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Un manifiesto para un desministro

14 mayo 2012

Hace unas semanas que tengo en “borradores” esta entrada de blog. Es un pequeño extracto del ya clásico Manifiesto cluetrain, un libro que publicaron en 1999 David WeinbergerRick LevineChristopher Locke y Doc Searls. El manifiesto supuso un sopetón al marketing clásico en el momento en el que Internet comenzó a dinamitar las reglas del viejo mundo. Me he limitado a seleccionar diez puntos de los 95 que colgaron en Internet, generando un extensísimo debate que dura hasta hoy.

En principio, el titulo está dedicado al José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, el ministro peor valorado de España.  Su calamitosa gestión – aprobación de la infame ley Sinde-Wert, recortes en educación, chulería y falta de respeto hacia la sociedad en red – se merece una contestación ciudadana intensa. Pero viendo la catadura del consejo de Ministros de Mariano Rajoy – una mezcla distópica entre el opus dei y Lehman Brothers – creo que este post podría estar dirigido a cualquier ministro. Tras el violento desalojo de la Puerta del Sol de Madrid de la madrugada del sábado, estas líneas bien podría estar dedicadas a Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior.

Dudo que alguno de ellos conozca el manifiesto. Y si lo conocen, están cometiendo todos los errores destacados ya en el remoto año de 1999. Es más: estoy seguro que seas del país que seas, encontrarás un ministro que se merezca esta entrada de blog.

Acá va, una pequeña selección de la prehistoria de Internet para los dinosaurios analógicos.

1) Los mercados consisten de seres humanos, no de sectores demográficos.

2) Internet hace posible tener conversaciones entre seres humanos que simplemente eran imposibles en la era de los medios masivos de comunicación.

3) Los hiper-enlaces socavan a las jerarquías.

4) Las conversaciones en red hacen posible el surgimiento de nuevas y poderosas formas de organización social y de intercambio de conocimientos.

5) En los mercados interconectados como entre empleados intraconectados, la gente utiliza nuevas y poderosas formas de comunicación.

6) Las compañías que no pertenecen a una comunidad de diálogo, morirán.

7) El lenguaje inflado y pomposo que utilizas – en la prensa, en tus conferencias – ¿qué tiene que ver con nosotros?.

8) Estás invitado, pero es nuestro mundo. Quitate los zapatos y déjalos junto a la puerta. Si quieres comerciar con nosotros, ¡baja de tu camello!.

9) Queremos que trates a 50 millones de nosotros tan seriamente como tratas a un reportero del diario financiero.

10) Estamos despertando y conectándonos. Estamos observando. Pero no estamos esperando.

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la consultora futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

Consumo selectivo, boicot selectivo

20 enero 2012

Esta entrada tiene un objetivo: intentar que la sociedad en red comience a consumir selectivamente, a boicotear productos de marcas ética o moralmente inaceptables. Como todas aquellas marcas que apoyan el cierre de Megaupload o leyes como SOPA o Ley Sinde Wert. Pero antes daremos un necesario rodeo. Para llegar al boicot es necesario hablar del culture jamming.

En medio de la Acampada Sol, el día 19 de mayo, un grupo de personas “tuneó” un anuncio gigante de L’Oreal que ocupaba una fachada entera de la Puerta del Sol de Madrid. Durante una hora, una lona transformó el anuncio en Democracia Real. El primer gran gesto de guerrilla anti consumista del 15M pasó al olvido. El remix de logos, el culture jamming – termino que incentivó la revista Adbusters  que propició el movimiento Occupy Wall Street - apenas apareció en todo el 15M, con algunas excepciones (algunos carteles de Voces con futura). Cuando alguien subvertía el sistema de marcas doblando un anuncio de Bankia, por ejemplo, había una agencia de (contra) publicidad detrás, Implícate. El 15M se apropió de pocos símbolos. Fagocitó pocos eslogan. Subvertió (publicitariamente) poco.

