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Dos años del terremoto de Nepal: reconstrucción y resiliencia

Nuestro objetivo es apoyar a las comunidades para que Nepal sea resistente y resiliente”

 Por Shreeram KC, Gerente de Comunicación de Plan International en Nepal

Hace exactamente dos años, un terremoto de magnitud 7,8 golpeó Nepal a las 11.56 de la mañana. A consecuencia del desastre casi 9.000 personas perdieron la vida, más de 22.000 resultaron heridas. Además de destruir miles de casas, 8.000 escuelas se redujeron a escombros, interrumpiendo la educación de más de un millón de niños y niñas.

Dos años después, sólo 1.500 de estas escuelas han sido reconstruidas, lo que significa que muchos niños y niñas están aprendiendo en escuelas temporales o todavía no tienen escuela a la que acudir. Aunque la reconstrucción ha comenzado todavía queda mucho por hacer.

 

Niñas en una escuela temporal.©Plan International

Como organización que defiende los derechos de la infancia, responder a las necesidades de los niños y niñas fue nuestra máxima prioridad en el momento del terremoto. Comenzamos nuestra respuesta proporcionando alivio inmediato a los niños, familias y comunidades en las partes más remotas de Nepal. No fue una tarea fácil. Los caminos a estas comunidades no eran buenos incluso antes del desastre, y para acceder a algunas áreas afectadas había que andar dos o tres días en el mejor de los casos, por lo que no pudimos llegar hasta cuatro o cinco días después del terremoto.

Cuando llegamos, todos estaban llorando, preocupados e inquietos. Necesitaban desesperadamente alimentos, agua y refugio, y se encontraban en estado de confusión y pánico porque, en las semanas y meses después del terremoto inicial, nos enfrentábamos a varias réplicas cada día. Algunas de las réplicas fueron de 5,2 en la escala de Richter, por lo que cada día parecía revivirse la catástrofe y la gente no dejaba de preguntarse si el mundo nunca iba a dejar de desmoronarse.

En los meses que siguieron, y hasta nuestros días, nuestra respuesta se ha centrado en ayudar a las personas a reconstruir sus vidas y sus medios de subsistencia, y en restaurar un sentido de normalidad en la vida de las niñas y niños. No debemos permitir que los desastres naturales los dejen en situación de vulnerabilidad, deben tener las mismas oportunidades que todos los niños y niñas para alcanzar su potencial.

Aunque las escuelas están funcionando, carecen de instalaciones suficientes. Del mismo modo, la reconstrucción de viviendas se está retrasando. El gobierno está ofreciendo ayudas, pero el ritmo es lento y muchas áreas de Nepal no parecen diferentes de cómo se veían justo después del terremoto.

Sin embargo, siempre hay esperanza y, en los últimos dos años, nuestro trabajo ha llevado a que se construyan 12 escuelas nuevas –y otras 10 más están en construcción- en las zonas más afectadas por el desastre. Son escuelas que están preparadas para niñas y niños con discapacidad y se están diseñado para soportar futuros desastres. Han sido muy bien recibidas por las comunidades que se están beneficiando de ellas -en total más de 5.000 niños y niñas- así que, de la devastación y la destrucción, ha sido posible crear algo positivo que estará ahí para las próximas generaciones.

Construir colegios no es solo proporcionar estructuras permanentes para la educación, es construir una cultura de seguridad y preparación ante desastres y asegurar que la comunidad se hace cargo de estas escuelas. No podemos prevenir los desastres naturales, pero podemos intentar mitigar los riesgos. Nuestro objetivo es apoyar a las comunidades para que Nepal sea resistente y resiliente.

Siendo Nepal uno de los países con más probabilidades a sufrir desastres, una preparación como ésta es una necesidad. Los riesgos asociados con los terremotos deben ser identificados por adelantado para poder diseñar planes y poner fin a los riesgos. Las comunidades también deben ser conscientes de lo que pueden hacer para prepararse y salvar vidas. Esto solo será posible si los gobiernos y las agencias de desarrollo invierten y continúan trabajando juntos.

Además de los 14 distritos afectados por el terremoto, el gobierno necesita evaluar el estado de las escuelas que permanecen en pie y debe tomar medidas para confirmar que sean seguras.

Desde Plan International hemos trabajado para influir en las políticas y los cambios legislativos, apoyando el desarrollo de una política de colegios seguros que ahora está siendo revisada por el Ministerio de Educación.

El gobierno y otras agencias también deben trabajar para crear un plan de evacuación para asegurarse de que los estudiantes saben qué hacer si vuele a ocurrir un desastre. Esto es lo que nos traerá esperanza en tiempos difíciles y nos hará sentir más fuertes. Si un día como el 25 de abril de 2015 sucede de nuevo, estaremos preparados porque habremos trabajado para crear una nación verdaderamente resistente y resiliente.

 

Volver a empezar tras un terremoto

Por Leticia Diego, delegada de Cruz Roja Española en Ecuador.

Barón Zambrano vive en Coaque, Pedernales una comunidad afectada por el terremoto que azotó a Ecuador el 16 de abril.

Padre soltero con dos hijos, vivía en su terreno junto a su hermana y familia antes del fatídico 16 de abril.

Barón trabaja en una empacadora de camarones y es el único miembro de la familia con trabajo fijo. Los gastos de su familia y de la de su hermana recaen sobre sus hombros.

El día del terremoto Quedamos en la calle, con lo que teníamos puesto. Las paredes colapsaron, deteriorando todo lo que estaba adentro. Pudimos rescatar pocas cosas como platos y cucharas, el resto se echó a perder, comentó Barón, con sus ojos llenos de lágrimas al recordar el día del desastre.

