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BitCoin, una moneda sin patria

05 enero 2012

Imagina que vives en la remota Villa Arriba. Necesitas una pieza de ordenador. Entras en el site de la empresa americana Cablesaurus. Compras sin utilizar euros ni dólares ni ninguna divisa de país. Y en pocos días, llega a tu casa. Además, la transacción se hace sin pagar impuestos ni tasas de bancos. No hace falta que despiertes de ningún sueño. Ni que recuerdes las tentativas fallidas de monedas virtuales – bit gold, RPOW, b-money- del movimiento ciberpunk. Tu compra-venta utópica se puede realizar con Bitcoins (BTCs), una moneda sin patria, de código abierto y descentralizada.

Bitcoin no está respaldada por ningún gobierno. Los bancos centrales la ignoran. La banca la mira con recelo. Pero cada vez son más las personas que la usan como medio de pago. Podríamos definir bitcoin como una ‘moneda’ virtual. O una divisa encriptada peer-to-peer (persona-a-persona) que no necesita de intermediarios para su regulación. Bitcoin también es el nombre software de código abierto que posibilita el uso de la moneda.

¿Y cómo funciona? Su emisión no depende de un organismo centralizado, sino del uso de ‘software’. El sistema fabrica dinero y lo distribuye entre los usuarios gracias a un desafío matemático. Quien lo resuelve, gana 50 BTC´s. El nacimiento de esta moneda under, macarra y sexy está envuelta en misterio. En 2009, un programador llamado Satoshi Nakamoto lanzó un manifiesto de una nueva moneda para conseguir un sistema sin gobiernos ni bancos. Nunca ha aparecido en público. Tras el pelotazo de popularidad inicial desapareció. Paró de responder mails. Bitcoin comenzó a ser na fiebre de ciber-alter-mundistas cuando la organización Wikileaks empezó a ser boicoteada por bancos, tarjetas y hasta PayPal. Wikileaks comenzó a recibir donaciones en Bitcoins. La mítica Electronic Frontier Foundation, también.

El lado oscuro lo cuenta al detalle la revista Wired en La subida y caída de Bitcoin. Su cotización arrancó a 0,30 dólares. En febrero de 2011,  Slashdot la mencionó por haber alcanzado la paridad con el dólar. En junio alcanzó un valor de 30. Pero tras un ataque-robo cibernético, en junio, se pegó un batacazo. Actualmente, su valor cotiza a diario en casas de cambio como la japonesa Mt.gox, que negocia el 80% de las transacciones de Bitcoins. 1 BTC =$5.37 dólares. 1 BTC=4.17 euros. En España, acaba de estrenarse esta casa de cambio. Y la lista de marcas mundiales que aceptan BitCoin crece día a día.

¿Será que Bitcoin es un onírico deseo ciberpunk? ¿Una rabieta infantiloide Capa Bancos? ¿Moneda Paja Mental? La verdad es que viendo la ruleta rusa de los bancos, el desplome de Lehman Brothers o las incertidumbres del euro, la filosofía Bitcoin tiene una lógica aplastante. ¿Dinero sin bancos? Un vinculo para incrédulos: la entrada  M-Pesa de Wikipedia, una moneda africana con más de 14 millones de usuarios. Apenas hace falta un teléfono móvil. Los billetes sobran (casi). El banco también. 

 

¡Es la economía creativa, estúpido!

27 diciembre 2011


140 músicos de big bands lanzan un disco financiado integramente por el público. Una multinacional informática invierte en software libre construido colaborativamente. Una marca de coches deja a los usuarios diseñar un modelo. Unos ciudadanos desarrollan un red de acceso inalámbrico a internet wifi teleoperadoras. ¿Cómo se llama la película? Vayamos por partes. Primero, los actores. La peli big band se llama Movimento Elefantes (Brasil); el gigante informática, IBM; Fiat fue quien apostó por el co-coche Fiatmio; el wifi libre se llama Guifi.net, un proyecto nacido en Catalunya.  Y es que la mano invisible del mercado, tras el petardazo de la última crisis, podría llamarse sociedad en red. O inteligencia colectiva. O sociedad P2P (peer-to-peer). O crowd sourcing, ese término que acuñó Jeff Howe, ex editor de Wired: individuos cooperando entre sí. Co-creando. Co-trabajando. Sin intermediarios.

La crisis mola. Todo se desmorona. Todo se rehace. Mientras la economía mundial sigue en su ruleta-montaña rusa, el mundo encuentra soluciones al margen de gobiernos e inversores. Apenas un 2,3% de las start up (los famosos emprendedores) consiguen financiación. Sin embargo, el crowd funding – financiación colectiva – está empezando a funcionar. Kiva permite que cualquier persona financie proyectos a partir de 25 dólares. El site Kickstarter ha recaudado ya 100 millones de dólares de desconocidos para 13.000 proyectos. Lanzanos y Goteo Funding están despegando en España. Y hasta están naciendo sistemas de préstamos P2P – intercambio entre usuarios – sin bancos. ¿Prestar dinero a un desconocido? Podría ser una buena idea.

¿Y qué pintan Fiat o IBM en esta fiesta hippie-horizontal? El hit de Bill Clinton contra Papá George Bush, aquello de “es la economía, estúpido”, en este convulso siglo XXI sería algo así como: “Es la economía creativa, estúpido”. ¿Econoqué? En Estados Unidos, antes del boom de las redes sociales, ya se hablaba de open innovation (gracias a Henry Chesbrough). Algo tan sencillo como incentivar que las empresas cocinen ideas internas con externas. O sea, ejecutivos de IBM confiando en un puñado de hackers. Por otro lado, el mundo entero entró en la co-creación desde que Venkat Ramaswamy inventase el término. El cochecito que Fiat construyó con ayuda de sus usuarios, vaya.

¿Y a qué viene todo esta argumentación? Muy simple: en el Reino Unido la economía creativa representa el 7,8% del PIB. En Brasil, existe una Secretaría de la Economía Creativa. En España, la economía creativa está en auge. Pero no existe oficialmente para el gobierno central. Juan Pastor Bustamante, de la Escuela de Organización Industrial (EOI), la describía recientemente así: “industrias culturales y creativas, pero también ciudades creativas, ecosistemas creativos, clusters creativos, distritos creativos, clase creativa…“. Podemos redondear. Espacios de co-working (trabajo compartido). Ciudades participativas. El banco comunal BancomunEléctricas portuguesas co-creando. Millones de personas escribiendo en Wikipedia.  O la mismísima Philips pidiendo a sus usuarios que les redacten manuales de instrucciones. Sociedad en red, decíamos.

Rubén Martínez, que investiga sobre innovación en cultura y procomún en Yproductions, (gran presentación) lo tiene claro. El mundo está mutando. Estamos pasando de los emprendedores a la creatividad social. De los departamentos de I+D autistas al I+D de la sociedad. De la economía estúpida a la economía creativa, flexible y horizontal.