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Adiós a Boda

15 octubre 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Igual que en otra entrega os hablaba de la gran oportunidad que fue abrir el proyecto de Gadzi, hoy no me queda más remedio que contaros una de las tareas menos deseables de este trabajo: cerrar nuestro proyecto en Boda. Siendo sincero, ni yo mismo pensaba tener que cerrar Boda. Contaba terminar mi misión y pasarle “la tarea” a otro compañero que viniera a reemplazarme en mi puesto, pero las intervenciones de emergencia son así.

Es difícil romper los vínculos afectivos con todo aquello que, a fuerza de tiempo, de trabajo y de algún sinsabor, acabas sintiendo como propio, con un programa que realmente ha marcado la diferencia en una región como el suroeste de la República Centroafricana, donde las necesidades básicas están todavía muy lejos de ser cubiertas.

Cuesta dejar un sitio donde lamentablemente la gente va a seguir pereciendo de enfermedades totalmente curables y donde las condiciones de vida serán tan duras como lo han sido siempre. Pero todo lo que comienza tiene un fin, y en algunos casos, el intervalo de tiempo entre apertura y cierre no es grande. Concretamente en Boda han sido quince meses. Quince meses donde hemos pasado más de 25.000 consultas pediátricas y hemos curado la desnutrición a unos 6.000 niños.

Como organización de emergencia, es fundamental marcar los límites de nuestra intervención. Nuestro trabajo está basado en indicadores que nos permiten decidir cuándo entrar y cuándo salir de una región. Esos indicadores deben ser objetivos, analizables y, sobre todo, basados en estrictos criterios médicos que nos alejen de tentaciones políticas y presiones contextuales. Y en Boda, la misma razón por la que comenzamos a trabajar (una urgencia nutricional con una elevada mortalidad infantil) es la misma por la que ahora debemos cerrar: hemos podido reducir los indicadores epidemiológicos a índices por debajo de los umbrales de emergencia.

También ha sido un objetivo en nuestro proyecto llamar la atención sobre un contexto fuera del mapamundi informativo. La respuesta ha sido desigual. Muchos medios han mostrado interés por el contexto diamantífero. Pero no ha habido otra organización a la que hacerle un traspaso de nuestras actividades. La región necesita organizaciones que tengan la capacidad de hacer inversiones a largo plazo y de realizar profundos cambios estructurales. Lamentablemente, los intereses de los donantes internacionales están todavía lejos de Boda.

Ahora es inevitable hacerse la traicionera pregunta “¿qué hemos dejado?”… como si toda acción humana tuviera la imperiosa necesidad de perpetuarse en el tiempo. No puedo ser demasiado ambicioso en la repuesta, no puedo hablar de grandes construcciones ni de infraestructuras que vayan a recordar nuestro paso para siempre. No era ese nuestro objetivo.

Sin embargo, sé que dejamos algo mucho más valioso: el incontable número de niños que tuvieron otra oportunidad, que pudieron superar el duro bache de una traicionera malaria, o de una descompensación nutricional. Bache que, en muchos casos, será el último crítico que tengan que superar en la primera infancia, porque, a partir de los 5 años, los niños desarrollan más defensas naturales para combatir las enfermedades.

También me consuela pensar que todavía nuestros compañeros siguen trabajando no lejos de aquí, en Gadzi. En caso de emergencia, pueden responder rápido. Además, Gadzi es una zona todavía más desfavorecida y vulnerable dentro de la ya de por si frágil situación de todo el país.

En la que de momento será mi última colaboración desde República Centroafricana a este blog colectivo, quiero agradecer el trabajo de los compañeros que no están en el terreno pero que hacen que distancias de miles de kilómetros parezcan un simple paseo. Y quiero agradeceros también a todos los que habéis leído el blog, y os habéis interesado por la República Centroafricana, aportando vuestro granito de arena a la mejora de la condiciones de vida de sus habitantes.