Durante el terremoto, Barón y su pequeña hija estaban dentro de casa. La tierra tembló tan fuerte que no pudieron salir y quedaron atrapados durante varias horas bajo los escombros. Esperaron ayuda, con la esperanza de sobrevivir.

Tras el duro golpe decidieron empezar de cero. Limpiaron los escombros e improvisaron un nuevo hogar construido con carpas y caña guadua. Barón confiesa que entre sus planes estaba vivir este lugar por mucho tiempo, puesto que asumía que no podría recuperarse de un desastre de esa magnitud y no podía reconstruir una vivienda fácilmente.

Cruz Roja Española interviene junto a Cruz Roja Ecuatoriana y la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en la mejora de las condiciones de habitabilidad de la población afectada por el terremoto del 16 de abril. Barón Zambrano y su familia fueron los primeros beneficiarios del proyecto.

Me había resignado a esperar, quién sabe cuántos años para volver a levantar mi casa, pero gracias a Cruz Roja Ecuatoriana hoy puedo dormir tranquilo al saber que en poco tiempo mi familia tendrá un lugar digno para vivir” asegura Barón con entusiasmo.

Me convertí en la primera mujer albañil de mi comunidad para ayudar en la reconstrucción

“He ganado confianza en mí misma, porque ahora sé que puedo hacer todo lo que me proponga siendo mujer. Aunque sigo encontrando barreras, la formación en albañilería me hizo sentir valiosa. Entendí que las mujeres son capaces de hacer lo mismo que los hombres”, cuenta Shrijana, una joven de 21 años que vive en el distrito de Dolakha, el epicentro del segundo terremoto que en mayo de 2015 sacudió Nepal.

Shrijana perdió de pequeña a su madre, pérdida a la que el año pasado se le sumó la de su hermano pequeño, por lo que tuvo que asumir pronto el papel de madre y encargarse de la economía familiar. Dejó la escuela pronto y a los 18 años se fue a vivir con su tío a Katmandú, donde consiguió un trabajo en una tienda. Gran parte de lo que ganaba lo enviaba a su familia. Pero, cuando su hermano murió, Shrijana decidió regresar a su comunidad.

“Me siento orgulloso de ser su padre. Aunque no puedo apoyarla en sus estudios, ella asume la responsabilidad de toda la familia. Con su ayuda, puedo cuidar de mis otras hijas”, explica el padre de Shrijana, de 54 años.“Es un modelo a seguir para toda la comunidad. Quiero ayudarla a hacer sus sueños realidad”, prosigue.

Shrijana posa frente a un edificio en obras, de cuya recontrucción es responsable.

Shrijana posa frente a un edificio en obras, de cuya recontrucción es responsable.

Sobrevivir al terremoto y aprender una nueva habilidad

Cuando el colosal terremoto golpeó Nepal el 25 de abril de 2015, Shrijana y su familia estaban trabajando cerca de casa. Su hogar resultó gravemente dañado, como muchos otros de la comunidad. La joven se enteró de la formación en albañilería que Plan International ofrecía en su pueblo y pidió ser incluida. Así, se convirtió en la albañil más joven del programa en su localidad.

“Al principio, los miembros de la comunidad me dijeron que era demasiado joven y que no estaba cualificada. Pero no me importó”, afirma Shrijana. “Hay otras 8 jóvenes albañiles en el programa, pero yo soy la más pequeña. Las otras  mujeres me consideran como su hija y me ayudan durante las sesiones de formación. Los hombres se burlaban de mí si no sabía algo o no era capaz de cargar cosas pesadas. A pesar de las burlas, seguía decidida a aprender con ellos”, declara.

Mujeres unidas

Con sus nuevas competencias en construcción, Shrijana construye un hogar transitorio para Krishna, de 76 años, y su marido, que está enfermo y no puede hacerlo por sí solo. La anciana pareja perdió su casa por culpa del terremoto. Tienen ocho hijos que van a visitarles a Dolakha, pero que viven en Katmandú el resto del tiempo.

“Estoy orgullosa de ella. Lo está haciendo muy bien y probando que es igual que cualquier hombre. Está llevando a cabo un duro trabajo. Nunca antes había visto una mujer albañil,” dice Krishna refiriéndose a Shrijina.

“Estoy orgullosa de mí misma. Ahora sé que puedo ser una persona mejor. Todas estas habilidades me ayudarán: utilizaré todo lo que he aprendido para construir mi propio hogar y también otras casas de mi comunidad,” dice orgullosa.

Shrijana y su familia posan frente a su casa, dañada por el terremoto de abril de 2015

Shrijana y su familia posan frente a su casa, dañada por el terremoto de abril de 2015

“Los niños y niñas son los más vulnerables a sufrir violaciones de sus derechos y continúan enfrentándose a desafíos mientras se recuperan de los terremotos: desde la falta de colegios seguros hasta violaciones de sus derechos, como el matrimonio, el trabajo y la explotación infantil. Se debe priorizar su protección”, afirma Concha López, directora de Plan International España.

Desde el terremoto de abril de 2015, Plan International ha proporcionado materiales de construcción de emergencia, incluyendo cabos y láminas de plástico, para más de 52.467 hogares. En los últimos meses, Plan International ha formado a 479 albañiles y carpinteros para trabajar en construcciones resistentes a terremotos. Estos profesionales ayudarán a construir 11.142 hogares transitorios y semi-permanentes.

La importancia de la preparación ante terremotos en Nicaragua

Lourdes Álvarez Pérez, voluntaria Internacional de Cruz Roja Española en Nicaragua y El Salvador.

