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Archivo de la categoría ‘India’

El caso de Sree Lata, deportista olímpica, que desafía el doble estigma de ser mujer y tener discapacidad

Por Enric Romaguera, cooperante en la Fundación Vicente Ferrer. Profesor de Educación Física especializado en Deporte y Discapacidad.

En septiembre de 2010, cuando llegué por primera vez a Bathalapalli, el pequeño pueblo donde descansa Vicente Ferrer en el sur de la India, el proyecto de discapacidad y deporte solo contaba con dos atletas (dos chicas con discapacidad intelectual) y un entrenador local. Hoy en día el Programa Deporte y Discapacidad asiste a los 1.400 niños y niñas con diversidad funcional de todos y cada uno de los centros de la Fundación Vicente Ferrer en India dotando de educación física a los alumnos con discapacidad auditiva, visual, intelectual y parálisis cerebral. Hoy cuenta con 15 profesionales locales y el soporte de voluntarios españoles formados en la rama de actividad física y deporte.

Entrenamiento Special Olympics © Mariano Fuentes

En los 3 centros donde residen pequeños héroes con parálisis cerebral se han creado gimnasios adaptados – tetrasport- para que estos niños que no pueden ponerse de pie puedan ejercitarse y así sus familiares vean que “sí” son capaces. Para ellos se creó el primer campeonato nacional de Boccia -petanca adaptada- en el cual los campeones de Anantapur ganaron la Medalla de Oro en Calcuta y demostraron a sus padres lo lejos que son capaces de llegar.

Según la ONU, el deporte es una excelente herramienta para el desarrollo de los pueblos. En el caso de las personas con discapacidad, fomenta su empoderamiento y su reconocimiento social.

En los centros con niños y niñas con discapacidad visual se han creado programas como el judo, el patinaje o el tenis para ciegos a partir de la también incorporada Educación Física de base. En la misma línea, los centros de niños y niñas con discapacidad auditiva además de tener una práctica deportiva regular que contribuye a mejorar sus capacidades motoras y la confianza en sí mismos, han empezado a competir en las competiciones nacionales de las olimpiadas para sordos (Deaf Olympics).

El cooperante Enric Romaguera mantiene una charla con los jugadores © FVF

 

Pero si alguno de estos proyectos ha crecido exponencialmente y nos ha mostrado de manera clara y contundente cómo el deporte puede cambiar el mundo, o por lo menos pequeños mundos, es Special Olympics. Las olimpiadas donde se concentran más de 7.000 atletas con discapacidad intelectual de todo el planeta han aumentado la cantidad y calidad de deportistas de esta zona árida del sur de la India gracias a la tenacidad y capacidad de superación de los jóvenes con discapacidad intelectual.

Ni ciudades imponentes como Los Ángeles,  Newcastle o Barcelona han conseguido igualar la frescura, creatividad y pasión con la que compite Sree Latha, jugadora de Ping-Pong  ganadora de 2 medallas olímpicas y nacida hace 18 años en Anantapur. Sree Latha ha conseguido el reconocimiento social que antes no tenía en su aldea a través del deporte, pasando de ser rechazada y estigmatizada por su discapacidad a ser un referente familiar y comunitario.

Sree Latha muestra su medalla, obtenida en los Special Olympics Los Ángeles 2015 © FVF

Hoy es un espejo para el resto de atletas que ven en ella un claro ejemplo del “si quieres puedes, solo debes desearlo con fuerza y luchar por ello”. Sree Latha se casó con un hombre sin discapacidad, tiene un trabajo en un taller de yute y además tiene una paga por las 2 medallas olímpicas con las que planea comprar una casa y abrir un negocio. Esto significa que será autónoma y no dependerá de su marido. Sree Lata ha conseguido romper moldes en su aldea, donde las mujeres con discapacidad sufren discriminación por partida doble.

La vida de una persona con diversidad funcional es dura y cruel en la India e historias como la de Sree Lata evidencian que el deporte es una preciosa herramienta para mejorar la calidad de vida y empoderar a un colectivo tradicionalmente marginal en las aldeas rurales.

Sobre el arte de la docencia #DíaMundialdelaEducación

Por José Antonio Hoyos profesor de francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer.

Sin que yo mismo lo supiera o lo previera, aunque quizás sí deseándolo inconscientemente, me he visto siempre atraído por la docencia.

La palabra ha sido un vehículo que, desde que conozco, he pilotado con más o menos pericia pero, sobre todo, con mucho apego. Y de ahí a la docencia diría que solo hay un cambio de marcha, aquel que permite sistematizar el contenido para hacerlo interactivo y creativo.

Tengo un cofre dorado en mi mente en el que guardo el recuerdo de algunos profesores del colegio, del instituto y de la universidad por los que siento una admiración que para algunos de ellos es ya póstuma. Dentro de ese cofre hay frases y conceptos que me enseñaron de una manera que hoy siento tan evocadora que parecen un olor. Tengo también en la memoria ideas que me regalaron que, aún hoy en día, utilizo y parafraseo incluso en conversaciones con mis amigos.

