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Un pequeño punto en el mapa

19 julio 2010

por Alejandro Arantegui (Sur de Sudán, Médicos Sin Fronteras)

La temporada de lluvias ha llegado con fuerza por estas tierras. Es una buena noticia para la población: cualquier trozo de tierra es fértil para enterrar algunas semillas y dejar que la naturaleza haga su trabajo. De eso depende el sustento de toda esta gente, y ha sido así durante cientos de años.

Me parece un paisaje muy hermoso. Durante todo este mes siempre que he ido con el equipo de la clínica móvil, he ido viendo cómo los cultivos nos van rodeando hasta estar prácticamente inmersos en el paisaje. Y luego, unas lonas de plástico, soportadas con estructuras de madera y bambú dentro de las comunidades en las que viven estos desplazados. Y un equipo de gente que por unas horas asiste a todas las personas que acuden a nuestra clínica móvil para ser tratados. Así me siento. Si nos hicieran una foto aérea, seríamos un pequeño puntito azul dentro de un cuadro de verdes y rojos. Me gusta pensar así, me gusta creer que son las pequeñas acciones las que cambian las cosas. Ya os digo, un puntito en el mapa, en este mapa inmenso y precioso que es África.

En parte, es nuestro objetivo. Intentar aliviar el día a día de personas concretas a las que por desgracia les ha tocado vivir esta situación. Cada día cargamos los coches con medicamentos, material de curas, alimentos terapéuticos preparados (los llamados RUTF, ya os dije que os hablaría de cómo tratamos la desnutrición) y tests rápidos para detectar la malaria, pero sobre todo cargamos nuestros coches con personas. Personas dispuestas cada día a ayudar a otras personas. Pablo ya os ha contado algunas historias de nuestros trabajadores nacionales, personas como Valerio y ‘Big John’, personas que han vivido en sus propias carnes las penurias a las que se enfrentan los refugiados y los desplazados internos en este país. Ellos están también en los coches.

Yo quiero hablaros de la parte que me toca y que, como os decía, es parte de nuestro objetivo en el proyecto: garantizar el acceso a una atención médica de calidad y gratuita a los refugiados y desplazados internos. Desafortunadamente, la época de lluvias es también época de malaria. Una losa más sobre estas maltrechas espaldas, que hace, si cabe, el día a día un poco más difícil.

Esta enfermedad se ceba sobre todo con los pequeños, como siempre, los más vulnerables. Una simple picadura del mosquito que transmite este parásito es suficiente para contagiarla. Una vez dentro del organismo, después de una semana aproximadamente, provoca fiebre, anemia severa, dificultades respiratorias, síntomas neurológicos, y en muchos casos la muerte.

No existe vacuna para esta enfermedad. Sin embargo, podemos hacer mucho y de hecho lo hacemos. Contamos con tests rápidos para el diagnóstico temprano, algo extremadamente importante, así como un tratamiento adecuado. Cada día chequeamos a todas las personas que vienen a nuestras clínicas móviles con sospechas de haber sido contagiadas y en la mayoría de los casos podemos diagnosticarles y tratarles a tiempo.

Es importante también para nosotros explicar a estas personas cómo detectar la enfermedad, cómo prevenirla y por qué es importante que vengan a nuestras unidades móviles…

Y la desnutrición…

De todas formas, no es sólo la malaria lo que nos preocupa en nuestra actividad diaria. Ya os conté algo de nuestras actividades en Ezo y el ‘screening’ nutricional. También en nuestras clínicas móviles llevamos a cabo esta tarea. Cada día se nos llenan de madres con sus niños a cuestas, y les hacemos el ya famoso MUAC, el brazalete que nos ayuda a medir el grado de desnutrición del niño. En esta zona sí que encontramos casos desnutrición moderada y severa. Se dan todas las condiciones para ello y la época de lluvias, con sus mosquitos Anopheles, no ayuda.

Aquí es dónde aparece el RUTF, o alimento terapéutico ‘listo para usar’, no sé si más famoso incluso que el MUAC para todos aquellos que seguís este blog. Es un preparado alimenticio, que contiene todos los nutrientes necesarios para garantizar el soporte alimenticio de estos pequeños: junto con un eficiente tratamiento médico, es muy efectivo en los niños que podemos tratar ambulatoriamente y que son la mayoría de los que encontramos en la clínica móvil.

