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150 años de H. G. Wells, biólogo y profeta de la biología

Dicen que a H. G. Wells, que hoy cumpliría 150 años, en realidad no le interesaba demasiado la tecnología como tema principal de sus novelas; muchos autores de ciencia ficción suelen aclarar que les interesa más el impacto de la tecnología en la sociedad. Pese a ello, en su ejercicio profético, Wells tuvo algunos aciertos notables; probablemente el mayor de ellos fue la bomba atómica, como ya conté aquí. En cuanto a sus ensayos de futurología, repartió tiros con puntería dispar.

H. G. Wells en torno a 1922. Imagen de Wikipedia.

H. G. Wells en torno a 1922. Imagen de Wikipedia.

Sin embargo, hay un aspecto menos citado: Wells era biólogo. Y eso le diferencia (junto con Asimov) de otros autores de ciencia-ficción con formación científica o tecnológica que suelen provenir de los campos de la física, la ingeniería o la computación (véase el ejemplo de B. V. Larson que traje aquí ayer).

Wells fue además un biólogo educado en una época en la que sumarse a la teoría elaborada por aquel Charles Darwin aún tenía algo de apuesta arriesgada. Fue alumno de Thomas Henry Huxley, conocido como el Bulldog de Darwin por su fiera defensa de las tesis darwinistas. Esta formación evolucionista caló en el joven aspirante a escritor, manifestándose después en su obra: los marcianos de La guerra de los mundos mueren por selección natural, incapaces de adaptarse al medio hostil terrestre que los elimina con sus infecciones. La hipotética biología de Marte fue un interés constante para Wells, que siguió reflexionando y escribiendo sobre ello hasta varios años después de la publicación de su invasión marciana.

Pero antes de La guerra de los mundos y después de su primera novela, La máquina del tiempo, Wells escribió un segundo “scientific romance“, como por entonces se conocía lo que después se llamaría ciencia-ficción. En La isla del Doctor Moreau (1896), el autor británico relataba la historia de un fisiólogo exiliado en una isla y dedicado a la creación de seres híbridos entre humanos y animales mediante vivisección, la cirugía experimental en organismos vivos.

Aunque hoy se ha convertido en otro de los clásicos inmortales de Wells, en su día la novela no tuvo buena acogida, siendo calificada de indecente y morbosa. Según me cuenta el profesor emérito de la Universidad Kingston de Londres Peter Beck, autor del recién publicado libro The War of the Worlds: From H. G. Wells to Orson Welles, Jeff Wayne, Steven Spielberg and Beyond (Bloomsbury Publishing, 2016), “muchos críticos pensaron que nunca debió publicarse por su temática truculenta”. El propio Wells la calificó como “un ejercicio de blasfemia de juventud”.

Según Beck, temiendo caer en desgracia ante la crítica, Wells cambió de rumbo en su siguiente novela, La guerra de los mundos, que describió como “una gran historia científica semejante a La máquina del tiempo“. “Fue una manera de enderezar su carrera y su reputación, y sobre todo de mantener sus finanzas a flote; temía fracasar como escritor y tener que regresar al periodismo”, dice Beck.

Cartel de la adaptación al cine de 'La isla del Dr. Moreau' realizada en 1977.

Cartel de la adaptación al cine de ‘La isla del Dr. Moreau’ realizada en 1977.

Es evidente que hoy La isla del Doctor Moreau es casi un cuento infantil en comparación con las temáticas exploradas ahora por el terror y la ciencia-ficción. Lo cual nos revela una conclusión: si resultaba repugnante en su día, es porque se adelantó a su época. Wells no fue el primer autor que escribió sobre viajes en el tiempo o sobre alienígenas. En cambio, difícilmente encontraremos muchas referencias anteriores (Frankenstein y poco más) sobre lo que el futuro de la biología podría deparar. Y naturalmente, por entonces se consideraba algo demasiado escabroso.

En tiempos de Wells, el debate en torno a la experimentación biológica se centraba en la vivisección, un término hoy obsoleto que no se emplea en el ámbito científico. Pero hasta llegar aquí, lo cierto es que en épocas pasadas la cirugía agresiva en seres vivos y sin anestesia era práctica común, y siguió siéndolo después de Wells, incluso en humanos. El caso más dramático fue la infame Unidad 731, la división del ejército japonés que durante la Segunda Guerra Mundial creó una auténtica Casa del Dolor (en terminología de Wells) donde se experimentó brutalmente y se asesinó con enorme sufrimiento hasta a 250.000 personas, incluyendo niños y bebés. A diferencia de los campos nazis, la Unidad 731 estaba específicamente dedicada por entero a la experimentación.

El Dr. Moreau explicaba a su horrorizado huésped, el también científico Prendick, cómo había dedicado su vida al estudio de la “plasticidad” de los seres vivos, creando lo que el visitante describía como “animales humanizados” a través de la vivisección y el trasplante. “Las criaturas que usted ha visto son animales tallados y forjados en nuevas formas”, decía Moreau.