Creo que el docente es un artista, un funambulista que se pasea por la más noble rama intelectual del verbo compartir: compartir el conocimiento. Además, no sólo para transmitirlo sino también, y sobre todo, para inocular el “veneno” de la duda, el más poderoso machete para desbrozar de prejuicios y medias verdades el cerebro de los estudiantes, estudien lo que estudien y tengan la edad que tengan.

Ejercer la docencia le empapa a uno de sueños de realidad que cambian la esencia personal. Los niños africanos a los que di clase durante un par de años en Tanzania convirtieron mi mente en una fiesta de pompas de jabón exigiéndome lo máximo para enseñar lo mínimo: a leer, escribir, sumar y restar; y las chicas y chicos indios a los que ahora tengo el privilegio de enseñar francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer me están haciendo sentir la emotiva bidireccionalidad del maravilloso ejercicio de la enseñanza, pues tanto o más aprendo cada día yo como ellos. Son jóvenes de las castas más bajas que de otra manera no tendrían la oportunidad de estudiar un idioma extranjero y que lo aprenden con la esperanza de ser contratados por alguna empresa, normalmente multinacional, que les pague un sueldo digno con el que mantenerse a sí mismos y a sus familias, normalmente pobres y numerosas.

(@Juan Alonso)


La atención que me prestan, su actitud, y la viveza de sus preguntas y miradas me hacen sentir a veces que estuviera dando clase a un grupo de ardillas.

Calculo que la densidad emotiva de este proyecto es tan grande como la de la materia de un agujero negro, y la deferencia, agradecimiento y respeto que ellos me muestran -aun siendo enormes- son en realidad minúsculos comparados con la explosión de orgullo no presuntuoso que yo siento al formar parte de algo tan noble y puro como enseñar para formar y sostener.

Estudiar una lengua nueva es tender un puente inacabable entre las ideas propias y el mundo exterior a través de un río ancho como el horizonte por el que discurren las circunstancias verbalizables de la vida.

En esta escuela, pues, palabra a palabra, se construyen puentes a través de los cuales cruzan vidas en busca de su realización.

El profesor cooperante con dos alumnos de la Escuela Profesional donde da clases. (@Mario Ruiz-Ayúcar)

* José Antonio Hoyos (Burgos, 1973) estudió Telecomunicaciones en la Universidad Pública de Navarra. Después de trabajar durante 15 años en Madrid en la multinacional Bertelssman y en otros sectores comenzó su carrera como docente. Primero en Tanzania como profesor en una escuela de la ONG Born to Learn, donde colaboró durante dos años. Desde 2015 es profesor de francés en la Escuela Profesional de la Fundación Vicente Ferrer.

Pobreza y desigualdad de género, agravantes de la salud maternoinfantil

Por Núria Torre. Pediatra voluntaria durante seis meses en la UCI de Neonatos del Hospital Pediátrico de Bathalapalli de la Fundación Vicente Ferrer.

© Albert Uriach/ FVF

La Fundación Vicente Ferrer (FVF) atiende miles de partos al año a través de la red hospitalaria establecida en el distrito de Anantapur. Bathalapalli, Kalyandurg y Kanekal son las tres ciudades, por orden de mayor a menor complejidad en la atención pediátrica y neonatal respectivamente, en las que Vicente y Anna Ferrer decidieron instalar los hospitales rurales que atienden hoy en día más de trece mil partos asistidos al año. El Hospital de Bathalapalli asiste 4.000 partos al año, dispone de 30 camas en la UCI neonatal, 5 en la UCI pediátrica y 80 en pediatría. El Hospital de Kalyandurg, al que acuden mujeres gestantes con cuadros de menor riesgo, atiende 7.000 partos anuales, con 15 camas en la UCI neonatal y 30 en la planta de pediatría. Estos números podrían compararse con los de cualquier hospital grande de la ciudad de Barcelona.

La India se enfrenta a tasas de mortalidad neonatal e infantil mucho más altas que las de un país de Occidente. A priori, cualquiera podría pensar que esto es debido a la calidad del parto, pero el problema es mucho más complejo y está íntimamente relacionado con la salud maternoinfantil, la pobreza y la atención tanto en el parto como en el momento del nacimiento del bebé. Todo empieza con las condiciones de salud de la madre (anemia y/o desnutrición), las falsas creencias relacionadas durante el embarazo (restricciones dietéticas y/o aumento del trabajo físico) y el desconocimiento de la importancia del control prenatal. Todas estas condiciones implican que el/la bebé y la madre no lleguen en las mejores condiciones al parto, convirtiéndolo así en un momento de alto riesgo. Además, todas y todos los recién nacidos se enfrentan a creencias post-parto perjudiciales para su salud, como pueden ser las quemadas rituales alrededor del ombligo o ser alimentados por leche de cabra.

© Ramon Serrano / FVF

Los principales problemas de salud que tienen los bebés nacidos en el país son la asfixia perinatal, sepsia y su tamaño y peso para su edad gestacional (1.5-2.5Kg al nacer). Cuando un neonato tiene bajo peso al nacer, su tratamiento no consiste solo en engordar sino que implica una serie de controles y curas hasta la adolescencia. Sin embargo, debido al número tan elevado de casos y a la normalización de la patología como una variante más, es imposible que tengan lugar todos los seguimientos médicos adecuados.

