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Padres y madres corresponsables, ¿una utopía real?

Por Teresa Martín García (CSIC)*, Teresa Jurado (UNED) y M. José González (Universität Pompeu Fabra)

Las largas jornadas laborales dificultan el reparto equitativo de las tareas domésticas / Flickr

Las largas jornadas laborales dificultan el reparto equitativo de las tareas domésticas / Flickr

No se conoce un solo país en el mundo que realmente fomente un modelo de familia en la que el padre y la madre se corresponsabilicen por igual en la organización de la vida doméstica y el cuidado de sus hijos. A pesar de que cada vez más jóvenes se identifican con la igualdad de género, el número de parejas con un reparto igualitario de las tareas domésticas y de cuidado sigue siendo minoritario. En el modelo familiar de “dos ingresos y dos cuidadores”, denominado así por Janet Gornick y Marcia Meyers, hombres y mujeres son empleados y cuidadores en diferentes etapas de su vida, sin que ninguno se quede atrás o esté penalizado laboralmente por ausentarse temporalmente del mercado de trabajo o reducir su jornada laboral. Las virtudes de esta familia utópica que planteamos son muchas, pero podemos resumirlas con tres argumentos.

En primer lugar, este modelo implica y fomenta relaciones de género igualitarias. Las mujeres tienen un papel cada vez más importante en el mercado de trabajo, pero nuestras sociedades han sido incapaces de erradicar las desigualdades de género, especialmente entre hombres y mujeres con hijos. Las madres con niños pequeños suelen tener jornadas laborales más reducidas que los padres, generalmente disfrutan de permisos por maternidad más largos, a menudo ocupan puestos de menor responsabilidad y con frecuencia cobran menos que sus coetáneos varones. En ningún país de la OCDE se ha alcanzado la paridad salarial entre hombres y mujeres con responsabilidades familiares. Paralelamente, aunque los hombres se implican cada día más en el cuidado de sus hijos, su dedicación no es proporcional a los cambios que han experimentado las mujeres en el mercado laboral. El reparto de las tareas domésticas sigue siendo bastante desigual, tanto en España como en otros países occidentales.

En segundo lugar, la familia de “dos ingresos y dos cuidadores” no solo valora la dedicación profesional, sino también el tiempo dedicado a los cuidados. La incorporación de la mujer al mercado laboral ha mejorado los ingresos de los hogares, pero también ha generado nuevos problemas relacionados con la escasez de tiempo y con la crisis de los cuidados. En España, en 2013, el promedio semanal de horas trabajadas en una jornada a tiempo completo fue de 42,6 horas para los hombres y de 40 para las mujeres. En Dinamarca, de 39,6 horas para los hombres y 36,8 para las mujeres, según datos de la OCDE. Estas largas jornadas, sobre todo en el sur de Europa, son un hándicap para la implicación de padres y madres en la corresponsabilidad de los cuidados y el reparto equitativo de las tareas domésticas. Generalmente la llegada de los hijos hace que ellas opten por una reducción de la jornada laboral, mientras que ellos la mantienen o incluso la amplían.

 El modelo de familia de "dos ingresos y dos cuidadores" valora también el bienestar de la infancia / Wikipedia

El modelo de familia de “dos ingresos y dos cuidadores” valora también el bienestar de la infancia / Wikipedia

En tercer lugar, las familias de “dos ingresos y dos cuidadores” contribuyen al bienestar de la infancia, porque en ellas los padres tienen tiempo para estar con sus hijos y estos pueden disfrutar de sus padres. Hasta ahora las políticas de conciliación se han preocupado de las necesidades de los progenitores que trabajan y han desatendido las de los niños. Solo se ha pensado en cómo liberar tiempo para el empleo, sobre todo de las madres, mediante la creación de escuelas infantiles. Pero no se ha planteado qué necesita un niño de corta edad o hasta qué punto es beneficioso para un bebé pasar más de ocho horas diarias en un centro educativo. El empleo de los padres o de la madre en particular no es perjudicial para los niños, todo lo contrario, pero determinados turnos y jornadas de trabajo o muchas horas en centros educativos durante los primeros años ponen en riesgo el bienestar de la infancia.

Ahora bien, este modelo de familia –más justo y equitativo– requiere importantes cambios en las políticas públicas, la organización de las empresas y a nivel familiar, por lo que hoy sigue siendo una aspiración más que una realidad. En nuestro país, las trayectorias igualitarias en cuanto al reparto del trabajo doméstico y de los cuidados solo se dan bajo relativamente buenas condiciones laborales de las mujeres y cuando ellas se han emparejado con hombres que tienen ideales igualitarios y, en general, recursos relativos y de tiempo similares a los de ellas. Las condiciones de empleo de los hombres tienen que ser también relativamente buenas para que ellos puedan cuidar o, en su defecto, haber tenido una prestación contributiva por desempleo generosa. Además, ambos miembros de la pareja tienen que nadar a contracorriente de muchos estereotipos de género entre sus referentes, y deben luchar contra sus propias interiorizaciones de ideas y formas de hacer patriarcales. Estas madres y padres no solo se enfrentan a rasgos culturales machistas, sino también a las políticas empresariales y públicas vigentes.

Este modelo familiar con un reparto igualitario del trabajo no remunerado consigue unir igualdad de oportunidades para ambos géneros, satisfacción con la conciliación y seguridad económica para todos los miembros de la familia, pero requiere un apoyo público que vaya más allá de meras campañas de publicidad a favor de un reparto equilibrado del trabajo doméstico y en contra de la discriminación de las mujeres en el mercado laboral. Urgen medidas que fomenten y normalicen –tanto en la sociedad en general como en el mercado de trabajo en particular– nuevas concepciones de la maternidad y la paternidad como un fenómeno que atañe por igual a mujeres y hombres y cuya protección debe garantizarse a ambos sexos. De nuestras investigaciones se desprende que hay aún un gran margen de mejora para favorecer estrategias de conciliación más corresponsables y satisfactorias. Especialmente entre los hombres que en el momento del embarazo presentan actitudes igualitarias y deseos de paternidad compartida, pero cuyos planes se ven limitados por unos constreñimientos laborales muy fuertes. Se trata, en definitiva, de promover el cambio en el mercado de trabajo y en el diseño de las políticas de familia por el que ha abogado el paradigma feminista de Gornick y Meyers con el que abríamos este post y que busca compatibilizar un triple objetivo: promover la igualdad de género, la conciliación y el bienestar en la infancia.

 

* Teresa Martín García es investigadora en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. Este post ha sido extraído del libro Padres y madres corresponsables. Una utopía real (Catarata, 2015), del que es coautora.

 

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