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El escándalo del desperdicio de alimentos

En el conjunto de la Unión Europea se desperdician cada año 88 millones de toneladas de alimentos, 173 kilos por persona. No son cifras nuevas que no hayamos escuchado y leído en los medios de comunicación, pero siguen ahí sin conseguir que los gobernantes aprueben leyes que lo eviten.

Estas cifras escandalosas han llevado a la Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo a presentar una propuesta, votada por unanimidad,  en la que piden una serie de medidas para reducir el desperdicio de alimentos y ha pedido a los estados miembros que intensifiquen los esfuerzos en esa dirección.

Entre esas medidas, plantean a la Comisión Europea que estudie los beneficios de eliminar de la fecha de caducidad de algunos productos siempre que no se ponga en riesgo la salud pública o el medio ambiente. En este sentido, la medida va encaminada a que las autoridades nacionales y otros actores eduquen a los consumidores a comprender mejor las fechas de caducidad y la fórmula “consumir preferentemente antes de” y a que se aclare la utilidad de los alimentos una vez superada dicha fecha.

En la misma línea de reducir el desperdicio, se organizan con frecuencia distintas campañas de organizaciones sociales y personas encaminadas al mismo objetivo: que no se tiren alimentos y que se aprovechen para donarlo a quienes pasan hambre. No hay que olvidar que unos 2,6 millones de personas están en situación de pobreza severa en España y que nuestro país tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia.

Así, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y la Federación de Bancos de Alimentos (Fesbal) han relanzado la Operación Kilo para poder recoger durante todo el mes de mayo donaciones de alimentos, que se hará a través de la plataforma www.notireslacomida.org.

OCU y FESBAL quieren unir fuerzas para conseguir, a través de la colaboración ciudadana, recoger kilos suficientes para poder cubrir la demanda de alimentos al menos durante las próximas semanas.

También, resalta la iniciativa de Cristina Romero, una madre catalana empeñada en que se cambie la ley para que se pueda donar la comida sobrante de los comedores escolares, que ahora no se puede. Su campaña ha llegado hasta el parlamento español.

En  la Unión Europea,  se intenta conseguir reducir un 30 por ciento el desperdicio de alimentos para 2025 y un 50% para 2030, pero no existe una norma única que obligue de la misma forma a los Estados.

Otra de las medidas propuestas por el Parlamento Europeo a Bruselas se dirige a  impulsar las donaciones de alimentos mediante la introducción de exenciones fiscales en el impuesto sobre el valor añadido (IVA). Y en el mismo sentido, han pedido que el Fondo de Ayuda Europea para los Más Necesitados (FEAD) tenga la posibilidad de financiar el coste del transporte, almacenamiento y distribución de donaciones colectivas de alimentos.

En el mundo, un tercio de la comida producida para consumo humano se desperdicia (1.300 millones de toneladas). Un dato muy alarmante, teniendo en cuenta que hay gente que muere de hambre. Este enorme nivel de residuos tiene impacto económico, social y ambiental, ya que causa una pérdida económica de unos 940.000 millones de dólares al año y provoca inseguridad alimentaria y desnutrición.

Además, los alimentos que se desperdician consumen recursos valiosos, por ejemplo, aproximadamente una cuarta parte del agua utilizada para la agricultura. Y se estima que son responsables del ocho por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Iniciativas con un mismo objetivo: No al despilfarro de alimentos

Cristina Romero, una madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su misión para que se cambie la  Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración de alimentos en estos centros.

Por razones higiénicas y sanitarias, la ley señala que la comida sobrante en los comedores escolares no puede ser manipulada y se prohíbe a los centros escolares donar lo que sobra. Y esto es lo que se quiere modificar con las miles de firmas que apoyan el cambio.

Mientras el cambio legislativo en calidad de Seguridad Alimentaria sigue su curso, surgen cada vez más acciones y movilizaciones ciudadanas o de asociaciones con un objetivo común: evitar el despilfarro de alimentos.

Un ejemplo es el de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que a principios de marzo promovió, y el PSOE presentó, un proyecto no de Ley para incentivar a que supermercados, restaurantes y escuelas puedan donar la comida sobrante y que obtengan beneficios fiscales para motivar que más gente done y no se desperdicie comida que puede beneficiar a las más de 30.000 familias con niños que se encuentras en situación de pobreza en España.

