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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

‘Su mejor historia’, homenaje al cine en tiempos difíciles

BCN Film Fest

Su mejor historia (Their Finest)

( ©A Contracorriernte )

En Los viajes de Sullivan (Sullivan’s Travels, 1941), Preston Sturges se planteaba la conveniencia de la comedia en un país azotado por una grave crisis, la Gran Depresión, y poblado de gente requiriendo de otras necesidades y de las más básicas como alimento y techo. Y lo hacía para constatar que, efectivamente, era necesaria. El poder liberador y terapéutico de una sonrisa o carcajada en la pantalla también ayudaba a sus ciudadanos. La novela de Lissa Evans, en cierto modo, se preguntaba lo mismo, pero en otra tierra y contexto, el de la Inglaterra castigada durante la II Guerra Mundial por los bombardeos del ejército alemán y extendiéndolo al cine en general.

Curiosamente ha sido una directora danesa, Lone Scherfig, la encargada en poner en imágenes el libro de Evans. La reconocerán por títulos como Italiano para principiantes (2000) o An Education (2009), y su decisión artística ha sido otorgar deliberadamente a la película, ayudada por la labor del director de fotografía, Sebastian Blenkov, un aspecto pasado de moda, similar a ese primitivo technicolor de los años 40. Su mejor historia (Their Finest) es una recreación del pasado, también de un modo de entender y hacer cine, esencialmente a través de la historia de dos guionistas, Tom Buckely (Sam Caflin), especialista en argumentos, y una mujer, Catrin Cole (Gemma Arterton) contratada para que aporte sus “cursilerías” y toque femenino con el que realizar una película que contribuya a levantar la moral de sus compatriotas, especialmente la de las mujeres. Catrin destacará como una aguda y brillante dialoguista y sus dotes van más allá de lo que, una sociedad conservadora, tradicional y machista como la británica en la época podrían esperar de ella (“Muchos están esperando que termine esta guerra y las mujeres volvamos a nuestros puestos”, le dirá uno de los personajes”, el de Rachael Stirling encarnando a una mordaz ejecutiva lesbiana).

Su mejor historia (Their Finest)

( ©A Contracorriente )

Hay cabida para la historia romántica, la de Catrin debatiéndose entre su nuevo compañero, que la admira, y su pareja, un pintor egocéntrico (Jack Huston); para los apuntes de crítica social especialmente sobre los roles asignados a mujeres; y para el homenaje al oficio y arte de hacer cine. Su pareja guionista deberá escribir y reescribir su guion al dictado de los caprichos de los productores, políticos y actores (incluida la incorporación de un héroe de guerra norteamericano, que no sabe ni actuar ni declamar ninguna de sus frases, pero que les permitiría llegar también al público norteamericano), hasta dar con el libreto que pueda ser del agrado de todos. La trama de esa producción titulada The Nancy Starling se inspiraría en la supuesta hazaña de dos hermanas gemelas que a bordo del pequeño barco de pesca de su padre, y de entre las muchas embarcaciones que acudieron a la llamada, participaron en el desesperado rescate de las decenas de millares de soldados que tuvieron que huir de Dunkerque (una de las batallas más significativas de la contienda). Catrin se entrevistará con ellas para conocer los hechos y descubrirá que su heroicidad, no en cuanto a intenciones, distó mucho de llegar a ser una proeza. Pero, y acudo a otra de las memorables citas de la película, “el cine refleja la realidad, pero quitándole las partes aburridas” o, en este caso, también ocultando todo lo que pueda impedir llegar a contar una buena historia.

Ni qué decir que Gemma Arterton se basta para sostener la película en el capítulo de interpretaciones, pero además Bill Nighy (el otro personaje más relevante del filme después del de Arterton) se marca otra gran actuación como una estrella de la pantalla que no acepta el paso del tiempo, es decir, su edad, y que deberá aprender a asumir ese dificilísimo trago de pasar de los papeles de galán a los de abuelo y, además, secundario. Los más cinéfilos también disfrutarán de los guiños y referencias al cine de la época, desde la mención de un actor emblemático como fue Robert Donat (protagonista de 39 escalones de Hitchcock), o al tipo de películas que realizaban Michael Powell y Emeric Pressburger, el mismísimo David Lean o las inconfundibles producciones del húngaro Alexander Korda (uno de los personajes está directamente inspirado en él).

Absolutamente recomendable. Buenas interpretaciones, diálogos y más de una escena para recordar. Pero sobre todo triunfa en uno de sus tramos más complicados, hacia el final, en la secuencia donde debe convencernos, y conmovernos, de los asombrosos efectos que posee el cine, y de su necesidad por tiempos muy difíciles que se vivan. Ha sido una de las propuestas presentadas en este Sant Jordi BCN Film Festival en la sección oficial a concurso, aunque para que llegue comercialmente a nuestras salas todavía deberá esperar unas cuantas semanas, hasta el 14 de julio. Justo una semana antes de que Christopher Nolan estrene su esperadísima superproducción sobre Dunkerque.

 

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