Y finalmente, mis últimas letras son para los verdaderos protagonistas, aquellos que son el último eslabón en toda esta gran cadena: los que conducen los coches que nos trasportan, los que nos instalan la luz para que trabajemos y los que administran los tratamientos que curan a los pacientes. A los compañeros centroafricanos, con agradecimiento.

Desde Boda,

Óscar

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Fotos: © Óscar Sánchez-Rey

Dicen los libros de Medicina…

05 octubre 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

La historia de Louise y de su pequeña nieta, Micheline, no es una historia ni más excepcional ni más difícil que el resto de historias de los muchos pacientes que a diario vemos en los centros donde trabajamos. Pero es la historia personal, y por tanto única, de dos personas. Una pequeña paciente de apenas tres meses de vida, que nunca tendrá recuerdos de estos días, y de su abuela, que seguro que no olvidará su paso por nuestro centro nutricional de Boda.

Micheline es una paciente con una situación un tanto atípica entre los pacientes desnutridos. De hecho, técnicamente, ella no está desnutrida. Forma parte de los pacientes menores de seis meses que debe recibir un tratamiento especial e intensivo. A Micheline hay que buscarle una forma de alimentación adecuada para su edad y sostenible para al menos los próximos seis meses. La leche materna no está disponible, y los médicos de nuestro centro están usando una técnica para devolver la leche a su abuela, que hace más de 30 años que no amamanta.

Dicen los libros de Medicina que mediante la estimulación del seno se produce la hormona responsable de regular el flujo lácteo, y que es posible que una mujer que alguna vez haya dado el pecho lo vuelva a dar sin necesidad de estar embarazada. En Boda es la primera vez que veo el caso real en el terreno. Aproveché para hablar con Louise y que me contara la historia de cómo llegó a nuestro CNI, el centro nutricional intensivo.

La mamá biológica de Micheline está enferma y no puede hacerse cargo de la niña. El padre despareció. Abuela, madre y ahora nieta viven juntas en la misma casa. Son agricultoras y subsisten con lo poco que les da la cosecha. Ellas son de Bossui, un pueblo al que vamos una vez cada dos semanas con nuestro centro nutricional ambulatorio.

Louise sabía que la única posibilidad de ayudar a su nieta era caminar los 30 kilómetros de distancia entre Bossui y Boda para llegar al hospital. Tardo toda una jornada en recorrerlos. No fue fácil porque, en plena época de lluvias, los aguaceros no dan tregua.

Louise me contó que la técnica de succión consiste en administrarle leche a la niña por una pequeña sonda pegada a su seno. Con la succión que realiza para beber la leche artificial, la niña estimula el pecho y, al cabo de varias semanas, la leche comienza a subir. Me dijo Louise que la última vez que dio de mamar fue en 1972, cuando nació su única hija. Y que, aunque la cosa parecía un poco rara, ella creyó en todo momento a los doctores. “Si ellos decían que podría volver a dar el pecho, sería verdad”. Está bien en el centro y no tiene prisa por irse, la prioridad es la pequeña. “Me iré cuando me den el alta los médicos, no antes”, me dijo con gran confianza en sí misma.

Hablé con Louise hace algunas semanas. Pensé que tal vez estaba bien dejar pasar un tiempo para ver cómo había ido todo. Mes y medio después, la niña está fuerte y sana. Los médicos han comenzado a retirar progresivamente la leche artificial, porque Louise ya tiene buena capacidad para dar de mamar a su nieta. Hemos encontrado una manera sostenible, segura y barata de alimentar a la bebé durante al menos su primer año de vida.

Seguro que, a lo largo de su vida, Micheline tendrá que enfrentarse a muchas más dificultades, pero la primera batalla ya está ganada.

Desde Boda,
Óscar

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Foto: Louise y Micheline en el centro nutricional (© Óscar Sánchez-Rey)

Hablemos de Gadzi

09 septiembre 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Abrir un proyecto es algo para lo que en este trabajo siempre hay voluntarios. Hay mucho que hacer, poco tiempo y las condiciones de vida al inicio son difíciles. Pero los resultados visibles casi inmediatamente compensan los esfuerzos realizados. Sobre todo si hablamos de lugares como Gadzi, donde simple y llanamente no hay ni una estructura de salud que funcione.