Mientras tanto, Cristina Romero continúa visitando centros escolares, el último, una escuela de Barcelona donde prácticamente el 95% de los alumnos, unos 500, son usuarios del comedor escolar. El colegio dispone de cocina propia y una empresa gestora de comedores escolares se ocupa de que el servicio de comida del mediodía discurra de una manera amena y didáctica.

Los niños son los que deciden la cantidad que comen y Cristina comprobó que en las bandejas prácticamente no quedaba nada. La autogestión, supervisada por monitores, puede ser una buena alternativa.

“Ese día no sobró mucha comida: un litro de crema de puerros, algunos buñuelos de bacalao y verdura. El congelador destinado a conservar ese excedente también contenía, de esa misma semana, potaje de garbanzos, bacalao al horno…”, explica Cristina Romero.

“Pensad que la comida que reciben las familias más necesitadas procedentes de bancos de alimentos u organizaciones no gubernamentales es normalmente hidrato de carbono (arroz, legumbres…) y es de suma importancia aportar proteína (pollo, pescado…) para que lleguen a tener una dieta equilibrada“, añade.

La ONG Nutrición sin Fronteras es la que se ocupa de recoger semanalmente el excedente en esa escuela y la reparte entre las familias más desfavorecidas.

OCU y Cristina Romero han grabado un vídeo promocional que exige un cambio de Ley contra el desperdicio alimentario.

“Precisamente este problema es una cuestión social. Nos concierne a todos y cuantas más personas y organismos se involucren, más presión haremos y más adelantaremos en esta carrera que es la lucha contra el despilfarro de alimentos. Todos estamos en el mismo barco”, señala Cristina Romero.

El 19 de octubre de 2016, Cristina entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a los miles de personas que lo necesitan.

En el vídeo se explica todo lo expuesto y además, se puede comprobar, una vez más, cómo aprovechar el excedente alimentario en escuelas es cuestión de predisposición.

 

Alubias solidarias: compras una ración y donas otra

Alubias Solidarias es el proyecto de una serie de profesionales radicados en Málaga, que pretenden obtener fondos mediante la elaboración y venta de alubias secas y platos preparados para conseguir fondos y repartir raciones entre personas necesitadas.

El proyecto, que está a punto de echar a andar, lo han puesto en marcha profesionales de varios campos que viven en Málaga; entre ellos, un holandés, Joost; un belga, Sven; y tres españoles, José Antonio, Teresa y Marta. Y han elegido las alubias por su alto valor nutritivo, energético y aporte de vitaminas y minerales y porque además es un alimento idóneo para compartir y disfrutar en grupo. Otro motivo es su bajo precio y las múltiples posibilidades de preparación culinaria que ofrece.

Se pueden comparar las alubias con la sociedad en que vivimos. Existen alubias de muchas distintas razas y clases. Hay alubias buenísimas y otras no tan buenas. Puedes encontrar alubias blancas, pintas, negras, grandes, pequeñas, de origen español, alubias exóticas desde el extranjero, sin entrar en sus familiares como las lentejas, garbanzos o fríjoles”, señala Joost Van Vuren, que añade que Alubias Solidarias “existe para ayudar a cualquier persona que lo necesita. No discriminamos por religión, color, etnia, sexo, preferencia sexual, discapacidad o de ninguna otra manera. Apoyamos a que cada persona sea diferente y viva según su propio criterio”.

El objetivo de esta asociación es repartir la mayor cantidad de alubias diarias posibles entre las personas que lo necesitan. “Mediante la venta de alubias secas y platos preparados, recaudarán fondos para poder dar de comer a personas que están pasando hambre”, señalan.

En la primera fase del proyecto el objetivo es vender 200 raciones diarias para donar otras 200, hasta llegar a 100.000 raciones. “Con los ingresos obtenidos podemos seguir cocinando alubias y crear la infraestructura necesaria para el siguiente objetivo: escalar el proyecto para poder dar de comer a más personas”, explican.

Su zona de actuación, en principio, es Málaga, pero quieren ampliar la zona de acción hasta cubrir el territorio español por completo. Por cada ración de alubias vendida, donarán otra a un comedor social o un banco de alimentos.

“La finalidad de este proyecto es ser tan rentable que, aparte de financiarse a sí mismo, dé para donar la misma cantidad de comida a personas que lo necesitan”.

Los promotores de Alubias solidarias están buscando una plataforma para llevar a cabo la campaña de crowdfunding, necesaria para poner en macha toda la maquinaria. Necesitan 25.000 euros.

Mientras tanto, están llevando a cabo otras acciones para conseguir clientes y también piensan en una red de restaurantes que les puedan prestar las cocinas cuando no las utilicen.

