y rabia en Pedro Sánchez, orgullo en Albert Rivera y tensión en Rajoy y Pablo Iglesias

Después de una lucha encarnizada por el poder y tras una campaña agotadora, llegó el momento del desenlace, pero a través de este análisis iremos más allá de los datos, analizamos la comunicación no verbal de los principales candidatos a la presidencia en sus comparecencias. ¿Serán congruentes?

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PIcomparecenciaPablo Iglesias aparece con una sonrisa permanente antes del discurso, se abraza con su equipo y no para de sonreír. Sonríe tan sostenidamente en el tiempo que no puede dar cuenta de una expresión de alegría natural, sino que la mantiene artificialmente para posar ante los medios. Esto no es ni bueno ni malo, es solo la imagen que elige proyectar. Al inicio lee el discurso preparado, algo que no suele ser frecuente en él, pero contextualizando “es lo que toca”. Cuando aporta datos y porcentajes exitosos para ellos la sonrisita que se le escapa a Errejón es reseñable: se le ve realmente satisfecho con los resultados e intenta reprimir esta sonrisa que sale sola, suponemos que por respeto a los partidos que no salieron tan bien parados.

Lo más significativo de esta comparecencia es lo que no se ve. ¿Será el adiós definitivo al ceño fruncido? Es fascinante cómo ha modificado su expresión facial, en este momento al menos, su movimiento en el rostro es idéntico al que suele utilizar Íñigo Errejón: concentración, interés y esfuerzo por comunicar correctamente, cejas arqueadas para enfatizar el mensaje pero sin connotación negativa emocional alguna en su rostro.

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La evolución de Pablo Iglesias en la campaña: del ceño fruncido a llorar en un mitin

La campaña electoral es una situación emocionalmente intensa capaz de modificar a placer el comportamiento de los líderes políticos más estables y preparados. Las situaciones estresantes son capaces de alterar hasta las conductas o incluso rasgos de personalidad más arraigados. Vamos a ver por tanto cómo han evolucionado los cuatro principales aspirantes al gobierno, así como sus fortalezas y debilidades en base a su expresión no verbal.

Pablo Iglesias durante el mitin que ha celebrado este jueves en Sevilla (EFE/Jose Manuel Vidal)

Pablo Iglesias durante el mitin que ha celebrado este jueves en Sevilla (EFE/Jose Manuel Vidal)

El líder de Podemos ha pasado en poco tiempo de un polo a otro. Al revés que los otros candidatos, Pablo Iglesias se ha estabilizado en la campaña electoral, si contextualizamos, podemos advertir que al contrario que Pedro Sánchez, éste siempre se veía reforzado en los resultados de las encuestas y se ha crecido ante la adversidad. Precisamente cuando más tenso y combativo debiera de estar, se muestra por el contrario afectivo y emocional.

Siempre ha sido señalado por su emoción constante de ira, que causa emociones negativas y de rechazo en el observador, apenas sonreía, no veíamos una persona feliz sino antipatía. Y en los debates se transformó: rol de mediador, tranquilidad total, gestos apaciguadores, sosiego en su discurso, y sonreía,  hasta llegar, a lo que analizamos en el post de ayer, se emociona y llora en su mitin central. Creo que es la única evolución positiva. No entraremos en la motivación, puede que no sea natural, que esté bien asesorado, que haya puesto todo su esfuerzo y energía en parecer más agradable, pero lo cierto es que su comunicación no verbal ha mejorado.

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¿Era sincero el llanto de Pablo Iglesias en su mitin o eran ‘lágrimas de cocodrilo’?

El pasado domingo los principales candidatos al gobierno dieron su mitin central de campaña antes del día de las elecciones del 20-D. Todos ellos en su comportamiento no verbal transmitían felicidad ante el público que eligió compartir ese día concreto con su partido predilecto, para darle así fuerza y apoyo. Es indudable que este contexto provocará emociones muy intensas en los aspirantes al poder.

Pero uno de ellos trascendió especialmente por su reacción emocional al finalizar la jornada, Pablo Iglesias se emociona y llora tras su discurso en el estadio de la Caja Mágica de Madrid. No son pocos los medios de comunicación y opinión pública que tildaron este hecho de ‘lágrimas de cocodrilo’. Analizamos hoy, fotograma a fotograma, la secuencia de este  momento para identificar los posibles indicadores que muestren la credibilidad o no de esta  intensa emoción.

