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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Archivo de la categoría ‘B.S.O.’

‘Victoria’, todo en una noche… y en una película

En un mundo cinéfilo idílico una película como la alemana Victoria, ganadora además de los principales premios del cine alemán cosecha de 2014-15 y multipremiada en el pasado festival de Berlín, causaría sensación. En los cines, largas colas como las de Jurassic World o las que, en su día, provocó Ocho apellidos vascos. La gente hablaría de ella. Todos la conocerían o al menos les sonaría.

Irías al tendero de la esquina y le preguntarías “¿Qué te ha parecido Victoria?” y quizá éste respondería, con cara acongojada, “Aún no he tenido tiempo. El martes espero poder ir a verla”. Los informativos abrirían con la noticia de que se está convirtiendo en un fenómeno cinematográfico. Viajando en el metro o en el autobús, oirías que un grupo de amigos están enfrascados hablando de nombres como Laia Costa, Frederick Lau, Sebastian Schipper, Nils Frahm o Sturla Brandth Grøvlen, apasionadamente o como si les conocieran de toda la vida. Si se te ocurriera preguntarles por una tal Chabelita, Belén Esteban o Paula, que ganó un concurso conocido como Gran Hermano, te pondrían cara de “¿Quiénes son? ¿De qué nos hablas?”, y proseguirían con su conversación como si tu intento de participar en el debate no hubiera tenido nunca lugar.

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James Horner, grande entre los grandes

James Horner

Diría que cualquier amante del cine que empezara a desarrollar su cinefilia, y amor por las bandas sonoras, durante la década de los 80 comprobará hasta qué punto su educación e intereses cinematográficos van íntimamente vinculados con las músicas de James Horner. Uno podía alcanzar el éxtasis con las composiciones de Bernard Herrmann, Miklós Rózsa, Max Steiner, Nino Rota, Elmer Bernstein, George Deleure, Ennio Morricone… pero, allí estaban sobre todo los dos “grandes” en pleno apogeo y actividad, los maestros John Williams y Jerry Goldsmith. Y a ellos dos, no tardaría en sumarse Horner.

Por aquellos años, intentaba grabar con un vieja cinta de cassette algunos de sus temas más representativos de quien, decían, era el mejor “imitador” de John Williams. Eran piezas de bandas sonoras como las de Los 7 magníficos del espacio, Krull, Proyecto Brainstorm, Gorky Park o Tiempos de gloria captadas desde algún programa de radio, con sonido a menudo bastante lamentable, lleno de ruidos. Pero allí las tenía. No tardaría en comprarme, en original y también en cassette, bandas sonoras como las de Willow y Campo de sueños, o en vinilo Fievel y el nuevo mundo, y dos obras maestras tan atmosféricas, angustiosas, como Aliens y El nombre de la rosa, ambas tan alejadas de ese sonido épico e  intimista con melodías absolutamente retentivas que me fascinaban desde la primera escucha. James Horner había entrado en mi pequeña y selecta lista en la que cada novedad suya me resultaba un acontecimiento, y a ella no tardarían en sumarse otros compositores “imprescindibles” del momento como Basil Poledouris, Hans Zimmer o Bruce Broughton (de quien estuve buscando durante años, desesperadamente, su maravillosa banda sonora de El secreto de la pirámide. En cambio, Silverado, otra joya, era facilísima de encontrar).

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La B.S.O. de ‘Chappie’, otra notable composición de Hans Zimmer

Chappie BSO

Nueva banda sonora musical de Hans Zimmer después de la brillante partitura que compuso para Interstellar. Para la película de ciencia-ficción del sudafricano Neill Blomkamp mantiene su inconfundible sello (y también el contar con colaboradores para los retoques y añadidos). Capaz de adentrarse en lo íntimo y en el terreno de los sentimientos,  y sobre todo de ofrecer grandes dosis de épica.

Lo grandilocuente, la épica y la aventura forman parte de sus leiv motivs más retentivos. Aún recuerdo en sus inicios las músicas para Rain Man o Paseando a Miss Daisy. Después llegarían Amor a quemarropa o la apabullante La roca (con Harry Gregson-Williams y Nick Glennie-Smith). De las más recientes, Origen me sigue pareciendo su gran obra maestra. Es inaudito que sólo tenga el Oscar por El rey León.

