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CURIOSIDADES CIENTÍFICAS PARA COMPARTIR

Entradas etiquetadas como ‘salud’

¿Sabías que el flash de tu cámara puede ayudar a detectar el cáncer de retina?

Por Mar Gulis (CSIC)

Cualquiera se ha encontrado alguna vez una foto en la que los retratados aparecen con un par de círculos rojos en los ojos. Este molesto fenómeno, que ocurre cuando utilizamos el flash, tiene su origen en la fisiología del ojo y en el comportamiento de la luz, y por extraño que parezca puede utilizarse para detectar un tipo cáncer de retina, el retinoblastoma.

Efecto 'ojo rojo' en la pupila. / Liam Welch vía Unsplash.

Pupila con ‘ojo rojo’. / L. Welch vía Unsplash.

Empecemos por el principio. ¿Por qué se produce el ‘efecto ojos rojos’? Sergio Barbero, investigador del CSIC en el Instituto de Óptica, explica que la luz entra en nuestros ojos a través de la pupila, “que es el equivalente al diafragma en una cámara de fotos”. Así, cuando hay mucha luminosidad en el ambiente, la pupila se contrae para evitar el daño de un exceso de luz, mientras que si ocurre lo contrario se dilata para permitir la visión.

Tras atravesar la pupila, la luz llega al fondo del ojo, donde se encuentran la retina y la coroides. “De toda la luz incidente en la retina, la mayor parte es transformada en señal eléctrica, lo que constituye el primer paso de la visión; sin embargo, una pequeña fracción atraviesa la retina y llega hasta la coroides, que está muy vascularizada porque su función es nutrir al ojo”, señala Barbero.

“La hemoglobina, presente en la sangre de los capilares de la coroides, absorbe los componentes azules de la luz incidente y emite hacia fuera luz de color rojizo”, prosigue. “Aunque este fenómeno está siempre presente, solo es perceptible si la cantidad de luz que penetra en el ojo es lo suficientemente grande: esto ocurre cuando en el ojo entra un haz de luz repentino (por ejemplo, el flash de una cámara) en un momento en que la pupila está dilatada (en un ambiente de oscuridad)”, aclara el investigador.

Funcionamiento del fenómeno 'ojos rojos'. / Photokonnexion

Esquema del efecto ‘ojos rojos’. / Photokonnexion

En la actualidad el ‘efecto ojos rojos’ ha sido solucionado gracias a la incorporación de un segundo flash, que se dispara a la vez que se abre el diafragma de la cámara, justo inmediatamente después del primero. De esta forma, la luz del segundo flash impacta ya sobre el músculo contraído, lo cual elimina casi por completo este antiestético efecto.

Hoy, el modo ‘anti ojos rojos’ viene de serie en la mayoría de las cámaras. Sin embargo, será necesario desactivarlo si pretendemos utilizar nuestro flash como método de detección del retinoblastoma, un tumor canceroso que se desarrolla en la retina causado por la mutación en una proteína. Este tipo de tumor aparece mayoritariamente en niños pequeños y representa un 3% de los cánceres padecidos por menores de quince años.

Cuando el retinoblastoma se sitúa en los vasos sanguíneos del ojo actúa como una muralla ante el efecto del flash, lo que impide que se vea el destello rojo en ese ojo o hace que aparezca uno blanquecino. Por eso, una foto puede ‘chivarnos’ esta patología. MedlinePlus, el servicio online de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, recoge que, si la persona fotografiada aparece solo con un ojo rojo o con uno de color blanquecino, esto podría ser una señal de presencia del tumor, por lo que se debería acudir al médico.

Carteles de la campaña de prevención del retinoblastoma. / Childhood Eye Cancer Trust

Carteles de la campaña de prevención del retinoblastoma. / Childhood Eye Cancer Trust

De hecho, Childhood Eye Cancer Trust, una fundación de ayuda contra el retinoblastoma, lanzó hace un par de años una campaña de prevención basada en este efecto. La entidad colocó carteles interactivos en varias ciudades con imágenes de ojos de niños con la característica de que, si se realizaba una foto con flash sobre estas, la pupila cambiaba y reflejaba uno de los posibles síntomas.

