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La televisión ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre el individuo y lo global no hay nada. Alain Touraine

Archivo de Septiembre, 2009

‘El aprendiz’ en La Sexta

Me aburren los triunfadores.

Me asustan los tiburones.

Me repele el teatro televisado.

Me asquean los comerciales.

Me repugnan los clichés.

Me espantan los trajes malos, las corbatas baratas y los zapatos de saldo.

Una vez aclarado todo eso, comprenderéis el suplicio que supuso anoche para mí tener que ver entero el estreno de EL APRENDIZ, el nuevo ‘reality’ en diferido -e incluso en traducción simultánea, me atrevería a decir- de La Sexta.

Tal vez, si en vez de haber recurrido a esa especie de pope bonachón que es el publicista Bassat, hubieran elegido para el papel a alguien que se dejara odiar más fácilmente (Mario Conde, por ejemplo), el programa aun tendría algún aliciente para mí. Pero ni eso.

Claro, que seguro que esta jauría de tiburones tiene su público -casi un millón anoche-, pero yo no encajo. No soy target, que dirían esos muchachos y muchachas tan encantadores.

El rostro de los culpables

La televisión mañanera lleva meses viviendo a costa de muertos, desaparecidos, víctimas y verdugos. Tal vez sean años. Los magazines matutinos, los informativos y algunos programas especializados en carroña se tiran de los pelos por hacerse en exclusiva o en orden preferencial por unas lágrimas, un grito de rabia vecinal o amagos de linchamientos a las puertas de las comisarías y juzgados. Las puertas de los juzgados se han convertido en nuevos platós improvisados, en espacios libres para proferir amenazas de muerte que reciben su dosis de micrófono.

A mí, esa televisión me asquea.

Pero lo que más repugnancia me provoca últimamente es la nueva tendencia que lleva a mostrar junto a cada nuevo caso de asesinato, la imagen en primer plano del presunto asesino. La complicidad televisiva con el linchamiento, la clara apuesta del medio por señalar y negar cualquier posibilidad de reinserción. La televisión escarba en redes sociales, en álbumes familiares, donde sea, para poner cara al presunto culpable, para hacer más fácil la labor de caza.

EL INTERMEDIO

Ayer volvieron a televisión dos de mis programas preferidos: EL INTERMEDIO y BUENAFUENTE. Un par de ejemplos de la clase de televisión que disfruto, me hace reír, me sorprende y me provoca admiración y nada de vergüenza ajena.

De BUENAFUENTE hablaré otro día. De EL INTERMEDIO, hoy. De cómo gracias a una prodigiosa conjunción de estupendos guionistas, presentadores que bordan sus personajes y un ritmo fabuloso se puede conseguir un programa desternillante y contundente, un espacio crítico -y autocrítico- que me entusiasma tanto por lo que me divierte a mí como por lo que sé que pone de los nervios a los sectores más fachas y reaccionarios.

De eso, y de la gran diferencia entre la enorme calidad de sus guiones frente a la pésima factura de los de su competidor, G-20 en TELECINCO, que ayer casi les dobló la audiencia. Un dato, por otro lado, nada sorprendente: Dan Brown vende mucho más que Julian Barnes. Ken Follet arrasa y a Agota Kristoff apenas la conoce nadie. Millenium se ha vendido y leido mucho más que El cuarteto de Alejandría.

La mala literatura arrasa. También en los guiones televisivos. Lo malo es que nadie se atreve a acusarme de no tener ni puta idea de literatura cuando prefiero leer a Katherine Mansfield antes que a Rosamund Pilcher solo porque la segunda venda muchos más libros que la otra, y sin embargo estoy seguro de que lo harán cuando asegure que EL INTERMEDIO es mejor televisión que G-20, por ejemplo. Ya verás, ya verás…

Otro plan fallido del G-20

Para los que no lo sepáis, Risto Mejide ha montado esta semana un numerito trampa en su patético programa para intentar remontar el share -un 10,5 ayer, un 11,3 el martes…- y arañar audiencia contra el imbatible fútbol.

El truco de Risto ha sido malo, viejo y un fracaso.

