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Los secretos de las ciencias para
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99.950 galaxias en las que no hay civilizaciones avanzadas; 50 en las que… ¿?

En 1963, el astrónomo ruso Nikolai Kardashev decidió escuchar con atención una fuente espacial de emisiones de radio descubierta poco antes por el Instituto Tecnológico de California. La de Kardashev fue, informalmente, una de las primeras actividades SETI, siglas en inglés de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, algo en lo que la antigua URSS se adelantó ligeramente a EE. UU. Y parecía que el esfuerzo había dado fruto: para Kardashev, aquella señal delataba la presencia de una civilización alienígena.

Con el fin de categorizar el nivel de desarrollo tecnológico de los seres que podríamos encontrarnos en el universo, el astrónomo ruso definió una escala con tres niveles. Las civilizaciones de tipo I serían aquellas capaces de explotar todos los recursos disponibles en su planeta; las de tipo II habrían llegado a dominar la energía de su estrella, y finalmente las de tipo III ordeñarían su galaxia entera. Kardashev propuso que la fuente de radio CTA-102 correspondía a una civilización de tipo II o III, y su teoría fue respaldada por posteriores observaciones de otro colega y compatriota suyo, Gennady Sholomitsky.

En los 60 y 70 del siglo pasado, con la carrera espacial a todo galope, en plena edad de oro de lo paranormal con los avistamientos ovni como fenómeno estrella, y con el nacimiento de los programas SETI, el primer contacto con seres alienígenas parecía ya una fruta madura a punto de caer. Las observaciones de CTA-102 fueron acogidas como la primera señal de ahí fuera, hasta que se descubrió que se trataba de un cuásar, un objeto cósmico natural. Fue la primera gran falsa alarma de la historia del SETI; la segunda llegó en 1967, cuando otra señal variable fue bautizada por sus descubridores como Little Green Men (Hombrecitos verdes) antes de comprobarse que no era sino una estrella giratoria de neutrones, el primer púlsar. ¿Quién iba a imaginar que un bip-bip procedente del espacio no sería una baliza alienígena, sino un exótico objeto natural?

Recientemente conté aquí que el mes pasado el SETI añadió un canal más a su búsqueda, el de los infrarrojos. La finalidad del nuevo instrumento, llamado NIROSETI, es tantear la posibilidad de que una civilización lejana pudiera enviar un mensaje a las estrellas en forma de láser infrarrojo en lugar de ondas de radio. Los infrarrojos son lo que popularmente se conoce como “calor”. Un radiador emite infrarrojos, como lo hacen nuestros cuerpos, y esto permite a las cámaras térmicas, sensibles a estas ondas, ver a las personas incluso a través de las paredes. Nuestros motores, nuestras fábricas, nuestra tecnología, producen calor. Según algunos expertos, si alguien analizara la señal de infrarrojos de la Tierra con instrumentos muy sensibles y de gran resolución, tal vez descubriría indicios de nuestra presencia.

Por el nivel de energía consumida en la Tierra, los expertos calculan que nos quedan un par de siglos para llegar al tipo I de Kardashev; lo necesario para desarrollar la fusión nuclear y aprovechar las energías renovables a escala global. Pero una presunta civilización de tipo II o III, la que hubiera conseguido embridar los recursos energéticos de su estrella o de toda su galaxia, generaría una huella de infrarrojos inmensa, visible desde gran distancia. Esta es la premisa con la que nació el proyecto G-HAT, siglas en inglés de Vislumbrando Calor de Tecnologías Alienígenas.

La idea es en realidad tan antigua como el propio SETI. En 1960, el físico Freeman Dyson aventuró que una civilización lo suficientemente avanzada lograría envolver su estrella –o incluso todas las de su galaxia– en un sistema o red capaz de capturar toda su energía. El concepto, ya adelantado en la ciencia ficción de los años 30, se popularizó como esfera de Dyson, un artefacto o conjunto de artefactos que absorbería toda la luz visible y solo dejaría escapar infrarrojos.

Hay que comprender que Dyson lanzó su especulación en los años 60, cuando el concepto de progreso consistía en apartarse de la naturaleza y hasta el propio Isaac Asimov suspiraba por la creación de ciudades subterráneas con casas sin ventanas. Es evidente que las tendencias han cambiado, y hoy la idea de tapar el sol solo se le ocurriría a C. Montgomery Burns; actualmente pensaríamos más bien en un bloqueo parcial, si acaso. Pero desde que Dyson teorizó así un método para buscar huellas de tecnología alienígena, y cuando los primeros telescopios espaciales de infrarrojos estuvieron disponibles, los científicos comenzaron a buscar esferas de Dyson.