La primera emoción que nos encontramos en esta secuencia es el deleite, un placer intenso por el total disfrute de la situación que se está experimentando, la sensación asociada es la gratificación, vive el momento, y además cierra los ojos para grabar en su interior (en su recuerdo) ese sentimiento de por vida. Es una emoción muy compleja, pero es interesante en este caso destacar que el placer se experimenta en un plano resolutivo, con diferentes intensidades, desde el placer que se siente por ejemplo al completar un crucigrama, al que se siente al ganar una competición. El placer siempre depende de una angustia previa, si no se sufre antes no se siente el disfrute en estado puro. En esta situación podemos interpretarla como la finalización de una larga carrera de fondo, de un esfuerzo y energía agotadores que está llegando a su fin y además de forma exitosa. Al menos en ese momento él puede sentirse satisfecho de hasta dónde ha llegado y de lo que ha conseguido.
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Avanzando pocos segundos en la secuencia, nos encontramos ya con el inicio del llanto, cierra los ojos (nunca lloramos sinceramente con los ojos abiertos) y este gesto se acompaña de una pequeña sacudida corporal, ambos aspectos nos aportan credibilidad en la acción.
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Justo después se enjuga sus lágrimas de ambos ojos, pero este gesto de por sí no tiene por qué ser sincero, podría mostraros una decena de vídeos en los que la gente que quiere parecer triste o emocionada se seca lágrimas que no tiene, en este caso, es cierto que el vídeo sí que nos deja apreciar sus ojos vidriosos y con el brillo propio de la emoción. Pero además hay un detalle, que aunque sutil, puede ser significativo para hacernos pensar que realmente había lágrimas, vemos en los siguientes dos fotogramas como se seca las lágrimas con la manos, pero fijaos en la mano derecha de la segunda fotografía. En ésta hace un gesto muy sutil de diluir el líquido entre los dedos tras secarse las lágrimas (ilustrada por la primera imagen), seguro que todos reconocemos el gesto como típico de esta acción.
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Lo curioso, podrían decir algunos, es que no encontramos emociones de tristeza marcadas y normalmente asociadas al llanto, como la que analizamos ayer en Mariano Rajoy, por ejemplo. Efectivamente, es que no llora por pena, su emoción es de felicidad, orgullo y gratitud, justificado esto con la emoción previa de placer y con la posterior de alegría sincera que vemos a continuación.

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Por tanto, parece ser que todos los elementos analizados apuntan a que la emoción era sincera y que fue producto del ambiente abrumador que le provocó el placer propio que nace del esfuerzo, la zozobra o una preocupación muy sostenidos en el tiempo y que se resuelve por fin. Era eso o que ensayó, como el mejor actor, durante horas frente al espejo o que fue a una escuela de arte dramático para aprender el cómo llorar sin sentir la emoción espontáneamente…

¿El frecuente ceño fruncido de Pablo Iglesias significa que está siempre algo enfadado?

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Es interesante que no solo nos centremos en una única declaración o aparición pública específica para extraer conclusiones sobre el comportamiento no verbal de un personaje político. Lo ideal es elaborar un perfil de comunicación a través del análisis reiterado de intervenciones en los medios, entrevistas, ruedas de prensa, debates, mitines, etc.

Es indudable la extraordinaria capacidad comunicativa del líder de Podemos, un destacado orador que maneja la retórica con amplia solvencia, pero ¿su conducta no verbal ayuda a transmitir lo que realmente desea, o más bien se rebela en su contra?

Lo más destacable en Pablo Iglesias es su ya famoso ceño fruncido, que prima en un alto porcentaje en todas las declaraciones que realiza y en reiterados momentos de una misma intervención. Este indicador es reflejo de la emoción de ira, caracterizada por una fuerte tensión en la mirada y en la musculatura facial, descenso central de las cejas y dilatación de las fosas nasales.

¿Pero esto significa que Iglesias siempre está enfadado? Lo cierto es que sí provoca esa sensación en el público aunque realmente no lo esté de forma perpetua. Y esta es una cuestión fundamental para ganarnos la credibilidad del interlocutor, siempre tenemos que conseguir una congruencia entre lo que decimos y lo que expresamos con nuestro cuerpo; en este caso Pablo Iglesias juega con desventaja, ya que aunque continuamente muestre ira, ésta puede contextualizarse e interpretarse de diferentes formas. La emoción de ira que se dibuja en el rostro de este político puede producirse por su afán para remarcar la intensidad y compromiso pasional en su mensaje y dotarlo de una seriedad y rigurosidad que él considera apropiada para comunicar sus ideales.

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Todo cambia cuando analizamos su rostro en el proceso de escucha, sin duda es el punto fuerte del lenguaje no verbal de Pablo Iglesias. Su rostro se relaja, la tensión muscular desaparece, sonríe socialmente y da numerosos indicadores de que su escucha es activa, manteniendo la mirada fija y atenta al interlocutor, mostrando continuos movimientos de asentimiento y postura abierta a la recepción del mensaje. Este patrón de comportamiento le favorece significativamente, recreando en su persona una imagen calmada, respetuosa para con los demás, de interés ante ideas diferentes, cercanía y apertura al diálogo, todos ellos aspectos muy valorados en un político.

