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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Archivo de la categoría ‘Crónicas de cine’

‘Bajo la arena’, una muy recomendable película antibélica

Propuestas de cine

Bajo la arena (Land of Mine)

( ©Sherlock Films )

Buena película la de Martin Zandvliet. La ilustración de un desgarrador hecho histórico acontecido al término de la Segunda Guerra Mundial. Dos mil jóvenes soldados alemanes, apenas unos críos de entre 15 y 18 años, prisioneros de guerra y que fueron utilizados para tareas de limpieza, las de desenterrar con sus propias manos y desactivar las millares de minas que los nazis habían ocultado bajo la arena de la costa oeste de Dinamarca. La muerte apenas a 10 centímetros bajo tierra. Ellos, sus compatriotas, las habían puesto y ellos, los presos, debían quitarlas.

El planteamiento es evidente. Muchachos, casi niños, que fueron dos veces engañados y condenados. Primero por su mismo país, bajo el yugo del régimen nazi, para alistarse. Ir al frente, a primera línea de combate, en una desesperada maniobra final ante la falta de hombres durante los últimos coletazos de la contienda. Prácticamente obligados algunos, embaucados con falsos sueños de heroísmo patrio los otros. Y luego, que los enemigos y la guerra no están para lindezas ni clemencias. En territorio extranjero es comprensible que los que sufrieron las atrocidades causadas por el ejército alemán encauzaran su odio en esos muchachos, cabezas de turco.

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Han pasado 41 años, Travis, y todo sigue igual (‘Taxi Driver’, 1976)

Sunset Boulevard

Taxi Driver 1976

( ©Sony PIctures )

Travis desenfunda el arma frente a su propia imagen reflejada en un espejo mientras ensaya la frase “¿Me estás hablando a mí?” (You talkin’ to me). Más adelante se cortará el pelo al estilo de los indios tomahawk; o ensangrentado, se apuntará a la sien con el dedo a modo de arma (como seguramente su creador, Schrader, se habría imaginado a sí mismo mil veces antes), deseando desaparecer. La soledad, la depresión y una sociedad que uno siente le ha fallado parieron a Travis Bickle, todavía una de las figuras cinematográficas más icónicas y controvertidas. Excombatiente de Vietnam reconvertido en un insomne que aprovecha su trastorno de sueño para trabajar como taxista. Un pobre diablo adicto a los cines porno, un desgraciado al que temer u odiar, alguien que espera que algún día “la lluvia” limpie las calles de todas la escoria que la habita: prostitutas, macarras, ladrones, asesinos, yonkis y corruptos; alguien ansioso por apretar el gatillo contra algún objetivo humano.

Está el Travis reaccionario, racista, neurótico y paranoico. Un perturbado mental en una sociedad igualmente enferma en una década, los setenta, donde en cine triunfaban otros justicieros urbanos del calibre del Harry el sucio interpretado por Clint Eastwood o el justiciero Paul Kersey encarnado por Charles Bronson, todos ellos trazando su recorrido por el infierno situado aquí en la Tierra. Pero a la vez está el Travis lleno de pureza y buenas intenciones. también el patán ignorante, el hombre obsesivo y algo corto de entendederas o el soñador que fabula (escribiendo cartas a sus padres) con lo que querría que fuera su propia realidad. Estremece por la facilidad con la que nos repele o atrae, con la que podemos llegar a detestarle o amarle porque también está la otra cara de la moneda. Ingenuo, inocente, alguien que pide cariño en su silenciosa angustia.

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¿Es el fin de las utopías? (‘Captain Fantastic’, 2016)

Propuestas de cine

Captain Fantastic 2016

( ©Fox / One Films )

Captain Fantastic, segundo largometraje de Matt Ross, también actor, de Sillicon Valley o American Horror Story, es una estupenda sucesora de aquella Pequeña Miss Sunshine que cautivó hace once años. No por especiales similitudes en su guion; pero sí en el tono, de comedia y drama, o por esa crítica nada velada a los modos de vida más superficiales de la Norteamérica actual o por su misma estructura, a partir de un cierto punto de la película, de road movie. Una Norteamérica, y léase igual cualquier país civilizado de occidente, descarriada y entregada a los placeres del consumismo y a los intereses de las grandes empresas.