La asfixia perinatal significa que durante el parto hay problemas de irrigación al cerebro, comportando problemas en el desarrollo neurológico posterior. Los hospitales de la FVF disponen de los últimos tratamiento para estos niños y niñas, pero es necesario también el seguimiento y la colaboración de otros profesionales (fisioterapeutas, psicólogos, profesores…) y sobre todo de la propia familia. La estigmatización social que sufren las personas con diversidad funcional en el país, comporta que muchas familias crean que no vale la pena esforzarse en su tratamiento disminuyendo así todo su potencial.

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No habrá paz sin desarrollo

Moncho Ferrer, director de programas de la Fundación Vicente Ferrer.

Que una mujer india encabece una manifestación o que un joven dalit se licencie en una universidad está directamente relacionado con la paz y la justicia. Podemos considerarlos hitos en una sociedad patriarcal y desigual como la de la India rural. Hechos como estos son resultado del desarrollo de los pueblos, el desafío con el que nos encontramos día a día.

(@PAUL FREIMANIS)

Cuando hablamos de paz lo atribuimos inmediatamente a la ausencia de guerra. Y es cierto que los conflictos armados son una de las mayores amenazas para la estabilidad y la convivencia en el mundo. Pero si vamos a la raíz del tema, llegamos a la conclusión que para alcanzar un estado de paz social y de bienestar primero tienen que estar cubiertas las necesidades más básicas de las personas, y no solo en momentos puntuales. Para conseguir comunidades fuertes, autosuficientes y empoderadas no hay más camino que el desarrollo. Mi padre siempre afirmaba que “La paz no es sólo la ausencia de conflicto, sino también la lucha contra la discriminación, el sufrimiento y la pobreza”. No hay verdadera paz si no está acompañada de justicia y solidaridad.

Más allá de la obvia necesidad de intervenir en desastres naturales para paliar sus consecuencias o en zonas de conflictos armados, en la Fundación Vicente Ferrer tuvimos claro desde el principio que el desarrollo de las comunidades era la clave para alcanzar un estado de bienestar basado en unas relaciones justas entre los pueblos.

Uno de los pilares fundamentales del trabajo de la Fundación ha sido el respeto por todas las personas, el hecho de implicarlas en todo, en su propio cambio, en el individual y en el colectivo. Con los años hemos conseguido un proyecto de desarrollo eficaz trabajando con ellas y para ellas. Es así como la pobreza deja de ser un concepto abstracto para pasar a poner nombre y rostro a quien la padece y asumir que tienen la capacidad de transformar su vida.

Es muy fácil sumar adeptos a grupos violentos en los lugares donde los derechos humanos y las necesidades más básicas son pisoteadas. Así se forja el caldo de cultivo para la violencia. En cambio, una comunidad próspera y que participa de un desarrollo sostenible es menos vulnerable a entrar en las espirales de conflictos y violencia.

En Andhra Pradesh se ha fortalecido a la comunidad mediante un proyecto de desarrollo que tiene en cuenta todos los aspectos para una transformación social integral. Siempre hemos considerado la educación como la base de nuestro programa, además de proporcionar una sanidad de calidad y una vivienda segura. Por otro lado, hemos ideado proyectos para la mejora del medio ambiente y hemos trabajado con los colectivos más desfavorecidos, las  castas marginadas, las personas con discapacidad y las mujeres.

Es así como entendemos el camino de la paz social, como el camino de la erradicación de la pobreza y de las desigualdades.

(@RAMÓN SERRANO)

Agua, garantía de empleo para los agricultores de la India

Nageswara Reedy, director de Ecología de la Fundación Vicente Ferrer.

Cuando comencé a trabajar con el equipo de ecología de la Fundación Vicente Ferrer la falta de agua aún amenazaba con convertir Anantapur, distrito localizado en el sureste de la India, en un desierto; una situación dramática en un territorio en el que el 70% de la población depende de la agricultura. En los años ochenta sufrimos tres sequías terribles en todo el distrito que propiciaron migraciones masivas a las ciudades, donde la vida es cara y la estabilidad económica difícil de alcanzar. Hidratar la tierra se convirtió en una tarea imprescindible para favorecer la vida de las familias en la India rural.

“Recuerdo el regreso de 30 familias que habían emigrado a Bangalore. Hoy viven y trabajan en su aldea natal gracias a sistemas de aprovechamiento del agua”.

Si hay agua, la actividad agrícola es posible y la emigración innecesaria. Por eso, desde los inicios consideramos prioritario crear estructuras hídricas que impidieran desperdiciar las lluvias monzónicas y permitieran optimizar este recurso escaso. A lo largo de los años hemos construido más de 2.000 estructuras, principalmente presas, embalses y muros de contención subterráneos, que retienen el agua y sus nutrientes. Todas ellas han hecho posible que muchos agricultores regresen a sus casas y puedan ganarse la vida. Uno de los ejemplos más significativos que recuerdo es el regreso de 30 familias de la aldea de Chennekothapalli que habían emigrado a la ciudad de Bangalore. Actualmente trabajan y viven en mejores condiciones en su localidad natal.

