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Acciones para reducir el desperdicio de alimentos en los hogares

yonodesperdicio.org es una iniciativa colaborativa para reducir el desperdicio de alimentos principalmente en los hogares, promovida por Prosalus, una organización no gubernamental de cooperación al desarrollo, cuya misión es promover el respeto, la protección y la garantía de los derechos humanos en la alimentación, la salud, el agua y el saneamiento.

Desde su creación, en noviembre de 2015, pretende ser una red ciudadana comprometida con la reducción del desperdicio que ofrece recursos para ello y pone en contacto a personas que quieren entregar alimentos con las que los necesitan.

yonodesperdicio cuenta con una aplicación web-móvil de consumo colaborativo en la que se comparten únicamente alimentos y tiene más de 800 personas registradas  en todas las comunidades autónomas, aunque es Madrid la que más tiene, casi 300.

En este tiempo, la plataforma ha rescatado más de 65 kilos de la basura, según el contador, visible en la web. Según sus responsables, “va poco a poco porque las cantidades que se ofrece son de poco peso y aún falta mucha más difusión para animar a que se participe en esta forma de consumo”.

En estos momentos, gracias a un proyecto aprobado por el Ayuntamiento de Madrid, yonodesperdicio está desarrollando diferentes actividades y elaborando materiales de sensibilización y difusión que animen a la participación. Por ejemplo, ha editado un recetario con las ideas compartidas en la plataforma y ha organizado un concurso de fotografía para visibilizar el desperdicio a lo largo de toda la cadena alimentaria.

Foto: Noticias del Parlamento Europeo

A finales de este mes van a presentar los resultados de una encuesta- investigación sobre el desperdicio de alimentos en los hogares madrileños y, por otro lado, ya tienen en marcha el desarrollo de la app para dispositivos IOS.

Trabajan con alimentos que podrían acabar en la basura si no se consumen a tiempo y que se entregan tanto a organizaciones encargadas de distribuirlas entre familias sin recursos o directamente a particulares que lo necesitan.

La ONG advierte de que antes de tirar la comida, hay que pensar que nuestros excedentes pueden utilizarse en otras casas y que son necesarios para otras personas y anima a formar parte de esta red, compartiendo aquello que no se va a consumir.

Tanto para donar como para recibir alimentos hay que regístrate en la web; después, ofrecer la comida excedente que quieres compartir, revisar los mensajes de las personas que están interesadas y acordar un punto de entrega.

Esta iniciativa cuenta con financiación de Territorios Solidarios de BBVA, el Ayuntamiento de Madrid y con la colaboración del Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano (itdUPM).

Más adhesiones a la campaña para evitar el despilfarro de alimentos en los comedores escolares

Cristina Romero, una madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su lucha, obteniendo cada vez más adhesiones a su iniciativa.

Cada vez hay más escuelas, partidos políticos, asociaciones… interesadas y muy concienciadas contra el despilfarro en comedores escolares, afirma Cristina, que en el mes de noviembre se reunió con diputados del PSC en el Parlament de Cataluña, que tres meses antes habían presentado la propuesta de Ley sobre el Aprovechamiento del Excedente Alimenticio y que sigue adelante ya que ningún partido se opuso.

El próximo mes de enero, Cristina asistirá como compareciente para explicar el motivo de la campaña y para dar mi opinión sobre las posibles soluciones. Soluciones como la que ha puesto en marcha la compañía americana Kentucky Fried Chicken a través de su proyecto Harvest. Este proyecto existente hace años en EE UU permite aprovechar sus productos y repartirlos entre los más necesitados.

Esta empresa junto con la Fundación Altius ayudan a que 60 familias reciban diariamente menús compuestos por primero, segundo, postre y pan (menús confeccionados por amas de casa, en su mayoría, voluntarias, y que recuerdan muchísimo a las comidas de abuelas y madres).

