Entradas etiquetadas como ‘cultura’

El paréntesis de Gutenberg

27 diciembre 2012

La piratería no va a acabar con la industria editorial. Una profecía apocalíptica: los teléfonos móviles, las redes sociales y los videojuegos sí pueden hacerlo. Devorarán, sin duda, la industria editorial que apenas apuesta por el formato papel. Ahora una confesión: estas líneas forman parte de una estrategia narrativa para que sigas leyendo una historia personal. Prometo no mentir, eso sí. Y un final especialmente incómodo para los traficantes de celulosa (ese lobby del papel) y los señores del copyright.

La historia personal es muy sencilla. Y es de interés común. Mi última creación de ficción, #24H, acaba de conseguir su registro en el ISBN (International Standard Book Number). Ya tiene un número, 978-84-616-0745-7. Hasta hace muy poco, #24H no era nada para las máximas autoridades del libro de España. No existía. Sin ISBN, además, no podía ser encontrado en librerías. Ni siquiera podía subirse a Google Books (ahora ya está).#24H no ha tenido ISBN hasta hace unas semanas no por falta de voluntad sino porque no ha sido fácil conseguirlo. Ha sido, básicamente, una odisea.

El formato de #24H, que usa licencia Creative Commons, es híbrido: papel en Lulu y Bubok, ePub para tablets, MOB para Kindle, pdf. Además, habilitamos una sala de remezclas para que cualquier lector pudiese modificar el contenido, remezclarlo, rescribirlo. Y aquí llega el primer gran problema. ¿#24H Es un libro? ¿Un eBook? ¿Un site? Ethel Baraona, editora de Dpr-Barcelona y de #24H, me lo explicaba de una forma sintética en un mail: “Algunos de los diversos formatos en los que está publicado, como la impresión por demanda o la sala de remezclas, no están contemplados en el formulario de solicitud del ISBN y por lo tanto, dificulta su tramitación”. O sea, #24H no era para el ISBN un libro de papel al uso. ¡Pero tampoco era un eBook! Otro pedacito del mail de Ethel: “Se piden datos, por ejemplo, del número de ejemplares, que al ser impresión por demanda es imposible conocer a priori . El “formato digital” solo contempla edición eBook para kindle o PDF, pero aún no incluye formatos interactivos y mucho menos un formato dinámico como la sala de remezcla”.

La tecnología abre una espectacular puerta para la literatura. Para su distribución. Para su difusión. Para una nueva interacción entre creador y público. Abre la puerta incluso a la literatura colectiva, a la escritura en red, a la identidad creativa colectiva, a la remezcla. No es obligatorio hacerlo entrar en este mundo. Pero es una nueva puerta. Está abierta. Yo he participado, por ejemplo, en el proyecto colectivo Asalto, de la Fundación Robo. Sin embargo, el mundo editorial, en general, sigue considerando Internet como un enemigo.  Un libro publicado en la plataforma Booki.cc no existe para CEDRO. La Ley de la Propiedad Intelectual es tan obsoleta que publicar un texto en un PAD abierto – documento que permite la escritura colectiva online – es igual a nada.  Y ese desfase entre tecnología, formatos y leyes asusta. Aunque creo que es una buena idea aprovechar ese agujero negro – publicar novelas en PADs. por ejemplo – para dejar en evidencia el absurdo del actual marco legal de propiedad intelectual. Lo peor de todo esto: tenemos que seguir aguantando a esa extirpe creadora alienada en un elitismo totalmente arrogante. Javier Marías, en su texto Tanto compartir, arremetió con virulencia contra el crowdfunding, contra lo compartido, contra las redes sociales. Y  peor que eso:  arremetió contra cualquier tipo de interacción.

Pues tienen que saber, sí, que esa “ridícula interacción” que le causa vómitos a Javier Marías es precisamente lo que va a derrumbar su mundo. El prestigioso científico brasileño Silvio Meira publicó un texto recientemente titulado El principal enemigo del libro… En él, Silvio defendía que los videojuegos, las redes sociales y la mobilidad son los principales enemigos del libro. Silvio, citando a Thomas Petit, la teoría del paréntesis de Gutenberg. Llevamos cinco siglos presos en el formato libro, en un sistema editorial de objetos físicos, en una red de saber encerrado en bibliotecas que nos apartó de la oralidad y la performance ancestral de la cultura. La imprenta de Gutenberg nos apartó de la oralidad. Ahora, entre átomos y bits, estamos en el punto de mutación. La cultura digital supone una vuelta a la oralidad, a la interacción, a lo colectivo. La era de Gutenberg, por mucho que le pese a algunos, ha sido apenas un paréntesis en la historia de la humanidad. Aquí un texto para excépticos.

¿Y qué viene después del paréntesis de Gutenberg, de la dictadura del copyright, del lobby de la celulosa? Aquí, un pedacito del texto de Silvio Meira que no tiene desperdicio: “Después del paréntesis de Gutenberg, los nuevos modos de tratar, recibir, percibir y promover la información desajusta el espacio canónigo de composición y nos lleva a procesos de copia+mezcla+pega (o rip+mix+burn) ofreciendo nuevas y gigantescas posibilidades y, al mesmo tiempo, poniendo en riesgo un modelo (cultural, de negocio y poder) otrora [o todavía] centrado en el autor y su obra”. En los últimos coletazos del paréntesis de Gutenberg, Javier Marías sigue en su torre de marfil (que se desmorona) y la viuda de Borges retira del mercado una versión-homenaje de El Hacedor escrita con pasión/admiración Agustín Fernández Mallo.