También aquí nuestra labor se hace presente cada día. Me resulta muy gratificante ver el chorreo de personas que acuden a nuestros servicios. Poder hablar con ellos, escuchar sus historias, reírme con los niños. Me gusta comprobar que la población nos conoce, confía en nosotros y acude en busca de ayuda. Quizás seamos los únicos que pueden garantizar esta atención, efectiva y gratuita. Pensad que no existe un sistema sanitario gratuito en este país, por lo que, para personas que difícilmente pueden pagar su alimento diario, es imposible acceder al diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades.

Como siempre, no podemos dejar de pensar que cada día vendrán nuevos casos y que probablemente nos enfrentaremos a situaciones aún más difíciles en lo que a mi me parece un extraño lugar, mezcla de belleza y violencia, de riqueza natural y enfermedades, de personas acostumbradas a desconfiar y de personas eternamente agradecidas…

Este es nuestro pequeño puntito en el mapa de Sur Sudán. Hay muchos otros a lo largo de todo este continente y del mundo. No dejéis de pensar que poco a poco, grano a grano podemos dar la vuelta a las cosas que no nos gustan. Así que desde aquí os damos las gracias a todos los que cada día compartís este pensamiento con nosotros… y creedme si os digo que es una satisfacción personal ser testigo de todo.

Desde Yambio, un fuerte abrazo,

Alejandro.

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Foto 1: Carretera en Yambio, Sur de Sudán (© Catee Lalonde).

Foto 2: Parachek, prueba de diagnóstico rápido de la malaria, que permite saber si una persona padece la enfermedad en unos minutos (© Bruno De Cock/MSF).

Foto 3: Pequeño paciente consumiendo RUTF, en un proyecto de MSF en Darfur, norte de Sudán. (© Julie Damond/MSF)

Luces y sombras en el Sur de Sudán (2)

01 julio 2010

por Pablo Waring (Sur de Sudán, Médicos Sin Fronteras)

Os contaba el pasado martes cómo habíamos organizado la distribución de ayuda a los desplazados internos de Nakiri.

En un momento dado, me paro a pensar en los cientos de personas congregadas a la puerta de la iglesia, niños que se asoman curiosos por las pequeñas ventanas de barro del edificio, ancianas sentadas en una esquina fumando y juzgando, un hombre con quemaduras severas de hace años y sin dedo anular, que te estrecha la mano y te regala una sonrisa en la que sólo veo dos dientes.

Y me paro a pensar en nuestros colegas sudaneses. Si no me equivoco, sólo 5 de los 58 empleados que trabajan hoy en nuestro proyecto, han podido quedarse en sus hogares durante la guerra. Es decir, que en un proyecto en el que nuestro primer objetivo es ofrecer ayuda humanitaria de emergencia a las víctimas de la violencia y a los desplazados, un 90% de nuestros trabajadores locales se han visto obligados a huir de sus casas en algún momento de sus vidas, para convertirse en refugiados en las vecinas República Democrática del Congo y República Centroafricana, o desplazados internos dentro del propio Sudán.

Contamos además con 21 refugiados congoleños, que están trabajando en las Unidades de Atención Primaria que MSF ha instalado en el campo de refugiados de Makpandu, a unos 40 kilómetros de Yambio, y en el de Napere, en Ezo, del que os hablé hace unas semanas. Ellos llegaron a Sudán huyendo también de una violencia que azota a toda la región.

A pesar de verlo, de haber estado allí, me sigue costando hacerme una idea clara de lo que supone vivir en un campo de refugiados, una vida precaria, de prestado, durante años y años.

Con todo eso en la cabeza, además de otro buen montón de trabajo urgente que hacer (esto es así), me tuve que dar un respiro. Decidí ir a tomarme un café con Valerio y ‘Big John’, nuestros vigilantes el turno de anoche. Me estuvieron contando sus experiencias, Valerio como refugiado en RCA, y ‘Big John’ en RDC.

Me contaron cómo tenían que luchar para sobrevivir en el campo, y cómo se las han tenido que arreglar para intentar dar una educación básica a sus hijos. Me contaron lo duro que es el camino al exilio, y me confirmaron que, por el camino, los jefes de las comunidades por las que pasaban les ofrecían techo, comida y agua, sólo por el hecho de ser de la misma etnia, la Azande en este caso, que se distribuye en esta zona sin entender de las fronteras que se trazaron desde los despachos de Europa.