El último intento es el más amplio y sistemático hasta la fecha. El equipo de Jason Wright, de la Universidad Estatal de Pennsilvania, ha rastreado los datos de WISE, un telescopio espacial de infrarrojos de la NASA concebido para la astrofísica básica, pero que a Wright le encajaba como un guante para buscar posibles esferas de Dyson galácticas. A partir de casi cien millones de entradas registradas por WISE, los científicos del G-HAT seleccionaron en torno a 100.000 que podían ser identificadas como galaxias con una elevada emisión de infrarrojos. En primer lugar, buscaron posibles casos en los que se bloqueara más del 85% de la luz, reprocesándose hacia el infrarrojo. Número de galaxias halladas: cero.

La galaxia de Andrómeda, vista en infrarrojos por el telescopio WISE de la NASA (no es una de las candidatas). Imagen de NASA.

La galaxia de Andrómeda, vista en infrarrojos por el telescopio WISE de la NASA (no es una de las candidatas). Imagen de NASA.

A continuación, bajaron el listón. Y según el estudio, publicado este mes en la revista The Astrophysical Journal Supplement Series, aparecieron 50 galaxias que reprocesan más del 50% de su luz a infrarrojos. ¿Qué son? Palabras de Wright, en un comunicado: “Nuestros estudios de seguimiento de esas galaxias podrían revelar si el origen de su radiación resulta de procesos astronómicos naturales, o si podría indicar la presencia de una civilización altamente avanzada”.

Pero no conviene entusiasmarse demasiado. Lo cierto es que, según lo explicado más arriba, las experiencias previas no invitan al optimismo: hasta ahora, siempre que se ha observado un fenómeno inusual en el universo y se le ha podido encontrar explicación (salvando los casos en que no se ha podido, como la Señal Wow!) ha resultado ser completamente natural. De hecho, en el propio estudio, los científicos son más cautos: esas 50 galaxias, escriben, “parecen tener un origen natural para la mayor parte de su emisión MIR [infrarrojo medio], aunque no lo hemos verificado rigurosamente”.

Aún no acaba la historia: cuando los investigadores redujeron aún más el límite, a un porcentaje de luz convertida superior al 25, detectaron otras 93 galaxias. De estas, muchas no estaban ni siquiera descritas; son nuevas para la ciencia. Y por fin, hallaron cinco galaxias espirales rojas cuyo patrón de emisión, escriben en el estudio, “es consistente con altos niveles de calor residual alienígena”. “Estas galaxias son algunas de las mejores candidatas para K3 [Kardashev tipo III] en nuestra búsqueda hasta la fecha”, concluyen.

6 comentarios

  1. Dice ser kaltan29

    Ojalá se acaba encontrando algo y lo veamos. De momento solo la señal Wow! y como dices no se sabe aún ni lo que es exactamente.

    http://documentalium.blogspot.com/2014/11/la-senal-wow-y-los-sonidos-de-origen.html

    16 abril 2015 | 22:05

  2. Dice ser Et

    Excelente articulo Javier. Espero que a estas alturas de la película no haya mucha gente que dude que con una alta probabilidad no seamos los únicos seres inteligentes del universo.

    Aunque a la espera de algo mas palpable que la señal wow, solo cabe seguir investigando y aun tengo serias dudas de que no se sepa nada ya.

    16 abril 2015 | 23:28

  3. Me temo que eso no lo podremos ver… Pero, sería la noticia del siglo, si llegase un mínimo, algo, que sugieriese contacto…

    17 abril 2015 | 13:10

  4. Dice ser Valiant

    Et, yo no diría que somos tan inteligentes… cuando gastamos más recursos en guerras entre nosotros que en investigación… me recuerda a una secuencia de una película de Star trek, donde se explicaba que en la tierra ya no había pobreza ni hambre ni guerras porque todos trabajábamos por y para los demás, sin ganar dinero, sin ganar nada, no había millonarios ni pobres… todos teníamos lo que queríamos, ropa, comida, juegos, tecnología, viviendas de lujo… porque trabajábamos para producirlo de forma altruista… (que bonita utopía)

    17 abril 2015 | 13:39

  5. Dice ser Et

    Valiant, grandisima respuesta, era una forma de hablar. Creo que eso que has dicho es exactamente es el desarrollo máximo del ser humano y espero que se consiga poco a poco y deje de ser una utopia.

    17 abril 2015 | 15:53

  6. Dice ser santaklaus

    ¿Galaxias cuyo patrón coincide con calor residual? Me parece que el autor no sabe de lo que habla. Muy grande tiene que ser una civilización para que su “calor residual” sea del tamaño de una galaxia. Ni colonizada toda la galxia ese calor no sería detectable. Y los que piensan que podemos detectar una señal alienígena a la distancia de millones de años luz es que no sabe cuánta potencia es necesaria. Desde luego es mucha y ninguna civilización derrocharía así la energía.

    17 abril 2015 | 19:11

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