Gadzi es el proyecto que abrimos el pasado mayo en el suroeste de la República Centroafricana. Es parte de nuestra estrategia en la región para reducir la mortalidad infantil, sobre todo en época de lluvias, cuando el mosquito anofeles, transmisor de la malaria, se multiplica a sus anchas favorecido por la humedad y las buenas temperaturas.

En Gadzi, sobrevivir a la malaria es una cuestión de suerte, o tal vez de fortaleza genética. El parásito es especialmente mortal en las etapas más tiernas de la vida. Lo bueno de comenzar un proyecto en un sitio como este es que enseguida podemos administrar un tratamiento simple y muy eficaz para esta y otras enfermedades, como las infecciones respiratorias o las diarreas. Tratamientos que suponen la diferencia entre la vida y la muerte para muchos pequeños pacientes.

Abrimos el proyecto en dos fases, primero la base de Djomo y después la de Gontikiri. Yo tuve la gran suerte de estar en el primer mes de intervención. Tuvimos mucho trabajo que hacer, pero como no había nada, todo lo que comenzamos a hacer era pertinente y necesario. La prioridad era establecer una base y poner en marcha los mínimos en el hospital. La población empezó a llegar antes que nos diera tiempo a estar plenamente operativos. La presión asistencial nos hizo trabajar a buen ritmo desde el principio.

El pueblo de Gontikiri, además, es un lugar especialmente aislado entre lo ya aislado de esta provincia. Os contaba en otra entrega que sólo hay un coche que pasa una vez por semana. El camión, que también mencionaba y del que esta vez os dejo una foto, era el primer vehículo cargado con suministros para abrir el proyecto.

El camino era mucho peor de lo esperado. En el primer viaje el camión se quedo atascado toda la noche y tuvimos que ir a rescatarlo la mañana siguiente. De hecho, la gente de Gontikiri no dijo que hacía al menos diez años que no pasaba ningún camión por la zona…

 

También podéis ver el centro de salud tal y como lo encontramos. Imposible comenzar a trabajar allí. Los primeros pacientes fueron hospitalizados en tiendas de campaña. Ya no está así, la rehabilitación ha avanzado mucho y que todo ha mejorado bastante, y el equipo que sigue trabajando en Gontikiri tiene cada vez más pacientes.

Desgraciadamente, trabajar en lugares aislados también tiene su parte frustrante: el saber que no podemos llegar a todo, que todavía hay enfermedades y casos quirúrgicos que no podemos tratar, y que los escasos centros de referencia están muy, muy lejos, de nuestra zona de trabajo. De todas formas, al final del día el trabajo bien hecho siempre inclina la balanza personal hacia el lado positivo.

Desde Boda,

Óscar

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Fotos: © Óscar Sánchez-Rey

 

MUAC-edema: una evaluación nutricional rápida

01 septiembre 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Después de algunos meses de misión y de conocer más el lugar donde trabajamos, cada vez me resulta más difícil explicar el problema de la desnutrición en una zona increíblemente fértil como es el suroeste de la República Centroafricana.

Sabemos que no afecta a toda la población; se centra casi exclusivamente en los niños menores de 5 años. Y también creemos que una dieta basada en hidratos de carbonos y escasa en vitaminas, minerales y sobre todo en proteínas, parece el factor determinante para que los más pequeños, en plena edad de crecimiento, enfermen de Kwashiorkor.

Sea como fuere, aunque la situación generalizada no está fuera de control, tenemos la nada despreciable cifra de 500 pacientes en tratamiento nutricional. Los niños continúan llegando a nuestros centros. Y el fantasma de la desnutrición sigue en la mente de las gentes del lugar.

Es por eso que, de forma casi regular, recibimos “alarmas nutricionales”. Habitualmente es el responsable médico de un pueblo quien nos llama porque ha recibido muchos casos de desnutrición en su consulta, y sospecha que la enfermedad empieza a aumentar más de lo habitual. Independientemente del origen de la información, nuestra obligación es comprobar y estudiar cada una de esas alertas. Hay que hacerlo de una forma suficientemente rápida y eficaz como para ser rigurosos en nuestras conclusiones, y no perder tiempo si una respuesta es requerida.

