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¿Se deben cortar los discursos de agradecimiento en los Goya, o en los Oscar?

Ricardo Darín - Premios Goya

( ©Premios Goya / 20minutos )

Lo entiendo perfectamente. Han sido horas, días, semanas, meses de duro trabajo y al fin llega el reconocimiento en público, a lo grande, ante millones de espectadores. Un honor que además viene otorgado por los propios colegas de profesión y ante competidores de nivel. Y es ser bien nacido, por lo de agradecido, acordarse en esos momento de aquellos más cercanos a nosotros, a los que más queremos, a los que seguramente habrán soportado las ausencias, cambios de humor y nervios durante el proceso. O de los integrantes del equipo artístico y técnico con tantos buenos o malos momentos compartidos hasta llegar allí. Cuando a uno le dan un premio el impulso irrefrenable es quererlo dedicar.

En la pasada gala de los Goya, la del trigésimo aniversario, a los dos minutos de discurso sonaba la música, los micrófonos se silenciaban y el realizador de TVE pasaba a un plano general, lejos del centro de atención del galardonado o galardonados. Marcaba el momento de retirarse para que el show prosiguiera.

Hubo más de un premiado que se quedó con las palabras en la boca, a medias. Entre los más sonados, el de una emocionadísima Natalia de Molina, Goya a la mejor actriz por Techo y comida, premio que pocos se esperaban, aunque estuviera magnífica en la película de Juan Miguel del Castillo, porque la gran favorita era Inma Cuesta por La novia.

Al valenciano Jesús Navarro, director del documental Sueños de sal, se le acabó el tiempo precisamente cuando estaba a punto de “pedir a los políticos que están aquí…” seguramente más atención y recursos para servicios sociales y sanidad, para la gente que lo está pasando mal. O en el apartado de mejor dirección de producción para Andrés Santana y Marta Miró por Nadie quiere la noche, Andrés, aturdido por los nervios, casi a los dos minutos cayó en la cuenta que todavía debía leer la lista de agradecimientos, pero sin éxito, no acertaba a dar con el lugar donde estaban escritos los nombres en el papel; la temida música empezaba a dar sus primeros compases, y Marta se aproximó, con respeto pero rauda y veloz, para pronunciar unas pocas palabras, también dedicadas a los suyos.

 

Cómo de embarazoso debía ser que, recordemos, incluso Ricardo Darín, que siempre parece saber mantener el aplomo, la simpatía y las buenas maneras, en su discurso al recibir el Goya al mejor actor por Truman lo lamentó: “Ya viene la musiquita, ya viene la musiquita. Y dicho sea de paso, dudoso el criterio para poner la musiquita ¿no?”, Y levantó, nuevamente, el aplauso de los asistentes.

Los discursos de agradecimiento, sean de los Goya, Oscar, Bafta, César,o Lola o en cualquier evento que desee mantener el ritmo televisivo y llegar a una amplia audiencia, casi siempre resultan tan inevitables como plomizos, sobre todo en este tipo de ceremonias con una lista de galardones interminable; pero necesarios para aquellos que han sido distinguidos.

Los Oscar decidieron hace años aplicar, en la mayoría de los casos, esta medida. Y la verdad es que personalmente lo “agradezco” (y en esta próxima edición, el domingo 28 de febrero, hay además 5 canciones nominadas que decididamente no contribuirán a animar la velada). Son galas que acostumbran a sobrepasar las tres horas de duración y el desfile casi continuo de agradecimientos se entiende, son minutos de gloria que tal vez no vuelvan a repetirse en la vida; pero se me hace insufrible.

Sin embargo, ¿habría que ser condescendiente y permitir que algunos se alargaran más en según qué casos? ¿Deberían todos tener el mismo criterio?  ¿Habría que dejarles libremente que se explayaran, por algo son los homenajeados y se lo merecen? ¿Me importa un bledo. Son todos unos “titiriteros”, “quejicas” y “subvencionados”. No merecen ningún reconocimiento?

 

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4 comentarios

  1. Dice ser AGA

    En mi opinion, no deberia hacer falta cortarlos porque los mismos premiados deberian ser capaces de sintetizar lo que quieren decir en esos dos minutos (que, bien preparado, dan para mucho). Ellos mismos deberian de entender que mas de ese tiempo esta de mas, que se hacen pesados y que lo que tengan que agradecer deberia estar ya agradecido, se gane o no se gane. Pero a algunos parece que les gusta oirse hablar demasiado…

    08 febrero 2016 | 09:40

  2. Dice ser Sociólogo Astral

    Los artistas son muy egocéntricos y todos quieren ser centro de atención cuanto mas tiempo mejor. deben obligarles a todos a decir estas dos frases: “gracias a todos por este premio. a todos los que han hecho posible este premio y la película”. pim pam pim pam. todos a decir las mismas dos frases y vámonos todos a casa pronto.

    08 febrero 2016 | 10:16

  3. Dice ser yopispa

    A mi padre, a mi madre, a mi abuela, a mi tia-abuela, al butanero, al gato, al vecino del 5º, a barbi malibú, a pepe, a pablo, a Teofrasio (quiénes hostias son esos?), al piojo de la lore,…

    08 febrero 2016 | 14:35

  4. Dice ser Héctor

    Pienso que todo el mundo merece un min para agradecer el premio, pero saber que solo se tiene ese minuto y no tener ni que cortar. El problema es pasarse de ese tiempo y aprovechar ese minuto para cualquier otra cosa que no sea agradecer, con el simple afan de protagonismo. Algo que debería ser sinónimo de espectáculo, pero sin hablar ya se sabe a lo que me refiero, y eso quita las ganas a la gente, de ir a ver sus películas.

    08 febrero 2016 | 17:07

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