El área metropolitana de la ciudad de Managua está expuesta a una elevada amenaza sísmica y eso lo sabe perfectamente Wilfried Strauch, alemán de nacimiento, que lleva más de veinte años como Asesor Técnico en Ciencias de la Tierra del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), institución con la que Cruz Roja Española trabaja dentro del marco del programa de preparación a desastres de la Comisión Europea (DIPECHO IX) desde hace cuatro años.

Wilfried nos recibe en su oficina para relatarnos la particularidad del sistema que él gestiona y que puede llegar a detectar “entre 200 y 1.000 o 2.000 sismos al mes en el país, sismos, en su mayoría, muy pequeños”, como él mismo señala. Aunque la cantidad de sismos es muy variable. Wilfried puntualiza quecada año podemos llegar a tener un sismo grande de magnitud seis en toda Centroamérica y cada dos o tres años un sismo de magnitud siete. En 2012, no obstante, se dieron tres sismos de magnitud siete, uno de ellos también con un tsunami con olas de hasta cinco metros de altura.

Nicaragua es pionera en monitoreo de sismos en tiempo real. El sistema de monitoreo de vigilancia sísmica está indicado para vigilar los movimientos sísmicos. Y se trata de un sistema bastante fortalecido. Se ha llegado a acortar el tiempo de procesamiento sísmico y ahora está en 2/3 minutos: “la red sísmica es el complejo científico más grande del país, porque contiene una central de monitoreo y alerta”, nos señala Wilfried. Además, se ha implementado una metodología para la conducción de estudios de riesgo sísmico desde una perspectiva de trabajo multidisciplinar e interinstitucional, poniendo énfasis en la creación y fortalecimiento de capacidades técnicas institucionales y de las relaciones y coordinaciones interinstitucionales entre organizaciones humanitarias, universidades, instituciones científicas, ministerios, autoridades locales y la comunidad.

El programa SELENA incorpora información de la amenaza sísmica, las propiedades dinámicas de los suelos, la vulnerabilidad sísmica de las viviendas, así como el inventario de edificaciones en el área de estudio. En ocasiones, se ha ido casa por casa para evaluar el riesgo. Se trata, por tanto, de un mapa de riesgo sísmico que ha ayudado a conocer cuáles son las condiciones óptimas para poder construir.

El proceso de sensibilización también ha sido muy importante, el cómo se ha trasladado la información científico-técnica a la población, a las comunidades y a los tomadores de decisiones, algo que en ocasiones resulta bastante difícil de vincular. Se han brindado charlas, capacitaciones y conferencias y se ha creado un entorno virtual de aprendizaje con el fin de educar a la niñez y la adolescencia en la materia.

De este modo, el trabajo conjunto del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales y Cruz Roja Española ha sido de vital importancia porque ha involucrado a varios actores.

INETER trabaja en coordinación con otras agencias sísmicas de Centroamérica y de todo el mundo, aproximadamente alrededor de 400 estaciones, y lo hacen a través de internet: “los datos de esas estaciones, en torno a 600 o 700 en total, llegan en tiempo real a la central de monitoreo que es quién procesa la información día y noche; por eso, cuando detectan algo anormal, un sismo, tratan de calcular el epicentro del sismo, la profundidad y la magnitud”, nos explica Wilfried. Y “esto se puede hacer de manera muy rápida, con un sistema automático que hemos mejorado gracias a la ayuda del proyecto DIPECHO y de Cruz Roja Española”, subraya. El proceso es sencillo: “el sistema lo hace todo automáticamente en treinta segundos, por lo que en treinta segundos ya sabemos dónde ocurrió el sismo y qué magnitud tuvo y de manera automática el sistema envía la información por correo electrónico al Gobierno de Nicaragua, a la Protección Civil de Nicaragua y a los propios trabajadores y técnicos de INETER, ya que podemos estar fuera de la oficina o en casa y nos llega toda la información”, nos aclara el doctor Strauch.

La particularidad de este sistema es que es capaz de detectar en tan sólo treinta segundos un sismo que ocurra en Nicaragua, un minuto si el sismo ocurre en cualquier otra parte de Centroamérica y de cinco a diez minutos para el resto del mundo. Cada país centroamericano tiene más o menos un sistema de monitoreo similar al de Nicaragua, aunque digamos que el de Nicaragua es el más avanzado y desarrollado.

Desde el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales también se concentran mucho en la alerta de tsunamis. Un terremoto muy fuerte en el océano puede causar un tsunami que afectaría a la playa. De hecho, en la historia reciente de Nicaragua, en el año 1992, hubo un tsunami grande en la costa del Pacífico, con olas de hasta diez metros de altura, que causaron muchísima destrucción, con un balance de 170 personas fallecidas. Wilfreid Strauch nos comenta que “de haber sido fin de semana o festivo, probablemente los daños hubiesen sido mucho mayores y habrían muerto miles de personas”. A pesar de que se trató de un gran terremoto y tsunami, durante mucho tiempo no existió sistema de alerta. Pero en Nicaragua aprendieron de esto y es por ello que idearon el sistema de alerta temprana: “durante mucho tiempo fuimos los primeros de toda Centroamérica en tener un sistema como éste, después vendría El Salvador que desarrolló un sistema similar, y hasta el momento, El Salvador y nosotros somos los dos únicos países en Centroamérica que lo tenemos”, puntualiza Wilfried.

Dada la experiencia que aglutina el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales en este campo, ellos propusieron hace un tiempo ser el centro de alerta de tsunamis para toda América Central. Por ello, a finales del mes de noviembre van a enviar mensajes de información sísmica a los países de Centroamérica, a las instituciones científicas y a las instituciones de Protección Civil, y, “se tratará de una información rápida sobre cualquier sismo, y a partir del próximo año, enviaremos alertas de tsunamis que van a incluir informaciones sobre los posibles parámetros del tsunami, la hora de llegada de las olas o la altitud que alcanzan las olas y vamos a aminorar de esta forma la situación en la alerta de tsunamis en toda Centroamérica”, como nos adelanta el doctor Strauch.