Es justamente eso los que os muestro en el blog de hoy: una evaluación nutricional rápida basada en el sistema MUAC-edemas. El MUAC (por sus siglas en inglés, perímetro medio del brazo) es una cinta plástica con códigos de colores que mide la circunferencia del brazo izquierdo de los niños de entre 6 meses y 5 años de edad. Se puede hacer una relación entre el grosor del brazo de un niño de una determinada edad y su estado nutricional.

El segundo factor indicador de desnutrición son los edemas. Un niño desnutrido y con edemas puede presentar un aspecto casi normal, incluso parecer un niño rellenito y saludable. Como además la mayoría de las mamás no saben la edad exacta de sus hijos, no hay calendarios, ni relojes ni nada que indique el día, utilizamos la altura como criterio de selección. Los niños de entre 6 meses y 5 años miden entre  65 y 110 centímetros de estatura. Es por eso que usamos el palo pintado de verde que veis en los compañeros de la foto.

Lo demás es simple. Llegamos al lugar donde han dado la alarma, contactamos con las autoridades locales y les pedimos que reúnan a todos los niños en un lugar conocido. Organizamos una zona de espera y medimos solamente a los que están entre los límites señalados en el bastón. Hay que tener cuidado de evaluar a un número suficiente de niños para que los resultados sean representativos de la población en cuestión.

Las fotos de esta entrega corresponden a dos evaluaciones diferentes separadas por más de 300 kilómetros de distancia. Aunque desgraciadamente encontramos en ambas algunos niños desnutridos, en ninguna fue necesaria hacer una intervención mayor.

Desde Boda,

Óscar

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Fotos: © Óscar Sánchez-Rey

Transporte = salud

24 agosto 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

La foto de hoy es la del único medio de trasporte público que pasa por Gontikiri.

Gontikiri es un pequeño pueblo donde hemos abierto un nuevo proyecto pediátrico y del que, junto con la historia del camión del fondo, pienso daros cuenta en otra entrega.

Esta foto no es excepcional por estas latitudes. Se trata una de las formas de trasporte más popular: un coche de antigüedad incalculable y mantenimiento inexistente, cargado muchísimo más allá de las especificaciones técnicas. Hasta el último centímetro cúbico es totalmente aprovechado. No sé muy bien dónde iban a subirse los dos pasajeros que quedaba en el suelo…

El problema es que en la zona de Gontikiri no hay otro, que este está lejos del alcance económico de la mayoría de la población, que la frecuencia de paso no es superior a una vez por semana, y que encima la avería esta prácticamente asegurada.

Por eso esta foto también significa acceso a la salud. Da una idea de las dificultades de la población para desplazarse o abastecerse de productos esenciales. De la casi imposibilidad de alcanzar un centro médico si hay una emergencia sanitaria. ¿Os imagináis derivar a una mujer con un parto complicado en un vehículo como este?

Las posibilidades de sobrevivir a una enfermedad, de tener un buen diagnóstico, y recibir un tratamiento adecuado no siempre están ligadas a factores estrictamente sanitarios. La oportunidad de encontrar transporte y poder pagarlo también juega en contra de un buen pronóstico de salud.

Desde Boda,

Óscar.

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Foto: © Óscar Sánchez-Rey

Sobre la mujer

18 agosto 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Desde mi primera misión en Angola no ha dejado de fascinarme el papel de la mujer en la sociedad africana. Cuidadora incasable, madre paciente y trabajadora orgullosa, siempre ha llevado sobre sus hombros el peso de la familia, de la casa y a veces más. Sin duda, las mujeres en África son el eje familiar y el verdadero motor social.