Otro de los canales corporales que Iglesias maneja con soltura es el gestual. Utiliza frecuentemente el recurso de los ilustradores, estos son gestos conscientes unidos al lenguaje que acompañan lo que la persona está diciendo facilitando la total comprensión de la comunicación, sirven para recalcar lo que uno dice, enfatizar, regular el ritmo del discurso y en definitiva ilustrar al mensaje. Según la investigación científica al respecto, cuando mentimos el uso de gestos ilustradores (y en general todo nuestro canal gestual y conductual) desciende considerablemente, por tanto esta ejecución natural y armoniosa del ilustrador evocará en el público credibilidad, autenticidad, sinceridad y compromiso con lo que estamos pronunciando oralmente.

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Para terminar, un aspecto que sin embargo no favorece del todo al líder de Podemos, es la postura, normalmente la mantiene encorvada y cerrada a la comunicación, asociándose así con un estado de cansancio o abatimiento. En pocas ocasiones podemos detectar en él una postura amplia o expansiva hacia el foro al que se dirige. Centrándonos en este canal postural podemos decir que se percibirán como personas con altos niveles de poder aquellas que se caracterizan por una postura erguida del cuerpo y ligeramente inclinada hacia delante cuando emiten un mensaje. Existe la creencia de que una persona con un alto nivel de poder se expresará más libremente, y por tanto, su expresión corporal será más acentuada que en el resto de la población; todo esto es justo lo contrario a lo que podemos observar en Pablo Iglesias que con su expresión postural emite un aspecto de fragilidad, restándole el decoro y la fuerza que sí que pueda expresar con su pasional y enérgico discurso.

Como hemos visto, podemos afirmar que Pablo Iglesias ejecuta expresiones corporales facilitadoras de su comunicación, que le ayudarán a que su mensaje sea transmitido como desea y le dotan de una personalidad de confianza y cercanía para sus posibles votantes, sin embargo hay otras que le restan la garra necesaria para poder llegar a la mayoría, destacando quizás la necesidad de gestionar más adecuadamente su expresión emocional en el rostro para que se pueda asociar su imagen a una más positiva y vigorosa y no a un enfado incesante.

* Fotos: GTRES y EFE.

En el debate a cuatro ganó la preparación y perdió la naturalidad

El de ayer fue el debate de lo aprendido, en el que en términos de comunicación no verbal ganó la preparación y la pose estudiada y perdió la naturalidad. No sé dónde queda la espontaneidad en nuestros líderes políticos, todo está tan preparado y mecanizado que es casi imposible detectar conductas súbitas que aparezcan de forma involuntaria, su comunicación es artificial dando lugar a una interacción insípida y carente de emociones para con el espectador.

Voy a repasar la actuación de los cuatro intervinientes desde mi especialidad, aquí y aquí hay más lectura para los interesados en lo que dijeron y quién quedó mejor parado desde el punto de vista del contenido.

DEBATE TELEVISADO ENTRE(8837633)

SORAYA SÁENZ DE SANTAMARÍA, BIEN APRENDIDA DE CASA

Su gestión emocional es brutal, controla y racionaliza constantemente su actitud, su pensamiento analítico se filtra a través de su cuerpo, postura y discurso, ya que las pausas y el ritmo del habla denotaban un aprendizaje mnemotécnico anterior intenso. Sí que se le escapó algún suspiro cuando le preguntaban o referían la sustitución inadecuada por actual presidente Mariano Rajoy, síntoma de cansancio y desdén hacia el tema.

Pero sin duda, hubo una expresión en su rostro que fue incontrolable y típica de ella: si os fijáis en el vídeo después de cada una de sus intervenciones en el debate muestra una sonrisa, pero no una sonrisa reflejo de felicidad u orgullo que sería simétrica y con acción en la zona orbicular del ojo (veríamos marcadas las “patas de gallo”); la que expresa tiene solo acción unilateral, elevando de un solo lado la comisura de la boca, es una sonrisa desdeñosa que expresa, al igual que en el caso de Sánchez (que lo hace de forma puntual y hacia Pablo Iglesias) superioridad, es una falta de respeto o reconocimiento hacia sus rivales políticos de forma persistente, después de cada una de sus alegaciones se manifiesta irónica, definida esta ironía como una burla fina, ingeniosa y disimulada; una forma de ataque elegante, fría e intelectual de herir al opuesto.