Wilfried Strauch nos enseña cómo se detecta un tsunami

Wilfried enseña cómo se detecta un tsunami. (CRUZ ROJA)

El dolor de recibir un golpe en una herida abierta

Faith Schwieker-Miyandazi, periodista de MSF

En el primer terremoto que golpeó a Nepal el 25 de abril, miles de personas perdieron a sus seres queridos, sus hogares y sus pertenencias. Muchos no tuvieron otra opción que tratar de recuperar lo poco que les quedaba y empezar a buscar la manera en la que reconstruir sus vidas. Gente como Basu Biri, que vive en Sindupalchowk y lo ha perdido todo, estaban empezando a asimilar el golpe y tratando de ver cómo salir adelante, pero de repente, como quien ataca por la espalda a alguien desarmado, llegó el segundo terremoto. Vuelta a empezar; “fue como recibir un golpe en una herida abierta”, me explicaba Basu Bari hace unos días. Edificios medio destrozados por el anterior terremoto terminaron de desplomarse y aquellas personas que ya estaban llenas de incertidumbre y confusión, empezaron a sentir un terrible pánico ante la posibilidad de que la pesadilla que estaban sufriendo no terminara nunca.

Niños dibujando durante una sesión de atención psicológica en Nampha en el distrito de Sindupalchowk . Nepal. Copyright: Kamini Deshmukh / MSF
Niños dibujando durante una sesión de atención psicológica en Nampha en el distrito de Sindupalchowk . Nepal. Copyright: Kamini Deshmukh / MSF

En las elevadas montañas del noreste y este de Nepal, nuestros equipos están llevando a cabo actividades de salud mental para tratar de ayudar a los afectados. Kamini Deshmukh, una de nuestras psicólogas, me cuenta que una de las principales actividades que realiza es la de ‘primeros auxilios psicológicos’. Su objetivo, dice, es mejorar los mecanismos de todas estas personas para que puedan enfrentar el trauma que han experimentado y ayudarlos a lidiar con sus miedos y ansiedades. Kamini también lleva a cabo sesiones grupales para hombres, mujeres y niños que están adaptadas a sus necesidades específicas.

“Yo intento presentar la realidad de lo que ha sucedido de una forma muy transparente y honesta”, me explica. “Eso hace que sea más fácil para las personas lidiar con la situación. Lentamente aceptarán la realidad y serán capaces de seguir con sus vidas. Sin embargo, hay que asumir para muchos va a llevar un tiempo empezar el proceso de recuperación”.

“Con los niños, empiezo por lo básico: explicarles qué es un terremoto”, continúa Kamani. “Los animo a decirme qué están experimentando y organizo actividades para que canten y dibujen. De sus dibujos, puedo extraer mucha información sobre lo que están pasando y en función de eso puedo tratar de ayudarles”.

La mayoría de las comunidades tienen sus propios mecanismos para lidiar con la situación. Algunos se reúnen para realizar actividades en grupo y otros comparten sus experiencias con familiares y amigos.

En Katmandú, otro equipo de psicólogos de MSF está llevando a cabo sesiones de grupo en el campo Chuchepati, que ofrece refugio a aquellos cuyas casas fueron destruidas o no son lo suficientemente seguras para vivir en ellas, así como a gente que tiene demasiado miedo como para regresar a su hogar.

Kumari Dhakal, una viuda de 85 años que ha sobrevivido a tres grandes terremotos: uno en 1934, y los dos de este año en abril y mayo. Las grietas en las paredes de la casa en la que vive de alquiler, y el miedo a experimentar otro terremoto, llevó a Kumari y a su hija a buscar refugio en el campo. Al escucharla hablar de lo que vivió en esos tres terremotos, uno se emociona fácilmente. Su rodilla le duele, le es difícil sentarse erguida; y ha perdido visión y capacidad de oír. Es difícil hacerse a la idea de lo complicado que tiene que ser para una mujer de esta edad el tener que dormir ahora en una colchoneta, tirada en el suelo en una tienda de campaña que comparte con otras tres familias.

Vista aérea de una parte del pueblo de Diol. Diol es una aldea situada entre montañas, donde el acceso a la salud desde donde uno tiene que caminar largas distancias para recibir asistencia sanitaria básica. Copyright: Brian Sokol / Panos Pictures
Vista aérea de una parte del pueblo de Diol. Diol es una aldea situada entre montañas, desde donde uno tiene que caminar largas distancias para recibir asistencia sanitaria básica. Copyright: Brian Sokol / Panos Pictures

Al menos, ahora que hemos instalado tanques de agua en el campo, uno siente que estamos haciendo algo útil. Kumari y su hija me confirman que tienen agua limpia para beber, pero su lucha ahora se centra en conseguir comida. “El principal problema que tenemos ahora es la comida. No tenemos arroz ni dhal,” dice Kumari. “Todos sobrevivimos con lo que podemos conseguir, ya que no podemos regresar a nuestras casas. Tenemos miedo de que colapse sobre nosotros. Vivimos con miedo”.

Más allá del campo de Chichepati, tiendas de campaña y refugios improvisados con lonas y láminas de plástico han sido erigidos en todo Katmandú. Allí, en uno de esos refugios improvisados, fue donde encontré a Basu Biru, el chico del que hablaba al principio de mi relato. “He perdido todo, amiga mía”, me contó la primera vez que hablamos. “Antes tenía una casa y ahora ya no tengo nada. Y mi padre, que estaba enfermo, acaba de fallecer. No creo que los 13 días de duelo tradicionales que se han decretado sean suficientes, pues el dolor que siento por dentro es demasiado grande”.