Para Chappie ha acudido a la música electrónica, con pasajes que incluso recuerdan al sonido de antiguos videojuegos, los propios de la temática de la robótica… o el estilo de Vangelis o Giorgio Moroder. Muy justificado en el caso de la película de Blomkamp que rememora títulos míticos ochenteros como Cortocircuito o RoboCop.

Entrañable, rotunda en algunos momentos, Chappie es otra de sus obras surgidas de los estudios de la productora Remote Control Productions (antes denominada Media Ventures), fundada por el propio Zimmer junto con Jay Rifkin, y en este caso ha contado con Steve Mazzaro y Andrew Kawczynski para la música adicional. Ambos también le acompañaron en la partitura para The Amazing Spider-Man 2: El poder de electro (formando parte de un grupo autodenominado “The Magnificent Six”, en referencia a los supervillanos Seis siniestros).

Para la escucha, los temas que he elegido son We Own this Sky y The Only Way Out of This:

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Joe Cocker: Oficial, caballero y seductor

Joe Cocker

Hay voces que son inimitables. A pesar que muchos se empeñen en emularla, ni a la suela de los zapatos. Joe Cocker era Joe Cocker, una voz también íntimamente ligada a la historia del cine.

Rock, blues, soul. Su voz grave, profunda y rasgada era buena, muy buena, irresistible en las distancias cortas. ¿Acaso el striptease que se marcó Kim Basinger en 9 semanas y media ante un expectante Mickey Rourke habría sido lo mismo sin su You Can Leave Your Hat On? “Con el  sombrero haz lo que quieras, pero el resto te lo puedes quitar todo” cantaba el muy pillo. El tema era original de Randy Newman que lo compuso en 1972. Con Joe Cocker se convirtió en uno de los himnos más eróticos popularizados por el séptimo arte. Era en 1986.

 

Pocos años antes, en 1982, Oficial y caballero (An Officer and A Gentleman) a pesar de tener a la maravillosa Debra Winger como protagonista femenina y convertirse en todo un pelotazo en su momento en las taquillas de medio mundo, únicamente ha perdurado por 2 razones: una, la consolidación de Richard Gere como sex symbol de los 70 y 80; y dos, la balada Up Where We Belong, cantada a dúo con Jennifer Warnes. La canción se llevó el Oscar.

 

El gangster y traficante de drogas Carlito Brigante que interpretaba Al Pacino en Atrapado por su pasado (Carlito’s Way, 1993) era duro, las había pasado canutas, aunque estaba dispuesto a romper con sus fechorías criminales y redimirse. Pero no le dejaban. Joe Cocker le dedicó una hermosa elegía (a Carlito y a su gran amor Gail, encarnada por Penelope Ann Miller) por medio de You Are So Beatiful, un tema de a mediados de los 70 (compuesto por Billy Preston, Bruce Fisher y Dennis Wilson) que fue el mayor éxito de Cocker hasta la llegada de Oficial y caballero.

 

En los últimos años pudimos oírle en Las nieves del Kilimanjaro, El vuelo (Flight) o Across the Universe. También participó en el oscarizado documental A 20 pasos de la fama. Cocker agarró la cumbre del éxito musical a finales de los 60, y desde entonces no descendió. Hasta que un 22 de diciembre, un cáncer de pulmón se  llevó los últimos susurros del cantante británico. Tenía 70 años.

 

‘La teoría del todo’, una banda sonora con sabor a Oscar

La teoría del todo bso

En El cielo sobre Tatooine también me gusta escuchar bandas sonoras. Y ahora con todo el circo mediático de los Oscar que se nos avecina, también es momento para destacar algunos avances de los soundtracks que resultan más nominables y, en este caso, de una película que todavía no se ha estrenado en nuestros cines.

Hans Zimmer se merecería un nuevo Oscar (sólo tiene uno por El rey León) y su partitura para Interstellar sería una inmejorable oportunidad. Pero, atención con la banda sonora que ha creado el islandés Jóhann Jóhansson para el biopic del físico y astrofísico Stephen Hawking (Eddie Redmayne es quien lo interpreta en el filme de James Marsh), porque muy probablemente será su principal rival.

La partitura en cine más conocida de Jóhansson es hasta ahora Prisioneros. La banda sonora que ha creado para La teoría del todo (The Theory of Everything), cuyo estreno en nuestras salas está previsto para el 16 de enero, está gustando muchísimo: elegante, arrebatadora y ensoñadora.

Como muestra, un par de piezas: Cambridge, 1963 y The Theory of Everything.

 

 

 

 

¿Qué músicas se escuchan en los tráilers de las películas?

