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La historia del mundo en cien segundos

03 enero 2012

La historia empieza en Europa en el año 499 a.C. Avanza a ritmo de círculos coloridos hasta la explosión de actividad de la Edad Media. Atraviesa el Atlántico cuando Cristóbal Colón llegó a América creyendo estar en las Indias. Y el haz colorido de actividad estalla a mediados del siglo XIX. África, en el siglo XXI, continúa sin apenas actividad humana. Esta peculiar/personal visión de la historia no es más que el resultado de la visualización de datos La historia del mundo en cien segundos, de Gareth Lloyd (@godawful) y Tom Martin (@heychinaski)

¿Y cómo se fraguó el experimento? Sencillo: Gareth y Tom extrajeron 424.000 artículos de la Wikipedia con coordenadas geográficas y 35.000 referencias a eventos. Ordenaron el caos en tabla Google Fusion. Lo agitaron con algo de programación informática. Y listo. Me llaman la atención algunos detalles.

Primero. La ausencia de historia antes del año 499 a.C. Ni rastro de Mesopotamia, China o tribus indígenas de América.

Segundo. El dominio absoluto de los países anglosajones en la información con coordenadas: estos 100 segundos/historia de la humanidad está casi contada por ellos.

Tercero. La casi invisibilidad de Ásia, África e incluso América Latina.

Probablemente, de aquí a cien años, con una brecha digital menor y una población más conectada, el mismo experimento será bien diferente. La historia estará contada en más lenguas, de una forma más descentralizada, menos eurocéntrica. Quizá entonces, la dictadura del mapa de Mercator - que exagera el tamaño del hemisferio norte – sea un mal chiste del pasado. Y la proyección de Peters, que minimiza Europa y Norte América, sea tomada más en serio.

 

Mapas analógicos, mapas digitales

16 diciembre 2011

Vuelven los mapas analógicos. El lapicero dibujando esquinas, detalles de tu calle. El garabato que plasma en el mapa todo lo que el GPS ignora. El invento-proyecto que incentiva la elaboración de mapas analógicos se llama Walking Papers. Y lejos de ser un grito medieval es un túnel directo al futuro, todo un golpe digital. Me explico: Walking Paper incentiva que cualquier persona pueda escribir a mano detalles sobre un mapa pero el destino final de los mismos es Open Street Map, una de las wiki plataformas de creación de mapas más populares.

Walking Papers - inspirados en experiencias como Bookcamp - se dio cuenta que el mapeo digital del mundo es fascinante. Pero que cojea. Por un lado, un buen porcentaje de la población se queda fuera: ancianos que no dominan la tecnología, personas sin acceso a Internet, gente sin hábitos digitales.. Por otro, que los detalles emotivos, humanos, prácticos, se suelen quedar fuera de los mapas. Walking Papers ayuda a crear esa capa emotivo-práctica de las cartografías: árboles, agujeros, gatos negros, oficinas de correos… ¿Y cómo funcionan estos mapas analógico-digitales? Cualquier persona puede imprimir un mapa de cualquier rincón del mundo. Después de escribir a mano sus informaciones, lo envía por mail. La tropa de Walking Papers los escanea y etiqueta gracias a un código QR de lectura a través de móvil. Después, lo carga a la base de datos con la estética digital de Open Street Maps. Tras el terremoto de Haití, Walking Papers cumplió un papel fundamental. Sin embargo, yo me quedo con el proyecto MapKibera, en Nairobi, Kenia. Gracias a esta convivencia de mapas analógicos y tecnología, el suburbio Kibera ya aparece en los mapas. De agujero negro cartográfico, Kibera ha pasado a ser un modélico experimento interactivo de participación social.

 

Globitos antisistema

11 diciembre 2011

“¿Estás enredado en una disputa cartográfica? ¿No estás de acuerdo con la versión oficial de tu geografía? ¡Contacta con nosotros hoy mismo!”. No es un anuncio de un despacho de abogados engominados. Más bien todo lo contrario: así arranca el site de Grassrootsmapping, una comunidad abierta que ayuda a la gente a mapear áreas concretas de la tierra, patios particulares con conflictos concretos. Sus armas podrían ser el arsenal de un circo: globos de colores, hilos de cometa, una camarita portátil que envía imágenes cada pocos segundos… Y poco más (ver el detalle de la fotografía). La carambola antisistema de Grassrootsmapping es, simplemente, espectacular: la construcción de mapas desde el aire que contradicen siempre una versión oficial. Mapas que aterrizan en Internet. Mapas que se comparten. Mapas 2.0 que multiplican su significado. Mapas, vaya, que tocan las narices a los de siempre.

Para los escépticos, daré algunos ejemplos recientes de esta Tropa que Empuña Globos y No Pistolas. Los estudiantes chilenos, hartos de que sus protestas fuesen ignoradas por los grandes medios, construyeron mapas aéreos de las masivas manifestaciones contra la privatización de la educación. En Israel, el kit de Grassroots mapping fue usado para mapear una manifestación propalestina ninguneada por la sociedad. En la costa de Luisiana, estos globitos coloridos están construyendo una cartografía crítica sobre los daños ambientales del litoral (este vídeo es fantástico). El etc, de Occuppy Wall Street a los ecologistas checos, sería larguísimo.

Lanza un globito, pásalo. Construye mapas reales desde otras perspectivas. Pégale un coscorrón al GPS del tío Sam, que según me contaba recientemente un taxista de Nueva York, “siempre le enviaba a túneles y calles de pago”. Apúntate al globomapeo. Ríete de Google Earth, que por razones misteriosas oculta pedacitos de la Tierra. Tiro de memoria reciente para rematar esta globoprosa de vocación ácida: habría estado genial un mapeo aéreo de la manifestación del pasado 150 en Madrid, una manifestación de flujos, intensa, gigante. Ninguna fuente oficial se atrevió a dar una cifra de participantes. La tecnología de Lynce - empresa que cuenta los manifestantes desde el aire, en una época en la que la gente sale a la calle y cambia el rumbo leyendo un hashtag de Twitter, se ha quedado coja. ¿Alguien se atreve a inaugurar en España la globocracia?