A partir de las reservas de agua construidas hemos conseguido dinamizar la actividad agrícola y gracias a los más de 23.000 sistemas de microirrigación con paneles solares que hemos implementado, los horticultores pueden extraer de forma sostenible el agua subterránea para humedecer los campos. Con el incremento del agua y su adecuada distribución, aumenta la prosperidad de la tierra y con ella la de los agricultores. Si instalamos un sistema de microirrigación a un horticultor, además de diversificar su cosecha, este crea a su vez entre 10 o 15 puestos de trabajo. Además, los programas de horticultura y la distribución de animales han sido factores determinantes para dinamizar la economía en el distrito.

La horticultura y la diversificación evitan la tradicional dependencia del monocultivo del cacahuete y la consecuente emigración de los campesinos. Recuerdo que cuando comenzamos el proyecto hace dieciséis años entregábamos sapotas y mangos. A día de hoy se han distribuido más de ocho millones de árboles frutales y las plantaciones son más heterogéneas e incluyen alimentos como grosellas, chirimoyas, tomates, berenjenas y patatas. Todos ellos garantizan el beneficio a lo largo del año, reduciendo la dependencia estacional de la cosechas.

“El fruto de nuestro trabajo ha sido el fin de la desertización de Anantapur y estar contribuyendo a una prosperidad no solo económica, sino también sostenible”

La distribución de animales es otro de los factores que reducen las migraciones al garantizar estabilidad económica de sus propietarios. Las vacas y las búfalas proporcionan ingresos regulares a las familias y les aseguran en torno a 15 litros de leche diaria para su comercialización. Además de proporcionar alimento y mejorar la economía, las reses generan abono y biogás para cocinar, evitando la tala de árboles y reduciendo la emisión de gases perjudiciales para el medio ambiente. Este programa se está convirtiendo en la principal fuente de ingresos de las zonas rurales en la actualidad.

El fruto que ha dado nuestro trabajo a lo largo de todos estos años ha sido el fin de la desertización en Anantapur y el incremento de la fertilidad de la tierra. Esta transformación ha creado empleo en el sector agrícola y ganadero y ha favorecido el desarrollo rural. Un desarrollo que, además de económico, es sostenible. Proteger el medio ambiente es la única manera de asegurar la permanencia de un ecosistema a largo plazo, por eso hemos priorizado el uso de energías renovables, el aprovechamiento de recursos y el incremento de las zonas verdes a través de la reforestación para atraer la lluvia. Hemos detenido el desierto y, poco a poco, estamos creando bosques para asegurar la riqueza de la tierra y el bienestar futuro de las familias.

 

  • Fotos: Juan Alonso.

A veces, los atascos de tráfico son buenos

Por Padma Priya, periodista de Médicos Sin Fronteras en India

Iba en un rickshaw, un triciclo motorizado, y estábamos en un atasco, así que empecé a hablar con el conductor, Bishnu. Me contó que estaba ayudando a sus hermanos para que pudieran estudiar en Patna, la capital de Bihar.

Le dije que había estado hace poco en Bihar y me pregunto que por qué. Le expliqué que trabajo para Médicos Sin Fronteras y que la organización está luchando contra la desnutrición y el kala azar en ese estado. Cuando pronuncié kala azar, su gesto cambió y me dijo que su madre había estado aquejada de esta enfermedad. Le pregunté dónde había sido tratada y me dijo que en Hajipur. “¿Trabajas para ese MSF?”, me preguntó.

Su madre había recibido tratamiento en el hospital de Sadar, donde trabajamos. “La pobreza debe ser erradicada en Bihar y el kala azar también. La educación es la única forma de conseguirlo”, dijo mientras detenía el vehículo frente a mi casa.

Paciente de kala azar en el distrito de Vaishali, estado de Bihar, India. Fotografía de Anna Surinyach.

Paciente de kala azar en el distrito de Vaishali, estado de Bihar, India. Fotografía de Anna Surinyach.

Le pagué y cuando ya me iba añadió: “Por favor, continúen tratando a nuestras familias en Bihar que sufren el kala azar. Muchos han muerto porque no había tratamiento”. En días como este, me siento afortunada de trabajar en una organización como Médicos Sin Fronteras.

“Cuanto más rica es una familia, más incentivo hay para deshacerse de las niñas”

Por Gabriel Díaz, periodista y cooperante de Global Humanitaria

La activista, escritora y fotógrafa india Rita Banerji impulsa la campaña 50 millones de desaparecidas, que denuncia y busca frenar el asesinato sistemático de mujeres ocurrido durante tres generaciones en la India. Esto no ha cesado: la India es el cuarto país más peligroso del mundo para las mujeres, al tiempo que ofrece las mejores ventajas a las multinacionales y el ‘turismo espiritual’ arroja cifras millonarias.

rita_mhcq5 Has vivido en 17 sitios diferentes en la India y también en los EE UU. ¿Cómo ha influido en tu vida?

