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Los secretos de las ciencias para
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Three minutes to midnight

Posiblemente fueron Iron Maiden, con su tema Two minutes to midnight (1984), quienes más han contribuido a popularizarlo, aunque tal vez muchos de sus fans no conozcan exactamente a qué se refiere el título de la canción. En 1947 los editores de la revista Bulletin of the Atomic Scientists, un grupo de científicos atómicos con sede en Chicago, inventaron una metáfora visual –hoy lo llamaríamos un meme– para ilustrar su portada con una advertencia sobre lo cerca que se hallaba el ser humano de su propia aniquilación a causa de una guerra nuclear. Era el Doomsday Clock, el reloj del apocalipsis. Según esta idea, la medianoche representa el fin, y el minutero se sitúa a mayor o menor distancia en función del nivel de riesgo percibido por los científicos responsables de este peculiar Pepito Grillo de la civilización humana. Otras bandas como los Clash, Who o Smashing Pumpkins, además de la novela gráfica Watchmen, han contribuido a convertir el reloj del apocalipsis en un icono de la cultura pop.

Portada del Bulletin of the Atomic Scientists de 1947, el primer número que mostraba en su portada el reloj del apocalipsis. Imagen de Bulletin of the Atomic Scientists.

Portada del Bulletin of the Atomic Scientists de 1947, el primer número que mostraba en su portada el reloj del apocalipsis. Imagen de Bulletin of the Atomic Scientists.

El reloj se estrenó con su aguja a siete minutos de la medianoche, pero dos años más tarde avanzó cuatro minutos cuando el entonces presidente estadounidense Harry Truman anunció que la Unión Soviética había ensayado su primer artefacto nuclear. En 1953, con la aparición de la bomba de hidrógeno y sendas pruebas nucleares de EE. UU. y la URSS, los científicos del boletín movieron la manecilla a solo dos minutos antes de medianoche, lo más cerca que hasta hoy ha estado de las campanadas finales. Los editores de la revista advertían, con un tono sombrío y pesimista: “Solo unos cuantos movimientos más del péndulo y, desde Moscú a Chicago, las explosiones atómicas marcarán la medianoche para la civilización occidental”.

Desde entonces, y a través de los años de la Guerra Fría, la manecilla ha oscilado siguiendo los vaivenes de la política internacional. En 1984, cuando los Maiden compusieron su tema, el reloj marcaba tres minutos para la medianoche. Eran tiempos de absoluta incomunicación entre el bloque occidental, liderado por los conservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y el soviético, bajo el mando del que sería su último líder comunista, Konstantín Chernenko. La posterior llegada al Kremlin de Mikhail Gorbachov, con su talante socialdemócrata y su profundo programa de reformas, relajó la tensión hasta permitir que en 1991, con la firma del primer tratado START de reducción de arsenales nucleares, los científicos de Chicago dejaran caer la aguja del reloj hasta unos holgados 17 minutos.

Desde entonces, por desgracia, el minutero no ha hecho sino acercarse hacia las 12, con la sola excepción de un pequeño paso atrás. En 2007, los científicos del boletín añadieron el cambio climático como factor adicional en sus valoraciones del riesgo global. Aquel año el cosmólogo británico Stephen Hawking, miembro del boletín, presentó en Londres el nuevo estado del reloj, cinco minutos antes de la medianoche. Tres años después, el boletín consideraba que la conferencia del clima de Copenhague y el tratado New START entre EE. UU. y Rusia justificaban conceder al reloj un minuto de respiro.

Pero en el último lustro la situación ha ido a peor, según los científicos. En 2012 la aguja regresó a los cinco minutos, y el pasado jueves avanzó otros dos. En una conferencia de prensa en Washington, los miembros del boletín justificaban por qué estamos nuevamente a tres minutos de la medianoche, un nivel de riesgo comparable al de 1949 y 1984: “El cambio climático sin control, la modernización de las armas nucleares globales y los grandes arsenales de armas nucleares suponen amenazas extraordinarias e innegables a la existencia continuada de la humanidad, y los líderes mundiales no han actuado con la rapidez o a la escala requeridas para proteger a los ciudadanos de la posible catástrofe. Estos fracasos de liderazgo político ponen en peligro a cada persona de la Tierra”.

Los científicos reconocen avances modestos en el campo del clima, pero los juzgan insuficientes para prevenir un “calentamiento catastrófico”. Por otra parte, acusan a las dos mayores potencias nucleares del planeta de estar más preocupadas por modernizar sus arsenales atómicos que por reducirlos. “El reloj está ahora a solo tres minutos de la medianoche porque los líderes internacionales están fracasando en el desempeño de su deber más importante: asegurar y preservar la salud y la vitalidad de la civilización humana”, concluyen.

Los miembros del boletín llaman a la acción urgente en cinco ámbitos: limitar las emisiones de gases de efecto invernadero de modo que el aumento global de temperatura no exceda los 2 grados centígrados respecto de los niveles preindustriales; recortar drásticamente el gasto en modernización de arsenales nucleares; revitalizar el proceso de desarme; abordar el problema de los residuos nucleares; y crear instituciones dedicadas a mitigar el riesgo asociado a nuevas tecnologías como la biología sintética y la inteligencia artificial.

De acuerdo; cualquiera estará en su derecho de recordar la profecía que Shakespeare ponía en boca de Marco Antonio ante el cadáver de Julio César. Porque en este caso, quienes desencadenaron los perros de la guerra fueron precisamente los fundadores del boletín, científicos del Proyecto Manhattan a cuyo trabajo debemos el riesgo nuclear que hemos padecido desde entonces. Y la venganza de César extenderá el crimen por toda la Tierra.

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