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Operación rescate de gacelas africanas

Por J.M. Valderrama y Teresa Abáigar (CSIC)*

A comienzos de los años 70, un barranco protegido de la solana y el viento al abrigo de la imponente alcazaba almeriense se convirtió en refugio para varias especies de ungulados norteafricanos en peligro de extinción. Las primeras gacelas llegaron en 1971 a Almería procedentes del Sáhara Occidental, huyendo de las armas automáticas y los vehículos todoterreno.

José Antonio Valverde, biólogo y naturalista conocido como el ‘padre de Doñana’ por su activismo en defensa de las marismas del Guadalquivir, pensó que había que hacer algo para salvar especies como la gacela dama mohor. “De una hondonada verde de taljas [acacias] saltaron al llano pedregoso cuatro antílopes de deslumbrante color blanco y castaño tan increíblemente esbeltos y elegantes que me dio un vuelco el corazón. Siempre producen ese efecto los primeros mohor”, cuenta Valverde en sus Memorias. A contrarreloj puso en marcha la ‘Operación Mohor’ para trasladar los últimos ejemplares de esta especie desde el norte de África a Almería, con el objetivo principal de reintroducirlas en sus hábitats originales en el futuro.

Gacelas mohor

Gacelas mohor en el Centro de Rescate de la Fauna Sahariana del CSIC, en Almería/Teresa Abáigar

El entonces Instituto de Aclimatación de Almería, hoy Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA) del CSIC, fue el elegido para comenzar con el experimento de cría en cautividad, dado su clima semiárido y ambiente desértico, similares a los de la zona del Sahel de donde procedían las ‘refugiadas’. Para acogerlas se creó el Centro de Rescate de la Fauna Sahariana, ubicado en la finca de La Hoya.

Las primeras supervivientes mohor que llegaron procedían de un rebaño que un militar, el capitán Estalayo, había logrado mantener en las instalaciones militares de Daora, en el Sáhara Occidental. La acogida y ayuda del director del Instituto por aquella época, Manuel Mendizábal, y la del naturalista, periodista y fotógrafo Antonio Cano, que se convirtió en el principal valedor de aquellas asustadas gacelillas que desembarcaron en la Península, fueron tan buenos cimientos que permitieron consolidar la utopía de Valverde hasta nuestros días.

Varios rescates siguieron al primero. La investigadora Mar Cano continuó la labor conservacionista y a Almería fueron llegando otras especies en peligro de extinción: gacela mohor (Gazella dama mhorr), gacela dorcas saharaui (Gazella dorcas neglecta), gacela de cuvier (Gazella cuvieri) y arruí sahariano (Ammotragus lervia sahariensis),  procedentes de Smara, El Aaium o Dakhla. La EEZA se fue convirtiendo en un centro de referencia mundial en conservación de fauna sahariana y programas de cría en cautividad. En estos 44 años, han nacido unas 3.400 gacelas y arruís fruto de esta ‘operación rescate’.

Mar Cano

La investigadora Mar Cano en  la reintroducción de 2007 de gacelas dorcas en Senegal/Conrad Ensenyat

Con el tiempo Mar Cano, junto con la coautora de este artículo, creamos el Grupo de Conservación de Especies Amenazadas, cuya meta era y es mejorar el estado de conservación de diversas especies animales en situación frágil. Entre las estrategias de recuperación de estas especies están la adaptación a la cautividad (con una supervivencia de hasta 20 años), el libro de registro de pedigrí (Studbook), con los datos necesarios para el manejo genético y demográfico de la población (fecha y lugar de nacimientos y muertes, filiación…); y la dispersión de la población en diversos núcleos de cautividad, para aumentar la capacidad de acogida de la población y evitar la pérdida de ejemplares en el caso de epidemias, accidentes, etc.

Mar llevó a cabo las primeras reintroducciones en áreas protegidas con cercados, dando cuerpo al objetivo inicial de la Operación Mohor: devolver los animales a sus ecosistemas originales. Así, en 1984 se reintrodujeron los primeros ejemplares criados en cautividad. En la actualidad el Grupo lleva a cabo diversos programas de reintroducción, con el fin de establecer las especies en lugares donde existieron y de donde han desaparecido, consiguiendo una población genética y demográficamente viable a largo plazo.

Muy recientemente el antílope mohor ha vuelto al Sáhara. Y esta vez en completa libertad. Los primeros ejemplares, descendientes de aquel rebaño que llegó a Almería, vuelven a danzar por el desierto, sin barreras. En homenaje a Valverde, a Antonio Cano y a su hija Mar, esta iniciativa se ha denominado Operación Mohor II. El círculo se ha cerrado.

Hace unos días se nos fue Mar Cano. Pese a la pena que sentimos nos alegra constatar que nuestra compañera hizo bien sus deberes y gracias a su labor las gacelas siguen vivas. El relevo científico está asegurado y el interés por conservar las gacelas también. Mar debe estar contenta.

*J.M. Valderrama y Teresa Abáigar son investigadores de la Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA). Abáigar es fundadora del Grupo de Conservación de Especies Amenazadas en este centro del CSIC.

 

2 comentarios

  1. Dice ser Contestataria

    Esta es la gente que de verdad merece la pena y hace cosas útiles. Aunque estén muertos, vivirán para siempre.

    16 Julio 2015 | 13:22

  2. Dice ser Jaime Pérez

    Para llevar a cabo ese trabajo hay que ser una científica competente; pero también hay que respetar y tener empatía con otras culturas y formas de vida. Eso demuestra una gran calidad humana. Así debía ser Mar Cano. Un fuerte abrazo para su familia y sus compañeros.

    17 Julio 2015 | 09:30

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