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Cómo hackear una academia de ciencias

21 mayo 2012

 

 

“Podríamos decir que hoy todos somos investigadores: todos producimos datos, analizamos esos datos, y ensayamos teorías sobre sus alcances, efectos y repercusiones. Todos producimos evidencias. El futuro de la academia no puede pasar por el esnobismo y la pedantería de presumir hacerlo mejor de lo que lo hacen otros“. Este párrafo no parten de un grupo de hackers o de un movimiento activista. Tampoco de un club revolucionario que pretende cuestionar una academia de ciencias. Estas líneas provienen del Centro de Ciencias Humanas y Sociales de la Agencia Estatal Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), máximo organismo de investigación de España. E intentan explicar uno de los seminarios más prometedores de la nueva era: el Hacking Academy Studio. 

El seminario, que tiene lugar todos los lunes en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales de Madrid,”se monta y desmonta en las relaciones de los investigadores Alberto Corsin (@acorsin),  Adolfo Estalella (@adolfoestalella) y Antonio Lafuente (@alafuente). ¿Y en qué consiste exactamente el seminario Hacking.Academy.Studio? Hackear la academia, dicen los investigadores, es “desestabilizar la investigación desde sus controversias y continuas redistribuciones”. Para ello, están invitando a “arquitectos, comisarios e investigadores en gestión cultural, periodistas y hackers educativos, que están transformando los lugares, métodos, formas de comunicación y estilos narrativos y expositivos de la práctica de la investigación social”.

Las sesiones se retransmiten en streaming en Internet. Y las ideas circulan intensamente en las redes sociales. El conocimiento pasa a ser algo compartido. La innovación no se queda entre cuatro paredes y se convierte en algo abierto. ¿Tiene sentido en la era digital que la mayoría de los investigadores no utilicen Internet para divulgar sus conocimientos? ¿Que casi ninguno tenga cuenta en Twitter? ¿Que no se investigue en red aprovechando la inteligencia colectiva y el crowd sourcing ? ¿Que las diferentes disciplinas no se mezclen? ¿Que la ciencia se encierre en edificios inertes? ¿Que los trabajos de investigación no sean leídos por la población y que no circulen en Internet?

Por el Hacking.Adademy.Studio han pasado personas como Jara Rocha, Rocío Lara y María Botella (¿Cómo hackear el currículo académico? MásterDIWO Do-it-with-others); Elisabet Lorenzi, Miguel Martínez, Alan Moore y Thomas Aguilera (Squatting in Europe); Doménico di Siena o el colectivo Zuloark.

En la sesión de hoy (16.30, hora Madrid) Hacking.Academy.Studio recibe al proyecto transmedia 15M.cc. Cualquier persona puede participar. Cualquiera puede asistir a la sesión por Internet. Cualquier puede cuestionar / mejorar en redes el contenido del seminario.

Mi web: bernardogutierrez.es Dirijo la red futuramedia.net En Twitter soy @bernardosampa

El Carnaval del Ciudadano Zero

18 febrero 2012

“El ciudadano debe acatar las decisiones del Estado. Si no, será denunciado. El ciudadano debe pagar cuantas denuncias se le impongan. Si no, será embargado. El ciudadano debe remunerar a los bancos todo cuando se le exija”. Así arranca la brutal, ácida y crítica comparsa gaditana Ciudadano Zero, del autor Tino Tovar. No queda títere con cabeza. Casa Real. Bancos. Políticos. Corrupción. Un grito algo y claro de nuestros tiempos. Vale la pena ver este vídeo de corte futurista de 23 minutos y 12 segundos. Los ciudadanos (zero) son ciborgs esclavos con un código de barras. Son mercancías en manos de políticos y banqueros.

*este blog estará cerrado por motivos mayores (Carnaval) hasta el próximo miércoles. El autor andará perdido entre multitudes en algún lugar indeterminado del planeta.

Aplicaciones móviles para perderse (sin consumir)

13 diciembre 2011

Ciudadano: el mercado tiene la aplicación perfecta para tu teléfono móvil. Imaginemos que se llama The Clever Sense. Y que desde que te la descargas sabes siempre, gracias a un gran sistema de geolocalización, dónde comprar un perfume o dónde cenar. Consumes, luego existes para tu App. Amigo, la sociedad-en-red tiene la aplicación perfecta para ti. Imaginemos que se llama Dérive (deriva). Y que cuando te la descargas en el móvil va sugiriéndote rutas imprevisibles, fortuitas. Dérive ayuda a que te pierdas en la ciudad, a que descubras nuevos rincones/vecinos. La app Dérive, construida con código abierto, tiene apenas un punto de partida,”explorar el espacio urbano de otras formas“. Tras sucesivas pérdidas, cada uno encuentra objetivos y/o metas diferentes. Nuevos paisajes de la psicogeografías.

El mercado tiene un chaparrón de Apps para consumir geolocalizadamente. Pero la sociedad-en-red y la tecnología están haciendo posible que el situacionismo, un movimiento intelectual casi olvidado, resurja del letargo con un buen puñado de Apps. Dicho movimiento, liderado por Guy Debord, incentivaba la creación de nuevas situaciones, “el valor del juego, la vida libremente construida”. Su manifiesto era bastante cañero. El principal arma situacionista contra el sistema era el irreverente concepto de deriva. La deriva como mecanismo lúdico-constructivo que despedaza las definiciones clásicas de viaje o paseo. La  deriva como enemigo de la rutina, del orden social.