La campaña intentaba que los padres hicieran la prueba con sus hijos. Sin embargo, si alguien se decide a seguir el consejo, debe tener claro que la fotografía no basta para tener un diagnóstico concluyente: la presencia del retinoblastoma solo puede ser confirmada por profesionales médicos mediante pruebas adicionales y exámenes.

¿Habría corrido Ramón y Cajal la Carrera de la Ciencia este domingo?

Por Mar Gulis (CSIC)

Desde bien pequeño, Ramón y Cajal (1852-1934) sintió una precoz obsesión por la actividad física y por destacar entre sus iguales. Mostraba un enérgico empeño por ser el más fuerte, el más ágil, el más fornido. Dado que su entorno era favorable para este fervor por la aventura (nació en un remoto caserío en Petilla de Aragón), desde su niñez pudo dar rienda suelta a ese ansia de exploración de la naturaleza y la montaña, inquietud vital que dejó plasmada en numerosos escritos.

Dibujo de Santiago Ramón y Cajal realizado en 1904. Muestra las neuronas de la corteza cerebral. / Instituto Cajal del CSIC

Dibujo de Santiago Ramón y Cajal realizado en 1904. Muestra las neuronas de la corteza cerebral. / Instituto Cajal del CSIC

Poco conocida es esta vertiente aventurera del premio Nobel de Medicina en 1906. Sin embargo, esta faceta deportista influyó en el devenir de su vida, y no es de extrañar que su habilidad para la ciencia se viera favorecida por su curiosidad y su afición por el medio ambiente y la belleza que emana del entorno natural. No en vano, su especialidad fue el sistema nervioso y la anatomía patológica, y destacó también su lado más estético y artístico, en especial el dibujo. Su obsesión por el riesgo, la montaña y el ejercicio físico (él mismo llegó a denominarla “manía gimnástica”), llevando al cuerpo a situaciones límite, le ayudó también a reponer su maltrecha salud tras sufrir enfermedades como la malaria y la disentería.

Son muchos los investigadores e investigadoras que compaginan la satisfacción por el deporte con la pasión por la ciencia. Una de las citas ineludibles de los aficionados al atletismo y las carreras populares es la Carrera de la Ciencia del CSIC.

Cartel de la XXXVI Carrera de la Ciencia

Cartel de la XXXVI Carrera de la Ciencia 2016

Como todos los años, miles de personas participarán en Madrid este domingo 16 de octubre en un evento que celebra con esta su 36ª edición. Un circuito urbano de 10 kilómetros, que discurrirá por grandes avenidas y lugares emblemáticos como Recoletos, el Paseo de la Castellana o la calle Serrano, será el escenario de la XXXVI Carrera de la Ciencia ICON.

Esta iniciativa del CSIC tiene sus orígenes en una carrera cross-country celebrada en 1925 que formó parte del concurso atlético de la Residencia de Estudiantes. Ya entonces, discípulos de las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza recorrieron 3.000 metros por los lugares donde se celebra actualmente la prueba.

No sabemos si Santiago Ramón y Cajal habría participado en esta carrera, pero sí que cada año la corren miles de personas, muchas de ellas dedicadas a la ciencia. El punto de partida será el número 117 de la madrileña calle Serrano –sede central de la institución–, donde los corredores se congregarán a las 9:00 para comenzar el recorrido.

Un año más, la Carrera vuelve a sumarse a la campaña solidaria Kilómetros por alimentos (#KmsXalimentos). Todos los participantes podrán aportar kilos de comida, no perecedera y debidamente envasada, que irán destinados al Banco de Alimentos de Madrid.

El único requisito para participar en la Carrera de la Ciencia es ser mayor de edad. Así que, si esta vez se te ha pasado la fecha para apuntarte, la edición del próximo año te espera.

¡A correr!

¿Existen personas resistentes al VIH?