Crecí expuesta a muy diferentes culturas y lenguas. Y así, desde muy joven, yo veía la diversidad como la forma normal de la vida. Por ejemplo recuerdo que cuando fui a los EE UU. había un debate en curso acerca de si se debería adoptar el español como segunda lengua oficial, a causa de tantos millones de hablantes de español. Me sorprendió, no podía entender por qué debería ser una cuestión de debate.

En particular, ¿cuándo comienzas a ser consciente de lo que sucede con las mujeres en la India? ¿Cuándo decides actuar en contra del feminicidio?

Siempre he sido sensible a las cuestiones de la violencia sobre las mujeres. Todos quienes hemos crecido en la India hemos escuchado historias de bebés, niñas abandonadas o sobre las mujeres muertas por la dote. Incluso en mi familia, que es muy educada y de clase media alta, hubo casos de violencia. Las mujeres en la India tratan de decirle a las chicas que esto es “normal “, o que son “cosas que suceden”. Tratan de hacernos aceptar la violencia desde muy jóvenes, intentan “lavarnos” el cerebro. Siempre me ha irritado. Creo que no fue hasta que me fui a los EE UU que escuché decir NO a la violencia sobre las mujeres. Amigos y familiares alentaban a las mujeres a salir de hogares violentos, que es lo contrario de lo que ocurre en la India. Me decidí a lanzar la campaña 50 million women missing cuando regresé a la India, y me puse a hacer la investigación para mi libro Sexo y poder: definiendo la historia y las sociedades que configura. Ahí fue cuando la escala y la magnitud de la violencia sobre las mujeres me golpearon fuerte. Me di cuenta de que era un genocidio: un exterminio sistemático.

¿Cómo y por qué ocurre?

Mediante el feticidio femenino, el infanticidio femenino, la muerte de las niñas menores de seis años debido al hambre, los asesinatos relacionados con la dote de las jóvenes casadas, asesinatos por el honor , “la caza de brujas”, y a veces todavía se comete la matanza de viudas. Cultural e históricamente se ha sancionado el asesinato de mujeres en la India y al mismo tiempo las mujeres y las niñas son tratadas básicamente como propiedad de la familia, con las que han ejercido esta licencia libre para matar. A pesar de las leyes, los asesinatos continúan porque la sociedad aún lo considera y trata como un asunto familiar y cultural, no una cuestión de derechos humanos, donde el gobierno y las leyes deben proteger a cada niña y mujer.

Entonces decidiste lanzar la campaña de 50 millones de desaparecidas. ¿Por qué esa cifra?

Lo que es más aterrador sobre el genocidio femenino es cómo llega a ser normalizado en la cabeza de todos los que crecen en la India. Por ejemplo, yo crecí en la India escuchando constantemente hablar acerca de matar a las niñas o sobre los asesinatos por la dote, y sin embargo no fue hasta que estaba reuniendo datos para mi libro que me di cuenta de la escala inhumana de la violencia. No se trata de violencia al azar, sino de un sistema que está destinado al exterminio de las mujeres sólo porque son mujeres. De la misma manera, el antisemitismo fue institucionalizado y “normalizado” en la cabeza de la gente cuando Europa aniquiló a millones de judíos. Hubo seis millones de judíos exterminados en Europa, pero hay más de cincuenta millones de mujeres exterminadas en la India. La proporción sexual para hombres y mujeres en los seres humanos es por lo general de 100 varones por cada 105 mujeres a causa de que las niñas bebés sobreviven mejor y las mujeres viven más tiempo. A partir de esta relación calculamos el número de mujeres “desaparecidas” en la India con datos del censo.

En tus artículos comentas que este genocidio se produce con independencia de los niveles educativos, sociales o las condiciones económicas de las mujeres. Generalmente se tiende a pensar que cuando hay más educación uno tiene más herramientas para evitar la violencia, ¿verdad?

Sí que es cierto. De hecho, los datos del censo de 2011 muestran que la única sección en la que la relación de cantidad de niños y niñas es casi normal es en el 20% más pobre de la población de la India. A medida que la riqueza y educación aumentan, la relación entre ambos sexos cae en el lado de las niñas. Y, de hecho, la proporción de sexos más bajo para niñas es entre la parte superior. Así que cuanta más riqueza hay en una familia, más incentivo existe para deshacerse de las niñas. Esto es porque el sistema patriarcal cree que la riqueza tiene que ser consolidada bajo los miembros masculinos de la familia.

¿En qué consiste esta campaña? Desde tu punto de vista: ¿cuál es la prioridad?, ¿cómo comenzar a detener estos asesinatos?

Los objetivos fundamentales de la campaña son, por un lado, reconocer estos hechos como un genocidio en virtud de la Ley de 1948 de la ONU sobre el genocidio, que es la violación sistemática de los derechos humanos de un grupo; por otro, para que el gobierno y la comunidad internacional actúe de manera responsable es preciso el establecimiento de un plazo dentro del cual se tendrá que detener este genocidio, comenzando con la implementación y monitorización de las leyes existentes para la protección de las niñas y las mujeres. Contamos con un portal público para apoyar estas demandas, aquí está nuestra petición en español.