Este mismo mes de diciembre, la promotora de esta iniciativa ha viajado a Madrid para visitar las instalaciones de KFC en San Sebastián de los Reyes y la sede de Fundación Altius. También se ha reunido con representantes de Fundación Banco de Alimentos de Madrid y Barcelona, que ven totalmente viable el aprovechamiento procedente de la comida de los restaurantes KFC ya que la proteína es unos de los pilares básicos de la alimentación.

La política del Ministerio de Sanidad favorece que cada se tiren a la basura toneladas de alimentos, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca.

La Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen la normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas y la manipulación de alimentos señalan que “por razones higiénicas y sanitarias la comida sobrante no puede ser manipulada“.

El pasado 19 de octubre Cristina entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la gran chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a miles de personas que lo necesitan.

Slow Food pone en marcha una campaña para proteger los alimentos y las razas animales locales

2.608 huertos en África en los que se han implicado más de  50.000 personas.
513 Baluartes y 57 Mercados de la Tierra para apoyar el trabajo de otros 20.000 productores en 84 países. Más de 3.000 cocineros y cocineras que trabajan al lado de los pequeños productores. 6.000 recomendaciones del Arca del Gusto sobre productos en riesgo.

Todas estas cifras son el fruto del trabajo de la red de Slow Food, formada por más de un millón de personas de 160 países de todo el mundo.

Para seguir protegiendo un patrimonio inmenso de variedades vegetales, razas animales, productos y conocimientos que están desapareciendo, para apoyar a los pequeños productores y para poder proteger los recursos de este planeta contra la contaminación, contra la desforestación, contra los daños de la agricultura industrial, la organización ha puesto en marcha la campaña Ama la Tierra. Defiende el futuro.

El propósito es la recaudación de fondos para sostener una agricultura mejor, en condiciones de garantizar a todos una alimentación buena, limpia y justa y para que esta que esta actividad pueda continuar libre e independiente. Pero también pretende  incrementar la conciencia pública sobre la grave pérdida de biodiversidad que amenaza la seguridad alimentaria y contribuye al cambio climático.

La red aborda una amplia gama de problemas y propone soluciones eficaces desde los propios territorios y de la tutela de variedades de plantas, razas animales y culturas culinarias locales que a lo largo del tiempo han permitido mantener los recursos locales sin deteriorarlos.

“Son muchísimos los defensores de un futuro más rico, diferente y sano”, señala la organización.”Un futuro que solo se puede garantizar preservando la biodiversidad y defendiéndonos de los efectos de una agricultura cargante, que contamina el suelo y el agua y que apuesta por la homologación sin conseguir alimentar al mundo; de una economía que tiende hacia el crecimiento infinito sin tener en cuenta los límites de un planeta finito; de un crecimiento como un fin en sí mismo, que destruye la naturaleza y el tejido social y mantiene a la humanidad constantemente insatisfecha e infeliz”.

Slow Food es  una organización sin ánimo de lucro sostenida por sus socios, fundada en 1989 para contrarrestar el auge de la comida rápida (fast food) y la vida rápida (fast life), impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas y los productos locales y combatir la pérdida de interés de la sociedad por los alimentos, su origen, su sabor y las consecuencias que cada una de nuestras decisiones alimentarias ejerce en el mundo.

Formación gratuita a cambio de un kilo de alimentos

Un kilo de comida. Es el único pase de entrada para la quinta edición del Social Media Care, una actividad solidaria en la que se intercambia formación en emprendimiento marketing y social media por kilos de alimentos, que tendrá lugar el próximo 16 de diciembre en el Museo de Diseño de Barcelona (DHUB).

Con el reto de superar las 3,5 toneladas de productos de alimentación conseguidos en la anterior edición, el Social Media Care se consolida para ofrecer formación gratuita de calidad y conocimientos de reconocidos profesionales a cambio de recaudar la máxima cantidad posible de comida envasada para donarlo al comedor social de El Raval.