Por Beatriz Pacheco (CSIC)*B. Pacheco

Como comentábamos en el post anterior, los virus de la inmunodeficiencia humana (VIH-1 y VIH-2) provienen de la transmisión a los humanos de unos virus muy parecidos: los virus de la inmunodeficiencia de simios (SIVs), que infectan determinadas especies de monos africanos. En su huésped natural los SIVs no suelen causar enfermedad. Sin embargo, cuando uno de estos virus salta de una especie a otra sí puede hacerlo. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con el virus que infecta macacos (SIVmac) y el VIH que infecta humanos. ¿Por qué en su huésped natural los SIVs no causan inmunodeficiencia y en los humanos el VIH sí causa enfermedad? Para responder esta pregunta, los científicos tratamos de entender la patogénesis del virus y los mecanismos de transmisión entre especies.

Diversos estudios han confirmado una coevolución entre los virus y sus huéspedes naturales. Cuando un virus salta a una nueva especie y consigue establecerse y transmitirse produciendo alguna enfermedad grave, la selección natural tenderá a seleccionar los individuos más resistentes a este virus. Por su parte, el virus tenderá a evolucionar para escapar del sistema inmune del huésped. En esta batalla por la supervivencia existen varios escenarios posibles. Podría ocurrir que el virus llegase a eliminar a la nueva especie (esto es lo menos probable). Otra posibilidad es que la nueva especie evolucione hasta hacerse completamente resistente al virus y lo elimine. Sin embargo, lo más probable es que el virus y el huésped coevolucionen y, tras muchos años de coexistencia, se llegue a una situación de tablas en la cual ambos coexistan sin causarse mucho daño mutuo. El patógeno se habrá adaptado para evadir parcialmente el sistema inmune del huésped (y establecer una infección), pero a cambio habrá perdido patogenicidad (no causará una enfermedad grave). Para el virus (patógeno) esta situación puede ser más beneficiosa que matar a su huésped o causarle una enfermedad grave, pues esto podría llevar a la eliminación del mismo y a la selección de individuos más resistentes.

Virus VIH. / Kanijoman. Flickr

Virus VIH. / Comunicación CSIC

Durante al menos 100.000 años los SIVs que infectan de forma endémica determinadas especies de monos africanos han estado conviviendo con sus huéspedes naturales. La selección natural ha llevado a esa situación de equilibrio en la que el SIV puede infectar estos primates sin causarles inmunodeficiencia. Sin embargo, nosotros sólo llevamos conviviendo con el VIH aproximadamente un siglo, que a nivel evolutivo no es mucho tiempo. Si dejásemos al virus del SIDA evolucionar por su cuenta durante muchos años, probablemente llegaría un momento en que, como ocurre en otros primates, la infección por HIV en humanos sería asintomática o casi asintomática, convirtiéndose en una infección crónica (como la causada por el virus del herpes simple). Por un lado, la selección natural en humanos favorecería a aquellos individuos con mayor resistencia al virus. Por otro lado, los virus con patogenicidad atenuada podrían verse beneficiados frente a otros más patógenos, ya que al no matar a su huésped tendrían más oportunidades de transmitirse a uno nuevo. Sin embargo, nosotros no vamos a esperar a que esa adaptación tenga lugar.

La pregunta es: ¿existen personas completamente resistentes al VIH? Probablemente no. Pero sí sabemos que hay individuos más resistentes a la infección por VIH, que tienen menos probabilidades de infectarse con el virus en caso de exposición al mismo, o que si se llegan a infectar no desarrollan síntomas de SIDA en ausencia de tratamiento. Numerosos estudios han investigado los mecanismos responsables de esta resistencia parcial al VIH y en algunos casos se han descubierto los factores implicados.