¿Hoy en día hay lugares eficientes para denunciar casos de amenazas? ¿Percibes algún tipo de reacción por parte del gobierno, del parlamento y de la justicia en la India?

No como tal. Y esto es en gran parte porque todavía no hay un movimiento masivo, en particular de las mujeres, exigiendo la acción del gobierno. Las mujeres en la India no han reconocido su propia opresión. Muchas continúan encontrando explicaciones o justificándolo, si no directamente, sí de forma indirecta. Tal vez debido a eso puede ser que la violencia se haya convertido en una parte internalizada de la cultura. O tal vez las mujeres están demasiado aterrorizadas y ese tipo de miedo a la confrontación es su forma de supervivencia. Pero ése es el reto más difícil hoy en día, que los oprimidos reconozcan la opresión del sistema y luego reunir coraje para unirse y luchar.

Denuncias como ésta demuestran que la India no es solamente un centro espiritual y una gran potencia comercial. Con esta visión fragmentada, ¿consigues que la población tenga en cuenta, paso a paso, lo que está pasando allí?

Sí, muy lentamente. Desafortunadamente la India es una gran atracción para las compañías transnacionales. Tenemos un sistema económico feudal que permite la explotación no regulada y casi inhumana del trabajo. Y en última instancia, para los gobiernos y los sistemas, los incentivos se convierten a menudo en prioridad sobre los derechos humanos. Los países occidentales, incluyendo los EE UU y el Reino Unido apoyaron el gobierno del apartheid durante mucho tiempo. Fue cuando la gente común de estos países obligó a sus gobiernos a reconocer y dejar de apoyar al gobierno del apartheid, que ese cambio ocurrió.

Luke en Bihar: el valor de las cosas

Por Luke Chapman (médico de Médicos Sin Fronteras en India)*

Los contrastes son frecuentes en Biraul. Personas realmente pobres se sientan codo con codo con personas… ligeramente menos pobres. Niños nerviosos y flacos siguen a padres obesos. Los modernos SUV pelean por un espacio precioso en la carretera con los carros tirados por caballos y los rickshaws. A pocas puertas de la tienda de televisores de alta definición se venden patatas agusanadas. El mes pasado llegó la ‘Temporada de Festivales’, en la que algunos de estos contrastes se hacen incluso más evidentes si cabe.

El Durga Puja es uno de los mayores festivales y dura diez días, durante los cuales los caminos de barro bordeados de excrementos que rodean nuestra oficina se han convertido en caminos de barro bordeados de puestos, banderolas, tenderetes e incluso un par de tiovivos. Llamativos colores adornan obligatoriamente cualquier superficie habida y por haber, y esto incluye al confiado ganado.

Las tiendas que venden víveres, frutas y verduras se han visto complementadas por un gran número de puestos que venden bisutería barata, juguetes de plástico, incienso y mil y una cosas más generalmente consideradas no comestibles. En repetidas ocasiones puedo ver intercambios que hasta el día de hoy habían sido raros en Biraul (aunque imagino que el ambiente en esta época del año en la calle principal de cualquier ciudad de mi país, Reino Unido, es también, cuanto menos, desenfrenado).

Cliente: Buenos días, señor tendero. ¿Por causalidad no venderá usted cosas sin ningún valor práctico?

Tendero: ¡Naturalmente que sí, la especialidad de mi humilde tienda son las cosas sin valor práctico! ¿Cuánto está pensando gastar el señor?

Cliente: ¿Gastar? Vaya, supongo que también usted necesita cosas sin valor y no puedo matarle ni robarle, con toda esta gente mirando, así que tendré que darle algo de dinero. Quisiera esta cascada de agua de plástico y le daré una rupia por ella.

Empieza el regateo.

Tendero: Aunque no me satisface el trato que acabamos de hacer, puedo ver que hemos llegado a un punto muerto. Por tanto, me consideraré colmado de bendiciones si cerramos este intercambio, con la esperanza de que un día regresare a mi humilde comercio.

Cliente: Yo también me siento especialmente insatisfecho con esta transacción. Debido a mi cultura y a la sociedad de la que procedo, quería este motivo decorativo en forma de cascada de plástico (que ahora me doy cuenta que está muy mal trabajado y es un poco hortera), así que lo he comprado. De todas formas, no voy a dejar que ni el más mínimo remordimiento de comprador me estropeé el día, ya que todavía tengo que gastar en otras cosas prácticas, como comida, y además estamos en temporada de festivales. En cuanto a si volveré o no a su tienda, se lo prometo con una sonrisa, lo que lamentablemente para usted no tiene ningún valor.