El impulsor del evento, Víctor Martín, experto en marketing online, social media y asesor de marca personal, afronta un año más este desafío con la confianza de superar lo conseguido en la edición anterior. “Desde el primer año, profesionales del marketing online, social media y el emprendimiento se han volcado al máximo con esta iniciativa como todos los asistentes que han colaborado con varios kilos de alimentos en todas las ediciones”, explica.

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 “La jornada está dirigida a emprendedores, estudiantes universitarios y cualquier persona interesada en aprender de los grandes del sector, pero también animo a cualquier persona que quiera colaborar con esta causa a que se acerque ese día a aportar lo que pueda”, añade Martín, que asegura que el marketing no sólo son técnicas para vender más sino que también puede tener un fondo solidario.

Junto a Víctor Martín, se subirán a la tarima del auditorio ponentes de la talla de Anxo Pérez, autor del libro Los 88 peldaños del éxito y creador del método 8Belts, que enseña un idioma online en ocho meses, o Raimon Samsó, autor de 15 libros de desarrollo personal y profesional, y creador del Instituto de Expertos en el que entrena y realiza sesiones de mentoring.

También estarán el autor del blog Ciudadano 2.0, Berto López, que ayuda a través de su plataforma a profesionales y pymes a cómo sacar el máximo provecho y rentabilidad de las nuevas tecnologías, Jorge González del Arco, formador especializado en redes sociales, Isabel Jiménez y Juanmi Olivares, ingenieros informáticos y fundadores del blog Mas y mejor, y Romuald Fons,  fundador de la agencia de posicionamiento web Bigseo.

El aforo está limitado a 320 personas, capacidad del auditorio, por lo que es necesario inscribirse previamente en www.socialmediacare.org. Además, también para aquellos que no se encuentren en Barcelona o no puedan desplazarse, pueden inscribirse para recibir la grabación en vídeo de la jornada.

En total, las cuatro ediciones celebradas han recaudado más de 7 toneladas de alimentos.

Otra aplicación para luchar contra el despilfarro alimentario

Too Good To Go es una aplicación creada en Dinamarca hace un año por Lucie Basch para luchar contra el despilfarro alimentario, que se ha extendido con éxito por varios países de Europa.

Permite adquirir la comida sobrante de los restaurantes, cafés y panaderías al final del día, a precios muy competitivos. Con ello los establecimientos pueden reducir las pérdidas y desperdicio de alimentos, y los consumidores, disfrutar de buenas comidas a precios económicos.

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Su objetivo es evitar que los comerciantes se deshagan de las mercancías no vendidas y permitir a los usuarios beneficiarse de precios reducidos. Para los establecimientos comerciales adheridos (panaderías, pastelerías o establecimientos de restauración, catering y bares) todo es gratuito; solo tienen que registrarse en la aplicación y, desde ese momento, estimar a diario la cantidad de productos que pueden ofrecer a la venta al final de la tarde.

Para el usuario, una vez que descarga la aplicación y crea una cuenta, está geolocalizado; puede ver el número de porciones ofrecidas por los comerciantes adheridos en su zona, hacer un pedido y pagar on line un precio de 2,5 a 4,5 euros. Después, podrá recoger su pedido a la hora indicada por el comerciante.

Too Good To Go es una empresa social fundada en Dinamarca a finales del año 2015 y tiene ya una fuerte presencia en nueve países, entre ellos,  Alemania, Suiza, Noruega, Dinamarca, Reino Unido y Francia, donde se ha extendido a Lille, París y ahora a Lyon. Recientemente, la aplicación ha ganado el segundo premio del concurso Food waste challenge, organizado por Carrefour.

89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea, lo que supone una media de 179 kg por persona, es decir, medio kilo de comida diario.

Fuente: Economía Circular

Una campaña pide a Sanidad que evite el despilfarro en los comedores escolares

La  FAO afirma que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia. Si tenemos en cuenta la situación de crisis en la que vivimos, es una cifra escandalosa.