Para entrar en la célula, el VIH necesita utilizar un receptor llamado CD4 y un correceptor, que puede ser CCR5 o CXCR4. Hay personas que tienen una mutación (Δ32) en las dos copias del gen que codifica la proteína CCR5; esa mutación produce un CCR5 con una deleción en uno de sus extremos (es decir, a la proteína le falta un trozo). Como el VIH no es capaz de utilizar ese CCR5 más corto, los individuos con esta mutación son resistentes a las cepas de virus que necesitan esa proteína para entrar en las células y replicarse, que son la mayor parte de los virus circulantes. También hay personas infectadas por el VIH pero que en ausencia de tratamiento son capaces de mantener la carga viral a niveles muy bajos o incluso indetectables, y que no desarrollan SIDA. Pero desafortunadamente representan un porcentaje muy bajo de la población infectada. Los motivos de esta mayor resistencia intrínseca al virus parecen ser heterogéneos. A veces simplemente estos individuos se han infectado por cepas menos virulentas (virus que tienen alguna mutación que hace que sean menos patogénicos). Otras veces se debe a factores intrínsecos del sistema inmune innato de estos individuos. Y en algunos casos aún se desconocen los motivos.

Tití común (Callithrix jacchus). Laszlo Ilyes/Flickr

Tití común (Callithrix jacchus) / Laszlo Ilyes. Flickr

Estudiar los factores responsables de la resistencia natural frente al SIV en ciertos primates, así como la capacidad de algunas personas de controlar la infección por VIH, podría abrir el camino al desarrollo de nuevas terapias que permitan eliminar el virus en pacientes infectados o evitar nuevas infecciones.

Hasta la fecha no se ha identificado ningún virus similar al VIH o SIV que infecte de modo natural a monos de Latinoamérica, que parecen resistentes a ellos. Uno de ellos es el tití común. En la actualidad estamos estudiando a qué se debe su resistencia natural a la infección por VIH-1. Hemos visto que en sus linfocitos (las células diana del VIH) existen múltiples bloqueos a la replicación del virus. Nuestro proyecto ‘Innate intracellular blocks to HIV-1 in New World monkeys’ se centra en identificar y caracterizar los factores (proteínas celulares) responsables de estos bloqueos.

 

* Beatriz Pacheco trabaja como investigadora en el Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” gracias a un contrato JAE-Doc cofinanciado por el Fondo Social Europeo. Su proyecto de investigación está financiado por el 7º Programa Marco de la UE a través de un Marie-Curie Creer Integration Grant (grant agreement number 332623).

¿Se puede prevenir el alzhéimer?

Por Ana Martínez (CSIC)*

Bastidores con bordados de anatomía cerebral. / Hey Paul Studios. Flickr

Bastidores con bordados de anatomía cerebral. / Hey Paul Studios. Flickr

No existe una única causa conocida que provoque la enfermedad de Alzheimer, por lo que es difícil establecer las pautas para una prevención real e infalible de este trastorno. Sin embargo, sí existen algunos consejos de los especialistas para mejorar nuestro estado físico y mental y hacer frente al deterioro cognitivo.

Las recomendaciones más extendidas se centran fundamentalmente en dos puntos clave: en la detección precoz de los primeros síntomas, y en ejercitar la memoria y la función intelectual. Aprovechando que hoy, 21 de septiembre, se celebra el Día mundial del alzhéimer, fecha instituida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), hagamos un breve repaso por algunos de estos hábitos saludables que pueden contribuir en la prevención de este mal u otras dolencias neurodegenerativas:

EJERCICIO MENTAL

Existe evidencia de que las personas que ejercitan su mente regularmente tienen una menor posibilidad de sufrir esta enfermedad que quienes no lo hacen. El ajedrez, los sudokus o los crucigramas pueden ser aliados en la lucha contra el deterioro cognitivo. También se están desarrollando juegos de ordenador específicos cuyo objetivo es el entrenamiento mental.

EJERCICIO FÍSICO

Algunos estudios indican que, incluso realizado en cantidades modestas, el ejercicio físico regular ayuda en la prevención del alzhéimer. Por ejemplo, en un trabajo reciente se encontró que caminar unos 15 minutos tres veces por semana, montar en bicicleta o algunos ejercicios de estiramiento reducen el riesgo de desarrollar esta enfermedad en más de un 30%. Otras investigaciones parecen demostrar que el ejercicio regular aumenta la capacidad para recordar secuencias numéricas, usar el pensamiento abstracto, hacer cálculos y comprender nuevos conceptos, además de contribuir a sentirse más fuertes y enérgicos. La clave parece estar en la capacidad que tiene el ejercicio para aumentar el flujo de oxígeno al cerebro, cosa que según muchos fisiólogos incrementa la función cerebral y mejora la circulación de la sangre, de manera que se previenen las obstrucciones de los vasos sanguíneos.

