En las anteriores elecciones generales, de 2008, se presentó una candidatura nueva: la de UPyD, que estuvo presente en todas las circunscripciones aunque con desigual fortuna. Propulsada por Rosa Díez, antigua dirigente del PSOE, buscaba un espacio entre los dos grandes partidos, PSOE y PP, y consiguió al final un único escaño para su líder. Su discurso sigue incidiendo en contra del bipartidismo y en la necesidad de la reforma de la actual ley electoral, de la cual esta candidatura se considera una de las principales víctimas.
Rosa Diez aparece en las encuestas como uno de los líderes políticos de ámbito nacional más valorado. No es la primera vez que en las Generales se presenta una formación al servicio de una personalidad influyente en la opinión pública, recordemos la candidatura de Ruiz-Mateos, que obtuvo 219.883 votos (1,07%) en las Generales de 1989, más que HB o que el Partido Andalucista, o la de GIL, 72.162 votos en las del 2000.
Estas candidaturas despertaron la atención en su momento, pero su vida política electoral fue breve.
Con la de UPyD, tan estrechamente vinculada a la persona de Rosa Díez, podría pasar lo mismo ya que la imagen, la valoración de un líder o el apoyo mediático que reciba, aunque importante, no se traduce automáticamente en votos. Por otra parte hay que franquear un umbral mínimo, no solo el 3% que marca la ley electoral para poder optar al reparto de escaños, sino bastantes más para ser considerada una opción relevante y útil electoralmente. Y aquí aparece la incógnita del futuro de UPyD ya que su reciente y escaso pasado plantea fuertes interrogantes.
Si nos atenemos a sus resultados en las anteriores Generales, UPyD sumó 306.078 votos en toda España, el 1,19% de los votos válidos, un porcentaje irrelevante. Se objetará que obtuvo el mismo porcentaje a nivel estatal que el PNV, o más alto que ERC, BNG o CC. Pero con una diferencia fundamental, y es que esas formaciones nacionalistas, allí en donde se presentaron (País Vasco, Galicia, Cataluña o Canarias), es decir, en su ámbito electoral específico, obtuvieron porcentajes importantes. Por ejemplo, si CC a escala estatal sacó el 0,68% de los votos, en Canarias su voto alcanzó el 17,5%, (29,2% en Tenerife, con lo cual en esa circunscripción le sobraban votos para conseguir 2 escaños). Lo mismo puede decirse de las otras formaciones nacionalistas, que tienen un peso importante en ciertas circunscripciones.
En cambio, UPyD fue una candidatura marginal en todas las circunscripciones, en las de diez CCAA no alcanzó ni siquiera el 1% de los votos, en otras seis superó por poco el 1%. En otras palabras, en todas las circunscripciones de España, menos en una, UPyD quedó excluida al no superar el mínimo legal del 3 %. La única en la que el voto UPyD tuvo importancia fue Madrid, en donde superó los 100.000 votos, el 3,7%, lo que le supuso obtener el único escaño que consiguió. Madrid aportó en 2008 el 43,2% de los votos de UPyD, lo cual convierte a esta candidatura en una fuerza regional madrileña, siendo un voto marginal en el resto de España.
Con estos antecedentes, a pesar de los resultados en las municipales de los que no se puede extrapolar para las Generales, los resultados de Madrid en estas elecciones determinarán casi exclusivamente el futuro de esta candidatura minoritaria.

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