Mi historia personal tiene un final feliz. Mi libro (o lo que sea) #24H, que fue bastante comentado en redes y algunos medios, pasó desapercibido para muchos críticos literarios. Sin embargo, hubo un texto excelente que entendió todo, titulado #24H: Sinergias entre la novela contemporánea y las redes sociales. No apareció en un pomposo suplemento literario, no. Fue publicado en Playground, una publicación que suele hablar de música, vídeos, DJs, hasta de videojuegos. Bye bye, Gutenberg, como afirma el visionario Silvio Meira. Adiós, literatura-objeto.

CopyLove, Redvolución y Remezcla

24 octubre 2012

 

Hoy hablaré de mi libro #24H en Buenos Aires. Como siempre, será una gran excusa para hablar de otras cosas: copyleft, 15M, redvolución, procomún, resiliencia, remix… Un evento sin guión, ‘powered by’ Actitud Peluche y Dj Tudo Bem (world beat transfronterizo y bastardo) acá el texto que andamos enviando a medios y amigos, con algún link. 

Redes y territorios. Remezcla y revolución. Artivismo y PosPolítica. Arte apartidario pero profundamente político. Ludismo y transformación. El PosPeriodista y (r) Escritor Bernardo Gutiérrez divagará en la Casona Iluminada de Buenos Aires el próximo día 24 de octubre sobre los nuevos paradigmas de la cultura de red y sobre el movimiento 15M – Indignados de España a partir de la publicación de su libro #24H (Dpr-Barcelona)

La obra – que tiene licencia copyleft, un formato inclasificable y una sala de remezclas para que los lectores lo despedacen- será el punto de partida de una charla spam + situacionismo multimedia que no tiene guión fijo. Bernardo intentará forzar una conversación sobre las revueltas 2.0 y la remezcla narrativa que protagoniza el nuevo mundo. El autor comenzará la deriva en #24H – cuyo paisaje es el surgimiento del movimiento 15M – pero proyectará vídeos, mostrará diseños, caso de ARTivismo lúdico, nuevos prototipos sociales, proyectos de cultura cocinados desde lo colectivo…  #24H será apenas una excusa para hablar de conocimiento abierto, copyleft, tecnopolítica y la remezcla de contenidos en nuestros días. El eco coral de la charla será lo más importante.

Las fórmulas viejas no sirven para explicar la sociedad red. Los conceptos están viviendo intensas mutaciones. La contracultura pasa a ser permacultura. La resistencia ahora es resiliencia. La masa de desmiembra en un enjambre conectado y distribuido. La revolución se viste de redvolución. La autoría individual se diluye en un relato coral. Ya no hay conceptos en alfa: todo es un ‘beta’ imperfecto, incompleto, bastardo, mejorado en tiempo real de forma colectiva. Y el copyleft se transforma en un abrazable copyLove. La copia no es sinónimo de piratería. Es una prueba de admiración. La copia es un afecto remix y colectivo. La copia es una declaración de amor.

#24H es una ficción poética, fragmentada y no lineal de las redvoluciones que sorprendieron al mundo durante 2011. La revolución del enjambre – una remezcla estreameada en tiempo real – tiene el copyleft en su esencia. Copia, remezcla, revoluciona. La redvolución DIY (Do it YourSelf) desemboca en la redvolución DIWO (Do It With Others). Y la macroutopía se fragmenta en una nube de microutopías distribuidas. Usopías para usar adhoc (aquí y ahora). Usopías copylove para compartir.

CopyLove, RedVolución y Remezcla. Cuándo: Miércoles 24 de octubre Dónde: la Casona Iluminada, Corrientes 1979, Buenos Aires. 

 

Una novela fantástica ilustrada de código abierto

08 octubre 2012

Olvídate de la frase-vejestorio “las segundas partes nunca fueron buenas”. En la era del remix, las segundas y terceras partes siempre son mejores. El caso de El intercambio celestial de Whomba es perfecto para desmenuzar la nueva mutación de “las segundas partes”. El intercambio celestial de Whomba, una novela gráficase estuvo publicando durante dos años en la web infantil-juvenil Pequeño Libro de Notas. Las ilustraciones eran de Mario Trigo y los textos de Guillermo Zapata.

Pero los tiempos cambian. El remolino-red sugiere nuevos caminos (casi todos colectivos). Los autores quieren corregir la novela. Sueñan con editarla tanto en papel como en versión digital. Además, palabras textuales de los autores, “quieren crear una web que contenga y promueva la iniciativa y que permita la remezcla y el juego con la propia novela”. El intercambio celestial de Whomba será una novela fantástica ilustrada de código abierto, una obra copyleft. Cualquier persona podrá remezclarla, reescribirla. Será una narración del procomún.

Como no podía ser de otra manera, este renacimiento de El Intercambio celestial de Whomba está buscando financiación en la plataforma Goteo, que no sólo incentiva el crowd funding de proyectos de código abierto sino el trabajo colectivo y la colaboración. Parte de la financiación, además de para desarrollar el proyecto, servirá para apoyar el site Libro de Notas (muy recomendable para quien no lo conozca) y Pequeño Libro de Notas.