Letreros en la carretera rezan textos como “Inmigración o invasión” y los supermercados ponen hilos musicales en los que suena la melancólica música de Titanic. Unos ciudadanos están contentos, otros adormecidos y otros permanentemente cabreados con todo. Y si la sociedad corrompe, que diría Rousseau, el Capitán Fantástico del título, Ben (gran Viggo Mortensen), es el cabeza de familia de una prole de seis hijos, equitativamente repartida en tres varones y tres chicas, que ha fundado su peculiar y reducida comunidad antisistema, decidido aislar a sus retoños de la mezquindad de los humanos. Regresar a una forma de vida más primigenia e ingenua. Retomar el mito del buen salvaje criando a sus hijos como superdotados, tanto en mantenerse físicamente en forma como en cuanto a cultura y conocimientos.

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Vitaminas en forma de musical (‘La La Land’, 2016)

Propuestas de cine

La La Land 2016

( ©Universal )

Porque queremos entrar dentro de la pantalla y meternos en la piel de esos personajes, vivir sus historias sean de cine o nuestras series preferidas, esperando que por muchas desgracias o tragedias el final sea feliz, y si no lo es que al menos sirva para enmendar errores o de espejo para otros de lo que somos. Porque Woody Allen rompió esa “cuarta pared”  mezclando las estrellas inalcanzables de la gran pantalla con el espectador llano sentado en su butaca en La rosa púrpura de El Cairo (1985), y varias décadas atrás Buster Keaton ya lo había hecho con El moderno Sherlock Holmes (1924). Y porque desde ese crucial instante en qué se oyó la voz de Al Jolson en El cantor de jazz (1927), el público debió sentir por primera vez que la relación de cercanía con esos personajes de la pantalla era mayor, había imagen y ahora también sonido, palabras y música a su alrededor.

Y porque había nacido el musical, el género más genuinamente cinematográfico, el que durante varios años desde la aparición del sonoro el público identificó con películas. Y por duras que fueran las cosas en ese cine de a finales de los 20, o de la década de los 30, 40 o 50 no había nada que una canción (buena o mala) o número musical no pudiera arreglar.

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¿Qué sería la vida sin una pizca de locura? (‘Toni Erdmann’, 2016)

Propuestas de cine

Toni Erdmann 2016

( ©Golem )

Una simple peluca y una dentadura postiza. Una transformación que no engañaría a nadie pero que nos sirve para el juego de cambio de rol y de recuperación de sentimientos y cariños paternofiliales perdidos que nos propone Toni Erdmann. Ante cuestiones de peso como ¿Eres feliz? ¿Me quieres? o ¿Cuál es el sentido de la vida? la comedia existencialista de la alemana Maren Ade evita un tratamiento plomizo aún metiendo a sus dos personajes protagonistas en una historia de cocción a fuego lento.

Para quien no lo sepa, Toni Erdmann está siendo la sensación en los últimos meses entre la crítica y la prensa especializada, de hecho desde que se estrenó en mayo pasado en Cannes. Se está llevando todos los premios importantes y es la película del momento entre los cinéfilos, la que deben amar o aprender a apreciar si uno no desea quedarse fuera de juego, arrinconado en el grupito de rezagados que no se enteran de nada. Cine de autor en mayúsculas y tercer largometraje de una excelente conocedora del cinéma d’auteur gracias a su trabajo como productora. Así que habrá que andarse con pies de plomo porque tanta expectativa puede provocar sus consiguientes efectos secundarios en forma de mayúscula decepción, y además de más de dos horas y media, que es lo que dura.