El norteamericano Mark Shepard, uno de los gurús de la sentient city, es el autor de Serendipitor, otra gran app de deriva que te ayuda a “descubrir algo mientras buscas otra cosa“. Cuando sigues sus instrucciones, te perderás por la ciudad-sorpresa. Harás fotos de un árbol o regalarás una flor a un desconocido. WalkSpace - otra recomendable App- es una opción para los amantes de imprevisibles rutas culturetas. Incentiva, además, que las rutas se compartan on line. Y las relaciones entre personas desconocidas.

El mercado lo tiene claro: la distancia más corta entre dos puntos es una recta (repleta de tiendas y shopping centers). Horacio y La Maga, protagonistas de Rayuela, obra maestra de Julio Cortázar, no se habrían encontrado al azar sobre los puentes del Sena si tuvieran la red social Foursquare (geolocalizada) en sus móviles. Con The Clever Sense sería peor: la Maga compraría compulsivamente en las Galerías Lafayette. Y Rayuela sería un tostón. Con nuestros App para perderse, La Maga derivaría, se liaría con el quiosquero. Horacio descubriría un club de taxidermistas y  se pasaría el resto del libro disecando arañas. Rayuela sería otra cosa. Pero seguiría siendo ese flujo imprevisible,  laberíntico, rabiosamente vivo.

Por eso, la sociedad-en-red huye de rectas predeterminadas : busca la curva, las divagaciones sin consumo, nuevos hilos de relaciones, la urbe instantánea. La ciudad desnuda que Debord regaló a los psicogeógrafos. Y eso no tiene precio.


					

Código abierto para una nueva era

02 diciembre 2011

Napoleón se hundió en Austerlitz por un despiste de sus soldados: colgaron fotos geolocalizadas con su posición en Picassa y Flickr. Rusos y austriacos reaccionaron y machacaron al enemigo.

La plataforma de ciberactivismo Actuable salvó al aragonés Miguel Servet de la hoguera en 1553 al conseguir un millón de firmas de apoyo: el descubridor de la circulación pulmonar no sólo sobrevivió sino que consiguió que la Iglesia reconociese su teoría panteísta.

Los griegos del siglo V a. C, conocedores del campo electrostático, descubrieron la electricidad gracias a un sistema Polis2P de intercambio de conocimiento con tecnología peer-to-peer. La revolución industrial cambiaría el mundo en el siglo IV a.C.

¿Especulaciones majaderas? ¿Desvaríos tecnologetas de un ciberadicto? Para nada. Son un ejercicio lúdico-festivo para meditar sobre cómo podría haber sido el mundo con la tecnología actual. Sobre cómo puede cambiar en los próximos años.Pretendo llegar una frase polémica: la edad contemporánea es un fósil. Una era pretérita que los historiadores de pasado mañana colocarán antes de la ‘edad digital’. ¿Patinaje lisérgico sobre neuronas? Frío frío.

Marchando una de argumentos. Yochai Benkler, en su ya mítico La riqueza de las redes, (descarga gratuita), afirma que entre la introducción de una novedad tecnológica y el inicio de una nueva era pasan 25 años.

La imprenta de Gutenberg tardó 25 años en arrebatar el poder del conocimiento a la Iglesia. El modelo de los mass media demoró 25 años tras el descubrimiento de la radio. Si tomamos 1990 como Año Novedad, cuando Tim Berners-Lee creó el lenguaje HTML e Internet se abrió a la sociedad, nos tocaría cambiar de piel en 2015.

Aunque la velocidad del planeta bit es tan vertiginosa que tal vez el año D fuese 1998 (cuando nació Napster y la tecnología P2P), 2001 (nacimiento de Wikipedia) o 2005, (cuando los usuarios enviaron las primeras imágenes vía teléfonos móviles tras los atentados de Londres).

Pero creo que nuestros nietos estudiaran en los ‘tablets de texto’ que 2011 fue el primer año de la edad digital. Que arrancó con el primer tweet de la revolución de Túnez, con un blog de la plaza Tahrir de El Cairo, con la revolución híbrida del 15M , con los chats de los BlackBerry de los disturbios de Londres o con la explosión de OccupyWallStreet.

Por todo ello, en Código Abierto hablaré de la mayor revolución de la historia de la humanidad: la digital. Escribiré sobre tecnología y sociedad, cultura libre, redes, ciberactivismo, filosofía wiki, tecnopolítica, innovación, movimiento open source, transparencia, participación digital, activismo, urbanismo P2P, mapas colectivos…

Y de software libre, creative commons o domino público, alternativas al talibán copy right que aplicado a rajatabla consideraría al mismísimo Walt Disney un auténtico pirata.

Tranquilos: no me bebido cuatro cubatas cósmico-eléctricos. Sé de lo que hablo. Te lo contaré en Código Abierto. Jaque al intermediario. Power to the people. Bienvenidos a la edad digital.