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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

‘Boyhood’, momentos de una decepción… en los Oscar

Boyhood 2014

No era fácil. Los Oscar de esta edición, como los correspondientes a 2005, el año de Crash (colisión), Brokeback Mountain, Truman Capote, Buenos noches, y buena suerte o incluso Munich de Spielberg, se habían rendido a las películas de corte más independiente y bajo presupuesto. Producciones que no habían arrasado ni mucho menos en taquilla. La apuesta no era para el cine de grandes superproducciones ni taquillazos, excepto en el caso de El francotirador (American Sniper), sino para el cine más arriesgado y con mayor calado cinéfilo.

Ocho candidatas a mejor película, cuatro de ellas excepcionales: Boyhood (momentos de una vida), Birdman, Whiplash y El gran hotel Budapest. Fuera se quedaron otras que hubieran merecido su lugar de honor en el grupo de las nominadas a mejor película de 2014: Foxcatcher, Nightcrawler, Perdida, Mr. Turner o, ¿por qué no? Interstellar. Entre los pronósticos, apuestas y (numerosos) repartos de premios anteriores, la más preciada estatuilla de la industria del cine se había reducido a un duelo entre dos. En otras ediciones con competidoras más mediocres, en éste dos grandes películas se habían posicionado de tal manera que una de ellas estaba destinada a eclipsar a la otra. “Sólo podía quedar una”.

El tejano Richard Linklater con Boyhood partía con cierta ventaja. Había entusiasmado unánimemente a la crítica norteamericana, es además uno de los directores más personales y originales del actual panorama cinematográfico estadounidense, y el año pasado, con Antes del anochecer, la culminación de su trilogía romántica, tampoco había quedado especialmente bien representada en las nominaciones de tío Oscar. Al otro lado del ring un mexicano, apodado cariñosamente “El negro”, Alejandro González-Iñárritu con Birdman.

Uno había tenido la ocurrencia de retratar, simple o complicadamente, el discurrir de la misma vida, a lo largo de 12 años, los mismos que duró su rodaje. El otro todo lo contrario, un intenso ejercicio y reflexión sobre la condición de los actores y actrices, y la fama, filmado en un plano secuencia simulado, y en el que hacerlo todo bien en el tiempo estipulado de la toma y a la primera era fundamental. Uno es un brillante ejercicio de naturalidad y realismo, la otra un no menos genial artificio. Linklater se tomó su tiempo, González-Iñárritu lo condensó. Ambos desafiaron las reglas de la sensatez de un rodaje, y película, convencional.

El atractivo de una obra que habla sobre el mundo de los intérpretes, casi una nueva versión de El crepúsculo de los dioses, entre las bambalinas de un teatro y de la vida real de un actor que había vivido tiempos mejores; así como la buena prensa que goza González-Iñárritu en Hollywood, apasionado además de los retos cinematográficos (su próximo proyecto, The Revenant), con Leonardo DiCaprio, lo está rodando en condiciones extremas), se topó con la aceptación de unos académicos siempre deseosos por reconocer y apoyar pequeñas películas, obras singulares. No siempre aciertan. Esta vez, fuera Birdman o Boyhood, seguro que sí.

Pero, vistas las virtudes de Boyhood, el solitario Oscar a mejor actriz de reparto para Patricia Arquette, totalmente merecido, se revela demasiado insuficiente, insatisfactorio, mísero. Sin querer, empiezas a rebuscar mentalmente agravios comparativos y recuerdas que películas definitivamente mediocres tuvieron más y mejores Oscar que la de Linklater (¿de veras Slumdog Millionaire logró 8?). Luego, uno cae en la cuenta de que los logros, premios y méritos reales vendrán después, no por el lugar que ocupa en la historia de los Oscar sino en la memoria, e inspiración, de cineastas y espectadores.

Boyhood, en ese pulso en el juego de de Hollywood, se fundió inesperadamente con esa realidad que va desgranando a lo largo de sus dos horas y tres cuartos de metraje llenadas con vacíos (aunque suene a contradicción), esperanzas, desengaños y decepciones. Y el tiempo, nuevamente, siguiendo su curso.

Las alegrías de la noche de los Oscar me las dieron, aparte de Birdman, los 3 Oscar para Whiplash y los 4 de El gran hotel Budapest. También el que, a mi parecer, fue el momento más emotivo y destacable de la gala, ¡cómo no!, el de Lady Gaga y Julie Andrews. Dos generaciones, la más actual y la más clásica encontrándose, fundiéndose en el escenario del Dolby Theater en ese homenaje a los 50 años de Sonrisas y lágrimas como excusa.

 

 

Y la actuación de Lady Gaga.

 

 

4 comentarios

  1. Dice ser keiko

    aburridoooo lo mismo de siempreeeeeeeeeee

    23 febrero 2015 | 22:30

  2. Dice ser Carla

    Y fue una buena ocasión para recordar la necesidad de la inmigración como fuente de riqueza.

    Carla
    http://www.lasbolaschinas.com

    24 febrero 2015 | 07:19

  3. Dice ser AreaEstudiantis

    Creo que es una buena película por como está rodada, pero no es una gran película.

    http://areaestudiantis.com

    24 febrero 2015 | 08:56

  4. Dice ser Antonio Larrosa

    He visto Birdman y es tal paliza, que no pude soportar hasta el final y me salí del cine . No comprendo esto de los Oscar.

    Clica sobre mi nombre

    Ahora he cambiado de estrategia porque vendo mucho más desde que descubrí que criticandome con envidia se venden mis novelas más que nunca . Por eso suplico que…Por favor, lean mis novelas y digan que son una mierda , que eso da muy buena suerte.¡Gracias! http://antoniolarrosa.com

    24 febrero 2015 | 14:21

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