Podéis ver el resumen de la jugada en este enlace.

Pues bien, son las 10 de la mañana. Y el vídeo supuestamente censurado por Telecinco en G-20 sobre Ana Rosa Quintana tiene apenas 15.000 reproducciones.

El vídeo es otra estupidez, y la estrategia del G20, una vez más, un fracaso. Espero que gracias a este post, remonten un poco la audiencia, al menos en YouTube. De nada, Risto. No es cariño, es pena.

Televisión y revolución

Leo en una entrevista estupenda que le ha hecho mi amiga Lidia Penelo a Tim Robbins para Público:

“La primera revolución sería cambiar la televisión, no duden de que es el mejor medio para dominarnos. La televisión tiene una gran potencialidad para contar mentiras, para humillar. Lo tiene muy fácil para ensuciar el espíritu.”

Y sintiéndolo mucho, tengo que discrepar con Tim, de quien soy ferviente admirador. En mi modesta opinión, esa revolución a la que Robbins se refiere empezará el día en que la televisión deje de ser EL medio de comunicación de masas, una ventanilla única a la pretendida realidad y un instrumento de poder. Cuando alguien como Robbins deje de recurrir a la televisión como herramienta salvadora.

Entonces, Tim Robbins, querido, podrá ponerse en marcha esa revolución a la que te refieres.

¡POR FIN! Me gusta Gran Hermano

Con permiso de mi admirado y nunca suficientemente valorado Gus -un abrazo enorme, compañero- hoy voy a hablar de Gran Hermano 11. Y voy a hablar bien.

Con vuestra venia, antes de hacerlo voy a reconocer que había intentado engancharme al programa en todas sus anteriores ediciones, sin ningún éxito, más bien con tremendo cabreo: he visto todas las galas inaugurales del concurso y en todas me asaltaba la misma airada pregunta: “Si me he pasado toda mi vida tratando de mantenerme alejado de gentuza, ¿por qué coño voy a permitir que se me metan estos en casa a través del televisor?”

Pero esta edición, de momento, me parece diferente. No porque los concursantes me interesen, sino porque la dinámica del juego me parece fantástica, porque esa idea de meter un Gran Hermano dentro de Gran Hermano, promover la simulación, ejecutar unos interesantes juegos de espejos y hacernos ver el programa desde el filtro de otros que ven el programa sin filtros, me gusta una barbaridad, me parece un tour de force admirable que puede dar mucho de sí sin necesidad de generar conflictos artificiales.

Aunque le veo dos peros: uno, que con esta nueva dinámica, el personaje de Mercedes Milá pueda dejar de ser lo mejor del concurso y convertirse más en un lastre que en un catalizador como lo ha sido en anteriores ediciones, tan latosas que lo más interesante era ella. Y dos, que los guionistas no confíen en la potencia de su nueva fórmula y vuelvan a recurrir a las argucias marrulleras de otros años.

A mí, de momento, me entusiasma lo que llevo visto. A ver cuánto me dura.

Intrusos

Me acuerdo -o ‘macuerdo’ que decía Isabel Preysler en aquel anuncio en el cual ponía hasta arriba de chocolate a los invitados a las recepciones del embajador de nosédónde- de aquellos tiempos en que los periodistas, especialmente del corazón, se vieron amenazados por la proliferación de la nueva figura del famoso metido a tertuliano o comentarista.

Qué nostalgia de aquellos viejos tiempos, cuando bastaba con haber pasado por un reality, haberse zumbado a una celebridad o ser familia política de algún personaje de actualidad para pasar a estar en nómina de gallineros líderes de audiencia.

Me acuerdo.

También me viene a la memoria la decandencia de aquello, las voces autorizadas que anunciaron “la muerte del corazón” y el alborozo que provocó entre los periodistas -e incluso en María Eugenia Yagüe– saber que volvían a recuperar su trono, aunque devaluado y con una pata coja.