Ver la situación en la que se encuentra toda esta gente le hace a uno sentirse abrumado. Sentir que son personas como cualquiera de nosotros, que hasta hace unos días estaban viviendo tranquilamente sus vidas y que de repente lo han perdido todo, es lo que te hace comprender lo duro que resulta el verse afectado por un golpe de esta magnitud. Por eso, aunque no estemos ni mucho menos solucionando el problema tan grande al que se enfrentan, reconforta bastante el ver que de alguna manera, a través de las actividades que estamos poniendo en marcha nosotros y otras ONG que están sobre el terreno, estamos pudiendo ayudarles.

Terremoto en Nepal: “tenía tanto miedo que no podía comer ni dormir”

Por Mariana Palabra, UNICEF Nepal

Ganga Nepali se peina el pelo en medio del centro del campamento de personas desplazadas en Charikot, en el distrito de Dolakha. Esta niña de nueve años mira hacia el suelo tímidamente. Es la mayor de tres hermanos.

Jamuna, a la izquierda y Ganga. (@Unicef)

Jamuna, a la izquierda y Ganga. (@Unicef)

“Tengo una hermana muy especial. Pero yo soy la mayor”, dice. Por especial, se refiere a que su hermana es también su gemela.

“Es verdad. Nació solo unos segundos antes que yo. En realidad ella es la mayor, pero yo cuido de todos”, dice con mucha confianza Jamuna, la hermana de Ganga.

De hecho, Jamuna estaba en casa con sus hermanos y con su madre cuando el primer terremoto sacudió Nepal la mañana del 25 de abril. Jamuna mantuvo la situación bajo control. “Les dije que no se preocuparan y que, en cuanto la tierra dejara de temblar, salieran de casa”, recuerda.

Menos de tres semanas más tarde se produjo un segundo terremoto, cuyo centro se situó a tan solo 15 kilómetros de distancia de Charikot, donde se encontraba Jamuna, en casa de una amiga. “Tenía tanto miedo… Pensaba que la casa se me caía encima”, dice. Recuerda que pensaba: “No estoy con mis padres y voy a morir”.

Jamuna encontró a su madre, su gemela y su hermano pequeño sanos y salvos, pero no localizaban a su padre. “Cuando finalmente apareció, siete horas después, sentí una felicidad enorme”, dice con una gran sonrisa en la cara. “¡Pasaban tantas emociones por mi cabeza que ni siquiera podía hablar!”

Esa noche la pasó a la intemperie, en uno de los campamentos de la ciudad. Fue una noche interminable según lo que cuenta Ganga. “Tenía tanto miedo que no podía comer ni dormir”, dice. “No solté la mano de mi hermana en toda la noche, aterrorizadas con cada réplica”.

Desde entonces, Ganga y Jamuna viven en una tienda de campaña y asisten a uno de los espacios amigos de la infancia de UNICEF. Uno de los voluntarios que trabajan en este espacio es Kuisang Rumba, un famoso actor que aparece en videoclips nepalíes. A veces enseña a los niños sus mejores coreografías, mientras crea música con sus labios. Los extraños sonidos y sus movimientos consiguen que los niños se rían a carcajadas.

Jamuna es de las primeras en unirse para repetir los pasos del baile. Ganga solo les mira y sonríe tímidamente.

“En su primer día, muchos de estos niños eran tímidos, estaban asustados y mostraban bastante pasividad”, explica Kuisang. “Sin embargo, después de tres o cuatro sesiones de teatro y danza, la mayoría de ellos empiezan a participar, interactuar y unirse a mis bailes”.

Ganga disfruta el tiempo que pasa cada día en el espacio amigo de la infancia, pero quiere volver a su antigua vida. “Echo de menos mi colegio y a mi mejor amiga. Pero ahora no sé dónde está. No sé nada de ella desde el segundo terremoto”.

Jamuna está preocupada por el impacto emocional que el terremoto está teniendo en su hermana. Está cuidando de ella, de su hermano de cuatro años y de su madre, que tiene problemas con el alcohol y a la que hay que recordar constantemente que gaste el dinero en comida en lugar de en vino de arroz.

Jamuna tiene tantos sueños por cumplir… Tiene muchas ganas de volver al colegio. “Me encanta cantar, bailar y jugar en los espacios reservados para los niños, pero empiezo a aburrirme. Quiero leer y escribir. Echo de menos el pasado”, dice. “He escuchado que ser científico es algo bueno. Así que quiero estudiar duro y llegar a serlo en el futuro. Por favor, ayudadnos a volver al colegio”.

Las gemelas de nueve años, Jamuna y Ganga, junto a su familia en la tienda del campamento de refugiados por el terremoto en el distrito de Dolakha. (@Unicef)

Las gemelas de nueve años, Jamuna y Ganga, junto a su familia en la tienda del campamento de refugiados por el terremoto en el distrito de Dolakha. (@Unicef)

Un mes después del terremoto de Nepal: la esperanza que traen las nuevas vidas

Por Matt Crook, comunicación de Plan Internacional

Maya Danukhe dio a luz por cesárea el 1 de mayo

Maya Danukhe dio a luz por cesárea el 1 de mayo en el hospital de Gaurishankar de Dolakha

 

Hoy hemos atendido tres partos, y ayer cuatro”, comenta el doctor Binod Dangal. A pesar de sus 29 años, Dangal dirige el Hospital General Gaurishankar en Dolakha, un distrito rural y montañoso a cinco horas de Kathmandu, la capital de Nepal.