Se puede contactar con ellos en Facebook y Twitter

 

 

Más adhesiones a la campaña para evitar el despilfarro de alimentos en los comedores escolares

Cristina Romero, una madre catalana que en enero de 2016 puso en marcha, en Change.org, una campaña para pedir al Ministerio de Sanidad medidas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, continúa con su lucha, obteniendo cada vez más adhesiones a su iniciativa.

Cada vez hay más escuelas, partidos políticos, asociaciones… interesadas y muy concienciadas contra el despilfarro en comedores escolares, afirma Cristina, que en el mes de noviembre se reunió con diputados del PSC en el Parlament de Cataluña, que tres meses antes habían presentado la propuesta de Ley sobre el Aprovechamiento del Excedente Alimenticio y que sigue adelante ya que ningún partido se opuso.

El próximo mes de enero, Cristina asistirá como compareciente para explicar el motivo de la campaña y para dar mi opinión sobre las posibles soluciones. Soluciones como la que ha puesto en marcha la compañía americana Kentucky Fried Chicken a través de su proyecto Harvest. Este proyecto existente hace años en EE UU permite aprovechar sus productos y repartirlos entre los más necesitados.

Esta empresa junto con la Fundación Altius ayudan a que 60 familias reciban diariamente menús compuestos por primero, segundo, postre y pan (menús confeccionados por amas de casa, en su mayoría, voluntarias, y que recuerdan muchísimo a las comidas de abuelas y madres).

Este mismo mes de diciembre, la promotora de esta iniciativa ha viajado a Madrid para visitar las instalaciones de KFC en San Sebastián de los Reyes y la sede de Fundación Altius. También se ha reunido con representantes de Fundación Banco de Alimentos de Madrid y Barcelona, que ven totalmente viable el aprovechamiento procedente de la comida de los restaurantes KFC ya que la proteína es unos de los pilares básicos de la alimentación.

La política del Ministerio de Sanidad favorece que cada se tiren a la basura toneladas de alimentos, mientras que hay familias que no pueden llevarse nada a la boca.

La Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen la normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas y la manipulación de alimentos señalan que “por razones higiénicas y sanitarias la comida sobrante no puede ser manipulada“.

El pasado 19 de octubre Cristina entregó en el Congreso de los Diputados, junto con la gran chef Ada Perellada y un experto en seguridad alimentaria, las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a miles de personas que lo necesitan.

Slow Food pone en marcha una campaña para proteger los alimentos y las razas animales locales

2.608 huertos en África en los que se han implicado más de  50.000 personas.
513 Baluartes y 57 Mercados de la Tierra para apoyar el trabajo de otros 20.000 productores en 84 países. Más de 3.000 cocineros y cocineras que trabajan al lado de los pequeños productores. 6.000 recomendaciones del Arca del Gusto sobre productos en riesgo.

Todas estas cifras son el fruto del trabajo de la red de Slow Food, formada por más de un millón de personas de 160 países de todo el mundo.

Para seguir protegiendo un patrimonio inmenso de variedades vegetales, razas animales, productos y conocimientos que están desapareciendo, para apoyar a los pequeños productores y para poder proteger los recursos de este planeta contra la contaminación, contra la desforestación, contra los daños de la agricultura industrial, la organización ha puesto en marcha la campaña Ama la Tierra. Defiende el futuro.

El propósito es la recaudación de fondos para sostener una agricultura mejor, en condiciones de garantizar a todos una alimentación buena, limpia y justa y para que esta que esta actividad pueda continuar libre e independiente. Pero también pretende  incrementar la conciencia pública sobre la grave pérdida de biodiversidad que amenaza la seguridad alimentaria y contribuye al cambio climático.

La red aborda una amplia gama de problemas y propone soluciones eficaces desde los propios territorios y de la tutela de variedades de plantas, razas animales y culturas culinarias locales que a lo largo del tiempo han permitido mantener los recursos locales sin deteriorarlos.

“Son muchísimos los defensores de un futuro más rico, diferente y sano”, señala la organización.”Un futuro que solo se puede garantizar preservando la biodiversidad y defendiéndonos de los efectos de una agricultura cargante, que contamina el suelo y el agua y que apuesta por la homologación sin conseguir alimentar al mundo; de una economía que tiende hacia el crecimiento infinito sin tener en cuenta los límites de un planeta finito; de un crecimiento como un fin en sí mismo, que destruye la naturaleza y el tejido social y mantiene a la humanidad constantemente insatisfecha e infeliz”.