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Una fábula sobre la belleza de la vida (‘La tortuga roja’, 2016)

Propuestas de cine

La tortuga roja 2016

( ©Karma Films )

La cuesta de enero, corrupciones políticas, terrorismo yihadista, líderes mundiales que amenazan con poner patas arriba las siempre delicadas relaciones nacionales o internacionales… olvidémonos por un momento de todo. Mejor pongámonos en plan zen e intentemos volver a la esencia de todo. Michaël Dudok de Wit, un artista holandés apasionado de la animación, y ganador de Oscar por el corto Padre e hija (Father and Daugther, 2000), ha puesto toda su sabiduría, con sus más de 60 años a cuestas, para debutar en el largometraje.

A su criatura la ha llamado La tortuga roja (La tortue rouge) y la ido paseando por diversos festivales internacionales de cine seguramente consciente que gran parte de su público lo tendría allí, no en una multisala. Haciendo gala de la recuperación de esa esencia, de Wit ha creado una película que se sustenta en las imágenes, y en la música, sin diálogos ni palabras. Cine mudo, en color y en blanco y negro para las escenas nocturnas. Es más, decidió que habría un único personaje humano (tal vez un par más), pero en principio le valía básicamente con uno y una isla desierta. Un náufrago que cada vez que intenta escapar de su aislado reducto natural se topa con una extraña fuerza de la naturaleza que se lo impide, la tortuga roja del título.

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‘La llegada (Arrival)’: Descifrando un par de mensajes “extraterrestres”

Propuestas de cine

La llegada (Arrival) 2016

( ©Sony )

Hay que aplaudir la valentía de una película como La llegada (Arrival). Colar entre la programación de un gran número de multisalas lo que es más una propuesta de cine filosófico que un blockbuster que pueda agradar fácilmente. Ni siquiera su misma fotografía, de colores apagados, o una música de acordes desconcertantes y fríos creada por el islandés Jóhann Jóhannsson pretende impresionar o presentarse como especialmente atractiva. Es lo que ofrece el canadiense Denis Villeneuve (el “elegido” para esa esperada secuela de Blade Runner), no demasiado lejos de Enemy, su película más psicológica e íntimamente hermética hasta el momento o del cine de Terrence Malick.

Doce naves aparecen repentinamente en otros tantos puntos del planeta. Allí, quietas, estacionadas e intentando establecer metódicos y limitados contactos con los humanos por alguna inescrutable razón. Una avanzadilla alienígena dotada de una tecnología y conocimientos demasiado superiores también supone una amenaza para la humanidad. Y es que en nuestra historia, el pez grande (el mejor armado) se come al chico. El ejército de los Estados Unidos recurrirá entre sus especialistas a reclutar a una experta en lingüistica, “una de las mejores del mundo”, Louise Banks (Amy Adams) para descifrar el por qué están allí esos alienígenas y, lo más importante, conocer cuáles son sus intenciones. Basándose en una historia corta, La histoira de tu vida, escrita por Ted Chiang, es la mejor puesta al día y con vida propia de Encuentros en la tercera fase de Spielberg o Contact de Robert Zemeckis.

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‘Que Dios nos perdone’, la opción de un buen thriller

Entre los estrenos de este fin de semana hay dos que muy probablemente se llevarán la mayor parte del pastel de la taquilla. En fechas tan cercanas a Halloween el terror de Ouija: El origen del mal, y que tiene el poltergeist añadido de situarse a años luz, en cuanto a calidad, de su predecesora de 2014, atraerá a muchos espectadores; luego está la nueva adaptación de un superhéroe de Marvel, quizá no tan carismático como otros, pero que puede convertirse en una de las sorpresas cinematográficas de la temporada, es Doctor Strange (Doctor Extraño) y con el atractivo extra de tener como protagonista a Benedict Cumberbatch. Pero, a estas dos buenas opciones otra es darle una oportunidad a un thriller de factura española, Que Dios nos perdone.