Quien no esté todavía convencido para apoyar la mutación colaborativa de código abierto de El intercambio de Whomba, aquí tiene un pequeño vídeo con los argumentos de sus autores. Aunque deberían bastar las primeras frases del trailer que encabeza esta entrada, inspiradoras y misteriosas, para que apoyemos este proyecto: “Te contaré cómo fueron los años que no conociste, antes de que los dioses abandonaran Whomba, te hablaré del interambio, de cómo los dioses usaban sus dones a cambio de nuestros favores…”

 

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (remix)

04 octubre 2012

Fuente de la imagen: http://www.mindjumpers.com/blog/ Vista en: urbanohumano.org

Cuando Woody Allen publicó su libro-dinamita Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, allá por 1974, ya tenía una sospecha: la cultura es todo aquello que pasa mientras unos intentan definirla y los críticos la evalúan. Justo antes de morir, allá por 1985, el escritor Italo Calvino entrevió que la literatura estaba amenazada de muerte. Sus Seis propuestas para el próximo milenio (5+1 conferencias que dio en la Universidad de Harvard) anticipaban algunas realidades de nuestros tiempos. La primera propuesta, la levedad, parecía intuir el vértigo de Internet, de las redes, del planeta hipervínculo: “La escritura es en el libro lo que el byte en la pantalla: no pesa, fluye sin dificultad y constantemente se transforma”. Calvino vio claramente la agonía de la cultura, el desgaste de las definiciones forjadas a los largo de milenios.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, algunos siguen confiando en las definiciones seculares de la cultura. La cultura como “cultivo del espíritu” (Ilustración), como una “función social” (funcionalismo), “como un reflejo de las relaciones sociales de producción” (Karl Marx), como un conjunto de símbolos compartidos (Claude Lévi-Straus), como una suma de costumbres colectivas (folclore), como sinónimo de civilización (Edward Tylor), como un derecho humano (ONU), por citar algunas. Definiciones top down (verticales e impuestas), definitivas, excluyentes. Y peor que todo ello: la denominada industria cultural sigue anclada en su monovisión de la cultura como sinónimo de mercado. La cultura como un producto. La cultura como algo cuantificable. La cultura como consumo. La cultura como producto elaborado de una elitista clase creativa. La cultura como entretenimiento de las masas. Y peor todavía: una buena parte de la industria cultural y de los Gobiernos del mundo actúa como si Internet no existiese. Como si nunca hubiera existido. Como si la única manera de producir, distribuir, gestionar y consumir cultura fuese aquella que nació en el siglo XX: mitificados autores individuales, productos físicos (plástico, papel…), transacciones monetarias…

Hace poco, publiqué un libro, #24H, con formato híbrido, licencia copyleft y una sala de remezclas para que los lectores lo despedazacen. Quien mejor lo ha entendido no son los críticos literarios, sino una revista de vídeo juegos. Me dio bastante que pensar. La industria no ha entendido (casi) nada de mi propuesta. Las redes, sectores transversales de la cultura clásica, sí. ¿Los vídeo juegos son cultura? ¿#24H es literatura, arte multimedia, documentación-ficción? ¿Vivimos en la era poscultural? ¿Acabamos de una vez con la cultura (con su definición clásica)?

Tengo más preguntas que respuestas. Aun así, he decidido compartir en este blog algunos pensamientos. A continuación no intentaré definir lo que es la cultura en el nuevo milenio. Mientras intento definirla, la cultura seguro que se convierte en otra cosa.Me limitaré a comentar algunas prácticas y dinámicas que han nacido con la red. Prototipos e inercias que están modificando radicalmente la cultura. Me limitaré a trazar algunos caminos o perspectivas que ya están en el epicentro de la producción y consumo cultural. He escrito la entrada en presente, y no en futuro (cuestión de optimismo). He dejado fuera un asunto caliente: financiación. Y no me preguntéis por qué han salido 13 puntos (podrían ser muchos más). La mayoría de ellos están relacionados entre sí. Y son remezclables-mejorables.

1.  De la cultura digital a la cultura de red. El término cultura digital, usado insistentemente para definir la creación cultural que tiene que ver con Internet o medios digitales, queda algo obsoleto. La palabra cibercultura, utilizada para definir la cultura que crece y habita en el ciberespacio virtual, también. Con Internet móvil y la computación ubicua, la barrera del off y on se diluye. El cibridismo que propone Martha Gabriel - off+on, siempre conectados en todas partes – trastoca para siempre la frontera de lo analógico y lo digital. Las nuevas dinámicas de las redes – Peer-to-peer, colaboración, prosumidores, remezcla, co-creación… – substituyen a la misma definición de cultura. Por eso, la cultura de red es más amplia que la definición de cultura digital e incluso que la propia cultura. Hacer ecología en red, feminismo de red, ciudad en red, política en red, por ejemplo, son nuevas caras de la cultura de red. Substituyen a la definición. Son cultura.

2. El fin de los objetos acabados. La cultura deja de ser un producto acabado (un cuadro, un libro, una canción). La cultura abandona su estado alfa (definitivo) y se balancea en un permanente estado beta, utilizado en las comunidades de programadores de software libre pasa definir algo inacabado. El reuso de la obra no es sólo inevitable, sino deseable. Los prototipos se convierten en modelos.

 

La Global Revolution remezcla visualmente una canción de Instituto Mexicano del Sonido

3. La remezcla como esencia. Las licencias abiertas (Creative Commons, copyleft…), el auge del procomún y la popularización de las herramientas tecnológicas de bajo coste incentivan la remezcla. Las obras se desmiembran en collages, en nuevas mutaciones. El fork – un desvío en un trabajo colectivo en jerga hacker – pasa a ser una virtud. Las obras se quiebran para componer puzzles de piezas inconexas, unidas por nuevos hilos. Ninguna lógica – ni la de los críticos ni la del mercados – consigue imponer el nuevo pegamento de las remezclas.