El movimiento Occupy Wall Street lo tuvo más claro. Desde el inicio lanzaron un diario llamado The Occupied Wall Strett Journal. Remezclaron, manipularon, despedazaron logos con agilidad. De Verizon a Verigreedy (muy avaricioso). Y así con un puñado de símbolos del enemigo.  Tiene su lógica: las guerrillas contrapublicitarias tiene una ácida tradición en Norte América. El cubano-ameriano  Jorge Rodríguez de Gerada se especializó en descuartizar anuncios en las calles. Cuando la comunidad afro presionó a las multinacionales del tabaco para que incluyesen a negros en los anuncios, Rodríguez transformó a los hombres-publicidad en seres demacrados. Y substituyó el “las autoridades advierten que…” por un “Las autoridades sublevadas advierten que los negros y los latinos son las principales cabezas de turco del negocio de las drogas ilegales”. El día de los inocentes de 1997 el canadiense Jubal Brown sembró las verjas de publicidad de Toronto de cadáveres: se limitó a pintar de negro los ojos de las modelos de las vallas y a coserles la boca con una cremallera. Más casos: el colectivo Negativiland  robó todos los jingles oficiales de Pepsi Cola, los modificó. Y los lanzaron en el álbum Dispepsi:“Mi patrón me despidió. Pepsi / Yo clavé a Cristo en la cruz. Pepsi / (…) El asqueroso olor de las fábricas de pijos. Pepsi”. Lo mejor de todo es que Pepsi no tuvo narices denunciarles para no lanzar el carrerón de los chavales

El sistema es débil. Frágil. Intenta imponer sus iconos. Barbies descafeinadas, banderas homogéneas, logos redondos. Pero los ciudadanos reinterpretan el mensaje, lo transforman. Los logo-imágenes renacen en una espiral imparable de mutaciones. Democracia L’OReal. Verygreedy. El activista Salul Alinsky hablaba ya en The Rules for Radicals, escritas en 1971, de esta estrategia: “El jiu jitsu político de masas es el empleo del poder de un sector de la estructura del poder contra otro: la fuerza superior de los detentadores se convierte en su propia derrota”. Traduzco al siglo XXI: una operadora como Orange – denunciada por no respetar la neutralidad de la red – se apropia del buenrollismo de la Primavera Árabe; lanza un anuncio titulado Podéis cambiar (podéis cambiar un político etc).  Pero el Partido Pirata se aprovecha de la creatividad-morro de Orange y manipula el anuncio: Puedes votar Pirata. Jiu jitsu de masas. Culture Jamming. Bofetón contra el sistema.

Realmente, nunca ha sido tan fácil subvertir o golpear a las marcas y/o Gobiernos. Los internautas, rediseñando la manzana podrida de la contaminante Apple bajo la campaña Green my apple, obligaron al exageradamente idolatrado Steve Jobs a dar un giro ecológico a la multinacional.El póster de Hope de Obama de Shepard Fairey fue un éxito, cierto. Pero más aún lo fueron los miles de réplicas y contra mensajes, como el Yes, we leak con Julian Assange. Sin embargo, el sistema también ha aprendido a fagocitar / triturar a la Tropa Jiu jitsu. El macarrísima artista Tom Sack, tras muchos años descojonándose de las marcas, de convertirlas en guillotinas o pistolas aceptó exponer en la fundación Prada. Convirtió la marca Prada en un retrete. Pero la marca consiguió convertir la cagada en algo cool.

