por Amos Hercz (Haití, Médicos Sin Fronteras)

Hoy se cumplen doce meses del terremoto de Haití, la primera de las dos emergencias que han golpeado al país este año. La segunda es la del cólera.
Nadie está seguro de lo que sucederá en la estación de las lluvias, que es cuando normalmente ataca el cólera. La epidemia actual comenzó fuera de esta estación. Aunque el número de casos está disminuyendo en algunas áreas, otros lugares están reportando brotes nuevos. El futuro es incierto. En particular, el futuro de la epidemia en Puerto Príncipe, la capital, sigue siendo una gran incógnita.
Estoy en Saint-Marc, y aquí, hemos ampliado nuestra intervención contra la epidemia cada vez más hacia las zonas rurales. A medida que el número de casos urbanos se estabiliza, siguen llegando nuevos pacientes a nuestras unidades de tratamiento en muchas áreas remotas.
Los pacientes de nuestro centro de tratamiento del cólera (CTC) en Dessalines, que visito con regularidad, proceden de 173 comunidades diferentes. Una concentración de casos en un solo punto geográfico puede indicar la existencia de un brote de la epidemia. Así que los evaluamos todos.
En algunas comunidades, nos hemos encontrado con que las estructuras locales de salud están saturadas de pacientes, o simplemente ni siquiera están funcionando. La tarea es complicada por los diferentes nombres que puede recibir un mismo sitio o las distintas grafías de un mismo topónimo: a menudo los mapas muestran sólo los nombres en francés, cuando los habitantes de la zona pueden usar hasta dos o tres nombres criollos diferentes para un mismo pueblo.
Muchos de estos lugares no son accesibles por carretera y no tienen comunicación telefónica. Pero no podemos tomar decisiones basándonos en rumores, así que tenemos que desplazarnos: hemos creado equipos para misiones exploratorias con nuestro propio personal, a los que enviamos ‘in situ’ con el equipamiento médico necesario, para que elaboren informes de primera mano.
Asimismo, estamos tratando de establecer relaciones con las comunidades locales a las que ha llegado el cólera, para construir una capacidad de gestión de casos.
Recientemente han llegado al CTC de Saint-Marc numerosos pacientes de una misma comunidad. Nos desplazamos allí, y nos
encontramos con un estupendo dispensario a unos treinta minutos andando del pueblo. El personal del dispensario nos saludó calurosamente y nos enseñó sus amplias instalaciones, que cuentan con depósito de agua potable y generadores de energía solar. Estaban bien financiados por una ONG extranjera.
Nos aseguraron que estaban tratando a pacientes de cólera, pero su registro sólo mostraba tres pacientes en la última semana. Nos marchamos, para reunirnos con la comunidad local, que nos comentó que, de hecho, el dispensario se negaba a tratar el cólera, y que en general la población de la zona tenía un reducido acceso a la atención médica a pesar de tener allí aquel centro médico.
Desafortunadamente, este es un ejemplo entre muchos. Las causas no están claras. Probablemente se debe a que el cólera sigue estando estigmatizado en Haití. He visto a enfermeras capacitadas negarse rotundamente a atender a enfermos de cólera.
Seguramente ignoran cómo se transmite el cólera: muchos evitan todo contacto con los enfermos por miedo, pero luego no saben que es esencial tener agua limpia y que deben tratarla.
Y tal vez también hay algo de apatía. Si alguien ya está tratando el cólera, ¿por qué empezar yo ahora? Esta última razón es especialmente frustrante.
La verdad es que, si bien el tratamiento es sencillo y las medidas de prevención por todos conocidas, la logística que rodea a la respuesta a una epidemia de cólera es algo más complicada. Mi trabajo como médico es fácil: todo lo que tengo que hacer es coger un catéter, ponérselo al paciente con una vía, y colgar una bolsa de suero intravenoso de rehidratación.
Pero alguien tiene que traer todo este material y ponerlo en mis manos. Alguien tiene que abastecernos de agua y solución de cloro para potabilización. Y alguien tiene que construir el centro de tratamiento de cólera en el que yo atiendo a los pacientes. Hay miles de ONG aquí, pero no veo muchas con ese tipo de capacidades.
MSF lleva tres décadas respondiendo a epidemias de cólera. Aunque esta es mi primera misión en una, tengo aquí a compañeros con experiencia en tres, cinco, ocho, hasta once epidemias como esta. En esta hemos atendido a un volumen enorme de pacientes: 91.000 hasta la fecha, más de la mitad del número total de pacientes tratados hasta el momento. Es de hecho la mayor intervención de cólera en la historia de MSF.
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Fotos: Centro del Tratamiento del Cólera de MSF en Dessalines, Haití (© Amos Hercz).
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