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Un viaje espacial de 20 años para descubrir si hay vida en Próxima b

Por Miguel Abril (CSIC)*

Hace solo unos meses se anunció oficialmente uno de los hitos más importantes de la astronomía de los últimos años: el descubrimiento de Próxima b, un exoplaneta parecido al nuestro con condiciones que podrían hacerlo habitable. Aunque no es, ni mucho menos, el primero descubierto con estas características, lo que hace tan especial a Próxima b es que orbita en torno a la estrella más cercana a nosotros, Próxima Centauri, a solo 4,2 años luz. La noticia hizo que el proyecto Breakthrough Starshot –una iniciativa que pretende mandar la primera sonda en viaje interestelar– cobrara un interés especial al fijar sus ojos en el exoplaneta recién descubierto como potencial objetivo.

Portada de Nature sobre el descubrimiento de Próxima b.

Pero vayamos por partes: ¿tan cerca está este nuevo exoplaneta? ¿Cuánto son cuatro años luz? Podemos visualizarlo de forma muy gráfica realizando un sencillo experimento mental: supongamos que reducimos el Sol al tamaño de un garbanzo y lo colocamos en el punto central de un campo de fútbol. En ese caso, la Tierra sería del tamaño de un grano de arena y orbitaría a un metro de distancia. Y Próxima Centauri, ¿dónde quedaría? Pues ni en el banderín de córner, ni en la portería, ni siquiera en las gradas, como podríamos pensar. Incluso en este modelo reducido Próxima Centauri queda muy lejos: no solo fuera del estadio, sino incluso de la ciudad, de la provincia y muy probablemente de la comunidad autónoma. Concretamente, a unos 270 kilómetros de distancia del garbanzo. Conclusión: no, Próxima b no está próxima (lo siento, me lo han puesto a huevo).

Entonces… ¿Qué pasa, que nadie les ha explicado esto a los responsables de Starshot? ¿Cómo pretenden mandar una sonda hasta allí si está tan lejos? Y, aunque lo consiguieran, ¿cuánto tardaría en llegar? Empecemos diciendo que la misión no enviaría una única sonda, sino un enjambre de ingenios de pequeño tamaño, bajo consumo y coste reducido, para así aumentar las posibilidades de éxito. Estas minisondas tendrían el tamaño de un chip electrónico (similar a un sello postal), aunque para impulsarlas se usarían velas de unos 2 x 2 metros, que se propulsarían usando un láser de gran potencia situado en la superficie terrestre. Según los expertos, mediante esta técnica se conseguirían velocidades del orden de… ¡un 20% de la velocidad de la luz! Así el viaje hasta Próxima b duraría algo más de veinte años y apenas cuatro después se podrían tener datos e imágenes del planetita.

Representación de cómo serían las minisondas enviadas por Breakthrough Starshot hasta Próxima b. / Wikimedia Commons.

¿Y qué pasa si lo conseguimos? ¿Encontraríamos vida en Próxima b? Pues esto es objeto de intenso debate. Hay quien dice que las enanas M como Próxima Centauri son demasiado activas para permitir que se desarrolle la vida, y que además los planetas en su zona de habitabilidad están tan cerca que presentan lo que se conoce como anclaje por marea. Es decir, que ofrecerían siempre la misma cara a la estrella (como sucede con nuestra Luna), por lo que un hemisferio tendría temperaturas abrasadoras y el otro sería un desierto congelado. Sin embargo, los defensores de la posibilidad de vida argumentan que bajo ciertas condiciones el anclaje puede no ser total, como es el caso de Mercurio, que gira sobre sí mismo tres veces por cada dos vueltas al Sol. Y que incluso con anclaje total, tal vez en la zona de transición entre el día y la noche podría haber una estrecha franja con temperaturas templadas que permitirían al menos el desarrollo de formas de vida simple… (¿En serio? ¿Vida simple en una franja estrecha? ¡Venga, Dios, que has creado cosas tan chulas como el tiranosaurio o el tigre de dientes de sable! ¡Puedes hacerlo mejor!).

Un reciente estudio de la Universidad de Cornell sugiere la biofluorescencia como posible mecanismo de defensa ante las súbitas liberaciones de radiación de alta energía que se producen en las enanas M. La biofluorescencia es un fenómeno mediante el cual determinados corales y otros organismos de nuestro planeta absorben las radiaciones ultravioleta y las transforman en longitudes de onda dentro del espectro visible. Vale, no es un tigre de dientes de sable, pero brilla por la noche. Como en Avatar. Mola.

 

*Miguel Abril es ingeniero electrónico en el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC, en Granada, y miembro del grupo de divulgación científica Big Van.

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Valle Rosales

    Genial la explicación: muy didáctica.