Les gusta llamarse “librerías de música”. Son empresas productoras de música con compositores que crean temas (normalmente agrupados en álbumes) para que sean utilizados en tráilers de películas, series, videojuegos o publicidad. No están pensados ni compuestos para ninguna obra en particular.

Two Steps From Hell, Warner Chappell, Confidential Music Group, Immediate Music o Audio Network en España son algunas de estas iniciativas que han proliferado en los últimos años. Pueden llegar a cobrar unas tarifas de entre 5.000 o 12.000 dólares (entre más de 4.000 y casi 10.000 euros) por un tema de su variado catálogo para uso internacional, y cada pieza la pueden “vender” varias veces. Por ejemplo, Heart of Courage, de Two Steps from Hell, fue utilizada para la promoción de Las crónicas de Narnia: La travesía de los viajeros del alba, la serie documental Planeta helado de la BBC, el DVD de Origen secreto: la historia de DC Comics o el videojuego de rol Mass Effect 2.

En el cine ocurre que cuando se lanzan  los primeros tráilers, meses o incluso un año o más antes que la película se estrene, la banda sonora original no está ni hecha (en ocasiones ni siquiera se sabe quien será su compositor). Acostumbra a ser uno de los últimos elementos en añadirse, ya con el filme terminado o con la postproducción prácticamente completada.

Entonces, uno de los recursos son las “librerías de cine” (otros son usar temas clásicos, canciones o músicas de otras películas), también para darle a esos primeros avances un acompañamiento musical lo más efectista posible, y que luego no formarán parte del soundtrack oficial.

En el tráiler de Exodus: Dioses y reyes, de Ridley Scott, se escucha la canción Midnight de Coldplay y el resultado final no podrá ser más distinto, pues la música será del donostiarra Alberto Iglesias.

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‘Ámame esta noche’ (1932), y dos secuencias musicales clásicas que no deberías perderte

Amame esta noche 1932

Como ya saben, en 1927 a Al Jolson se le oyó hablar y cantar en El cantor de jazz (The Jazz Singer), el largometraje que revolucionó el cine por ser el primero destinado al gran público, en plan masivo, con sonido. A partir de ese momento las estrellas del cine mudo tuvieron que adaptarse o desaparecer si su voz o ademanes interpretativos (ya no era necesario que gesticularan tanto) no resultaban del todo gratos a los espectadores.

El público en su gran mayoría, y sobre todo en Estados Unidos, empezó a asociar cine con musical. En los años siguientes prácticamente toda película que deseara ser comercial debía de contener tanto una subtrama romántica como escenas musicales.

Pero si El cantor de jazz, dirigida por Alan Crosland, era una película plana,  más bien mediocre, otros como Rouben Mamoulian innovaron en el lenguaje cinematográfico. Ámame esta noche (Love Me Tonight, 1932) vista hoy también puede parecer obsoleta, aburrida o previsible;  y lo es… pero en su momento experimentó con la variedad de planos y travellings, con bellísimos montajes visuales, con el ralentí o acelerando las imágenes.

En Ámame esta noche el pueblo llano se retrataba de manera viva y trabajadora, mientras que la nobleza recibía un tratamiento de decadencia, representando por viejos y muertos. Y dispuestos a romper barreras, sus protagonistas eran un pícaro sastre (Maurice Chevalier) y una princesa joven y bonita, la viuda de un hombre de ¡75 años! la muy… astuta (Jeannette MacDonald).

Un hombre de la clase baja y una mujer de la alta alcurnia destinados a conocerse y enamorarse entre canción y canción en esta especie de cuento de hadas. Para aumentar las dosis de picardía en ese Hollywood precode (antes de la aplicación de la censura del Código Hays, a partir de 1934), ella tiene varias escenas en camisón, y él le canta más de una canción con doble sentido sexual.

La secuencia inicial es magistral. El despertar de un barrio de París progresivamente y al compás de los sonidos característicos del lugar creando una singular melodía. Un prodigio de imaginación, y de como relacionar imágenes con música. Todo un descubrimiento para los que no la conozcan. Una oportunidad más de rememorarla para los que hayan visto la película.

Son poco más de 3 minutos extraordinarios.