Junto a otros tres médicos, personal sanitario y un grupo de monjas, el doctor Dangal ha estado trabajando a contrarreloj todo el mes, desde que el pasado 25 de abril un terremoto de 7,8 grados sacudió el país y la tierra volvió a temblar de nuevo el pasado 12 de mayo. “Este es el único hospital donde se puede operar en una distancia de 4 o 5 distritos. Trabajamos todos los días”, añade.

Dangal y su equipo de jóvenes médicos trabajan bajo gran presión. Esto ha hecho posible que muchos partos se desarrollen sin incidentes. “La gente confía en nosotros. Por eso vienen hasta aquí”. Por ello, numerosas mujeres embarazadas recorren kilómetros de distancia para dar a luz en este hospital.

Desde las montañas

Nindiki Sherpa, de 35 años, caminó sola durante dos días para poder dar a luz en el hospital. “Después del terremoto, todas las carreteras quedaron destrozadas”, explica Nindiki, con su hija recién nacida a su lado.

El hijo recién nacido de Nimdiki Sherpa, que caminó dos días hasta el hospital

El hijo recién nacido de Nimdiki Sherpa, que caminó dos días hasta el hospital

Bagwati Khadka, de 21 años, dio a luz a su primer bebé por cesárea el pasado 3 de mayo. Su historia tiene mucho de increíble.Estuve caminando durante 4 horas, alrededor de 5 o 10 kilómetros, cuenta. “Después de que nuestra casa fuera destruida por el terremoto, nos refugiamos en un cobertizo junto a ovejas, vacas, búfalos, gallinas y otras 21 personas. Cuando me desperté de la cesárea me asusté al ver las grietas de las paredes”. Esas grietas son solo uno de los muchos desperfectos causados por el terremoto y con los que el doctor Dangal y su equipo tienen que enfrentarse.

Desafíos diarios

Tras el terremoto, el hospital quedó inhabilitado y los pacientes eran tratados en las calles. Tan pronto como el hospital reabrió, una marea de pacientes empezó a presentarse con todo tipo de problemas. “Cuando abrimos atendimos primero a pacientes con traumatismos graves”, explica el doctor Solab Chitrakar, de 26 años. “Tras ellos vinieron heridas infectadas y diferentes dolencias. No estábamos preparados para todo eso. Ahora la mayoría de pacientes vienen con diarreas y deshidratación”.

Con 50-60 pacientes diarios, los médicos y monjas no dan abasto. El hospital y sus instalaciones son reliquias de la historia de la medicina y las réplicas del terremoto empeoran aún más la situación. “La sala de rayos X es tan vieja que nos preocupan los efectos de la radiación. Los pacientes tienen que cubrirse con una tabla de madera y una chaqueta”, añade el doctor Chitrakar.

Nimdiki Sherpa con su hijo recién nacido

Nimdiki Sherpa con su hijo recién nacido

La máquina de rayos X tiene 25 años y está totalmente oxidada, mientras que la sala de operaciones parece no haber sido limpiada en años. “Hay continuos cortes de electricidad. Si la luz se va mientras estamos operando, tenemos que usar el generador que a veces también se apaga,” cuenta Chitrakar. “Tenemos dos ambulancias que no funcionan desde hace unos dos años. Los vecinos han robado algunas de sus piezas para construirse refugios”.

Ante todo este caos, las pacientes embarazadas se convierten en las más vulnerables. Y es que la comida es insuficiente y los riesgos de contraer infecciones, altos. Ni si quiera cuentan con mantas suficientes para los recién nacidos.

Maya Dhanuke, de 20 años, dio a luz por cesárea. Estaba muy contenta porque su hijo estaba sano. Sin embargo, su estancia en el hospital fue de todo menos confortable. “Estoy feliz porque he podido recibir cuidados médicos durante mi parto, pero la cama era muy incómoda y mi habitación estaba llena de grietas”, comentó.

 

Y ahora, ¿qué?

Todos los pacientes, las embarazadas, los que sufren deshidratación o la mujer mayor con líquidos en los pulmones, se preguntan: ¿dónde iremos ahora?

Más del 80% de los edificios de Dolakha han sido destruidos o dañados. Unas 28 instalaciones médicas fueron totalmente destruidas por el terremoto y 18 quedaron afectadas, por lo que los servicios en estas comunidades han quedado muy limitados. La demanda de tiendas de campaña se ha disparado, creando centros sanitarios improvisados.

Bagwati Khadka, de 21 años, madre primeriza después del terremoto

Bagwati Khadka, de 21 años, madre primeriza después del terremoto

Indu Sharma, experta en nutrición y salud de Plan Internacional en Nepal, ha afirmado que lo vital en estos momentos es ayudar a mujeres embarazadas en periodo de lactancia y a niños menores de cinco años. “El estrés provocado por un terremoto aumenta inimaginablemente en caso de embarazo. Mujeres embarazadas y recién nacidos necesitan atención urgente para asegurar que los partos son seguros y que madre e hijo/a evolucionan favorablemente”.

Plan Internacional ha abierto una oficina temporal en Dolakha para cubrir las necesidades de niños, niñas y familias.

Desde el 25 de abril, hemos repartido 26.151 kits de refugio temporal, 11.834 paquetes de comida y 4.700 kits de agua potable y continuamos con las labores de reparto de ayuda de emergencia entre las familias y los niños y niñas más vulnerables.

Mientras el polvo se asienta y los nepalíes comienzan a recuperarse, hay esperanza para esas nuevas vidas y su futuro. “Espero que mi bebé crezca sano y tenga una buena educación. Solo quiero que vaya al colegio,” dice Maya.