En lo que respecta a lo estrictamente científico, Wells fue visionario al entrever fronteras de la biología más allá de los objetivos de la experimentación de entonces. En el contexto científico de la época, Darwin había escrito sobre “variaciones” cuyo sustrato físico aún no se conocía. Las leyes de Mendel sobre la herencia, aunque publicadas en 1866, pasaron prácticamente inadvertidas hasta que fueron redescubiertas por la ciencia oficial al borde del cambio de siglo. La palabra “gen” no se acuñaría hasta 1909, y hasta casi mitad del siglo pasado no se confirmaría que el ADN era la sede de la información genética.

Sin embargo, Wells logró atisbar el futuro de la creación de los animales humanizados tal como hoy se entienden; no los monstruos de Moreau, sino ratones que contienen genes o tejidos humanos y que han sido cruciales en el avance de la medicina regenerativa y de los tratamientos contra el cáncer o las enfermedades infecciosas.

Incluso aún sin conocimientos de genética, Wells tuvo una intuición brillante al sugerir que los rasgos fenotípicos de los animales modificados por Moreau no se transmitían a la descendencia; hasta el propio Darwin cayó en la confusión de creer que ciertos caracteres adquiridos podían heredarse (fue su errada teoría de la pangénesis, de la que ya hablé aquí).

Pero al mismo tiempo, Wells intuyó correctamente que estos caracteres adquiridos sí podían modificar otros rasgos fenotípicos; esta es hoy la idea central de la epigenética (cuyas variaciones en realidad sí pueden heredarse, pero esa es otra historia). Y la plasticidad fenotípica, la variación de los rasgos según un fondo genético esté expuesto a un entorno o a otro diferente, es también una noción muy actual de la biología.

Claro que los textos sobre la obra de Wells no suelen centrarse en este tipo de cosas, sino en lo que realmente quiso decir con todo ello. ¿Los peligros de la ciencia desbocada? ¿La monstruosa naturaleza oculta en la condición humana? ¿O en la ambición de los científicos sin corazón? Las interpretaciones son libres. Pero deberían serlo un poco menos cuando el propio autor explicó de qué iba su libro: un año antes de la publicación de la novela (por tanto, se supone que mientras trabajaba en ella), Wells escribió un ensayo titulado The Limits of Individual Plasticity (1895). Curiosamente, algunos párrafos del artículo aparecerían replicados literalmente en la novela.

En aquel ensayo, Wells advertía del horror que supondría el uso de la vivisección para crear monstruos. Pero no se quedaba ahí; el ensayo concluye así:

Hemos dicho lo suficiente para desarrollar esta curiosa proposición. Puede ser que los límites fijos de la estructura y la capacidad psíquica sean más estrechos de lo que aquí se supone. Pero mientras exista la posibilidad, este tratamiento artístico de las cosas vivas, este modelado del individuo común hacia lo bello o lo grotesco, ciertamente parece tan creíble hoy como para merecer un lugar en nuestras mentes entre las cosas que algún día podrían ser.

Es decir, que Wells reconocía el potencial de aquella línea de experimentación para crear también “the beautiful“. Claro que esto no está presente en La isla del Dr. Moreau. Pero ¿quién habría comprado una novela sobre un doctor dedicado a crear lo “beautiful“? Pensemos en el caso de Aldous Huxley: su novela distópica Un mundo feliz (1932) es inmensamente popular; en cambio, lo es mucho menos La isla (1962), la contrapartida utópica que escribió al final de su carrera.

En su intento de provocar, la “blasfemia de juventud” de Wells se pasó de la raya, pero logró mantener la suficiente atención sobre su trabajo como para que su posterior invasión marciana fuera ampliamente leída. Al fin y al cabo, como dice Beck, Wells simplemente quería vivir de lo que escribía. Y parece claro que los lectores sentimos más atracción por el morbo de la distopía que por la hermosura de la utopía. Será nuestra monstruosa naturaleza.

PD. Si alguno de ustedes tiene la suerte de dejarse caer estos días por Woking, la localidad inglesa donde Wells residió durante una parte de su vida, tendrá la oportunidad de disfrutar de un buen puñado de actividades de conmemoración, incluyendo el descubrimiento de una nueva estatua de Wells. Más información en @wellsinwoking y en wellsinwoking.info.

7 comentarios

  1. Dice ser Rompecercas

    La utopía, la idea del progreso, de la flamante futura perfección material de la humanidad, como paraiso, es un mito religioso que sigue incrustado en la ciencia, acompañado de la fe, fe en la ciencia.

    Por esto y por otras características, la ciencia es realmente una nueva religión que sustituye a las antiguas. No podemos seguir entendiendo la ciencia de manera pseudoreligiosa y acrítica. La ciencia tiene los mismos objetivos que una religión organizada. La razón, la crítica y el pensamiento son el único antídoto contra la ciencia y sus lógicas torcidas.