ALIMENTACIÓN

Además de la importancia de las antioxidantes vitaminas E (frutos secos, semillas, cereales, hortalizas de hoja verde…) y C (cítricos, brócoli, fresas, pimientos…), varios estudios tienden a demostrar que una deficiencia de un ácido graso del tipo omega-3 (ácido docosohexaenoico-DHA) se asocia con el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer. Así, algunos trabajos ponen de manifiesto la importancia de ingerir pescado azul, como la sardina, el salmón y el atún, ricos en el ácido graso omega-3 DHA. También parece ser beneficiosa la ingesta de alimentos ricos en ácido fólico y vitaminas B6 y B12 (vegetales de hojas verdes oscuras, cítricos, pan integral, legumbres, frutos secos…). Otros estudios llevados a cabo con ratones sugieren que la curcumina, pigmento amarillo que le da color al curry, ayuda a reducir la incidencia de esta enfermedad. También la soja parece ser beneficiosa. Debido a sus propiedades antioxidantes, el zumo de uva y los arándanos contribuyen, según otros trabajos, a prevenir el deterioro celular y, por tanto, a retardar los cambios cerebrales ocurridos en la vejez.

El hábito de mantener una dieta equilibrada, baja en grasas, protege frente al deterioro cognitivo. / Moyan Brenn. Flickr

El hábito de mantener una dieta equilibrada, baja en grasas, protege frente al deterioro cognitivo. / Moyan Brenn. Flickr

En general, es recomendable el consumo de frutas, debido sobre todo a sus polifenoles, que parecen prevenir la formación de placas amiloides (placas seniles que se forman en el tejido cerebral y que se consideran desencadenantes del mal de Alzheimer, ya que se relacionan con la degeneración de las estructuras neuronales). A falta de más estudios, los que hay hasta el momento indican que ciertas plantas medicinales como el ginkgo biloba, el té negro o el té verde tienen cualidades antioxidantes, por lo que también podrían ayudar en la prevención de esta enfermedad.

En resumen, la dieta mediterránea podría reducir el riesgo de padecer alzhéimer, ya que el hábito de mantener una dieta equilibrada, baja en grasas, protege frente al deterioro cognitivo. Aceite de oliva, fruta, verdura, legumbres, cereales, pescado, un poco de alcohol y una cantidad reducida de lácteos y carne roja… La dieta mediterránea se asocia con un menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y con niveles más bajos de estrés oxidativo e inflamaciones, condiciones que a su vez se han relacionado con el desarrollo del alzhéimer.

* Ana Martínez es investigadora en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC y experta en la enfermedad de Alzheimer. Este texto está basado en contenidos incluidos en su libro El Alzheimer de la colección ‘¿Qué sabemos de…?’ (CSIC y Catarata).

¿A qué volumen puedes escuchar música sin dañar tu oído?

Por Mar Gulis (CSIC)

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Más de 43 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años padece alguna discapacidad auditiva / Flickr

Conciertos de rock, grandes eventos deportivos, noches discotequeras, viajes en metro amenizados con el móvil o el MP3… En estas y otras muchas situaciones sometemos al oído a un volumen de ruido considerable. A veces, un molesto zumbido posterior es la evidencia de que hemos saturado este preciado sentido. ¿Cómo saber cuáles son los límites aconsejables?

“Nuestro oído no está diseñado para recibir 100 decibelios (dB) dentro del tímpano”. Así de tajante es Isabel Varela-Nieto, experta en audición del Instituto de Investigaciones Biomédicas ‘Alberto Sols’ (CSIC-UAM). Sin embargo, el volumen de los dispositivos de audio personales, como los auriculares, puede oscilar entre los 75 y 136 dB a su capacidad máxima.