En los comedores escolares, cada día se tiran a la basura toneladas de alimentos, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca. El Ministerio de Sanidad así lo exige.

Por razones higiénicas y sanitarias, la comida sobrante no puede ser manipulada, según la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración.

Esta situación es la que ha llevado a Cristina Romero a hacer una petición en Change dirigida al Ministerio de Sanidad, que ya han firmado más de 70.000 personas, para que revise y cambie esta normativa.

Despilfarro

En algunos municipios de Madrid y Cataluña ya se han implantado medidas para aprovechar la comida. Son los ayuntamientos quienes se encargan del servicio de recogida que pasa por los colegios a diario recogiendo la comida que sobra para trasladarla a algún comedor social o albergue cercano.

Cristina Romero explica que estas acciones son fáciles: “Primero, en los propios comedores escolares, se embala la comida en tuppers de una sola ración, se etiqueta y se congelan; la empresa de recogida se encarga de llevárselos, asegurándose de no romper la cadena de frío y garantizando la correcta conservación de los alimentos; por último los alimentos se transportan al Banco de Alimentos, donde se distribuyen entre las personas con dificultades económicas o en situación de dependencia que participen en el programa de alimentos”.

Los alimentos envasados o no elaborados, como yogures, fruta, verdura sin cocinar o envases que no hayan sido abiertos, se pueden dejar en los colegios para su posterior distribución. Y en cuanto a la comida elaborada –purés, potajes, sopas, tortillas, carne, etcétera–, está sujeta a unos controles que sólo pueden ser cambiados por el Ministerio de Sanidad.

“Se da por entendido que la pobreza es un problema social. Ante los más de 7,7 millones de toneladas de alimentos que se desperdician en España anualmente, muchos de ellos en comedores escolares, las autoridades competentes deberían actuar económicamente. Deberían destinar una partida del presupuesto anual y asumir ese gasto de material de embalaje y posterior transporte a comedores sociales o entidades benéficas y la contratación de personal en caso necesario”, señala Cristina.

Un chef británico denuncia la tiranía estética que se aplica a los alimentos

Cerca de un tercio de la comida producida para el consumo humano se desperdicia en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Este despilfarro se debe en gran medida a que muchas frutas y vegetales no cumplen con los estándares de belleza establecidos por los supermercados, que se niegan a comprar a los productos que se alejen de la norma.

El chef británico Hugh Fearnley-Whittingstall describe, en la BBC, cómo es la situación en el Reino Unido y que pueden hacer los consumidores de todo el mundo si quieren revertir esta tendencia.

Señala que a lo largo de los años ha sido testigo de escenas bastante deprimentes en la industria de la alimentación: condiciones deplorables en los criaderos de pollos, leyes de pesca absurdas de la Unión Europea y un sinnúmero de otros disparates.

“Puede que los tubérculos no despierten en nosotros los mismos sentimientos que los pollos o los peces –añade-, pero ver cómo una granja en el este de Inglaterra tiraba a la basura 20 toneladas de chirivías (una hortaliza muy parecida a la zanahoria), solo porque su aspecto no era lo suficientemente bonito, sigue siendo una de las cosas más impactantes que jamás he visto”.

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“No era un costal lleno, era una montaña colosal de chirivías. Una cantidad suficiente como para llenar 300 carritos de supermercado. Y, quizá más importante aún, para alimentar a 100.000 personas con una porción generosa”.

El chef afirma que esta verdura no tenían nada malo. “De hecho, eran hermosas. Me hubiese encantado cocinarlas. No eran impecables ni se ajustaban a la imagen de la chirivía perfecta. Pero para mí todas eran fantásticas”. Sin embargo, el supermercado las consideró insuficientes: no cumplían los “estándares cosméticos”.