Estoy convencido de que una sociedad fuerte es una sociedad donde las mujeres ocupan un papel protagonista en todos sus estamentos, y lamento la discriminación a la que se ven sometidas en todos los países donde he trabajado. Soy consciente de que con estas afirmaciones no hago ningún descubrimiento. Sin duda esa admiración también la siento por las mujeres de mi sociedad. Por mi madre, por mis abuelas y por las mujeres de su generación.

Pero lo verdaderamente admirable en África es cómo las mujeres siguen cumpliendo ese mismo papel social pero en condiciones casi imposibles. No sólo por el penoso trabajo que supone acarrear agua en la cabeza, cocinar con carbón, lavar en el río, o hacerse caminatas diarias de varios kilómetros, todo mientras transportan al más pequeño en la espalda, sino por las crueles decisiones diarias a las que una mujer en África tiene que enfrentarse desde muy temprana edad: repartir la escasa comida entre la numerosa prole, dejar a los niños solos en casa cuando hay que ir a cultivar o, lo peor, cómo usar el escaso dinero disponible. Esto último a veces ni siquiera supone un dilema: no hay ni lo uno ni lo otro.

Desde que trabajo en Médicos Sin Fronteras y me dan la oportunidad de escribir y mostrar mis fotos en algún medio, siempre he reservado un pequeño espacio de homenaje a la mujer africana. Así pretendo hacerlo de nuevo hoy. He buscado en mi archivo fotográfico de esta última misión en República Centroafricana fotos donde la mujer es la protagonista. No ha sido difícil encontrar algunas para mostraros.

Desde Boda,

Óscar.

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Fotos: República Centroafricana (© Óscar Sánchez-Rey)

La farmacia de Sassele

24 junio 2010

 

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Sassele es un pequeño pueblo donde hemos abierto un centro de salud que dará cobertura de salud primaria y gratuita a los niños de 0 a 15 años. La foto de hoy la tomé el día que fui a visitar el pueblo para presentarnos a las autoridades, pedir permiso para trabajar y seleccionar al personal que va a ocuparse del centro. Como suele ser costumbre durante estas visitas, la gente nos suele enseñar lo más representativo de la localidad. La farmacia de Sassele era el único proveedor de medicamentos “modernos” antes de nuestra llegada.

Vaya por delante que no tengo la más mínima intención de criticar o menospreciar al protagonista de la foto, propietario del establecimiento y que accedió a posar con una extraña mezcla de orgullo y resignación. Él se juega sus escasos ahorros para comprar medicamentos, que desde luego nadie le regala, y lo peor (y esto os los cuento yo), de los que no tiene ni las más mínimas garantías de que el producto que está dentro de los comprimidos sea el que dice en la etiqueta.

Con el desastre organizativo que podéis ver, con la ausencia de la más mínima norma de higiene y almacenamiento de medicamentos y (esto no está en la foto, pero también os lo cuento yo) la completa ausencia de criterios de prescripción, sólo quería mostraros lo que significa acceso a la salud en lugares como Sassele.

Me ahorro hablaros, casi por vergüenza, de los precios de estos fármacos y del esfuerzo económico que supone comprarlos.

Desde Boda,

Óscar

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Foto: © Óscar Sánchez-Rey

El CNI, por dentro

18 junio 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

 Como ya os contaba en uno de los posts anteriores, a la gran mayoría de los pacientes desnutridos, más o menos al 80%, los tratamos de forma ambulatoria. Así pueden permanecer en su casa durante todo el proceso.

Pero la desnutrición es una enfermedad compleja, que en ocasiones se asocia con otras enfermedades como la malaria o los insidiosos parásitos intestinales. Eso hace que el 20% de pacientes restantes estén demasiado débiles e inestables como para que pueden continuar el tratamiento en su casa. En ese caso, es necesario hospitalizarles. En una emergencia nutricional, construimos un hospital sólo para tratar la desnutrición, y a ese hospital lo llamamos CNI, Centro Nutricional Intensivo.

Nuestro CNI, que parece un hospital de campaña, es una estructura temporal. La desnutrición es una urgencia, de naturaleza transitoria (aunque a veces dure años), así que, una vez se acaba, quitamos el centro. La organización de un CNI no es sencilla. Por un lado requiere una clasificación de los pacientes según su gravedad y los cuidados de enfermería necesarios.