Más ejemplos: en discotecas y bares, los niveles medios de ruido rondan o incluso superan los 100 dB. Algo parecido sucede en las instalaciones deportivas, donde la horquilla fluctúa entre los 80 y los 116 dB.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), si una persona permanece expuesta más de 15 minutos a estos niveles de ruido, sus oídos empiezan a sufrir. Otro dato: los expertos consideran que 85 dB durante un máximo de 8 horas es el límite de exposición sin riesgos que el ser humano puede asumir. Obviamente, a medida que la intensidad del sonido aumenta, el tiempo considerado como seguro disminuye.

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El tráfico en las ciudades a menudo genera un ruido que supera los decibelios aconsejables para la salud / Wikipedia

Varela explica que ya existen predicciones sobre cómo el ruido excesivo “adelantará la edad de aparición de la presbiacusia”, la pérdida de la audición asociada al envejecimiento. En la actualidad entre un 40-50% de la población mayor de 65 años se ve afectada por esta patología, pero la investigadora sostiene que la edad irá disminuyendo. “Dentro de poco hablaremos de los 40 o 50 años; esa intensidad de volumen causa daños en un órgano que está diseñado no para oír sonidos tan altos y tan cerca, sino para todo lo contrario: oír sonidos más bajos, que están lejos y que conviene identificar por si constituyen una amenaza o no”, argumenta. Precisamente la OMS ha alertado de que ya hay más de 43 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años con discapacidades auditivas. Algunos especialistas incluso han acuñado la expresión ‘sordera del mp3’.

Además de la pérdida de calidad de vida que implica, estamos hablando de una patología que es irreversible. A diferencia de las aves y los reptiles, los mamíferos carecen de capacidad de regeneración: “Una vez que las células sensoriales ciliadas del oído, y las neuronas que las conectan al cerebro, se pierden, no pueden ser reemplazadas”, afirma Varela-Nieto en su libro La sordera (CSIC-Catarata). Así que no se trata de dejar de usar el MP3, pero sí de usarlo mejor: no superar los 60 o 70 dB -equivalentes al ruido que produce un aspirador- ni permanecer más de una hora seguida escuchando música puede ser un buen punto de partida.

Bebés con microbios, bebés sanos

Por Miguel Gueimonde (CSIC) *Miguel-Gueimonde

El tracto gastrointestinal humano es el hogar de una comunidad con 100 billones de miembros pertenecientes a cientos de especies de microorganismos diferentes, la llamada microbiota intestinal. Esta gran comunidad, que va cambiando con la edad, no solo reside en nuestro interior, sino que coopera e interacciona con nosotros ejerciendo un papel crítico en nuestro estado de salud y bienestar desde el mismo momento de nacer. El bebé, relativamente poco expuesto al mundo microbiano hasta ese instante, se ve inmerso en un rápido e intenso proceso de colonización microbiana. Este periodo neonatal temprano es el más importante para el desarrollo de la microbiota intestinal, que, a su vez, resulta esencial para la maduración del sistema inmune así como para un desarrollo correcto de la fisiología del individuo.

Recién nacido/Wikimedia commons

Wikimedia commons

En una situación óptima, el bebé comenzará la vida mediante un parto vaginal tras una gestación a término, recibirá leche materna y pasará sus primeros días de vida en el ambiente familiar. Sin embargo, hay situaciones en las que estos factores no se dan y el proceso de establecimiento de la microbiota se ve alterado, por lo que esos niños sufrirán un mayor riesgo de padecer diferentes patologías, como alergias u obesidad.

Un grupo de niños especialmente sensibles son los recién nacidos prematuros: nacen antes de tiempo, con inmadurez intestinal e inmune; frecuentemente reciben alimentación artificial, medicamentos y antibióticos; y pasan sus primeras semanas de vida en el ambiente hospitalario. Numerosas investigaciones prueban que todos esos factores, juntos o por separado, afectan a la microbiota.