Estuvimos hablando un buen rato sobre nuestros objetivos y nuestros límites, como ONG y como personas, y también de las esperanzas de una población que acaba de salir más o menos airosa de sus primeras elecciones en más de veinte años, y que avanza hacia un próximo referéndum en el Sur de Sudán que podría llevar a la independencia de esta región.

Me temo que el panorama político, a pesar de la euforia que ha seguido a las elecciones en Yambio, no es demasiado halagüeño para Valerio y sus compatriotas. Intereses económicos y políticos, abundantes recursos naturales que atraen a corporaciones extranjeras, tensiones étnicas y religiosas, asfixian aquí a la población civil y se nutren de sus esperanzas, como una planta trepadora abraza el tronco de un árbol y se sirve de él para medrar.

Espero que al final ese tronco sea más fuerte, que resista, porque se lo merece. Mientras siga asfixiado, mientras sufra la violencia, la marginalidad y el olvido, MSF seguirá aquí, haciendo lo que pueda para garantizar el acceso a una atención sanitaria gratuita y de calidad. Y eso, retomando lo que os decía el martes sobre las consecuencias, es luz. Sólo luz, sin sombras.

Un abrazo, ¡y hasta la próxima!

Pablo

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Foto:  Un grupo de refugiados congoleños recién llegado a uno de los campos del Sur de Sudán tras huir de un ataque de la guerrilla ugandesa Ejército de Liberación del Señor. © Brendan Bannon, 2009.

Luces y sombras en el Sur de Sudán (1)

29 junio 2010

por Pablo Waring (Sur de Sudán, Médicos Sin Fronteras)

El sábado aquel amaneció lluvioso. No obstante, me levanté contento. Teníamos una buena actividad programada, y Mat, nuestro logista, nos había pedido ayuda. El objetivo: distribuir cerca de 350 ‘non food items’ (ayuda no alimentaria, es decir cajas que incluyen kits de cocina, mosquiteras, mantas, platos, y otros enseres básicos, que en este caso nos habían sido donadas por UNICEF) a los desplazados internos del campo de Nakiri, a unos pocos kilómetros al sur de Yambio.

Es la primera vez que participo en una distribución de este tipo, y es toda una experiencia para alguien acostumbrado al trabajo de oficina: cargar y descargar cajas, organizar su distribución, acompañar a los conductores del camión por un camino embarrado y lleno de baches…

El lugar convenido para la distribución es una iglesia. No sé de qué credo, la verdad. Nos viene bien, porque por lo menos no nos mojaremos demasiado, y además ayuda a tener un acceso individual y controlado de todos aquellos que se han registrado debidamente y pueden acreditar su situación de desplazado interno.

Lamentablemente, no podremos entregar kit a quienes no lo hayan hecho, pero este mecanismo garantiza que la ayuda llega a los más vulnerables: los desplazados internos no disponen de redes familiares o comunitarias en las que apoyarse para sobrevivir.

Sudamos, nos ensuciamos, arrimamos el hombro todos los expatriados disponibles, y también muchos colegas sudaneses. Varios policías del SPLA (la ‘policía militar’ oficial en el Sur de Sudán) han aparecido para poner orden y garantizar nuestra seguridad. Les agradecemos el gesto… y les pedimos, amablemente, que se marchen. Confiamos en nuestra labor y en la aceptación de la población local para garantizar nuestra seguridad. No vamos armados ni llevamos escolta armada. Y funciona.

La experiencia ha sido memorable, aunque uno no puede evitar sentirse mal cuando tiene que negarle el kit a una persona que intenta pasarte un trozo de papel doblado para ver si cuela, o que simplemente, no ha podido registrarse. Sonrío, pero es triste.

De todos modos, me temo que veré alguno de esos kits a la venta en el mercado. Y es que a veces es preferible cambiar un kit de cocina por algo de comida. O quizás, simplemente, que el dinero es el dinero, aquí y en cualquier otra parte, y hace falta.

Luces y sombras, pros y contras. Actos y consecuencias. Algunas, quizás, criticables, pero la mayoría, seguro, con mucho sentido.