Tenemos hasta una unidad de cuidados intensivos. No penséis en maquinas que pitan y pacientes conectados a respiradores: es sólo una unidad donde hacemos transfusiones de sangre, ponemos tratamiento intravenoso y alimentamos a los niños con leche terapéutica cada 3 horas, noche y día. También es necesaria una importante organización logística. Tenemos que suministrar agua limpia, crear zonas de desechos y de lavado, cocinar comida para los pacientes y familiares, y proporcionar luz para poder trabajar por la noche.

En el CNI de Boda, los niños permanecen ingresados una media de 20 días. Nos da tiempo a conocerlos, a conocer sus historias personales y a que ellos nos conozcan a nosotros. A muchos, el primer día, la imagen de un médico blanco les produce pavor. En pocos días se van acostumbrando a nosotros y nosotros a ellos.

A pesar de lo dramático en demasiadas ocasiones de sus historias personales, de las dificultades por las que pasan tanto pacientes como familiares y de las enfermedades que padecen, en algunos casos incurables, la atmosfera es de optimismo. Reina la distensión y el buen humor. Os aseguro que una visita al CNI, una charla con los familiares, con los trabajadores de centro y un rato de juegos y de risas con los más pequeños arregla el peor de los días. Cualquier dificultad del trabajo o cualquier momento de desánimo desaparecen inmediatamente.

Nuestra tasa de curación es muy alta. Casi todos los niños acaban regresando a su casa sin ninguna secuela del traumático proceso. A muchos los seguimos viendo cuando salimos a los centros periféricos. Pero lamentablemente no a todos. A veces la desnutrición se mezcla con enfermedades más complejas como el sida o la tuberculosis, o a veces ni siquiera podemos saber qué enfermedad  hay detrás del cuadro nutricional.

Y es esto, sin duda, lo más duro de este trabajo. La muerte es algo a lo que todos los que trabajamos en sanidad nos enfrentamos diariamente. En eso no hay diferencia en ninguna parte del mundo. Lo aceptamos y punto. Pero aquí, instrumentos básicos de la medicina moderna como una simple radiografía o una analítica básica de sangre son algo de ciencia ficción.

Es doloroso, terriblemente frustrante, tener pacientes a los que hemos tratado con todo lo que tenemos, y que se nos mueren sin llegar a saber exactamente por qué. La medicina no cura siempre, pero al menos todos deberíamos tener el derecho de saber por qué se muere nuestra gente.

En esta entrega os he dejado unas fotos del Centro: una vista general, donde podéis ver las estructuras temporales, otra de dos médicos pasando la visita diaria y otra dos de algunos de los pacientes.

Desde Boda,

Óscar

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Fotos:  © Óscar Sánchez-Rey

Los ladrillos de nuestro organismo

12 mayo 2010

Por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, Médicos Sin Fronteras)

La primera de las fotos que os muestro hoy corresponde a un plato típico centroafricano. Carne de vaca servida sobre hojas y un vaso de té caliente. La carne proviene de la vacas de los pastores nómadas, que durante la sesión seca, bajan hasta el sur de la Republica Centroafricana donde siempre hay pasto para alimentar a los animales.

El té caliente va bien para combatir el calor (no es una contradicción) y para mitigar la picazón en la boca del condimento a base de chile que siempre acompaña al plato. El trozo de pan es cosa mía, y es que, aunque lejos de casa, me cuesta comer sin pan en la mesa. La carne es de buena calidad y el plato resulta sabroso.

Pero no venía en este blog a hablaros de la gastronomía centroafricana. Esta foto pretendo que me sirva de excusa para explicarlos cuál es uno de los orígenes del problema de la desnutrición. La carne y el pescado son las dos fuentes principales de proteínas en la dieta. Las proteínas, entre otras muchas funciones, están encargadas de la construcción de tejidos, son los “ladrillos” de nuestro organismo.