Nos acercamos a la tesis que defiendo. Creo que 15M,  Occupy Wall Street o, mejor dicho, la sociedad en red deberían dar un paso al frente. El jiu jitsu completo pasa por el no consumo. El abogado Javier de la Cueva, en una interesante entrevista para 15M.cc, hablaba de “prescipción de marcas”, de consumo selectivo. Si el sistema ha impuesto “el consumo, luego existo”, la sociedad debería remezclarlo en  ”consumo selectivamente, luego asusto”. Consumo inteligente frente a la consumocracia. Lobby anti consumo frente los lobbies del mercado. ¿Sería tan complicado crear una base de datos negra de marcas a vetar? ¿Crear un documento sobre marcas no éticas o poco sostenibles? ¿Remixamos los informes de Amnistía Internacional, Global Witness, GreenPeace, el libro No Logo de Naomi Klein, El libro negro de las marcas de Klaus Werner y la lista de marcas que incentivan las leyes anti piratería SOPA / Sinde? Las marcas / sistema se llevarían un susto al ver al planeta en red boicoteando sus productos. Las marcas éticas / morales ganarían. De momento, los programadores, esa nueva élite mundial, han dado un paso adelante. El colectivo español Hacktivistas está promoviendo un boicot a la FNAC por incentivar las leyes más retrógradas de derechos de autor. Dos chavales crearon un aplicativo llamado boycott SOPA para leer códigos QR de productos. Cualquier persona puede escanear un producto y saber sí esa marca apoya la polémica ley SOPA de censura de Internet del Gobierno americano. El día que el 15M – y el 70% de los españoles que lo apoyan – tenga un Código QR para un consumo selectivo las cosas puede que cambien. El mercado tal vez comience a tratar al perroflauta-rana antisistema como un príncipe encantado . 

*La imagen es la obra de Tom Sachs, Dardboard, thermal adhesive, de 1997

España, líder en Creatividad Colectiva

10 enero 2012

 

Foto: CC Argazkiak: / teketen

Descargas=piratería. Compartir=crimen. Ley Sinde=lucha contra el narcotráfico. El rodillo oficial sigue erre-que-erre confundiendo la velocidad con el tocino, Internet con el Imperio del Mal. El patriota ministro de cultura de España, José Ignacio Wert, apoya su tesis en un informe elaborado por una empresa extranjera (Francia), tras ciertas presiones extranjeras (estadounidenses). Y sigue sin entender qué es cultura digital y cómo funciona Internet.

El ministro patriota, en lugar de hacer caso a informes manipulados sobre piratería cocinados en los lobbies horteras de Los Ángeles, debería sacar orgullo patrio. Y darle la vuelta la tortilla. Lo tiene muy fácil. España, hasta el año 2010, era el líder indiscutible en número de licencias artísticas Creative Commons. Con más de diez millones de obras licenciadas con Creative Commons (para despistados, una licencia alternativa al copyright), España superaba holgadamente en el ranking a Estados Unidos e Italia.  Con 223 obras por 1.000 habitantes, apenas Taiwan superaba a España en obras licenciadas por habitante. Un detalle curioso: el tipo de licencia más habitual en la libertaria España es la CC-BY (atribución), la menos restrictiva. Aunque es muy difícil saber el número exacto de licencias (no es obligatorio comunicarlo a Creative Commons, basta con colgar el logo en tu web), España sigue en 2012 tirando del carro de la Creatividad Colectiva (traducción libre para patriotas). El contador CC Monitor coloca a España a día de hoy en el número 2 del ranking (9.224.224 obras), apenas superada por  Estados Unidos.

A lo mejor lo que le molesta a Estados Unidos es eso: que cada vez haya en España más obras registradas al margen del copy right. Que en España haya bares que pinchen música con licencia copyleft y que no tienen que pasar por caja. ¿Descargas=piratería? Ridículo argumento. Mientras, Wert fustiga a la cultura con estrategias de la guerra del narcotráfico, la Red se ríe en sus mismísimas narices. @kurioso creó un directorio en Internet con cultura gratuita libre de derechos. Y Twitter echa humo alrededor de la etiqueta #compartecultura. Un último cable para el ministro patriota. Charo Otegui, presidenta de la Acción Cultural Española (AC/E) que trabaja la imagen del país en el extranjero afirmó en una entrevista que “la marca España tiene que ir asociada a la excelencia creativa”. A la creatividad.

Lo tienen a huevo. Creative Commons es cool. Y España empuja con fuerza del carro.