Pues bien, todo eso es pasado, historia (cutre y minúscula, cierto), y el corazón televisivo ha descubierto un nuevo filón, un nuevo intrusismo profesional a la inversa que ha convertido a los periodistas en personajes del chismorreo. A Mila Ximénez y a Lydia Lozano en entrevistadas estelares en SÁLVAME DE LUXE, con tan buenos resultados que la competencia -Antena 3- ha decidido contraatacar

¿Cómo? Con Jesús Mariñas. Que tras sumergirse tímidamente en el asunto al confesar su bisexualidad en VAYA PAR ahora ha decidido airear sus coitos con Rafael Amargo o Ricardito Bofill. Como suena. Y esto es solo el principio. A ver qué nos espera…

‘Reforma sorpresa’, en CUATRO

Anoche me perdí el preestreno del nuevo programa de Nuria Roca en CUATRO. Y es que yo soy más de estrenos oficiales a su hora diaria, de ortodoxias y hábitos cotidianos. De ahí, que la emisión de hoy por la tarde no me la haya querido perder, incluso a riesgo de tragarme la mitad del primer episodio de una nueva serie de la cadena que intentaré volver a ver mañana para cerciorarme de si son ellos o soy yo, y que han estrenado justo antes del semiestreno del programa de decoración emocional donde la Roca echa el rato.

REFORMA SORPRESA es una especie de ‘Queer eye for the straight guy’ -lo que en España fracasó bajo el nombre de EL EQUIPO G- pero con menos pluma, más brillos y rollo emocional. Por lo menos, el que he visto yo hoy, donde a un muchacho abatido tras la reciente muerte de los padres deciden sacarle de su tristeza con una redecoración de la casa paterna donde él aun vive, quitarle sus recuerdos de enmedio para reubicar su nueva etapa en un decorado más propio de una serie española de medio pelo con pretensiones que de una persona con un mínimo de sentido común. Y todo con buenísima intención y malos materiales.

Sin embargo, no es esto lo más interesante del programa. Ni siquiera Nuria Roca ha sido lo más destacable. No. Lo mejor del estreno de hoy ha sido vivir en primer plano la lucha de clases -en todos los sentidos- entre una decoradora vestida de Custo, un jefe de obras macizo y una cuadrilla que, gracias a la magia de las cámaras, se ha contenido para no taladrar a esta señora con una broca de la Black&Decker. El mal rollo entre los trabajadores y la ideóloga del engendro decorativo, la muestra definitiva de cuánta tontería se esconde bajo la apariencia de una interiorista y la certeza de que NUNCA, NUNCA, NUNCA haremos la revolución, ni sirve de nada gritar ¡ARMAS P’AL PUEBLO!

De verdad os lo digo: si este grupo de operarios que he visto hoy en la tele, bien provistos de objetos contundentes y punzantes, no ha sido capaz de cargarse a la decoradora tirana, eso significa que estamos todos domesticados. Que pueden hacer de nosotros lo que quieran. Hemos perdido la batalla. Somos esclavos. Qué desolación (¡No, Nuria Roca, no hace falta que vengas a redecorarme mi pisito de 50m2 para que se me pase la depresión, gracias cielo corazón cariño!)

Esperando a Risto Mejide

Ya lo hemos visto de promo con AR

Y en SÁLVAME compartiendo planazo con BE

Esta noche hablamos.

‘G-20’, en Telecinco

Pero, ¿qué mierda es esta? Pero, ¿quién le ha vendido a Risto esos guiones rancios, esa ristra interminable de símiles pretendidamente graciosos, de referencias caducas, dianas fáciles y montajes de baratillo?

¿Dónde está el Risto supuestamente inteligente e irónico? ¿Qué invento es este? ¿Qué clase de mala televisión improvisada y básica?

Si esto es Risto en estado puro, ¡qué bien lo hizo el cabrón en OT, que nos engañó a todos!

(Enhorabuena a los guionistas de EL INTERMEDIO, que ahora mismo deben de estar brindando con champán del bueno. Se lo merecen).

Para concluir (no creo que este G-20 merezca ni un minuto más de mi tiempo) creo que el gran problema es que LA FÁBRICA DE LA TELE (la productora de esto) también se creyó al personaje. Y no. No funciona.

PD: Si esto dura unas semanas y la cosa mejora, avisadme. Si no, no le pienso dar ni una oportunidad más.