Slow Food es  una organización sin ánimo de lucro sostenida por sus socios, fundada en 1989 para contrarrestar el auge de la comida rápida (fast food) y la vida rápida (fast life), impedir la desaparición de las tradiciones gastronómicas y los productos locales y combatir la pérdida de interés de la sociedad por los alimentos, su origen, su sabor y las consecuencias que cada una de nuestras decisiones alimentarias ejerce en el mundo.

Este fin de semana se realizará la gran recogida de alimentos para los desfavorecidos

Este fin de semana, 25, 26 y 27 de noviembre, unos 110.000 de voluntarios tomarán los supermercados, tiendas de alimentación, grandes superficies, colegios, instituciones públicas y privadas, facultades universitarias, centros deportivos o empresas para animar a los ciudadanos a donar parte de su compra, en la IV Gran Recogida de Alimentos para los más necesitados, que se realizará en casi todas las ciudades españolas, organizada por la Federación de Bancos de Alimentos de España.

El objetivo de la campaña, que este año se realiza bajo el lema Pequeños gestos que dan vida, es conseguir recaudar en cada ciudad alimentos básicos para hacerlos llegar a las personas más necesitadas.

El año pasado, los 55 bancos de alimentos  que hay en España recogieron en la III Gran Recogida de Alimentos 22 millones de kilos de comida, un 5% más de lo recaudado en 2014.

Con ese volumen de alimentos lograron almacenar en un fin de semana el 18% de los productos que la organización recibió en todo ese año con los que se atendieron a unas 8.500 instituciones benéficas, que distribuyeron los alimentos entre cerca de 1.600.000 personas desfavorecidas.

El aumento de la pobreza es una de las graves consecuencias que está dejando la crisis. Casi tres de cada diez españoles, el 28,6% de los ciudadanos, se encuentra en riesgo de exclusión social, sin apenas recursos con los que pagar las necesidades básicas, según la encuesta de condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística (INE).

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Otra aplicación para luchar contra el despilfarro alimentario

Too Good To Go es una aplicación creada en Dinamarca hace un año por Lucie Basch para luchar contra el despilfarro alimentario, que se ha extendido con éxito por varios países de Europa.

Permite adquirir la comida sobrante de los restaurantes, cafés y panaderías al final del día, a precios muy competitivos. Con ello los establecimientos pueden reducir las pérdidas y desperdicio de alimentos, y los consumidores, disfrutar de buenas comidas a precios económicos.

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Su objetivo es evitar que los comerciantes se deshagan de las mercancías no vendidas y permitir a los usuarios beneficiarse de precios reducidos. Para los establecimientos comerciales adheridos (panaderías, pastelerías o establecimientos de restauración, catering y bares) todo es gratuito; solo tienen que registrarse en la aplicación y, desde ese momento, estimar a diario la cantidad de productos que pueden ofrecer a la venta al final de la tarde.

Para el usuario, una vez que descarga la aplicación y crea una cuenta, está geolocalizado; puede ver el número de porciones ofrecidas por los comerciantes adheridos en su zona, hacer un pedido y pagar on line un precio de 2,5 a 4,5 euros. Después, podrá recoger su pedido a la hora indicada por el comerciante.

Too Good To Go es una empresa social fundada en Dinamarca a finales del año 2015 y tiene ya una fuerte presencia en nueve países, entre ellos,  Alemania, Suiza, Noruega, Dinamarca, Reino Unido y Francia, donde se ha extendido a Lille, París y ahora a Lyon. Recientemente, la aplicación ha ganado el segundo premio del concurso Food waste challenge, organizado por Carrefour.

89 millones de toneladas de comida en buen estado se despilfarran cada año en la Unión Europea, lo que supone una media de 179 kg por persona, es decir, medio kilo de comida diario.

Fuente: Economía Circular

Llegan al Congreso 244.000 firmas contra el despilfarro de comida en los comedores escolares

Nueve meses después de que Cristina Romero pusiera en marcha en Change.org una campaña contra el despilfarro de comida en los comedores escolares, ha llegado para ella el gran día.

Hoy, 19 de octubre, llega al Congreso de los Diputados, junto con una gran chef, Ada Perellada, y un experto en seguridad alimentaria, para entregar las más de 244.000 firmas que ha conseguido para hacer posible que el excedente de comida procedente de comedores escolares sean aprovechados, ayudando así a miles de personas que tanto lo necesitan.