(Continuará el próximo jueves…)

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Fotos: Distribución de ayuda humanitaria en Pieri, Sur de Sudán, y cocina de la clínica de MSF (© Susan Sandars/MSF, 2008)

Niños de Ezo, niños de otro mundo

10 mayo 2010

por Alejandro Arantegui (Sur de Sudán, Médicos Sin Fronteras)

Hoy quiero hablaros de una particular parte del mundo, una relativamente pequeña franja de tierra que literalmente une tres países aunque perfectamente podrían ser el mismo… no hay nada a primera vista que te haga pensar que estás pisando la frontera de Sudán, República Democrática del Congo y República Centroafricana.…pero ahí está. Se trata de Ezo. Y es aquí dónde llevamos a cabo uno de los proyectos de asistencia sanitaria en Sur Sudán en los que tengo la suerte de participar.

Hablar de Ezo es hablar de población desplazada, campos de refugiados, necesidades básicas no cubiertas, años de violencia, enfermedades endémicas y todos los factores comunes que os podáis imaginar en esta situación. Sin embargo sería injusto no hablar también de una tierra fértil, de un paisaje de una riqueza natural que impresiona mires donde mires, hablar de historia ancestral y de tradiciones, pero sobre todo de gente.

Podría escribir muchas páginas hablando de mis vivencias con la población y de todo lo que me enseñan a cada momento. Creo que nunca tendré tiempo suficiente para agradecer a estas personas las experiencias que estoy viviendo. Aunque parezca paradójico, ahora pienso que ellos hacen mucho más por mí de lo que yo hago por ellos. No obstante, puedo colaborar en un proyecto que realmente marca la diferencia en esta zona del mundo. Especialmente, y para entrar en materia, dando asistencia sanitaria gratuita en el campo de desplazados.

Tenemos una unidad de asistencia primaria en Napere, que es como se llama este campo. Pablo ya os ha comentado algo de esto, así que voy a centrarme en explicaros una de las actividades más interesantes que llevamos a cabo y que más impacto tienen en la población infantil, la más vulnerable a la que nos enfrentamos. Se trata del ‘screening’ nutricional, una evaluación del estado nutricional de una población.

No sé si habéis oído hablar alguna vez del MUAC; seguro que muchos de vosotros sí, pero para los no iniciados, el MUAC es un brazalete con franjas colores (del verde al rojo) que se coloca en el brazo para medir su perímetro, un sencillo pero efectivo sistema para valorar el estado nutricional de los niños en zonas de riesgo de desnutrición. En pocas palabras, valorar si reciben las calorías suficientes diariamente para mantener sus necesidades vitales cubiertas.

John y Arquetta, dos refugiados que colaboran con nosotros en Napere, son las personas que se encargan de ir de campo en campo, de tukul en tukul, avisando a las madres para que nos traigan a sus niños cada día para poder registrarlos y valorarlos.

Puede que estéis pensando en niños con caras tristes, con apenas fuerza para andar y rodeados de moscas. Sin embargo, debo deciros que no hay uno solo que no venga riendo a ponerse en fila, sorprendido por ver a una persona con la piel blanca que les habla con gestos y les pone un trozo de plástico alrededor del brazo.

Es un juego para ellos, podría decir que cualquier cosa es un juego para estos niños que viven ajenos a la situación en la que se encuentran y no ven más allá del día a día con sus semejantes y ocasionalmente estos nuevos invitados con piel blanca a los que miran con cara de sorpresa.

Afortunadamente, la mayoría de niños que hemos valorado en este campo están en la “zona verde”: esto significa que su estado nutricional no se encuentra en peligro. Estamos preparados también, por supuesto, para atender a aquellos que necesitan soporte nutricional, pero esa parte os la contaré otro día. Hoy me quedo con la satisfacción que es para nosotros ver este resultado y las sonrisas de estos pequeños corriendo hacia nosotros.

Sin embargo la experiencia nos hace ser moderadamente optimistas ya que, como os decía antes, la situación a la que se enfrentan estos niños cambia cada día. Hay demasiados factores que en un minuto pueden hacer que pasen al color naranja del MUAC, zona de desnutrición moderada, o incluso a la zona roja, desnutrición severa.