La energía para movernos, los hidratos de carbono, proviene de la harina de mandioca (también conocida como batata o yuca). Un adulto puede soportar mejor la falta de proteínas en la dieta y sobrevivir un cierto tiempo solamente a base de hidratos de carbono. El cuerpo adulto ya está “construido” y requiere menos aporte proteínico. Evidentemente no es ni mucho menos lo aconsejable, pero hablamos de un contexto con escasez de alimentos.

Sin embargo los niños, en pleno estirón, en pleno proceso de “construcción” de su organismo, no pueden soportar por mucho tiempo la falta de proteínas. Comer sólo harina de mandioca, verdadera base nutricional de Centroáfrica, no aporta ni de lejos los nutrientes mínimos.

Esta ausencia proteínica en la dieta es responsable del cuadro de desnutrición llamado “Kwashiorkor”. Los cabellos quebradizos, las manchas en la piel y los edemas que en ocasiones dan una falsa imagen de niño rellenito y saludable, son las características más típicas de esta enfermedad. En esta segunda foto lo podéis ver en una de nuestras pacientes.

La ración de carne de la primera foto, apenas suficiente para una persona, cuesta 75 céntimos de euros. Un precio totalmente prohibitivo para la mayoría de las gentes aquí. Una familia de siete miembros se puede alimentar a base de harina de mandioca, que “llena pero no alimenta”, durante tres días por 1,5 euros, justo el doble.

En un país, donde la mayoría de la población vive con menos de un dólar al día, las matemáticas son claras: en la lista de la compra no entra la carne.

Desde Boda,

Oscar

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Fotos: © Óscar Sánchez-Rey

Pequeñas emergencias

03 mayo 2010

por Óscar Sánchez-Rey (República Centroafricana, MSF)

Hoy quería hablaros de aquellas otras actividades añadidas al programa nutricional que desarrollamos en Boda, igual que en cualquier proyecto regular de Médicos Sin Fronteras. Concretamente de las respuesta a urgencias.

No todas las emergencias que atendemos son de gran calado, ni mediáticas, ni, por suerte, afectan a miles de personas de una sola vez. La República Centroafricana es un país vulnerable a los caprichos de la naturaleza, a las epidemias, y también a los accidentes de tráfico o a los incendios. Es nuestro trabajo mantener los ojos abiertos a esas otras circunstancias que nos son las exclusivas del programa en el que trabajamos.

Las tensiones políticas, las variaciones meteorológicas o los caprichosos microorganismos desencadenan crisis humanitarias que afectan a mayor o menor número de personas. Trabajamos en planes para poder dar respuesta a esas situaciones de la manera más rápida posible. Es importante conocer el contexto donde nos movemos y tener identificados miembros del equipo listos para comenzar una respuesta de urgencias en las primeras horas, que siempre son las más críticas.

Las emergencias que os muestro en estas fotos son pequeñas, no afectaron a muchas personas y afortunadamente todas tuvieron un final feliz, ya que no hubo muertos.

La primera es un pueblo donde hacemos el programa nutricional: Ngotto. Nos llegó la noticia de que una fuerte tormenta había provocado bastantes daños. Mandamos un equipo a evaluarlo.

Al final sólo fue necesario trasladar a nuestro hospital a tres pacientes. El herido más grave es el niño de la foto con el collarín. El muro de su casa, del que tenéis la foto más arriba, se le cayó encima. Susto inicial que quedó en algunos días de reposo en el hospital.

La segunda emergencia fue un accidente de tráfico. La inadecuadas condiciones de carreteras y vehículos hizo que un camión que trasportaba personas volcara por exceso de carga: más de 60 heridos… La velocidad reducida que llevaban y tal vez el destino se aunaron para que aquello no acabara convirtiéndose en una tragedia.

Al final, algunos heridos graves y la mayoría sólo contusiones… En las fotos de más abajo, el quirófano donde se sutura la pierna de un paciente…

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… la improvisada sala de clasificación de heridos…

… y un enfermero de nuestro equipo repartiendo analgésicos.

Saludos desde Boda.

Óscar

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Fotos: © Óscar Sánchez-Rey