    16 febrero 2017 | 11:34

  2. Dice ser pablis

    mola

    16 febrero 2017 | 13:49

  3. Dice ser Yo Discrepo

    NI JulioVerne tenía tanta imaginación. En fin, que hay que llenar contenidos. Poniéndonos en plan crítico y ciñéndonos al artículo me pregunto lo siguiente:
    Si las micronaves son del tamaño de un sello, ¿Cómo enviamos imágenes y con qué niveles de energía contamos para ese fin?, eso sí, no me planteo el estado de la técnica que soporte los sistemas, que sería “pa cagarse” y tampoco si el sistema de vela espacial funcionaría, que lo dudo.

    NO es por desmantelar el artículo, es que seguimos mandando satélites al espacio con petardos y mientras no busquemos otros sistemas de propulsión que no sean acción-reacción, vamos dados

    16 febrero 2017 | 14:03

  4. Dice ser Sociólogo Astral

    Todo mentira. para que nos lleguen señales desde 4 años luz se necesita un generador eléctrico de miles de watios de potencia. nada de sellos ni de gilipolleces, un armatoste del tamaño de un camión.

    16 febrero 2017 | 14:31

  5. Dice ser Melaxuda

    ¿20 años?

    – ¿cuanto tiempo tardaría en acelerar hasta ese 20% de la velocidad de la luz?
    – ¿cuanto tiempo tardaría en frenar desde ese 20% de la velocidad de la luz?
    – ¿como frenaría?

    16 febrero 2017 | 20:57

  6. Dice ser José Luis Blanco Coli

    Fantasía científica promovida para sustentar subvenciones y ayudas. Antes de pensar en viajes a exoplanetas se tendría que considerar habituales los viajes próximos a la luna con duraciones de pocos días.Extrañamente, parece que eso no se contempla, cuando seria un lugar puente y catapulta para viajes a lugares más alejados en el tiempo y en el espacio. Por tanto, debo considerar esos planes futuristas, de viajes tan largos, como impropios para las técnicas y materiales actuales.
    Algo muy sutil y comercial entrañan esas noticias, para animar inversiones, con promesas falsas y delictivas, ante proyectos muy cuestionables a tan corto plazo.

    16 febrero 2017 | 21:10

  7. Dice ser Javier

    Un apasionante relato de ciencia ficción, estamos todavía muy lejos de plantearnos con seriedad ese tipo de viajes, es como oír a un físico desarrollar la teoría de cuerdas lo escuchas y dices “UAU” pero en realidad no es más que una teoría por cierto que han sido incapaces de probar.

    17 febrero 2017 | 06:38

  8. Dice ser Miguel Abril

    ¡Hola, amiguetes! Soy el autor del artículo. Comprendo vuestro escepticismo, cuando yo oí hablar por primera vez de la misión Starshot mi reacción fue aproximadamente la misma: que esto no son más que las elucubraciones de una mente perturbada, más propias de una peli de ciencia ficción que de un proyecto serio. Sin embargo, cuando uno se pone a documentarse un poco más, se lleva unas cuantas sorpresas. La primera es que la tecnología necesaria para llevar a cabo esta misión está bastante más avanzada de lo que uno podría imaginarse. La nanotecnología es una de las disciplinas más en boga actualmente y con perspectivas más ambiciosas en un futuro próximo, así que el plazo de veinte años que los responsables del proyecto se dan para diseñar y desarrollar las minisondas no es ni mucho menos descabellado. Curiosamente, desde el punto de vista tecnológico lo más complicado no son las minisondas, sino el láser de alta potencia que se utilizaría para empujar las velas. Y lo de nanotecnología no implica sólo que fabriquen unas sondas pequeñitas la mar de cuquis, sino que su consumo es también muy bajo, así que (Sociólogo Astral y Yo Discrepo) podrán funcionar con su propia minibatería. Por otra parte, en el artículo hago mención a que no se mandaría una sola sonda, sino miles de ellas. Algo que no pude comentar por no extenderme demasiado es que no todas las sondas se mandarían a la vez, sino en distintas fases, de forma que el trayecto completo entre la Tierra y Próxima b estaría jalonado por un montón de sondas que actuarían como repetidores, formando una especie de red neuronal de comunicaciones que aumentaría las posibilidades de establecer conexión con las sondas más avanzadas.

    ¿Qué cuánto tiempo tardarían en acelerarse las sondas, Melaxuda? No demasiado, porque el conjunto minisonda+vela sería muy ligero y en el espacio no hay rozamiento. En cuanto a cómo frenarían… Pues a mí tampoco me ha quedado muy claro, pero entiendo que no se frenarían, sino que se mandarían datos durante el tiempo que se tardara en pasar por el planetita. Sí, yendo a esa velocidad serían sólo unos pocos segundos, pero unos pocos segundos de muchísimas sondas. En principio, más que suficiente para lo que pretende esta misión: servir de primera aproximación para descubrir si hay indicios de vida en Próxima b.

    ¿Es imposible? Parece que no. ¿Complicado? Sí, mucho. Pero si hubiéramos dejado de hacer cosas por ser complicadas, probablemente seguiríamos viviendo en cuevas.

    Un saludo y muchas gracias por vuestros comentarios.

    22 febrero 2017 | 11:36

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