4. La cultura como proceso colectivo. El ‘proceso’ sustituye cualquier objetivo de la cultura. El proceso de creación-elaboración de una obra cultural, en la mayoría de los casos, es algo compartido. La película El cosmonauta (que lleva años en un proceso de co-financiación y co-creación), el documental de Stéphane Grueso 15M.cc sobre el movimiento 15M (cuelga las entrevistas íntegras en Internet, diáloga con usuarios) o la gestión de la biblioteca colaborativa Bookcamping.cc son prueba de ello. En muchas ocasiones, algunas personas acompañan el proceso colectivo y no ven el resultado final. En otras, conocen apenas las remezclas y vidas posteriores de la obra. La obra es un continuum de contornos flexibles. La cultura pasa a ser un diálogo, una conversación. Cada autor elege que parte de su obra es un proceso colectivo y qué parte, una inspiración-rincón individual. El Do It Your Self (DIY) se convierte en el Do It With Others (DIWO).

5. La autoría como algo diluído. Cualquier faceta en el arte, como afirma Joan Fontcuberta en su Manifiesto posfotográfico, “es camaleónicamente autoral”. El autor es un eslabón más en una imprevisible cadena de curadores, usuarios, gestores, comentaristas y remezcladores. El autor es una parte de una identidad colectiva mayor. Paradoja: su identidad individual puede estar compuestas de retazos de diferentes identidades colectivas.

6. El fin de los objetos físicos. La música no es más sinónimo de CD. La literatura no es sinónimo de libro de papel. El cine no es sinónimo de pantalla grande. El cloud computing (computación en la nube) y el streaming dinamitan los objetos físicos. La cultura pasa de la estantería a la nube. Nuestros hijos nunca entenderán la conexión entre estos dos objetos.

7. La era del upload.  Cada minuto se suben 24 horas de contenido a You Tube. Los usuarios, ahora, son prosumidores. Consumidores activos, productores de contenido, polinizadores de contenido. La cultura deja de ser algo unidireccional. Pero la descarga (download) de un contenido no es tan revolucionario. La explosión de la red reside en el upload: en la posibilidad de que cualquier persona pueda subir contenidos a Internet. Contenidos distribuidos, compartidos, remezclados, conectados entre sí a través de redes y etiquetas. Contenido, por cierto, que ya ni tiene que descargarse.

 Creaciones nacidas alrededor del fenómeno ‘meme’ Ecce Homo.

8. Memecultura. El concepto de meme de Richard Dawkins – “una idea, comportamiento o estilo que se expande de una persona a otra dentro de una cultura” –  muta en la era de la red. El meme adopta ropajes de virus contagioso. Además, suele surgir en procesos bottom-up (de abajo arriba) imprevisibles. A diferencia de la cultura de masas que presidió el siglo XX, vertical y dirigida por los grandes agentes económicos, la memecultura se rige por las lógicas distribuidas y horizontales de las multitudes conectadas. La expansión de la imagen del Ecce Homo, la viralidad de su construcción social, son una prueba viva de la memecultura.

9. Hibridación formal, transversalidad, mestizaje. Historicamente, las diferentes artes vivían en compartimentos separados. La literatura dialogaba tímidamente con el cine o la música. La pintura, con la escultura. Pero en la era de la red, la taxonomía rígida (clasificación temática) da paso a la folksonomía (clasificación a través de etiquetas sociales). Los compartimentos de las artes se mezclan.  Sus muros, sus fronteras, se desmoronan. La cultura aterriza en la multidisciplinaridad, en lo interdisciplinar, en lo transversal, en lo polifónico. Las obras-procesos, además, pueden estar construidas de formatos diferentes (imagen+texto+audio+vídeo+… ). La narración híbrida de géneros, formatos, lenguajes, cotiza al alza. Lo multimedia – más de dos medios – es el estado natural de la cultura.

10. Cultura ubicua, orgánica, e-emotiva. La expansión de Internet móvil (celulares 3G, Wi-Fi…), el cloud computing (nuestros datos y archivos en la nube) y la realidad aumentada cuestionan los espacios clásicos de la cultura: museos, teatros, cines, salas de concierto… La cultura es, siempre que se quiera, un post it para colocar en cualquier lugar. Exposiciones post it, conciertos post it. La cultura es un nuevo paisaje orgánico y ubicuo de los territorios. Además, gracias a la nanotecnología y a una nueva ciborg (tecnología relacionándose en nuestros cuerpos) la cultura camina hacia la e-emotividad. Cada día habrá más aplicaciones culturales adaptadas a nuestra sensibilidad, como la aplicación songza (selecciona canciones acordes con nuestro estado de ánimo).

11. Glocalidad en tiempo real. Las herramientas de streaming y la comunicación en tiempo real a través de algunas redes sociales difuminan el espacio físico. La cultura se ve inmersa en la nueva era de lo glocal (local+global). Los territorios y sus habitantes se conectan al margen de su proximidad física en un nuevo espacio de flujos (teoría de Manuel Castells). El planeta funciona con la lógica de una red distribuida peer-to-peer en la que cada nodo puede comunicarse en tiempo real con cualquier nodo. Los eventos culturales, transmitidos en tiempo real, dialogan con personas, colectivos, objetos y eventos de cualquier lugar del planeta.