Naturalmente, el valor no sólo reside en lo práctico. A través del milagro del comercio, todo Biraul se enriquece un poco, y con el dinero viene el desarrollo. Pero de camino al trabajo por la mañana, sabiendo que vas a ver a tantos niños desnutridos, sigue pareciéndome extraño atravesar tanto tenderete donde no se vende nada de comer. Quizá ese sea el motivo de los festivales: la esperanza que te permite lanzar la prudencia al aire y hacer algunas cosas en nombre de la diversión y no de su utilidad. No estoy de ninguna forma criticando, sería muy hipócrita por mi parte. En este mes de celebraciones, nuestro programa ha ayudado a las familias de 169 niños a curar su desnutrición aguda severa.

Pero no todo el mundo está para celebraciones. Uno de nuestros pacientes, una pequeña de siete meses a quien podemos llamar Sam, finalmente salió del Centro de Esterilización tras casi seis semanas hospitalizada. Sam había pasado por un calvario pero finalmente logramos curarle la septicemia y detener la diarrea. Mi último recuerdo de ella es el de su sonrisa mientras sostenía alegremente un sonajero.

Un día después, su madre se la llevó a casa en contra de lo que le aconsejaba el médico: antes de lo que nos hubiera gustado pero no obstante en buen estado. No tenía diarrea ni fiebre ni ninguna otra complicación. Le pedimos a la madre que por lo menos volviese a la consulta al cabo de tres días. Apareció al cabo de cinco, pero para entonces Sam había perdido 700 gramos, un cambio pequeño si eres lo bastante privilegiado y te sobran algunos kilos en la cintura, pero un golpe fatal si sólo pesas 3.600 gramos. Sam murió al día siguiente.

Su madre afirmó que durante esos cinco días le había dado a Sam comida y líquidos tal como habíamos estado haciendo nosotros cuando estaba ingresada en el Centro de Estabilización. Si es así, la suerte de Sam es totalmente desconcertante. ¿Puede que todos nuestros mensajes de educación para la salud no hubiesen servido de nada? ¿No le dimos suficientes herramientas a la madre para cuidar adecuadamente de Sam? O, pensando lo impensable, ¿podría ser que la familia de Sam no se hubiese ocupado demasiado del bienestar de la pequeña?

Aceptar esto sería, para mí por lo menos, equivalente a tirar la toalla y aceptar que estos pequeños seres humanos no tienen derecho a la vida. Médicos Sin Fronteras no contempla esto. Cuando no hay esperanza, la crea. A veces no es barato hacerlo, y ocasionalmente el principal resultado es la creación de esperanza en lugar de su satisfacción. Qué valor le das a la esperanza… bueno, supongo que es subjetivo. No sé lo que nuestro hipotético tendero cobraría por ella, incluso en época de festivales. Cuanto más lo pienso, más me convenzo de que no tiene precio.

 

* Luke Chapman es médico del proyecto de desnutrición infantil de MSF en Biraul, en el estado indio de Bihar. Puedes leer aquí todos sus posts desde Biraul.

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 Foto: Vaca adornada durante la temporada de festivales de Biraul (© Luke Chapman)

Luke en Bihar: “de pequeño, yo también estaba en los huesos”

Por Luke Chapman (médico de Médicos Sin Fronteras en India)*

Como os decía, no todo el mundo en India opina lo mismo sobre la desnutrición infantil, sobre si es una enfermedad o no. Aquí prevalece la idea de que los niños simplemente están delgados, tal y como ilustra la afirmación de cierto responsable oficial del país, una idea por otra parte omnipresente aquí: “de pequeño, yo mismo estaba en los huesos y eso nunca me perjudicó“.

Puedes entender el por qué del desinterés en ver la desnutrición como una enfermedad. Por una parte, un mayor interés conlleva que tengas que empezar a hacerte responsable de los ocho millones de niños que la padecen en este país, cosa que no es nada barata. Por otra parte, atrae una atención innecesaria sobre los porqués de que, en un país sin grandes crisis agudas y 8 teléfonos móviles por cada 10 personas, exista un problema de tal magnitud. Se trata de un tema políticamente sensible.

Médicos Sin Fronteras se percató del problema en Bihar en el transcurso de una intervención de emergencia durante las inundaciones de 2007. Algunas encuestas preliminares revelaron una prevalencia de desnutrición en niños menores de cinco años de aproximadamente un 5%, lo que en algunos contextos constituye una emergencia humanitaria y tratada como tal, por ejemplo en partes del África subsahariana.

Sin embargo, hay unas 300.000 personas en el distrito de Darbhanga (población 3,9 millones). Y hay 38 distritos en el estado de Bihar (población 104 millones). Y en todo el estado de Bihar, en todo el país incluso, sólo hay un programa nutricional como el de MSF. ¿Por qué entonces MSF está trabajando en Biraul y no en otras partes?

Las principales razones pueden resumirse en una mezcla de buena fortuna, capacidad de MSF para negociar el acceso y después generar resultados, y la voluntad política para abordar la cuestión por parte del gobierno del Estado de Bihar. Lo que intentamos hacer aquí, en esta India llamada a ser algún día una de las economías más potentes del mundo, es mostrar al gobierno que la desnutrición puede tratarse de forma rentable a gran escala. Dentro de esta contradicción, MSF anda sobre la cuerda floja, buscando el equilibrio entre unas operaciones que son vitales para la población y que deben estar orientadas a obtener resultados, y las negociaciones diplomáticas con el gobierno.