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“No eran chuecas, ni deformadas, ni estaban golpeadas. Simplemente se alejaban -a veces por una diferencia de milímetros- del extraño catálogo de especificaciones que define qué es lo que nosotros, los clientes, esperamos de una chirivía, aunque nadie nos haya preguntado”.

En la granja Tattersett se tira entre un 30% y 40% de la cosecha de tubérculos. Así que no es sólo una pérdida terrible de alimentos, sino también un desastre económico para los productores, dice Hugh Fearnley-Whittingstall.

Aproximadamente, un tercio de la comida que se produce en Reino Unido no se come por la razón estética. Los supermercados pueden decir que los consumidores solo aceptan zanahorias perfectamente rectas y manzanas sin ninguna mancha. Pero yo no me lo creo ni tampoco Tristram Stuart, miembro de Feedback, una organización en contra del despilfarro que desafía a los supermercados y sus estándares estéticos.

“Tenemos pruebas de que la gente está feliz de comprar estos productos”, dice en referencia a los vegetales discriminados.

“Cuando les conviene, los supermercados los venden. En años de malas cosechas, los estándares se relajan y se les pide a los productores que incluyan los productos con algunas manchas o un poco torcidos, que normalmente serían rechazados. Por supuesto, nadie se da cuenta”.

Fearnley-Whittingstall también responsabiliza a los consumidores. “Nosotros, seguramente, tenemos la misma responsabilidad que las grandes empresas por desechar comida en buen estado.No creo que lo hagamos adrede. A la mayoría de nosotros, ver grandes cantidades de comida destruida innecesariamente nos haría sentir extremadamente incómodos. El problema es que no lo vemos”.

Fuente: BBC Mundo

Petición al Ministerio de Sanidad para que evite el despilfarro en los comedores escolares

Una nueva campaña puesta en marcha en Change.org, promovida por Cristina Romero, pide al Ministerio de Sanidad español que frene el despilfarro de alimentos en los comedores escolares.

Un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia, según La FAO. Si tenemos en cuenta la situación de crisis en la que vivimos, es una cifra escandalosa, señala la campaña.

En los comedores escolares, cada día se tiran a la basura toneladas de alimentos
, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca. El Ministerio de Sanidad así lo exige, porque según la Ley 7/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen la normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas y la manipulación de alimentos, “por razones higiénicas y sanitarias la comida sobrante no puede ser manipulada”.

Cristina Romero pide a los ciudadanos que se acabe con esta situación firmando su petición para exigir al Ministerio y a las instituciones que regulen las normativas que permiten tirar la comida sobrante de los comedores escolares.

No tiréis más comida
En algunos municipios de Madrid y Cataluña ya se han implantado medidas parecidas. Son los ayuntamientos quienes se encargan del servicio de recogida que pasa por los colegios a diario retirando la comida que sobra para trasladarla a algún comedor social o albergue cercano.

La propuesta para que no se despilfarre es sencilla. Primero, en los propios comedores escolares, se embala la comida en tuppers de una sola ración, se etiquetan y se congelan; la empresa de recogida se encarga de llevárselos, asegurándose de no romper la cadena de frío y garantizando la correcta conservación de los alimentos; por último los alimentos se transportan al Banco de Alimentos, donde se distribuyen entre las personas con dificultades económicas o en situación de dependencia que participen en el programa de alimentos.

Los alimentos envasados o no elaborados, como yogures, fruta, verdura sin cocinar o envases que no hayan sido abiertos, se pueden dejar en los colegios para su posterior distribución. Y en cuanto a la comida elaborada –purés, potajes, sopas, tortillas, carne, etcétera–, está sujeta a unos controles que sólo pueden ser cambiados por el Ministerio de Sanidad.

Todos los firmantes de esta petición solicitan al Ministerio de Sanidad una revisión de la normativa para canalizar un buen destino a ese excedente de comida que ayudaría a tanta gente necesitada.