 

 

El segundo video corresponde a otra de las secuencias inolvidables. Ilustra como una canción pegadiza, en este caso Isn’t romantic?, o séase ¿No es romántico? (con música original de Richard Rodgers y letra de Lorenz Hart), podría convertirse también en esa época en un éxito viral. A partir de su “espontánea” gestación en un local de un rincón anodino  trascendía fronteras y se convertía en todo un hit reversionado de varias formas (además conectaba por primera vez, y sin ellos saberlo, románticamente a los personajes de la MacDonald y Chevalier).

La secuencia, única en su momento por la novedad que suponía también el montaje de canción e imágenes, dura un poco más, casi 6 minutos, pero es impagable ¡y además lleva subtitulos en español!

 

 

 

Crítica: ‘Coherence’, ciencia-ficción barata y de culto

Coherence - Emily Foxler

Los amantes de la ciencia-ficción ya tenemos otra obra de culto a la que adorar. Coherence, como toda película de género que se precie, nos coloca en otra dimensión, nos propone enigmas y nos mete el miedo en el cuerpo a nivel ficcional, pero al mismo tiempo sabe conectarlo con la realidad que nos rodea, con nuestras paranoias y temores.

Y es que, ante todo, Coherence (de título irónico) es una endiablada chifladura jugando con esa temática tan propia de la sci-fi como son las paradojas espacio-temporales, de las que te obligan en mayor o menor medida a exprimir neuronas o lidiar con conceptos del tipo “decoherencia cuántica”, “colapso de la función de onda” y “universos paralelos”. El culpable de todo esto es James Ward Byrkit que se alejó de los presupuestos abultados de una producción de género, y pese a ser un crack del storyboard en anuncios publicitarios o trabajando en superproducciones como la saga Piratas del Caribe o la animación de Rango (en la que también participó en el guión), decidió experimentar utilizando los mínimos recursos posibles. Sólo con 40.000 dólares y usando el propio salón de su casa como escenario principal

Coherence empieza, y sigue, prácticamente como si fuera una película Dogma 95 de Lars Von Trier, con el encuentro de 8 amigos en casa de la pareja anfitriona para cenar (o una de John Cassavettes, dejando improvisar a sus actores). Un par de cámaras en mano Canon 5D, luz natural, cortes de plano bruscos y escenarios mínimos para irnos sumergiendo paulatinamente en un argumento propio de la mítica serie referencial The Twilight Zone (La dimensión desconocida).

Coherence 2013El macguffin, o detonante de toda la historia, es el paso de un cometa denominado Miller, con nocturnidad y alevosía, muy cerca de la Tierra. No conviene desvelar demasiado, pero las pistas, un antecedente acaecido en Finlandia en 1923, cuando el paso del cometa dejó a los habitantes de una población desorientados y dudando de sí la persona que tenían al lado conviviendo desde hace años era el mismo u “otro”; o el experimento imaginario con el gato de Schödinger de 1935 tratando de demostrar que pueden coexistir varias realidades al mismo tiempo: un minino encerrado en una caja con un gas letal que puede liberarse o no, las probabilidades de que esté vivo o muerto están al 50%, en ese momento, según Schödinger, el animal está vivo y muerto al mismo tiempo (o lo que es lo mismo, puede estar vivo o puede estar muerto) y sólo al abrir la caja prevalecerá una de las dos realidades. ¿Qué significa? Pues que distintas realidades paralelas pueden convivir desde la perspectiva de la “decoherencia cuántica”. ¿Vaya lío, No? Llegado a este punto, incluso yo me he perdido…

En fin, que lo que hace el malvado de James Ward Byrkit es destapar no una caja con posible gato dentro, sino varias, para hacernos enfrentar no los unos contra los otros, que sería lo más normal, sino contra nosotros mismos. Se trata de perder la noción de que somos un “yo” único y singular, de que existan otros “yo” pérfidos y oscuros correteando por allí. El caos interior como enemigo.

Una paranoia monumental inmiscuyéndose en terrenos que ya pisó la estimable Triangle, la notable Los cronocrímenes de Nacho Vigalondo u otros títulos de culto como son Primer y Otra Tierra, pero con estilo y personalidad propia. Todo por el precio de uno y que incluye el descubrimiento de su protagonista principal, la actriz sueca Emily Baldoni (apellido de casada) que aquí prefiere firmar como Emily Foxler (apellido de soltera americanizado).

Puntuación:

Icono 8

 

 

 

 

Bonus Track:

Y como extras especiales, primero  la canción Galaxies interpretada por la cantautora norteamericana Laura Veirs que se escucha en los títulos de crédito finales.

 

Y la música original compuesta por Kristin Øhrn Dyrud.