Imagen: montaje de Doménico di Siena en su blog UrbanoHumano.org, licencia Creative Commons

12. UpCycling, el residuo hecho arte. El UpCycling es un término que convierte un residuo en un nuevo material usable bajo las lógicas de las sostenibilidad. Lo que es residuo para la cultura oficial o la industria puede transformarse en una nueva obra de arte. El caso del Ecce Homo – una restauración considerada de mala calidad – es un versión colectiva de los objet trouvé de Marcel Duchamp. El residuo se transforma en un icono, se remezcla, adopta valor. Transformar una plaza de parking en un espacio temporal, habitable y de convivencia, como hace ParkingDay, también es UpCycling. Es cultura.

13. La cultura fragmentada, no lineal. La temporalidad clásica de Occidente, el tiempo lineal del Cristianismo y la Ilustración, pierde fuerza. Con el link y las líneas de tiempo de redes como Twitter – donde puede aparecer siempre algo del pasado- , el presente es un tiempo de flujos circulares. ”El pasado es siempre presente – como escriben en el proyecto 10Opencult.cc - la cultura del link ya teje una red de conocimiento que desborda la linealidad y crea un eterno presente. Un fondo que permite un sinfín de recombinaciones y reutilizaciones”.

Una idea: no estaría de más tuitear esta entrada con copia a José Ignacio Wett (@Jiwert), ministro de Educación, Cultura y Deporte (sobre todo de Deporte) de España, uno de los cargos públicos del mundo que peor ha entendido los nuevos paradigmas de la cultura. Etiqueta sugerida: #WertNoDoyUna

La ventana indiscreta remix

15 septiembre 2012

Remezcla a Alfred Hitchcock, pásalo. Simplemente espectacular el trabajo de Jeff Desom sobre y alrededor de la película La ventana indiscreta (Rear Window) de Alfred Hichtcock. Su obra Rear Window Loop, ganadora en la categoría de gráficos por ordenador del prestigioso Ars Electronica, confirma algo: la remezcla es bella. El remix, no solo es legítimo artísticamente hablando, sino necesario. Modificar una obra, por mucho que se oponga el lobby del copyright, la enriquece. Quien tenga dudas, que mire el vídeo de Rear window loop.

Jeff Desom, utilizando el programa After effects, recrea la obra de Hitchcock en un inquietante e inspirador paisaje de ventanitas fragmentadas. Lo que Jimmy Stewart contempla desde su apartamento en la obra original, se transforma en una película de veinte minutos, en una nueva realidad deconstruida, en un nuevo universo personal. Rear window loop está compuesta exclusivamente de fotogramas de la película de Hitchcock. Pero la cirugía creativa de Jeff Desom transforma la obra en algo oblicuo, transversal, pos, (re)mix, (re) ciclado.

El periodista y comisario José Luis de Vicente hace un gran repaso a los premios de Ars Electrónica en su recomendable blog Ondas de choque. 

 

 

Carta abierta a la nueva ministra de cultura de Brasil

13 septiembre 2012

Querida Marta Suplicy

Soy un ciudadano del mundo que se ha tomado la confianza de hablar en nombre de la sociedad en red. Puede sonar pretencioso, pero soy de los que se considera una neurona conectada de un nuevo cerebro planetario. Primero de todo, muchas felicidades por asumir el cargo del ministerio de Cultura de Brasil. Desde la sociedad en red, asistimos con pavor a la gestión de tu antecesora, Ana Buarque de Hollanda. Nos espantó cuando la ex ministra retiró la licencia Creative Commons del site del ministerio (nada más llegar, vaya). Mucho peor fue cuando Buarque de Hollanda fue dando la espalda a la alucinante y vanguardista gestión de los ex ministros Gilberto Gil y Juca Ferreira.

Desde la sociedad en red nos quedamos perplejos cuando la señora Ana Buarque de Hollanda aseguró que no tenía ninguna intención de promover la cultura libre y la libre circulación de ideas. Más todavía, cuando se entregó en cuerpo y alma a la industria cultural, al corrupto Escritório Central de Arrecadação e Distribuição (ECAD) de gestión de derechos de autor y al amigo americano. Parece que Buarque, la señora de la industria, se dedicaba a reunirse con secretarios de comercio estadounidenses, en lugar de con personas relevantes en la cultura. Dio la espalda a los colectivos, a los verdaderos creadores (no al 1%). Dio la espalda al pueblo brasileño. Dio la espalda a un mundo que confiaba en el Brasil del futuro. Por eso, un  distribuido y enREDado Movimiento Social de las Culturas brasileño declaró la guerra a la señora del ECAD, a la ex ministra Ana Buarque de Hollanda. A la hijita de papá que acaba de caer.

Tienes que saber, querida Marta Suplicy, que la sociedad en red planetaria fue una gran admiradora de la gestión de Gilberto Gil y Juca Ferreira. Brasil se convirtió en el primer país que apoyó desde instancias gubernamentales la cultura libre, las licencias abiertas, la circulación libre de la cultura y los formatos abiertos. El denominado movimiento de la cultura digital del mundo debe mucho a Gilberto Gil, a Juca Ferreira y a todo el movimiento de la cultura libre de Brasil. Por eso, querida ministra, llegas en el momento oportuno.

El mundo te necesita, Marta Suplicy. Llegaste en tiempos de tránsito. Las corporaciones, las teleoperadoras, la industria cultural y los gobiernos del 1% que están esquilmando el planeta nos persiguen. Mientras, la sociedad en red se articula en nuevos movimientos híbridos como el 15M español, Occupy Wall Street o #YoSoy132 en México. Los últimos años han sido complicados. Una industria anticuada, especializada en vender plástico (CDs le llaman), celulosa (libros, periódicos) y ancho de banda están consiguiendo aprobar leyes tan tétricas como la Hadopi en Francia o la Ley Sinde-Wert en España.  Quieren silenciar al mundo, a la sociedad en red. Quieren prohibir que compartamos cultura, afectos y contenido. Intentan imponer leyes absurdas como SOPA (Estados Unidos) o ACTA.