Así que aquí estoy, supervisando a los médicos nacionales que tratan a los niños desnutridos en el Centro de Estabilización,  entre ellos a un niño de 2 años, llamémosle George, que sufre desnutrición y que ha empezado a hincharse por exceso de líquidos, causa frecuente de esas barrigas hinchadas que recuerdo tan claramente haber visto en la tele cuando era niño.

Finalmente ya tengo clara la causa de la hinchazón y, contrariamente a lo que muchas fuentes querrían que creyésemos, no es ascitis, si no una combinación de un hígado hipertrofiado y un número excesivo de bacterias en el intestino, agravado por una musculatura abdominal débil.

En todo caso, a George le importa muy poco la patofisiología. Su piel está tan escamada que deja al descubierto un mosaico de llagas en su hinchado cuerpo; su boca, tan agrietada e infectada que a penas puede comer. Exuda sufrimiento. A pesar de todo, está respondiendo bien al tratamiento, y en un par de semanas ha mejorado mucho e incluso le he visto sonreír. Y acaban de darle el alta para su posterior seguimiento en el programa ambulatorio.

El propósito diario del proyecto es sanar a niños como George de la desnutrición aguda severa que padecen, para evitar retrasos en el crecimiento o, peor aún, la muerte, y no puede cuantificarse este beneficio más de lo que podría ponerse precio a una vida humana.

Pero MSF está aquí con una meta adicional incluso más ambiciosa: si podemos ayudar a niños como George con un modelo de atención nutricional comunitaria hecha a medida para el estado de Bihar, en un contexto como el de India, entonces podremos quizás convencer al gobierno de que adopte este modelo de atención, que lo amplíe y luego ayude a cada niño enfermo como George. Y eso sería todo un logro.

* Luke Chapman es médico del proyecto de desnutrición infantil de MSF en Biraul, en el estado indio de Bihar.

Luke en Bihar: la desnutrición y sus etiquetas

Por Luke Chapman (médico de Médicos Sin Fronteras en India)*

Todos hemos visto las fotos. Recuerdo como si fuera ayer a mi madre diciéndome, cuando me dejaba comida en el plato, aquello de “piensa en los niños etíopes que pasaban hambre”. Y yo pensaba en los niños etíopes que había visto en la televisión, sobre todo con pena pero también con cierta curiosidad por saber por qué tenían la barriga tan redonda y protuberante. Ya sea debido a guerras, hambrunas o catástrofes naturales, son estas crisis nutricionales agudas las que al final tienden a ser noticia en la tele. Buena audiencia supongo.

India no padece crisis “agudas”. Como mi jefe muy sagazmente observó la semana que llegué, esta es una nación capaz de viajar al espacio y de lanzar ataques nucleares. El ritmo al que está creciendo la economía india es motivo de envidia y temor a partes iguales en Occidente (aunque lo del temor lo admitamos con reserva). Naturalmente, podríais preguntaros por qué la desnutrición es un problema en un país como este. Una sencilla pregunta que, desgraciadamente, no tiene una respuesta sencilla.

Basta con decir que hay múltiples factores y variables geo-sociopolíticas que interactúan de una forma compleja para provocar dramáticas desigualdades en el reparto de la riqueza y en materia de seguridad alimentaria. Esto me ha venido a la cabeza de repente, así que lo cogería con pinzas. De hecho no creo ni que exista la palabra “geo-sociopolítica”…

Sean cuales sean las causas, en la práctica no hay una solución rápida para la desnutrición en India. Ni yo ni Médicos Sin Fronteras ni nadie puede chasquear los dedos y que de repente todo mejore. Soy optimista y pienso que es posible cambiar las cosas, y de hecho las cosas están cambiando, pero mientras tanto los niños siguen muriendo. Así que, si no puedes abordar la causa, lo único que puedes hacer es abordar la consecuencia, que, por decirlo de forma sencilla, es que los niños muy delgados pueden morir si no se les trata.

Pero ¿puede ’tratarse’ la desnutrición? No puede decirse realmente que se trate de una enfermedad como son la malaria o la esquistosomiasis ¿no? Y quizás es raro meter en un mismo saco enfermedades causadas directamente por parásitos muy concretos y una enfermedad cuyas causas son ‘geo-sociopolíticas’.

Sin embargo, los hechos hablan por sí solos: la desnutrición se asocia a una mortalidad y una morbilidad cada vez mayor. Tiene criterios diagnósticos. Y tiene tratamiento basado en evidencias. Así que tanto si eliges etiquetarla como una enfermedad o no (y MSF lo hace), puedes hacer algo, y eso es lo que realmente importa.

El problema es que, en India, no todo el mundo opina lo mismo.

 

(Continúa el próximo lunes)

* Luke Chapman es médico del proyecto de desnutrición infantil de MSF en Biraul, en el estado indio de Bihar.

Foto: Un trabajador de MSF evalúa el estado de un niño con desnutrición aguda mediante el brazalete MUAC. Biraul, India (© MSF).