    21 Septiembre 2016 | 16:53

  2. Dice ser Burzum

    1. Dice ser Rompecercas

    Cuando te detecten un cáncer o una enfermedad a tí o a alguien de tu familia la vas a curar a base de razón, crítica y pensamiento, ¿verdad, atontao? Aparte, ¿qué haces utilizando un ordenador, una red de internet si son producto del progreso y la “utopía”?, so necio

    Cuanta chorrada de juntaletras hay que leer.

    21 Septiembre 2016 | 18:15

  3. Dice ser Burzum

    1. Dice ser Rompecercas

    Cuando te detecten un cáncer o una enfermedad a tí o a alguien de tu familia la vas a curar a base de razón, crítica y pensamiento, ¿verdad, atontao? Aparte, ¿qué haces utilizando un ordenador, una red de internet si son producto del progreso y la “utopía”?, so necio

    Cuanta chorrada de juntaletras hay que leer.

    21 Septiembre 2016 | 18:15

  4. Dice ser Rompecercas

    Burzum, me parece que no se admiten los insultos en el blog.

    Cuando se tiene una comprensión monolítica de las cosas, se reacciona como tu, quemando herejes, si fuera posible..¿te supera, verdad? jeje

    Hay que verlo en general, y la ciencia y la técnica lo que hacen es medio solucionar unos problemas pero empeorar muchos otros. A lo mejor tengo suerte, y me cura el cáncer, ¿pero quien ha multiplicado la incidencia del cáncer hasta magnitudes de plaga? Preferiría que la industria no hubiera multiplicado esta enfermedad.

    21 Septiembre 2016 | 21:51

  5. Dice ser Anatólievich

    @burzum y rompecercas

    Os invito a mantener unos modales mínimos y proporcionales a este blog y a su autor, cada uno en su justa medida.
    Para dar rienda suelta al “libre albedrío” encontraréis en 20minutos blogs en los que se puede retozar a gusto, bien lo sé yo.
    Este blog es una excepción en la internet de habla hispana, es un blog de gran calidad a todos los niveles y merece que nos comportemos con calma y sosiego. Os lo digo sin acritud, quede claro, que el que este libre de haber pecado en un blog tire la primera piedra, y no voy a ser quien la tire.

    21 Septiembre 2016 | 22:47

  6. Dice ser Alguien que pasó por la uni

    Es verdad que a veces la ciencia peca de ciertos condicionamientos que vienen influenciados por creencias erróneas de índole cultural, religioso, etc y sobre todo por intereses. Muchas veces se tiende a pensar que somos el centro del universo y que somos casi perfectos, aunque ya sabemos que no, pero sí.
    Por ejemplo, todo el mundo que tenga perro sabe que son capaces de pedir comida, mendigar, poner ojitos y llorar si hace falta para conseguir lo que quieren. Pues hasta hace bien poco se pensaba que era solo cosa del ser humano, y en todo caso que “nos copiaban por imitación”, y ya fue la repanocha cuando se observó en grandes simios aislados. Al hacer ciencia es muy importante no dar nada por sentado, hasta lo que parece más evidente, pero llegar al extremo de negar la realidad, pues tampoco es lo más lógico. Hay cosas que no se estudian porque no rentan, porque hacer estudios sobre el comportamiento de los canes es menos guay que hacerlo sobre simios.

    En el caso del “perfeccionamiento” como dice Rompecercas, aplicado al Darwinismo más ortodoxo y burro, se utilizó para justificar el racismo y hasta los campos de concentración, lo de la purificación de las razas que tanto proclamaba cierto error de la naturaleza. La evolución en definitiva no perfecciona nada en sí misma, no va buscando cosas que perfeccionar a posta porque se aburra, no es su cometido. Las especies evolucionan a veces a mejor y a veces a peor, no tiene una dirección concreta, porque es producto de la casualidad, de que en determinadas condiciones una mutación sea más beneficiosa y produzca mayor supervivencia en un momento concreto. No somos perfectos ni llegaremos a serlo, pero estaremos mejor o peor adaptados a según que ambiente en según que momento.

    22 Septiembre 2016 | 02:57

  7. Dice ser Rompecercas

    Anatolievich…atontao, necio, juntaletras…dice Burzum… yo me quejo…¿por que me igualas a él?

    Las teorías científicas resulta que se construyen no solo con lógica y datos, sino con ideologías, fantasías, religión, y hasta modas…

    ¿Pero qué es la adaptación?, porque si te adaptas creces, te reproduces, invades el planeta, lo destruyes, y luego te extingues, lo que has conseguido es extinguirte..

    También , si te especializas tanto tanto, que luego solo dependes de una planta, entonces te estás desadaptando, eliminando posibilidades futuras de supervivencia…

    ¿qué es eso de la supervivencia de los más aptos? Podría ser más bien, “suicidio de los más aptos”.

    Se ve siempre la adaptación como un proceso “bueno”, “positivo”,…que conduce a un miniparaiso….esto no es más que una valoración humana. Un concepto también muy positivo actualmente es la autoregulación de la vida…. Lo que está mal visto, como en tiempos antiguos es el caos…

    23 Septiembre 2016 | 15:16

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