Para que niños como el de Maya, el de Bagwati o Nimdiki tengan derecho a la educación, Plan Internacional ha puesto en marcha seis “Espacios Amigos de la Infancia”, donde los niños pueden aprender, jugar y divertirse, y prevé desarrollar hasta 100 en todo el país, que tendrán cabida para que más de 20.000 niños y niñas puedan olvidar por un momento que la tierra tembló tan fuerte que les cambió la vida.

Infografía Nepal un mes después Plan Internacional

Infografía Nepal un mes después Plan Internacional

Clínicas móviles en helicópteros para zonas remotas de Nepal

Por Emma Pedley, enfermera de Médicos Sin Fronteras en Nepal

Equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) visitan una aldea en el distrito de Gorkha. © Brian Sokol/Panos

Equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) visitan una aldea en el distrito de Gorkha. © Brian Sokol/Panos

El tiempo disponible para escribir durante los últimos días ha sido escaso. Los expatriados que formamos el equipo de enfermería hemos estado rotando durante estas jornadas en las salidas en helicóptero, que nos permiten realizar misiones exploratorias a zonas que aún no han sido exploradas tras el terremoto, e interviniendo en clínicas móviles en áreas remotas.

Los días que pasamos fuera, en los pueblos de montaña, han sido, por un lado muy estimulantes (no en vano era la primera que subía a un helicóptero) pero, al mismo tiempo, han supuesto una experiencia muy triste y aleccionadora. Muchos pueblos de la zona noreste de Katmandú han colapsado completamente, las casas de piedra y los refugios para animales están destruidos, las tiendas en las que se almacenaban la comida y las cosechas de esta gente están enterradas bajo los escombros.

A pesar de las dificultades a las que se enfrentan, en cada pueblo en el que hemos aterrizado nos ha recibido con abrumadora amabilidad y generosidad, sonriendo y dándonos la bienvenida, “Namasté”, ofreciéndonos sus escasas reservas, durante el tiempo que permanecemos allí con nuestras clínicas. En algunas aldeas al norte, cerca de la frontera tibetana y donde las tradiciones budistas son mayoritarias, nos regalan pañuelos de seda blancos tejidos con mantras, llamados Khata, como señal de respeto y bendición.

Angelo, integrante de uno de los equipos móviles de MSF, saluda y recibe una bufanda denominada “khada” empleada para la oración por parte del líder de la aldea como agradecimiento por la distribución de materiales para reconstruir tejados en el distrito de Gorkha. © Brian Sokol/Panos

Angelo, integrante de uno de los equipos móviles de MSF, saluda y recibe una bufanda denominada “khada” empleada para la oración por parte del líder de la aldea como agradecimiento por la distribución de materiales para reconstruir tejados en el distrito de Gorkha. © Brian Sokol/Panos

 Durante las últimas semanas he estado en unas 25 aldeas donde he escuchado algunas historias que no me puedo quitar de la cabeza: Un muchacho delgado, de unos 18 años, nos contó cómo, durante tres horas y a través de caminos destrozados y laderas cubiertas por deslaves, había llevado a una mujer gravemente herida desde su aldea hasta llegar a una carretera accesible para poder llevarla a un hospital

Un niño pequeño que me contó, en un sencillo inglés, con los ojos muy abiertos y mientras movía sus brazos cómo había visto las casas y los árboles balancearse “de un lado a otro” durante el terremoto. Me explicó que su casa se había derrumbado y que ahora dormía con otras 20 personas en un pequeño refugio de lona.

Una tímida enfermera de ojos brillantes cuyo puesto de salud había quedado aplastado por rocas y tierra que se habían tragado los medicamentos se mostró muy contenta cuando le dimos un kit completo de fármacos esenciales y apósitos.

Un anciano con el rostro surcado de arrugas se arrodilló y colocó sus manos nudosas y delgadas sobre el suelo gritando “Ram, Ram, Ram” (“Dios, Dios, Dios”) cuando se sintió una fuerte réplica. Y así se quedó, en esa posición, durante varios minutos. Estaba profundamente traumatizado por haber revivido el terremoto inicial.

El equipo de Anne, otra de las enfermeras, llegó a un pequeño pueblo cercenado a causa de tremendos deslizamientos de tierra. En la aldea pensaban que eran los únicos que han sufrido el terremoto y se pusieron a llorar horrorizados al conocer que muchas otras áreas estaban igualmente destruidas.

Es complicado gestionar una clínica móvil en un helicóptero. Hurgas entre las cajas de medicamentos, escuchas la traducción que realiza nuestro médico nepalí sobre las enfermedades y los síntomas de los pacientes, tratas controlar a la multitud… Se trata de un trabajo intenso.

Los vuelos entre las aldeas tampoco distraen de la realidad. A pesar de haber visitado Nepal dos veces antes de este seísmo, nunca había tenido el privilegio de verlo desde el aire hasta ahora. Es un país que, desde esta perspectiva, impresiona y deja sin respiración. La época del monzón se acerca y las nubes oscurecen los picos más altos. Algunos todavía se dejan ver y muestran sus cumbres blanquísimas apuntando al cielo.

En primer plano, justo debajo de nosotros, podemos ver terrazas esculpidas en las laderas, campos de arroz y maíz con sus paredes que siguen el contorno de las colinas fielmente, con más precisión que si una mano lo dibujara en un mapa. Allí donde el agua está más cerca, los campos muestran un verde aterciopelado y cuanto más ascendemos vemos cosechas que aún no han madurado. Desde el helicóptero los valles y laderas aparecen como un espacio muy delicado y frágil, especialmente donde han sido desgarrados por las cicatrices grises que han dejado los deslizamientos de tierra; cicatrices en más de un sentido.  

