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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

La mujer detrás del genio, de Stephen Hawking (‘La teoría del todo’)

Hay una escena en la que Jane Wilde, futura primera esposa de Stephen Hawking, o mejor dicho la actriz que la interpreta, Felicity Jones, descubre los efectos que causa la ELA (esclerosis lateral amiotrófica) en el cuerpo, que no la mente, del hombre que ama. Se produce mientras este juega al croquet y sus pies apenas pueden sostenerle; balanceándose, luchando por mantenerse erguido mientras golpe las bolas para pasarlas entre los arcos anclados en el césped de Cambridge. La enfermedad degenerativa ha iniciado su demoledor secuencia de parálisis muscular. Ante lo que están viendo, los ojos de Felicity Jones, y sin mediar palabra alguna, son capaces por si solos de transmitir la sorpresa, lástima, cariño y el dolor que siente  su Jane. Es el momento, a la media hora de proyección, que definitivamente hace que como espectador uno también caiga rendido ante ella.

Ya se ha dicho en muchas reseñas, y no les falta razón. La auténtica figura de esta película biográfica sobre Stephen Hawking no es tanto él mismo, que sí, sino Felicity Jones haciendo de la mujer que estuvo casada con él durante dos décadas y media. La compañera, esposa y cuidadora que tuvo que dejar muy a un segundo plano sus inquietudes y estudios (filología y la fascinación por la literatura medieval española, entre ellas), para dedicarse en cuerpo y alma a su marido, y a los 3 hijos que iría teniendo con él. No en vano, La teoría del todo, dirigida por James Marsh, se basa en el mismo libro autobiográfico que ella misma escribió, Travelling to Infinity: My Life with Stephen. Deben saber que Hawking, el real, cuando visitó el set de rodaje de la película, antes de dar su opinión sobre todo aquello, el muy pillo, sonrió y pidió a Felicity que le diera un beso.

La teoría del todo 2014

De izquierda a derecha: Felicity Jones, Jane Wilde y Eddie Redmayne junto a Stephen Hawking (GTRES)

Por lo demás, al británico James Marsh, oscarizado por el documental Man on Wire, le ha salido un biopic de esos redondos. No quiero decir con ello que La teoría del todo me parezca especialmente excelente (ni tampoco que, a nivel cinéfilo, me suscite pasiones desaforadas), pero sí que es modélica en su corrección, en su elegancia, en una banda sonora bellísima (compuesta por el islandés Jóhann Jóhansson) y en esa voluntad de no querer herir a nadie. De reconocer tanto a la figura del eminente Hawking como a la muchísimo menos mediática y conocida Jane Wilde Hawking. Cuando se pasa factura al desgaste conyugal, aquí muy acentuado; cuando Stephen encontró otro objeto de deseo amoroso en otra enfermera, de voluptuosidad más rotunda (Elaine Mason), entonces Jane aprovechó también para entregarse a una segunda oportunidad, ¡qué falta le hacía!, con un amigo de la familia, hombre de fe y profesor de piano que se convertiría en su segunda marido ideal.

Por su parte, Eddie Redmayne consigue una mimetización tan auténtica de Stephen Hawking que se transforma en él. Gran mérito el de Redmayne, pero es una interpretación más agradecida, de las que gusta de cara a la galería (o a los académicos de los Oscar), y eso que bastante mal lo pasó durante el rodaje debiendo acomodarse, es un decir, a los inertes rictus y antinaturales posturas que le exigía su personaje. Entre los asesores que tuvo, nada menos que Alexandra Reynolds, una coreógrafa que había colaborado en Guerra Mundial Z, para adiestrar, no sobre Hawking, claro, sino cómo debían ser los andares igualmente atrofiados de los zombis.

La fusión entre esa voluntad de biopic que agrade al mismo Hawking, a Jane, a todos los públicos, a los académicos de unos y otros países que otorgan sus premios cinematográficos anuales, junto con la vocación documentalista y de rendir tributo se consigue, incluso desde el mismo inicio, con un envejecido Stephen en su silla eléctrica, pasando al plano detalle de las ruedas girando que a su vez se fundirán con las de las ruedas de una bicicleta, la de un juvenil Stephen Hawking en sus lozanos tiempos de universitario. El corazón me da un pequeño vuelco con esa imagen de él, pudiendo moverse y hablar con normalidad; y en la llegada a su vida, de una Jane cautivadora; la gran mujer que estuvo detrás del genio, del hombre que ha revolucionado los conceptos de la astrofísica moderna con sus tratados sobre el tiempo y los agujeros de gusano en el inabarcable universo; o al menos, así nos lo da a entender la misma Jane (en su libro), la actriz Felicity Jones y la película.

 

4 comentarios

  1. Dice ser AreaEstudiantis

    Totalmente de acuerdo. Mas que una película sobre Hawking, creo que el auténtico personaje principal es ella, Jane. No me parace una peliculón pero sí una película deliciosa.

    http://areaestudiantis.com

    27 enero 2015 | 09:00

  2. Dice ser Jaione

    La protagonista es ella, indudablemente. Y también se retrata que ella es humana y comete errores a pesar de su inmensa paciencia.

    Gran película, a mí me ha gustado muchísimo.

    27 enero 2015 | 16:55

  3. Dice ser María sotelo

    La película me gusto, el personaje de Jean una mujer paciente, inteligente y de una gran fortaleza solo así explican la grandeza d Stephen,

    28 enero 2015 | 04:50

  4. Dice ser Yolanda

    He visto la peli este fin de semana y me ha revivido muchas cosas. Mi pareja quedó parapléjico en un accidente y esa escena que mencionas de la partida de croquet me hizo volver atrás y recordar el primer día que fui de visita al hospital y lo vi sentarse en la silla de ruedas por primera vez. Verlo pasarse desde la cama, que sus piernas eran un peso muerto e inútil, lo que le costaba moverse…como me costó no llorar. Los ojos de Felicity Jones en esa escena me trajeron recuerdos muy vivos de todo le que sentí en aquel momento, la pena que me dio verlo allí luchando contra su propio cuerpo. A la salida comentamos la película y él me comentó que se había sentido muy identificado con esa escena, con la vergüenza que le daba las primeras veces que yo lo viera en esa situación, la frustración de un cuerpo que no le respondía, lo que veía en mi cara cuando le miraba. Creo que es la mejor escena de la película, auténtica, ilustra perfectamente el difícil momento en el que entiendes que nada será igual.

    17 febrero 2015 | 10:53

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