No entendieron nada. No entendieron el cambio. No entienden que nos comuniquemos entre nosotros sin intermediario, que creemos cultura de forma colectiva, que remezclemos, que compartamos. La Ley de Derechos Autorales de Brasil, por ejemplo, considerada una de las más restrictivas del mundo, fue escrita en 1998, cuando no existía Napster ni la posibilidad de intercambiar archivos digitalmente. Fíjate que la ley brasileña impide hasta la copia de un Cd a un Ipod. ¿Tiene sentido?

Un detalle, querida Marta. La cultura en la época de la red es mucho más que cultura. La cultura de red es mucho más que arte. Más que cine, música, literatura, teatro… La cultura de red es un nuevo paradigma de conexiones, de creación, de comportamiento, de mercado. Es otra forma de ver el mundo. Es otra forma de hacer política. La cultura de red entiende la realidad como un espacio colaborativo, libre, glocal y transfronterizo. Tienes que saber, además, que las licencias abiertas que popularizó la cultura, el copyleft, Creative Commons, ahora sirven para mucho más. Hay colectivos de arquitectos licenciando edificios con Creative Commons. Hay personas construyendo objetos en impresoras 3D gracias a las licencias abiertas. Hay gente usando las redes distribuidas ‘estilo  Napster’ para crear un mundo más sostenible y ecológico. El modelo fordista está en decadencia. Pero los gobiernos de Europa y Estados Unidos no quieren verlo. Han dado la espalda a sus pueblos.

Por eso, querida Marta, el mundo te necesita. Necesita a alguien que garantice el libre acceso y circulación de la cultura y la neutralidad de la red. El Ministerio de Cultura de Brasil, el popular MINC, puedes tener la certeza, puede ser el epicentro del nuevo Brasil, del nuevo mundo. Brasil no va a ser una nueva potencia, no va a influir al mundo, exportando carne y soja a costa de acabar con la Amazonia. Tampoco será potencia incentivando a que la clase media se endeude con los bancos y alimentando la burbuja inmobiliaria. Menos aún apostando por los combustibles fósiles y el crecimiento desaforado del parque automobilístico. Brasil será potencia si consigue rediseñar el mundo, la geopolítica del poder y de la industria, desde los nuevos paradigmas de la red.

Recuerda, querida Marta. Tupi or not tupi. Confiamos en ti. Estaremos a tu lado. Sabemos que lucharás por el sueño del Manifiesto antropófago de Oswald de Andrade. Esperamos que, como buena defensora de los derechos de las mujeres, luches por aquel ‘matriarcado de Pindorama’ del manifiesto. Por ese mundo glocal que no sabe que es “urbano, suburbano, fronterizo y continental”. Confiamos en ti, Marta. Confiamos en ti, Brasil. No nos defraudeis.

Atentamente

La Sociedad en Red

 

#SalvemosPulpFiction

03 septiembre 2012


Encabezando esta entrada debería haber un vídeo de You Tube bien especial: la mítica película Pulp Fiction de Quentin Tarantino en orden cronológico. O sea: desordenada, remezclada por un usuario, reinterpretada. En cambio, apenas vemos un pantallazo con “El usuario ha suprimido este vídeo. Disculpen las molestias”. ¿Qué ha ocurrido? ¿Quién ha retirado el vídeo? ¿Por qué? Para saberlo, demos un breve paseo por el contexto.

En su versión original, la película Pulp Fiction empieza en el fin, continúa por el inicio cronológico de la historia, acaba en el medio. Siempre me gustó el uso del flashback de Tarantino. Además, no tengo especial apego a esa linealidad del tiempo acuñada por Occidente, el cristianismo y la Ilustración. Pero la versión ordenada cronológicamente de Pulp Fiction tenía algo grande: la reutilización del contenido de un usuario. El remix. El reuso formal de unos elementos audiovisuales que ya forman parte del procomún cognitivo de la humanidad. Pulp Fiction ya no es una obra que pertenezca exclusivamente a Tarantino. Pulp Fiction es nuestra. Forma parte de la sociedad. No es propiedad exclusiva de la industria cultural. ¿O me estoy equivocando? Por eso, para meditar en alto, guardé el vínculo y lo aparqué en un borrador de este blog, esperando una buena ocasión para publicarlo.

Pero han pasado meses. Y al entrar en la Pulp Fiction Remix me doy cuenta que han suprimido el archivo. La recreación de la obra de un usuario-admirador de Tarantino, simplemente, ya no existe. O peor que eso: apenas está registrada en el ordenador de dicho usuario. Ha dejado de ser un patrimonio colectivo. La industria cultural, la rígida moral hollywoodiense, deben haber obligado a You Tube a retirar el archivo. He buscado y rebuscado en Internet otra Pulp Fiction en orden cronológico. Sin éxito. Apenas encontré  el genial infográfico Pulp Fiction en Chronological Order que cierra esta entrada. Y una joyita irreverente: la película Memento, otro icono del flashback, en orden cronológico. Entra aquí, rápido, antes de que la industria lo descubra.

