Más allá de la fiebre por el souvenir de la serie del momento, la televisión norteamericana ha dado con un nuevo filón que me preocupa. Más que nada porque yo soy muy de preocuparme por tonterías y así no angustiarme por lo importante.
Tras el boom de Sexo en NY, Ugly Betty (que incluso montó su propia tienda online en la web de la ABC -confieso que yo tengo en mi armario el poncho con el que ella aparece en la redacción de la revista en su primer día de trabajo) o Gossip Girl, ahora le ha llegado el turno a Mad Men, que ya tiene su propia línea de trajes de caballero a la venta en Brooks Brothers.
¿Que qué me procupa de este fenómeno? Pues que acabe resultando TAN rentable que los productores de series de televisión solo quieran poner en marcha aquellas donde los personajes vistan para el deseo del consumidor. Que no volvamos a ver series con pobres, señoras inglesas de clase media, futbolistas de Hospitalet o extraterrestres.
Más aun cuando la tele interactiva sea una realidad y podamos comprar la ropa de los personajes de las series con el mando a distancia.


Título pedantón para un post que no lo será menos, pero que no puedo resistirme a escribir tras llevar vistos unos cuantos episodios de
DE REPENTE, LOS GÓMEZ no convence, ni me deja con ganas de más. No del todo. Porque creo que volveré a verla solo por disfrutar del fabuloso trabajo de la actriz Alicia Borrachero como madre del clan. Me chifla la composición de su personaje, sus tics, sus coletillas, sus gestos, su vestuario y su mirada. Creo que es lo único realmente valioso de una serie que no destaca por nada más, que no le sabe sacar provecho a ninguno de sus elementos de partida y que se queda a medias del barrio, de la urbanización, del colegio y de la trama policial. En todo, menos en el enorme talento de su actriz protagonista, una Borrachero que se come a los GÓMEZ con patatas y los deja temblando.

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