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La mejor arma para vencer a Shkreli: la ciencia

Para evitar confusiones que se han vertido por ahí, es necesaria una aclaración a propósito del affaire Shkreli (capítulos anteriores aquí y aquí): la vertiginosa escalada de precio del Daraprim solo afecta a Estados Unidos. La compañía del estadounidense Shkreli, Turing Pharmaceuticals, que curiosamente (o tal vez no) tiene su sede en Suiza, adquirió los derechos de comercialización del fármaco únicamente para aquel país.

AJC ajcann.wordpress.com / Flickr / CC.

‘Toxoplasma gondii’, el mejor (¿único?) amigo de Martin Shkreli. Imagen de
AJC ajcann.wordpress.com / Flickr / CC.

La razón es evidente: en la mayoría de los países europeos, dentro y fuera de la Unión, los precios de los medicamentos están regulados, al menos los financiados por el sistema público de salud. En Europa los derechos del Daraprim permanecen en manos de la compañía que lo desarrolló en 1953 y que lo ha vendido desde entonces, hoy llamada GlaxoSmithKline, y el precio de venta de la caja de 30 comprimidos es de 4,9 euros (en EE. UU. ahora este envase costaría casi 20.000 euros).

Introduzco esta precisión porque, a raíz del caso de Shkreli, he escuchado un cierto debate que llega incluso a cuestionar los fundamentos del actual sistema en su conjunto. No pretendo entrar en esta polémica, que no incumbe a este blog, sino explicar que es innecesaria (cuando no absurda; un accidente de aviación puede ser motivo para revisar los procedimientos y sistemas de seguridad de los aparatos, pero nadie se plantearía acabar con el tráfico aéreo para salvaguardar la vida de los pasajeros).

El motivo es que la maniobra de Shkreli puede neutralizarse perfectamente siguiendo las reglas del juego con las que contamos actualmente. Concretamente, con una que alguien como Shkreli debería manejar con soltura: la competencia. Ayer, la compañía californiana Imprimis Pharmaceuticals anunció que se dispone a comercializar una formulación de pirimetamina, el principio activo del Daraprim, a menos de un dólar la píldora.

La competencia directa será probablemente el mejor antídoto contra la codicia de Shkreli, pero es importante señalar que actualmente existen también otros medicamentos eficaces y baratos contra la toxoplasmosis, incluyendo el antiparasitario atovaquona y los antibióticos minociclina, espiramicina y clindamicina.

Pero el verdadero bottom line de este artículo es la ciencia. Y es que sin necesidad de ejecuciones en la plaza pública ni de asaltos armados a las farmacéuticas, la ciencia nos ofrece la posibilidad de evitar que cualquier soplagaitas trate de vender productos que salvan la vida de la gente como si fueran bolsos de Gucci o el soma de Un mundo feliz.

Casualmente, el pasado agosto y antes de que el escándalo de Shkreli saltara a las pantallas, un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana (EE. UU.) publicó un estudio en la revista Antimicrobial Agents and Chemotherapy que en su momento no suscitó especial interés, pero al que seguro muchos ahora prestarán mayor atención. Los científicos han descubierto que el guanabenz, un compuesto empleado contra la hipertensión (nombre comercial en EE. UU.: Wytensin), es eficaz para tratar la toxoplasmosis, la enfermedad a la que va dirigida el medicamento de Shkreli.

Los resultados del estudio muestran que el guanabenz no solo es efectivo contra la fase replicativa del parásito Toxoplasma gondii, el causante de la enfermedad, sino que además también actúa contra los quistes latentes que este patógeno forma en el cerebro de los pacientes y que consiguen evadir tanto la respuesta inmunitaria como el ataque de otros fármacos. Estos quistes son los que mantienen la infección crónica pero inofensiva (en principio, pero esta es otra historia) en una gran parte de la población, y los que se activan aprovechando la debilidad del sistema inmunitario, como ocurre en los enfermos de sida o en los trasplantados que reciben medicación inmunosupresora. Los investigadores comprobaron la eficacia del compuesto en ratones crónicamente infectados con el parásito.

La buena noticia es que en EE. UU., el país afectado por las barrabasadas de Shkreli, el guanabenz ya está aprobado por la Agencia de Fármacos (FDA) para tratar la hipertensión, por lo que no será preciso esperar a que se complete una larga ronda de ensayos clínicos. En un caso así solo debe aprobarse una nueva indicación para el medicamento, lo que resulta mucho más rápido y sencillo.

El guanabenz no se comercializa en España, pero tal vez acabemos viéndolo por aquí, ya que los investigadores han comprobado que también es eficaz contra la malaria. Y dado que el arsenal contra esta enfermedad tiende a diversificarse para evitar la aparición de resistencias, el guanabenz podría sumar una opción más en el mercado global.

Actualización: la empresa que comercializaba el Wytensin en EE. UU. era Wyeth, cerrada después de ser adquirida en 2009 por Pfizer. El Wytensin ya no se fabrica. Según la web de la FDA, la compañía Ani Pharmaceuticals tiene la aprobación para fabricar guanabenz (actualizada en septiembre de 2015), pero el producto no figura en la web de esta empresa, por lo que es bastante posible que ahora no exista en EE. UU. un proveedor de este producto en grado clínico (sí para uso en laboratorio).

2 comentarios

  1. Dice ser Letaman

    Espero que finalmente no gane más dinero con el sufrimiento de la gente

    24 octubre 2015 | 10:47

  2. Dice ser Mariano

    No sería mas correcto decir: ” El mejor arma para vencer….”
    Arma creo que es masculino .

    24 octubre 2015 | 21:50

Los comentarios están cerrados.