Algunas preguntitas que lanzo al aire colectivo. ¿Por qué la industria sigue considerando la obra de arte como un producto acabado y definitivo? ¿Por qué el velo talibán del copyright impide la creatividad de los usuarios? ¿Por qué se cercena la imaginación y dedicación de los admiradores de una obra? ¿Por qué tenemos que ver películas o leer libros en el orden escogido por sus autores? ¿Por qué no nos divertimos en una Conjura Toca Narices Industriales que despedace las películas y su orden cronológico? ¿Por qué no lanzamos un hashgtag en Twitter para salvar a PulpFiction, #SalvemosPulpFiction , y la reordenamos cómo nos de la gana? ¿Por qué no remodelamos Pulp Fiction de 1001 formas hasta que Tarantino reaccione y aplauda nuestro quehacer distribuido e idólatra? ¿Liberamos a Pulp Fiction de las cadenas? ¿Retuiteamos #SalvemosPulpFiction hasta que nos escuchen?

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

 

 

 

Hacer feliz a mi sobrina me convierte en un pirata

31 agosto 2012

Una contradicción presidirá esta entrada: hacer feliz a nuestro prójimo puede estar tipificado como piratería por la industria cultural y algunos Gobiernos (la mayoría de los europeos y Estados Unidos). Una sospecha: regalando música a mi sobrina me he convertido en un pirata cultural. Mi estrategia: compartiendo con los lectores este proceso pretendo que reflexionemos en alto sobre el absurdo de las leyes que afirman que luchan contra la piratería.

Aquí los hechos: desde que nació mi sobrina Vera le preparo un recopilatorio musical que representa la variedad y diversidad cultural del mundo. El día de su nacimiento – hace ya dos años – preparé el recopilatorio Vera año 0: un cd con una portada hecha por mí con canciones de Beirut, Rodrigo Leão, Telepopmusik, Richard Bona, Lenine y Boards of Canada, entre muchos otros. El rito se repitió el año pasado, con un pequeño detalle: Vera año 1 también se convirtió en un Cd, pero compartí con mi hermano y cuñada una carpeta con los archivos en formato MP3 gracias al servicio Dropbox. Ya tenía claro que el formato físico – cd, plástico envoltorio – pasará a la historia. No tenía sentido regalar apenas en formato Cd ese Vera año 1 regado de Henry Mancini, Jun Miyake, Ekova, Finley Quaye y Natacha Atlas, entre otros…  Cuando mi sobrina escuche de aquí a unas décadas su serial de recopilatorios anuales – cuando los baile imaginando el mundo – no existirá el formato CD. El plástico – eso espero – no será asociado ya al formato de distribución que comandó el final del siglo XX: el plástico.

Pero entre Vera Año 1 y Vera año 2 el mundo ha vivido un maratón represor. Megaupload, un servicio de entrega de archivos y almacenamiento en la nube muy parecido al tan elogiado DROPBOX, fue cerrado con la excusa de la piratería. El Gobierno de Estados Unidos ha estado intentando imponer la famosa SOPA (Stop Online Piracy Act) al resto del mundo. La tenebrosa Ley Sinde Wert que criminaliza hasta las webs con enlaces a contenidos protegidos por derechos de autor ha sido aprobada en España. Entonces, la gran duda. ¿Tener un enlace en mi cuenta de DROPBOX con 26 canciones protegidas por los derechos de autor es un crimen? Aunque la ley defienda el derecho a una copia privada, sigo teniendo dudas. ¿Realizar una copia privada y dejarla online es un crimen? No hay ánimo de lucro en mi enlace, pero tampoco lo hay en los servicios de intercambio de archivos P2P como Soulseek que tanto persiguen. Y más: algunas de las canciones incluídas en Vera año 2 las compré con mi dinero, otras las recibí de mano de discográficas por ser periodista y una gran mayoría las conseguí en Soulseek gracias al P2P. ¿Soy un pirata?

He decidido compartir con todos los lectores esta Recopilatorio de la Felicidad de Mi Sobrina. Apenas tenéis que bajar el contenido de Vera año 2 en el siguiente enlace. Ahora sí que soy, mucho me temo, un peligrosísimo pirata para algunos.  Richard Stallman, fundador del movimiento del software libre, se preguntaba por qué era considerado un pirata alguien que ayuda a su vecino prestándole software. Yo me pregunto por qué con la ley en la mano yo podría ser considerado un pirata por hacer feliz a mi sobrina.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

 

 

 

La era de la polinización cruzada

23 agosto 2012

 

Cada pieza es una llave. Un cuerda que conecta. Una chispa que ilumina un rincón inesperado. Un pasadizo secreto al otro lado de la montaña mágica. Lo mejor de todo: cada pieza forma parte de un sistema mayor cuya única misión es posibilitar conexiones imposibles. El Free Universal Construction Kit, un sistema de ochenta piezas, tiene un objetivo aparentemente poco importante: que los niños conecten juguetes diferentes. Las ochenta piezas del kit permiten unir piezas de LegoDuploFischertechnik o Gears, entre otros. Los sistemas de juego patentados por marcas, de repente, están conectados. Pero todavía queda una vuelta de tuerca magistral: el colectivo F.A.T (con su picante receta de cultura pop, código abierto y activismo) y SyLab no venden las piezas. Las cuelgan en Internet en formato STL con licencia libre para que cualquier persona pueda construirlas con ayuda de una impresora 3D (ellos recomiendan Makerbot).

Pensemos en la esencia del Free Universal Construction Kit. Pensemos en grande: la conexión como eje de la estrategia, el vínculo como valor añadido, lo transversal como factor multiplicador. Cada pieza es la responsable de que un sistema entero sufra una mutación creativa. El sistema ha funcionado durante siglos con la inercia del divide y vencerás. Del patenta y te enriquecerás. Del inventa en solitario y triunfarás. Pero la sociedad en red, en la era de la inteligencia colectiva y del código abierto, está dinamitando los sistemas excluyentes y las habitaciones privadas. El departamento de I+D de especialistas que no dialogan ni con la sociedad ni con otros expertos de otras disciplinas está seriamente amenazado. La revista Wired, destacaba recientemente en un artículo de su edición británica titulado Cómo descubrir el futuro la figura de los cross-pollinators en la innovación, algo así como polinizadores cruzados.

