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La televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada. Alain Touraine

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María Jiménez en DINASTÍA

Aclaro, antes de nada, que no soy nada fan de Flo, ni de sus chous ni de sus cosas… pero este vídeo que acabo de encontrarme en YouTube con María Jiménez en Dinastía vale un potosí. Es antiguo, de antes de La Sexta, pero vale la pena.

María Jiménez y Alexis Colby cara a cara. Una fantasía hecha realidad.

(Ya estamos en Barcelona mi jetlag y yo. Mañana vuelvo y os cuento más de tele. Besos)

Fabulosa ‘Sexy Money’

Creo que acabo de descubrir mi nueva serie favorita. Después del vacío que me dejó el final de Los Soprano -y de todo lo que me enseñó sobre management y relaciones humanas-, la llegada de Sexy Money a mi vida vuelve a marcar un antes y un después en mi relación con la realidad. Lo que quiere decir: ¡a la mierda la realidad; dame una temporada completa de Sexy Money en vena!

Show me the (dirty/sexy) money!

¿Por qué? Porque la serie tiene todo lo que me interesa en la vida: tiene ricos muy ricos, sacerdotes promiscuos, divorciadas reincidentes, politoxicómanos descerebrados, aspirantes a actriz sin talento pero con un gran guardarropa, políticos conservadores de doble vida, asesinatos misteriosos y hasta un abogado honesto. Y todo eso en Nueva York. Para qué más. Y con un espectacular plantel de actores:

Dirty Sexy Money (sin el Dirty para España) es una de esas series que recuperan las buenas costumbres de algunos clásicos del género, como Falcon Crest o Dinastía, y donde los protagonistas beben constantemente licores fuertes en espléndidas cristalerías, conspiran, se aborrecen, organizan muertes que parecen accidentes y guardan secretos en baules Louis Vuitton. Fascinante. Y todo ello con un punto loco de humor que parece sacado de ese espléndido delirio que fue Arrested Development.

Lo dicho: tengo nueva serie preferida. Que me compensa de la decepción de Californication, que también he visto este fin de semana… y no. Pero de eso ya os hablaré otro día.

Grandes Personajes TV [I]:
Alexis Carrington Colby

Centro Comercial del China World Trade Center de Pekín, donde las marcas de lujo han decidido tomarse la revancha frente a la enorme oferta de falsificaciones a bajo precio que pueden encontrarse en cualquier tienda de la ciudad. Y las boutiques de Dior, Hermes, Marc Jacobs, Louis Vuitton, … venden sus deseables mercancías a – aproximadamente – el triple de lo que cuestan en sus templos europeos.

Por eso, en Pekín todo el mundo lleva bolsos de plástico. Porque es imposible encontrar un bolso de piel a un precio razonable. Porque las falsificaciones copan el mercado y los públicos – a imagen y semejanza de la estructura social – se polarizan a lo bestia: fakes en plástico para las masas [a cuatro precios diferentes: caro para extranjeros. Barato para extranjeros. Caro para residentes. Barato para residentes] y piezas auténticas para un reducido porcentaje de chinos cada vez más millonarios* que están dispuestos a pagar lo que cuesta lo genuino. Mentiras en plástico, verdades en piel animal. Aunque otro día, si queréis, discutimos qué hay de verdad en un bolso de lujo y qué hay de construcción cultural – de esa mentira llamada ‘imagen de marca’. Pero eso, otro día…

Centro Comercial del World Trade Center de Pekín. Y allí estaba ella. ELLA. La mujer de la fotografía:

Overdressed y ultra-ceñida en un centro comercial un domingo por la tarde. Overdressed to kill y un tanto fuera de lugar. Pero divina. Con ese look tan Alexis-renace-en-Pekín.

Alexis Carrington Colby

Lo mejor de Alexis en ‘Dinastía’ es que ella era una perra, sí, pero una perra sofisticada y divertida. Una perra frente a los buenos, que nunca me lo parecieron tanto – nadie que sea TAN rico como el señor Carrington puede ser TAN bueno, creo yo – y que, además, rechazaron al pobre Steven por gay. Pero mamá Alexis no. Mamá Alexis acogió al bueno de Steven. Será por eso que la seguimos queriendo tanto.

Y porque sabía elegir a los masajistas más macizos. Lucir las pieles como nadie. Fumar como una estrella de los años 40. O ajustarse unos turbantes imposibles.

Y porque fue la primera ‘corporate bitch’.

Por eso, y por las palizas que le metía a la boba de Kristel, de quien después supimos que se negó a besar a Rock Hudson durante el rodaje de un capítulo, porque tenía miedo a contagiarse del sida…

¡MÁTALA, ALEXIS, MÁTALA!

[* OJO, que ‘un reducido porcentaje de chinos cada vez más millonarios’ son un montón de gente… ]