Imagen de microbiota de adjulto / IPLA. CSIC

Imagen de microbiota de adulto / IPLA

Hasta hace poco tiempo, la mayor parte de los estudios sobre la composición y función de la microbiota se centraban en individuos adultos. Con el reciente desarrollo y aplicación de las técnicas de secuenciación masiva de ADN se ha conseguido identificar diferencias en el proceso de colonización bacteriana de los niños prematuros en comparación con los recién nacidos a término, de niños nacidos mediante parto vaginal frente a los de cesárea o de niños alimentados con fórmulas infantiles comparados con los que reciben leche materna. Actualmente varias investigaciones profundizan en la identificación de los factores responsables de esas diferencias.

Además, en los últimos años nuestro conocimiento sobre la composición y funciones de la microbiota intestinal se está incrementando a gran velocidad, de forma que podemos intervenir sobre ella con el objetivo de favorecer su correcto desarrollo y/o modularla con fines terapéuticos. Una de las líneas de trabajo en este sentido se basa en identificar las alteraciones específicas presentes en la microbiota de niños prematuros y seleccionar cepas probióticas potencialmente capaces de corregir dichas alteraciones. ¿Y cómo se hace esta investigación? En nuestro grupo usamos modelos de cultivos fecales de heces de prematuros sobre los que ensayamos diferentes cepas, estudiando su efecto sobre la microbiota intestinal. Esto nos permite seleccionar aquellas cepas que inducen cambios en la microbiota del prematuro y contribuyen a que se parezca más a la de niños sanos a término. Esas cepas se pueden aplicar, por ejemplo, en la elaboración de leches de fórmula para restaurar la microbiota de niños prematuros.

Parece pues que la ciencia está contribuyendo a dar un nuevo significado al concepto de ‘cultivar nuestra vida interior’.

* Miguel Gueimonde es investigador y dirige el Departamento de Microbiología y Bioquímica del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA), del CSIC.

¿Sabías que recomiendan comer unos 700 gramos de pescado a la semana?

Por Mar Gulis

No descubrimos nada nuevo si afirmamos que una dieta inadecuada influye en gran parte de las enfermedades crónicas características de los países desarrollados: el 60% de las enfermedades cardiovasculares, un tercio de los cánceres, el 90% de la diabetes, la obesidad y otros factores de riesgo se producen por una alimentación incorrecta. Tampoco estaremos dando una exclusiva al hablar de las bondades de la dieta mediterránea, ampliamente estudiada y reconocida por la comunidad científica como fuente de salud y bienestar. “Consuma aceite de oliva, tome muchas frutas y verduras, coma más pescado (sobre todo azul) y menos carne”. Estos mensajes están presentes cada vez que se trata el recurrente tema de la dieta mediterránea. Ahora bien, ¿cuánto es “mucha fruta” o “más pescado que carne”?, ¿quiere decir que debemos comer cinco manzanas y tres tomates al día, o ingerir seis sardinas por cada dos albóndigas?

VerdurasComo afirma el investigador del CSIC Fulgencio Saura, “el problema de aplicar de forma práctica la dieta mediterránea es que, a falta de datos cuantitativos reales, solo se proponen consejos cualitativos, pero el consumidor no sabe exactamente qué cantidades de cada tipo de alimentos tomar”. El grupo de investigación de Saura da una respuesta concreta al respecto. Las cantidades propuestas son de consumo por semana, pues la ingesta por día es una indicación poco práctica y difícil de cumplir, por no hablar del engorro que supone contar calorías con el fin de saber qué te metes entre pecho y espalda.  Así, el grupo de investigación de Saura cambia la consabida pirámide alimenticia por la “mesa nutricional”, es decir, “cantidad de alimentos de cada tipo para consumir a lo largo de una semana, que cada persona se puede distribuir y preparar según sus gustos y hábitos”. ¿Y qué hay encima de esa mesa? Pues encontramos entre 2-2,5 kilogramos de frutas; 2 -2,5 kilos de verduras; 250 gramos de legumbres; 1/3 de litro de aceite de oliva; 500 gramos de carne; 700 gramos de pescado; 1,25 litros de zumos de frutas; 1,5 litros de lácteos; infusiones y consumo moderado de vino tinto.