Existen aún tantas amenazas que hacen que la desnutrición sea una de las principales causas de mortalidad infantil en el llamado “tercer mundo”… Yo sinceramente no sabría deciros si el mundo en el que viven estos niños es el tercero; lo que sí tengo claro es que definitivamente es otro mundo. Otro mundo muy distinto al que estamos acostumbrados y con otros problemas no menos graves pero muy diferentes a los que se enfrentan nuestros niños, como son la obesidad infantil o la depresión.

Soy muy consciente que es fácil caer en la demagogia en estos casos, por eso quiero simplemente dejaros con la idea que me llevó a escribir estas palabras: existe otro mundo, existen niños que viven en ese mundo y creo que es obligación de todos intentar construir uno sólo para TODOS los niños. Seguro que nos lo agradecerán.

Desde Ezo,

Alejandro

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Foto 1: Los niños hacen cola para ser evaluados mediante el brazalete Muac, que puede verse en el brazo del pequeño atendido por personal de MSF. (© Alejandro Arantegui)

Foto 2: La cola se convierte en un entretenimiento más para los niños del campo de desplazados de Napere. En la foto, Alejandro Arantegui con uno de ellos. (© Alejandro Arantegui)

Foto 3: Niños de Ezo, niños de otro mundo (© Alejandro Arantegui)

Ezo: supervivencia sin fronteras

07 mayo 2010

por Pablo Waring (Sur de Sudán, Médicos Sin Fronteras)

Susan, vamos a llamarla así, tiene 13 años. Hace un mes aproximadamente llegó a Yambio. Consiguió escapar, después de haber sido secuestrada por el LRA (el Ejército de Resistencia del Señor, la guerrilla de origen ugandés) y pasar cinco meses como “esposa” de uno de los combatientes veteranos. Nuestro equipo de salud mental empezó a tratarla.

Hace unos días, preparamos dos coches y nos lanzamos a la carretera. Destino: Ezo, una población situada justo donde se encuentran las fronteras de República Democrática del Congo, República Centroafricana y Sudán. Susan, es de allí, y hace unas semanas que regresó.

Nos cuentan, al llegar, que han capturado a un miembro del LRA en el mercado de Ezo. Al preguntar por los detalles, nos informan de que una chica lo reconoció. Era Susan. Y él, el combatiente al que había sido entregada como “esposa”. No puedo ni imaginarme cómo pudo sentirse ella en ese momento. Nuestro equipo de salud mental, afortunadamente, nos acompañó a Ezo y pudo continuar el tratamiento.

En esta parte del mundo, el concepto de frontera se difumina hasta el infinito. Sólo hay selva y más selva. Eso lo sabe, y bien, el LRA: ataca en grupos reducidos de entre tres y diez combatientes a la población civil que vive próxima a la frontera, y luego se refugia tras la frontera de algún país vecino. En general, su objetivo principal es la comida y los bienes que puedan robar, y, tristemente, también los niños y niñas, que secuestran cuando tienen la ocasión.

Se trata de una zona caliente, sometida a la violencia desde hace años, y de eso dan testimonio los numerosos campos de refugiados y de desplazados internos que hay en la zona, tanto en Ezo, como más al norte, hacia Tambura.

MSF dispone de una Unidad de Atención Primaria en el campo de Napere, a las afueras de Ezo, donde un equipo de siete personas hacen lo posible para facilitar una atención primaria de emergencia mínima y gratuita a la población. También apoyamos el Centro de Atención Primaria del Ministerio de Salud.

Al preguntar por las cifras, nadie sabe exactamente cuántas personas residen en el campo. Mboriundo, el jefe del Campo 3 (Napere está dividido en cinco campos distintos), nos informa de que es difícil saberlo, porque muchos de los refugiados que residían en su campo se han ido a otros, debido a que a principios de abril tuvo lugar un ataque del LRA allí mismo, y la gente tiene miedo de que vuelva a ocurrir. Pero son miles de personas.

Napere es un sinfín de chozas precarias, unos cuantos palos que sostienen un techo de paja. Sólo unos pocos han podido hacerse con un trozo de plástico para protegerse mejor de las constantes y potentes lluvias que caen por estas fechas en la selva ecuatorial. El acceso a agua potable es, paradójicamente, una difícil tarea. Las mujeres cargan constantemente con recipientes de agua desde el pozo hasta su choza.