Además de materiales para reconstruir techos, los equipos de MSF también proporcionan mantas, utensilios de higiene y kits de cocina a través de helicópteros a las aldeas más remotas. © Brian Sokol / Panos

Además de materiales para reconstruir techos, los equipos de MSF también proporcionan mantas, utensilios de higiene y kits de cocina a través de helicópteros a las aldeas más remotas. © Brian Sokol / Panos

Los derrumbamientos han inutilizado los escasos caminos que unen estas aldeas tan remotas; los deslizamientos han destrozado campos de cultivo suponían los medios de vida y la seguridad de los habitantes de estas zonas. Hablamos de lugares donde la agricultura de subsistencia sigue siendo la norma y no una excepción.

Las dos prioridades más urgentes que tienen en mente las comunidades que hemos visitado son el refugio y el alimento, en ese orden. Está lloviendo y, a finales de mayo, las lluvias serán diarias y las condiciones climatológicas harán que volar de manera regular sea casi imposible. Nuestro objetivo es analizar las necesidades tantas comunidades como sea posible antes de que esto suceda.

Nuestro equipo de logística está trabaja sin descanso para poder seguir el ritmo de las exploraciones que hacemos los equipos médicos, con el fin de poder distribuir mantas, kits de refugio, kits de higiene y raciones de alimentos altamente calóricos antes de que llegue el cambio de estación. Mi único deseo es que podamos llegar a tiempo.  

Nuevo terremoto en Nepal: “una experiencia terrorífica, sobre todo para los niños”

Por Kent Page, comunicación en emergencias de UNICEF

El terremoto de 7,4 grados de hoy se produjo mientras estaba con un equipo de televisión de Reuters en una visita de evaluación de daños en las escuelas con ingenieros del Gobierno. Un cámara de Reuters estaba con nosotros grabando imágenes de los colegios. Ya habíamos visitado dos centros y estábamos justo en la mitad de la tercera visita cuando se produjo el seísmo.

Nos encontrábamos dentro del edificio cuando de repente empezamos a escuchar fuertes ruidos y las paredes comenzaron a agitarse de forma violenta. Nos llevó unos segundos darnos cuenta de los que estaba pasando, pero enseguida corrimos hacia la puerta. Nos reunimos rápidamente en un pequeño parque. El temblor continuaba, no se detuvo durante al menos un minuto, pero pareció durar mucho más. Todos pensamos que los edificios de nuestros alrededor se iban a caer y nos juntamos en el centro del patio en una especie de semicírculo.

El cámara siguió grabando y ahora mismo está preparando su historia. Afortunadamente, el terremoto se detuvo –qué experiencia tan aterradora– y los edificios no se cayeron. Todos estábamos a salvo, aunque por supuesto, muy afectados.

Hicimos un par de entrevistas más en el patio y luego entramos en el colegio en el que habíamos estado porque habíamos conocido a unos niños allí. Mientras caminábamos, se produjo una réplica. Afortunadamente, los niños habían salido del colegio antes del terremoto y creemos que todos están a salvo.

De vuelta a la oficina de UNICEF, las calles estaban llenas de gente –todo el mundo está fuera. Sabemos que todos los compañeros en Nepal se encuentran a salvo pero estamos muy preocupados por el impacto que este segundo terremoto tendrá en los niños solo dos semanas y media después del primero, especialmente en su bienestar psicosocial.

Vivir un terremoto es una experiencia terrorífica para cualquier persona, sobre todo para los niños.

En UNICEF estamos trabajando a contrarreloj para dar apoyo a 1,7 millones de niños afectados por los terremotos a través de nuestra ayuda de emergencia en salud, nutrición, protección infantil, agua, saneamiento y educación. Queremos agradecer a todos los que han apoyado nuestro trabajo. Todavía queda mucho trabajo por hacer aquí por los niños de Nepal.

© UNICEF/Kent Page Just seconds after today’s earthquake, people in Kathmandu were gathering on the streets and in open spaces for safety. A second aftershock occurred just moments after this photo was taken outside a school in Kathmandu where UNICEF staff and Government of Nepal engineers were inside conducting a school damage assessment when the earthquake struck. The school remained standing and everyone was safe, though the school has received a red flag which means it is not safe for children to enter.

Unos segundos después del segundo terremoto, la gente en Katmandú buscaba espacios abiertos para estar más seguros. La foto está tomada unos segundos después del seísmo en el exterior de una escuela que permanece en pie, aunque ha recibido una bandera roja que significa que no es segura para los niños. (©UNICEF/Kent Page)

Terremoto en Nepal – Asmita, 10 años: “El día en que todo mi mundo cambió”

* Por Asmita, 10 años, participante en un programa de Plan Internacional en Nepal. 

[Historia documentada y transcrita por Ananda Raj Katuwal, Coordinadora del Programa de medios de vida y microfinanzas de Plan Internacional en Nepal, que se encontraba en una visita en terreno en la región de Ratmate cuando ocurrió el terremoto.]

Asmita, con su abuela, en la tienda de campaña en la que viven tras el terremoto que derrumbó su casa.

Asmita, con su abuela, en la tienda de campaña en la que viven tras el terremoto que derrumbó su casa. Plan Internacional.

Estaba muy asustada, pensé que todo y todos los que estaban a mi alrededor iban a morir. El suelo se sacudía tan fuerte…había mucho ruido. No pude dormir en toda la noche”, dice Asmita, una niña de 10 años que participa en un programa de Plan Internacional en la región de Ratmate, en el centro de Nepal.

Cuando el terremoto sacudió Nepal el 25 de abril, la pequeña casa de la familia de Asmita se vino abajo inmediatamente, matando además a la cabra que poseían, que estaba dentro cuando la tierra tembló.
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