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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

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En un plano superior: Recordando la escena del beso en ‘Suspense’ (1961)

Suspense (The Innocents) escena beso

¿No fue el pasado 13 de abril el Día Internacional del Beso? Escenas de besos, en el cine, hay muchas. Que hayan perdurado, muchas menos. Por otra parte, no es que precisamente Suspense (The Innocents, 1961) vaya escasa de momentos, escenas y planos memorables, pues por alguna razón es una de las películas más perfectas que jamás se hayan rodado. Pero, este instante sorprende, sobre todo al espectador que vea por primera vez esta adaptación de la famosa novela Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw).

En la alcoba y rodeados de oscuridad, un niño de diez años, Miles, besa a su institutriz, Miss Giddens, en los labios. Lo hace con pasión, como lo haría un adulto preso de una irresistible atracción sexual. ¿Y ella? Pasa del desconcierto y asombro inicial a dejarse llevar, turbada. Sí. Una escena demasiado atrevida para su época, a inicios de los sesenta.

Deborah Kerr, que tenía 40 años cuando la película se estrenó en el Reino Unido, y en la que muy probablemente sea su mejor interpretación, encarna a la bella y ambigua heroína de la novela de Henry James. El niño tan encantador como inquietante está interpretado por el joven Martin Stephens de 12 años quien, curiosamente, el año anterior había intervenido en otra imprescindible obra maestra del género fantástico, El pueblo de los malditos (Village of the Damned, 1960).

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En un plano superior: ‘Breve encuentro’ (1945) – Simplemente, enamorarse

Breve encuentro (Screenshot) 1945

Difícil, muy difícil elegir una de las imágenes de Breve encuentro (Brief Encounter, 1945). Tenía varias pensadas y a punto para empezar a desarrollar y publicar. Pero, y como no podía ser menos tratándose de una de las cumbres del cine romántico, al final me he decantado por “el momento”. Me refiero al del nacimiento amoroso o, mejor dicho, el del reconocimiento del nacimiento amoroso. Ese preciso instante en el que uno se da cuenta de que… ¡oh! ¡está irremediablemente enamorado! Las pupilas dilatándose, un brillo especial en la mirada, una poderosa sensación de alborozo y excitación apoderándose de todo tu ser, el corazón latiendo a mil.

Es una película de emociones sinceras, pero contenidas en la pantalla, en la que una de las claves es su pareja protagonista, Laura (Celia Johnson) y Alec (Trevor Howard), personas normales y corrientes que facilitaban la identificación con el espectador. Una pareja de mediana edad que han ido coincidiendo en la estación del tren. Ella una ama de casa y él médico, ambos casados y con hijos. Adúlteros que no lograrán consumar su amor, viviendo los momentos más felices de su existencia, entre el éxtasis y los remordimientos.

Puesto que está narrada ante todo desde el punto de vista de su principal personaje femenino, el director, David Lean, la eligió a ella para éste, uno de los momentos clave. Mientras Alec (Trevor Howard) le habla de su profesión, de su idealismo, de la necesidad de la medicina preventiva y de palabras como “fibrosis”, “antracosis”, “silicosis” o “neumoconiosis”, a Laura todo le parece maravilloso, incluso estos términos que ni entiende ni desea entender. Con el rostro resplandeciente de ella y después de haberle exclamado “¡Pareces un muchacho!”, cómo si el hecho de enamorarse solo perteneciera a los más jóvenes, David Lean inicia un suave travelling hacia adelante, hacia Laura, mientras empieza a sonar la música, hasta excluir totalmente del encuadre al mismo Alec, dejando a Laura sola, junto con su íntimo y profundo “descubrimiento”.

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ARCHIVO: EN UN PLANO SUPERIOR

 

Breve encuentro (Brief Encounter, 1945)

Suspense (The Innocents, 1961)