BLOGS
El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

Crónicas de cine: Cuando tu casa es la cárcel (‘Mustang’, 2015)

En La evasión (Le Trou), estrenada en 1960 y dirigida por Jacques Becker, sus cinco protagonistas, reclusos de la cárcel francesa de La Santé, intentaban por todos los medios fugarse de esos muros: picar cemento, limar barrotes, sacar las bisagras que se les pusieran a mano. En contraste, sus carceleros, que no eran representados como malvados, sino simplemente como funcionarios que procuraban hacer lo mejor posible su trabajo, se empeñaban en vigilarlos y procurar desmantelar sus planes antes que pusieran pies en polvorosa fuera de esas rejas.

La evasión es una de las grandes obras maestras, sino la mejor, del subgénero de intentar fugarse de la prisión que ha dado el cine. En los 70, la temática alcanzó cotas de gran popularidad y comercialidad gracias a títulos como Papillon (1973) con Steve McQueen y Dustin Hoffman, o Fuga de Alcatraz (Escape from Alcatraz, 1979) protagonizada por Clint Eastwood. El tema principal, en el fondo, siempre era el mismo, el de la libertad.

No me olvido de una de las más famosas de aquella época, El expreso de medianoche (Midnight Express, 1978), que como la película que nos ocupa, Mustang, también acontecía en suelo turco. Y no por casualidad, Mustang, producida con capital francés y debut en el largometraje de la directora Deniz Gamze Ergüven, debe su nombre a esa raza de caballos salvajes norteamericanos especialmente indómitos. La palabra deriva del español, de mesteño o mestengo, y se refería a los equinos que “no tenían dueño conocido”, aludiendo nuevamente al concepto de vivir en libertad.

Mustang 2015

( ©A Contracorriente Films )

Como los presos de La evasión, o su referente cinematográfico y literario más evidente, Las vírgenes suicidas que llevó al cine Sofia Coppola, cinco son también las hermanas protagonistas, huérfanas adoptadas por un tío y la abuela, y su gran problema es que la cárcel es su propia casa y, por extensión, la sociedad patriarcal que rige las costumbres de ese pequeño pueblo pegado al Mar Negro, al norte de Turquía. Allí las normas se rigen, en gran parte, en la inconveniencia de la liberación de las mujeres, y ello pasa también por su sexualidad. Por ello, a los primeros síntomas evidentes de sexualización de esas muchachas de entre 12 y 16 años y que se producirán con juegos aparentemente inocentes en la playa junto a chicos o mordiendo una manzana, el fruto simbólico del pecado, sus tutores deciden que es el momento para encerrarlas en una casa que ampliará el número de barrotes al tiempo que elevará las vallas. A la espera que llegue el momento que las conduzcan hacia el “buen camino” en la vida, a su sitio en la sociedad.

Y este es el día que contraigan matrimonio y queden bajo el manto protector y controlador de un marido. Por ello, hasta que llegue tal feliz momento, no hay nada más preciado que un himen intacto para después, junto a ellos, a sus esposos, lograr perfeccionarse en el arte de cocinar deliciosos manjares, vestir tapadas con túnicas que no resalten su feminidad y a entregarse en cuerpo y alma al hogar, al cuidado de hijos y marido.

Mustang 2015

( ©A Contracorriente Films )

A diferencia del realismo casi documental, aunque excepcionalmente cinematográfico de La evasión, Mustang hace concesiones al maniqueísmo, entre los que son buenos y malos, su historia se embellece con la sensualidad de sus protagonistas y con la poética casi mitológica de un cuento de hadas, en el que hay laberinto y ogro, y en el que se suceden humillaciones en las que no faltan, fuera de campo, abusos sexuales a menores. En este injusto duelo entre opresores y oprimidos, una de las películas que su directora tenía en mente era la terrible y provocadora Saló, o 120 días de Somoda, de Pier Paolo Pasolini. Aunque la carencia de matices en el retrato de algunos personajes (las personalidades de las cinco hermanas sí que están muy bien definidos) o cierta ingenuidad en su tratamiento también quedan justificadas por el punto de vista que adopta la narración, el de Lale (Günes Sensoy), la menor de las hermanas.

Un granito de arena. Seguramente, Mustang no llegará a cambiar en nada, en cuanto a mentalidades y gobiernos que deberían planteárselo, aunque la joven actriz Günes Sensoy y sus hermanas se hayan convertido prácticamente en unas heroínas para un cierto sector de mujeres de su país. Para nosotros, espectadores, es una de esas pequeñas grandes películas que, con sus defectos y por su honestidad, merece verse.

Los comentarios están cerrados.