Podría pasar desapercibida. Y es que está el precedente de otro thriller excelente como es Tarde para la ira, el inmejorable debut como director de Raúl Arévalo, que obtuvo grandes críticas, mejores recomendaciones aún a través de tuits y, pese a todo, pasó por nuestra cartelera sin pena ni gloria y, para más inri, con la mancha de que el título español más taquillero de las últimas semanas fuera… Cuerpo de élite. Y esto aterroriza, pensar que una notable película, y hecha aquí, pueda pasar sin suscitar interés entre el público. Que Dios nos perdone, dirigida por Rodrigo Sorogoyen ( que empezó a destacar con su segundo largometraje, Stockholm, en 2013), actualiza y lleva a nuestro contexto el cine negro, un género tan reconocido y que, sobre todo durante los años 40 y 50, dio algunas de las mayores obras maestras del cine norteamericano.

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Sitges 2016: Daniel Radcliffe rompe con su imagen de Harry Potter en ‘Swiss Army Man’

Swiss Army Man

( ©Disney )

Daniel Radcliffe haciendo de cadáver. No uno cualquiera, sino de esos que cobran vida. Pero no para volverse un zombi rabioso sino en una especie de osito de peluche (o de compañero imaginario perfecto). Daniel Radcliffe, es decir, su personaje se tira pedos constantemente en pantalla. Es una explosión continua de gases, vomita agua y tiene unas erecciones tan incontrolables como dinámicas. Su rostro modelado por la rigidez de su condición de muerto moldea su semblante en grotescas expresiones de alegría, tristeza o desconcierto. Y la cámara también recoge algunos primeros planos de su trasero (ya está curtido en ello, como lo demostró en las representaciones teatrales de la obra Equus). Los fans de Harry Potter van a alucinar con su personaje.

El personaje de Radcliffe se convierte en el mejor amigo del protagonista, interpretado por Paul Dano, un tipo atormentado falto de cariño y comprensión, que padeció mobbing de pequeño, que siente que su padre siempre estuvo demasiado alejado de él, que ve a la mujer de sus sueños demasiado inalcanzable y que vive en su propia isla desierta. Es un náufrago social; solitario, a la deriva y con tendencias suicidas. Tal vez por ello, ese cadáver putrefacto y flatulento, que un día aparece flotando en la playa, es su compañero ideal y un “hombre multiusos” con los que aprovisionarse de agua para beber, usarlo como moto de agua (!) o como bazoka y arpón (!!!).

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Sitges 2016: ‘Crudo (Grave)’, la película de canibalismo que provoca desmayos

Crudo (Grave / Raw) 2016

( ‘Crudo’ ©Universal )

Era la película que Sitges estaba esperando. La que llegaba con una aureola de cine extremo, y hype añadido, desde que en su proyección en el pasado Festival de Toronto saltó la noticia de que más de un espectador se desmayó ante la crudeza de alguna de sus escenas. Crudo (Grave) es el debut en el largometraje de la directora francesa Julia Ducournau y… ¡Vaya debut!

Su escenario principal es una facultad de veterinaria con las novatadas que deben aguantar los nuevos alumnos, y la crudeza de algunos de los vídeos que se graban impasiblemente a través de móviles. Aparentemente el telón de fondo de la historia principal, pero es lo que realmente da más miedo. Transmite la crueldad, la parte animal de los seres humanos y las relaciones de sometimiento de unos y otros, sea en la escuela o en otros ámbitos de la vida. La supeditación a unas normas establecidas y al poder. En todo ello, el canibalismo, un tema tabú, acaba siendo más una metáfora sobre transgredir imposiciones y reglas. Eso sí, a lo bruto.

Julia Ducournau, cineasta que ha declarado en más de una ocasión su obsesión por el cuerpo, expone unas imágenes artísticas, muy cuidadas, impresionistas y sin escatimar momentos morbosos, desde una depilación brasileña a otras escenas asquerosillas relacionadas con las prácticas de los aspirantes a veterinarios. Luego está su protagonista, la tímida Justine (Garance Marillier), y la historia de su despertar a la edad adulta y sexual. Sus padres la han convertido en una devota seguidora de las dietas vegetarianas, pero todo cambiará cuando, en uno de esos actos de iniciación de los veteranos (uno de ellos recuerda a Carrie), es prácticamente obligada a comerse un trozo de riñón crudo de conejo.

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