Con las firmas conseguidas, pretende que se cambie la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición y los reales decretos que establecen  las normas de higiene para la elaboración, que prohíben que la comida sobrante sea manipulada.

Junto con las firmas, también entregará un centenar de #CroquetasIlegales, el plato estrella del reciclaje doméstico, que demuestra que aprovechar el excedente de comida no es tan difícil.

Cristina señala que “ha sido un largo y enriquecedor camino que sin duda nos va a llevar a un buen destino”.

También ha editado un vídeo de presentación para la entrega de firmas y que a su vez es explicativo y demostrativo de que el  aprovechamiento de alimentos es cuestión de predisposición y organización.

En la grabación ha colaborado la empresa F. Roca  y la idea de las #CroquetasIlegales  es de Borja y Pablo, dos estudiantes de publicidad de la escuela The Atomic.

Campaña de firmas para pedir al Gobierno una ley contra el desperdicio de comida

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) tiene en marcha una campaña de firmas, #stopdesperdicios,  para exigir al gobierno una ley que vite el despilfarro de comida.

Un tercio de los alimentos acaban en la basura…  y sin embargo, hay quien no puede llenar su plato. Por eso, la OCU considera que es intolerable y cree que hay que tomar medidas para evitar que se tire tanta comida a la basura.

En su campaña, esta organización de consumidores pide que se establezcan medidas para que todos los agentes implicados en la producción, generación, distribución y comercialización de alimentos puedan donar la comida que desechan a bancos de alimentos, alimentación animal o abonos, en este orden.

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También, reclama que se prohíba cualquier práctica que implique estropear los alimentos haciéndolos inservibles para su consumo, que se incentiven las donaciones mejorando los beneficios fiscales. Que se establezcan las fechas de consumo preferente y caducidad siguiendo criterios de calidad y seguridad alimentaria y no intereses económicos; y que se fomente la reutilización y el reciclado de los productos alimentarios sobrantes no aptos para consumo humano, para su transformación en otros productos, alimentación animal, compostaje o producción de biogás.

En España se tira mucha comida, señala OCU, para quien nuestro país es uno de los que lideran este nefasto ránking, ocupa el 7º lugar en Europa. Cada semana, van a la basura 1,3 kg de alimentos por hogar y es en los hogares (42%) y en la industria alimentaria (39%) donde se generan más desperdicios. El resto provienen de restaurantes (14%), comercios y distribución (5%).

Países de nuestro entorno como Francia ya han tomado medidas al respecto  y ha prohibido por ley el despericio de comida sobrante en los supermercados. La propuesta que hace OCU también pide adoptar idénticas medidas en España.

A diario conocemos otras iniciativas que también van en esa línea, como los precios especiales en supermercados para los productos que están a punto de caducar…, alternativas para evitar que acabe la comida en el cubo. 

Campaña de firmas: pincha aquí

Alimentos de proximidad, más sanos, más económicos y más respetuosos con el medio ambiente

Los alimentos de proximidad son más frescos, ya que suelen recogerse en temporada y en su momento de maduración puesto que no tienen que hacer grandes viajes para llegar a tu mesa.

Sin embargo, los alimentos que provienen de otros países se recolectan antes de la maduración para que puedan resistir el viaje en contenedores frigoríficos; por ello, no tienen las mismas propiedades alimenticias ni organolépticas (olor y sabor).

Sloyu, un blog que promueve el movimiento Slow, explica por qué es más saludable y barato apostar por los productos locales.

Los alimentos de proximidad suelen ir del campo al mercado, incluso puedes comprarlos directamente al productor. El agricultor recibe un precio justo por sus productos y tu puedes comprar mejor calidad a precios competitivos, ya que no hay intermediarios que especulan con el valor de los alimentos.

Cada vez que compramos producto local hacemos un gesto para reducir las emisiones de CO2.

Vídeo de la Agenda 21 Escolar Europea

La demanda de productos exóticos o fuera de temporada hace que las grandes corporaciones adquieran más y más territorio para cultivar alimentos de moda o capricho. La deforestación o la expulsión de pequeños agricultores de sus tierras es una práctica común para sacarle rendimiento a su inversión… cada palmo cuenta para su cuenta de resultados. En este sentido, los alimentos de proximidad son también alimentos más limpios.

La compra local  aporta algunas ventajas más; por ejemplo, recuperar sabores de variedades locales que se cultivan en tu comarca y que, dado el poco volumen de producción, su menor tamaño o su aspecto menos atractivo, no puedes encontrar en el supermercado.