Campañas de ciudadanos europeos contra el despilfarro de comida

En Europa, más de 80 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Y mientras muchas de estas personas tienen enormes dificultades para alimentar a sus familias y hacer frente a la crisis, resulta que en Europa los supermercados desechan toneladas de comida a diario (más de 40 kilos de comida cada noche).

Para luchar contra el despilfarro, el consultor social Manuel Bruscas ha lanzado en España una campaña en Change.org, dirigida a conseguir que la Unión Europea obligue a los supermercados a donar la comida que tiran a una ong.

En la petición de Chage,org se hace referencia a lo conseguido hace unos meses en Francia por Arash Derambarsh, un concejal del municipio francés de Courbevoie, que el gobierno francés aprobara una ley que exige que los supermercados donen toda la comida sobrante que no hayan conseguido vender.

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“Esta maravillosa victoria francesa ha tenido un  extraordinario eco en todo el mundo. Al igual que Arash, pensamos que es el momento de dar un paso al frente y pedir una legislación europea que detenga el despilfarro de comida en todos los países de Europa“, señala Bruscas.

“Desde hace años llevo escribiendo artículos y haciendo campaña para reducir el despilfarro de comida. En España, por desgracia, la cantidad de alimentos que se dilapida es descomunal, y no hablamos de comida podrida o en mal estado: hablamos de alimentos que son perfectamente aptos para el consumo pero que son destruidos o lanzados a la basura en lugar de ser utilizados para alimentar a las personas que lo necesitan. Por eso, he decidió unirme a Arash y su campaña para conseguir que el despilfarro de comida sea historia en Europa”.

La Comisión Europea está preparando una estrategia de economía circular que incluye la lucha contra el despilfarro de comida y ha lanzado una consulta pública para recoger el punto de vista de los ciudadanos en este asunto. Si cientos de miles de europeos piden a la Comisión Europea que incluya la obligación de que los supermercados donen la comida que no venden, no van a poder ignorar la petición.

La petición ha sido lanzada en colaboración con la Cruz Roja francesa y Action contre la Faim y en otros países por gente que, como nosotros, quiere acabar con el desperdicio de alimentos: Nikos Aliagas (Grecia),Frédéric Daerden (Bélgica), Arash Derambarsh (France), Claudia Ruthner (Alemania), Daniele Messina (Italia), Tristram Stuart (Reino Unido).

Una app para donar alimentos y compartir nevera

Ratatouille

Te vas de vacaciones, pero todavía tiene un montón de comida fresca en la nevera, tienes un huerto que produce más de lo que necesitas o alimentos que no te vas a comer y quieres donarlos...

Existe una app, Ratatouille, que ayuda a encontrar a personas a las que donar todos esos alimentos en buen estado y permite a la gente compartir el exceso de alimentos perecederos con otros usuarios de la aplicación. Es compartir la comida con los vecinos.

Sus creadores son cuatro jóvenes italianos, Giorgia Marenda, Elena Bertolin, Matteo Rosati y Luca Milan. La definen como la aplicación donde las personas pueden ofrecer a otros productos alimenticios que no vayan a consumir y que estén en buen estado.

Su funcionamiento es sencillo. El usuario se registra y debe subir una foto de la comida que quiera donar, añadir una pequeña descripción y establecer la forma de entrega. Empieza a abastecer el frigorífico virtual con todos los productos que le sobran y que probablemente caducarán antes de que vaya a utilizarlos. Una vez que sus productos están online, otros usuarios pueden ver lo que ofrece, ponerse en contacto con él y “hacer la compra” en su casa.

Asimismo, los usuarios pueden ver la ubicación de otras neveras que se encuentren cerca y conocer cuántos productos tiene cada uno.

El objetivo es sensibilizar sobre el consumo sostenible e incentivar las compras responsables. “Nos dirigimos sobre todo a las nuevas generaciones a través de una herramienta afín a ellas como son las app”, añaden sus creadores.

La aplicación es una muestra más de cómo la tecnología es un aliado de la economía colaborativa.

Está disponible en App Store