Mesa nutricional

La propuesta del grupo de Saura es sustituir la famosa pirámide nutricional por la mesa nutricional a la hora de planificar nuestra dieta.

Esta lista es el resultado de 10 años comparando dietas mediterráneas y no mediterráneas y estudiando los constituyentes característicos de las primeras. De esta forma, el grupo de investigación demostró que, además de los constituyentes ya conocidos como el ácido oleico y omega 3, son propios de esta dieta con nombre de mar la fibra, los antioxidantes (capaces de prevenir o retrasar el envejecimiento pero deficitarios en las dietas occidentales) y los fitoesteroles (compuestos de origen natural que se encuentran en  casi todos los vegetales, y en mayor proporción en aceites vegetales y legumbres,  e impiden la absorción del colesterol de origen animal). A partir de ahí, los investigadores determinaron las porciones idóneas de cada constituyente que se deben ingerir.

Por cierto, un consejo sobre la preparación: es mejor comer las verduras poco cocinadas, ya que las altas temperaturas pueden acabar con gran parte de los antioxidantes. Y después de tanto pesar, no vayamos a liarla por ‘sobrecocer’ las espinacas.

 

Si quieres más ciencia para llevar sobre la dieta mediterránea y la “mesa nutricional”, consulta Querida comida. Querida salud, de Fulgencio Saura Calixto.

¿Chocolate saludable? Una cuestión de cantidad

M.A. Martín ArribasPor María Ángeles Martín Arribas

Acusado de ser uno de los principales responsables de la caries infantil, culpable de la aparición de esas antiestéticas espinillas y asociado con el sobrepeso y con la obesidad… El chocolate ha sido víctima de múltiples acusaciones sobre efectos nocivos que, sin embargo, aún no han podido ser científicamente probados. Más bien al contrario, el vilipendiado a la vez que deseado chocolate ha pasado de ser un alimento prohibido a revelarse como saludable.

Granos de cacao

Granos de cacao / Var Resa.

¿Un producto que nos encanta y encima nos sienta bien? ¿Dónde está el truco? La clave está en que lo realmente beneficioso del chocolate lo aporta su ingrediente principal: el cacao o, mejor dicho, los flavanoles que contiene. Los flavanoles son un grupo de compuestos pertenecientes a los polifenoles, sustancias naturales presentes en las plantas con capacidad para actuar como agentes antioxidantes, antiinflamatorios, antimicrobianos y antivirales. Todas las investigaciones realizadas han confirmado que los flavanoles aportan al cacao una gran cantidad de propiedades cardioprotectoras y, por tanto, la ingesta de chocolate puede ayudar a proteger nuestra salud cardiovascular mejorando el nivel de lípidos en sangre y el tono vascular, y disminuyendo la presión arterial.

¿Existe entonces el chocolate saludable? Depende de la cantidad. Solo los chocolates negros con más de un 60-70% de cacao contienen suficientes flavanoles para conseguir efectos beneficiosos (otros tipos de chocolate tienen leche, grasas, azúcares en distintas proporciones y menos cantidad de cacao, por lo que su acción positiva disminuye). Y no vale tragarse una tableta de golpe: por muy negro que sea el chocolate, 30 gramos al día es la cantidad recomendada.

El cacao puede seguir dando buenas noticias para nuestra salud, porque la comunidad científica continúa trabajando sobre sus posibles efectos beneficiosos. Existen varias investigaciones, como la que desarrollamos en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición, que estudian el potencial efecto protector del cacao frente al daño intestinal y el inicio del cáncer de colon, y más recientemente, los posibles beneficios sobre el desarrollo de la diabetes tipo 2 y sus complicaciones vasculares asociadas. Sus resultados positivos en animales apuntan a que puede aumentar la lista de bondades del que en su día se llamó ‘alimento de los dioses’.

Así pues, a partir de ahora tendremos que mirar los porcentajes que aparecen en los envoltorios de nuestras onzas favoritas.

 

María Ángeles Martín Arribas es investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (CSIC).