Soraya

LA ANSIEDAD DE ALBERT RIVERA

El punto fuerte de Albert Rivera, como nos tiene acostumbrados ya, fueron sus gestos genuinos con los brazos, un baile en total armonía con lo que dice, que produce una comunicación agradable de seguir, ilustrativa y creíble, congruente siempre con su mensaje verbal. Pero, no es necesario ser un experto analista para darse cuenta de lo nervioso y descontrolado que estaba el representante de Ciudadanos, las reacciones fisiológicas, para su desgracia, son incontrolables, es lo único que no pueden gestionar los candidatos con antelación. La sudoración excesiva (hiperhidrosis) se relaciona con la ansiedad. La ansiedad tiene una función muy importante relacionada originalmente con la supervivencia para conservar nuestra integridad física ante amenazas del medio, en términos generales, significa miedo. Rivera esta noche percibía peligro en la situación a la que se enfrentaba. ¿Por qué? Quizás porque había mucho en juego, porque le resultaba estresante la confrontación o porque simplemente le faltaba la seguridad de la ventaja frente a sus adversarios. Todo en él se revelaba ya acorde con este indicador de una tensión intensa: no paraba de moverse, su cuerpo era incapaz de serenarse y se mantuvo en un balanceo intenso, se colocaba el traje, se retorcía las manos, se cogía el dedo meñique, se colocaba el traje, cogía papeles, los volvía a dejar… pura tensión.

Aquí viene la lectura positiva de todo esto, es el único que nos dejaba entrever que era humano. El resto de candidatos en sus ademanes hieráticos parecían de otro planeta, es fundamental tener en cuenta que el público puede empatizar con Albert, entendiendo que cualquiera de nosotros estaría así en esa situación y despertar en ellos comprensión y ternura con la zozobra que nos mostraba. Que quede claro, para la gente de casa pudo despertar sensibilidades y afecto pero desde el punto de vista del marketing, comunicación y psicología persuasiva no había por donde cogerlo.

PABLO IGLESIAS, ALGUNOS ERRORES IMPORTANTES

Siguiendo con la sudoración visible, nos encontramos a Pablo Iglesias, tremendamente desafortunado en la elección del color de su camisa. Esto puede parecer un elemento superficial e irrisorio, pero no lo es, el canal expresivo de apariencia es vital en la formación de impresiones sobre alguien y el aspecto de pulcritud, cuidado y esmero en la imagen que proyectamos es muy valorado y significativo para causar sensaciones positivas.

Otro elemento destacable de su atuendo era el bolígrafo; parecía que este objeto era ya una extensión de su cuerpo. Entró con él en la mano (incluso en momentos previos a plató) y no lo soltó durante todo el todo el debate. Esto forma parte de lo que conocemos como ‘gesto manipulador’, la persona necesita sostener algo entre manos para canalizar y aliviar la tensión del momento, este acto distrae al observador y además le impide gesticular con naturalidad e ilustrar el mensaje.

El punto fuerte de Iglesias vuelve a ser el tono con el que afronta el diálogo, la serenidad, calma y ritmo pausado en su discurso le dotan de un halo tranquilo, de seguridad en su mensaje y de su rol conciliador. Para mí, en esta ocasión ya algo forzado, el líder de Podemos es consciente de que este aspecto es el uno de los que le hizo destacar en el anterior debate a tres, y en esta intervención abusaba ya de los signos de calma para referirse a la participación de sus contrincantes. Si os fijáis en ciertos momentos esta llamada al sosiego no tiene demasiado sentido, la usa sin ton ni son, simplemente para volver a recrear esta figuración mediadora que le hace ilustre en sus apariciones públicas.

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PEDRO SÁNCHEZ, ARTIFICIAL, CONFIADO Y ALTIVO

Ya he comentado en varias ocasiones la asociación irremediable que evoca Sánchez con el estilo estadounidense. Pues bien, en esta ocasión se caracterizó hasta por los colores de la bandera de EEUU en su atuendo (rojo, azul marino y blanco) por cierto, recurso muy utilizado por los presidentes Obama y Bush en momentos críticos en los que hubieron de dirigirse a la nación para afianzar su bandera y patriotismo. Eso sí, su imagen pulcra y cuidada, hecha a medida, sugiere elegancia, formalismo, seriedad y distinción respecto a los demás.

Podemos captar en su rostro expresiones de asco y desprecio, sobre todo, dirigidos hacia Pablo Iglesias cuando éste le rebatía cualquier argumento. Estas emociones significan un profundo rechazo hacia lo que escuchamos de nuestro interlocutor y además la certeza de que se considera en un planto intelectual y moralmente superior a él. Estos ademanes de vanidad le restan cercanía y afabilidad para quién lo observa.

Sus gestos y posturas estaban demasiado bien articulados, robotizados, la excesiva perfección corporal le aleja de lo terrenal y no podemos conectar con él. Un gesto muy significativo al inicio fue el de frotarse profusamente las manos, es un gesto que denota expectativas positivas, ganas de comenzar por la confianza que sentimos, estaba listo para la acción y además iba a disfrutar con ello.

* Fotos: la primera imagen es de EFE, las otras son capturas de momentos del debate.