La mayoría de los niños tienen problemas de higiene. Muchos tienen problemas de hongos y llevan la cabeza rapada a trozos. Los más pequeños no tienen ropa, y los mayores la tienen toda hecha trizas. Sin embargo, los niños cuyo estado nutricional nos ha dado tiempo a evaluar parece que están fuera de peligro. Alejandro, que sabe más que yo, ya os contará un poco más de esto el próximo lunes.

Yo, por mi parte, lo que sí puedo deciros, desde una perspectiva no sanitaria, es que en Napere he visto muchas necesidades, la mayoría muy básicas. También he visto agradecimiento. Nos dicen que aprecian el hecho de que, cuando hay ataques, MSF se queda. Y he visto alegría en niños que no tienen absolutamente nada, salvo unas ganas de vivir y una energía increíbles. Y se me ha contagiado.

He visto que las organizaciones humanitarias (aunque aquí no hay muchas) marcamos la diferencia entre la vida y la muerte de miles de personas. Desde aquel día soy más persona. Y todos los que hacen y hacéis esto posible, a través de vuestro apoyo, deberíais poder contagiaros un poquito de esto. Espero que estas líneas ayuden.

Un abrazo, ¡y hasta la próxima!

Desde Ezo,

Pablo

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Foto superior: Carretera en los alrededores de Yambio, base del proyecto de MSF (© Catee Lalonde)

Foto inferior: Pablo Waring rodeado de algunos de los pequeños cuyo estado nutricional fue evaluado en Ezo (© MSF)

Experiencias humanas y humanitarias desde el Sur de Sudán

23 abril 2010

por Alejandro Arantegui y Pablo Waring (MSF, Sur de Sudán)

…la gama de verdes de la selva ecuatorial gana intensidad a medida que la avioneta deja atrás Juba, capital del virtual Sur de Sudán, y se aproxima a la ciudad de Yambio, en el Estado de Ecuatoria Occidental, donde se unen las fronteras de tres países: República Democrática del Congo, República Centroafricana y Sudán.

Se trata de una de las partes del mundo azotada sistemáticamente por crisis humanitarias de diversa índole. Sin ir más lejos, la población civil en el Sur de Sudán ha sufrido las terribles consecuencias de un conflicto armado durante 21 largos años.

La mayoría de la población local se ha visto obligada en el pasado a abandonar sus hogares y medios de subsistencia para refugiarse en alguno de los países vecinos, o en campos de desplazados internos dentro del propio Sudán. Todavía muchos siguen hoy lejos de sus hogares y sin posibilidad de regresar junto a sus familias.

Uno de los problemas más graves asociados a este tipo de conflictos de larga duración es la ausencia de infraestructuras y de personal cualificado.

Por haceros un rápido retrato de nuestro trabajo aquí, Médicos Sin Fronteras está trabajando en el Estado de Ecuatoria Occidental desde principios del año 2009, siendo nuestros objetivos principales ofrecer una respuesta médica de emergencia a las víctimas de la violencia y a los desplazados en esta región, así como intentar garantizar el acceso a la atención primaria básica y gratuita para la población local. Asimismo, pretendemos, a través de nuestra presencia directa en el terreno, dar testimonio de la situación humanitaria.

…y retomando el hilo del paisaje, ¿qué hacen un enfermero sevillano y un abogado alcoyano en medio de la selva ecuatorial? Pues bien, gracias a la colaboración de MSF y 20Minutos.es, tenemos la oportunidad de abrir para todos vosotros esta pequeña ventanita al mundo, para acercaros nuestras vivencias como trabajadores humanitarios.

Pretendemos con esto ayudaros a conocer de primera mano la tarea que desempeñamos en el terreno, compartir nuestro día a día, y también dejar espacio para vuestras opiniones, pensamientos y comentarios, que, si la conexión lo permite, estaremos encantados de recibir.

Puntualmente, Alejandro, enfermero de terreno en Yambio desde enero de 2010, y Pablo, administrador de terreno en el mismo proyecto desde febrero, os iremos enviando nuestra particular visión desde esta remota zona del mundo. ¡¡¡Esperamos que sea interesante!!!

Un abrazo, ¡y hasta la siguiente lectura!

Pablo y Alejandro

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Fotos: Yambio y alrededores (© Brendan Bannon)