La innovación en la era del crowd, según Wired, debería estar inspirada en la función de la abeja, vital en la tarea de la polinización cruzada de ciertas plantas. El cross-pollinator sería una pieza clave de esta convulsa nueva época, un catalizador, un co-inspirador interdisciplinar. De hecho, la historia ha estado llena de polinizaciones cruzadas basadas en la serendipia (descubrir algo mientras se busca otra cosa). Piérdete y descubrirás. Alexander Fleming inventó la penicilina por casualidad cuando investigaba el cultivo de bacterias. Las famosas notas pos-it nacieron por azar. El artículo de Wired brinda algunos buenos ejemplos: “Cuando el matemático John von Neumann cruzó física e ingeniería ayudó a la ciencia informática. Su contemporáneo Buckminster Full navegó con soltura entre la ingeniería, la economía y la biología para resolver problemas de tráfico, arquitectura y diseño urbano”. La economía conductual por ejemplo, surgió cuando Daniel Kahneman y Amos Tversky mezclaron psicología y economía.

 ¿Y qué innovación surgirá en esta nueva era de cross-pollinators? ¿Qué polinización generará la era de los equipos adhócratas que trabajan de forma rotativa, flexible e interdisciplinar? ¿Podríamos pensar que cada pieza del Free Universal Construction Kit es una metáfora de algo mayor? ¿Qué cada pieza podría ser una persona, una plataforma web o una puerta de un edificio que incentiva una conexión imposible? Los matices son muchos (y remezclables). Un biólogo como Juan Freire que investiga sobre arquitectura y organización de empresas es un polizinador cruzado, cierto. Pero una API abierta que permite, por ejemplo, cruzar Craiglist y Google Maps para crear Housingmaps, es un interfaz-polinizador cruzado. Y un hub físico como el MediaLab Prado donde trabajan personas multi disciplinarmente es un lugar-polinizador cruzado. Y MoveCommons, que pone en contacto a personas y colectivos con inquietudes similares, es una plataforma-polinizador cruzado. Y Kune, que facilita el trabajo digital colaborativo, es una herramienta-polinizador cruzado. Y Thingdiverse, un acervo virtual de diseños para objetos reales, es un almacén-polinizador cruzado.

Pensemos en grande. O mejor:  pensemos en pequeño. Ya sea una persona, una plataforma, una herramienta, un lugar, un ciberalmacén o un código abierto, nunca existirá la polinización cruzada sin una nueva actitud que guíe a una nueva sociedad. Reciclarse o morir. Pensar lateralmente o desaparecer. Conectar-colaborar o perder. Recuerda: tu inspiración es la abeja. Somos enjambre. ¿Qué está contenido en un humano, como escribía, Kevin Kelly en Out of control, que no emergerá hasta que estemos todos interconectados por alambres y política?

Este texto se ha publicado en Yorokobu. 

 

 

La educación prohibida, un alegato por una educación libre

19 agosto 2012

Cualquier gestor cultural o ministro de Cultura debería estudiar con atención la estrategia del documental La Educación Prohibida. En menos de una semana, sin inversión en publicidad, sus números son espectaculares: 158.455 descargas, 1.488.220 reproducciones en web, 436 proyecciones en todo el mundo, 46.726 fans en Facebook 4.257 seguidores en Twitter. Un detalle: el documental no usa licencia copyright, sino licencia Creative Commons. Cualquier persona tiene derecho a copiar la obra, a modificarla y a difundirla cómo quiera. Además, el documental ha sido elaborado de una forma colaborativa: fue financiado colectivamente gracias a 706 co-productores. Los subtítulos también han sido hechos de forma colaborativa. Cualquier persona puede traducir el documental a cualquier idioma aquí.

Lo más curioso es que La educación prohibida toca un tema poco comercial: cuestiona los cimientos de la educación occidental, sus métodos, su sistema competitivo basado en calificaciones. El documental ha hecho “más de 90 entrevistas a educadores, académicos, profesionales, autores, madres y padres; un recorrido por 8 países de Iberoamérica (Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, México, Guatemala y España) pasando por 45 experiencias educativas no convencionales”. Y realmente, no deja indiferente a nadie. El documental critica con dureza una educación que “no considera la naturaleza del aprendizaje, la libertad de elección o la importancia que tienen el amor y los vínculos humanos en el desarrollo individual y colectivo”. Y muestra prototipos educativos que ya están funcionando, nuevos imaginarios replicables para esta nueva era en red.

Surgen muchas preguntas, sin duda, tras ver La educación prohibida. ¿Por qué Occidente (y medio mundo imitándole) todavía base sus sistema educativo en un modelo nacido en la Prusia militar del siglo XIX? ¿Por qué la educación se basa en un sistema competitivo que no incentiva el trabajo en equipo y la creatividad? ¿Por qué la educación se concentra en centros definidos sin contacto con la ciudad y/o la naturaleza? ¿Por qué no basar la educación en un proceso social, participativo, que convierta nuestras urbas en La ciudad del aprendizaje?

Sin más, recomiendo ver La educación prohibida y compartirla de cualquier forma posible.

Mi web: bernardogutierrez.es Fundador de la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa