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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Los ‘ocho miles’ de Nepal

Por Sara Escudero, delegada de Cruz Roja Española en Nepal

La delegada de emergencias Sara Escudero en el campamento base de Kalikasthan.

La delegada de emergencias Sara Escudero en el campamento base de Kalikasthan.

Otra fila más. Vuelve a llover. Primero tímidamente, después un fuerte chaparrón, mientras los voluntarios y voluntarias de la Cruz Roja nepalí nos preguntan, chapurreando palabras en castellano, si semejante diluvio se llama en España chirimiri como les dijo Ángel bromeando.

Otra fila más. Esperan pausadamente, sonrientes. Mientras se empieza a descargar un camión lleno de momentos de duro trabajo, evaluación de necesidades, datos, censos y mucha, mucha motivación.

Otra fila más, gente esperando en una fila perfectamente hecha llena de niños y niñas que ya han salido del colegio y que se enfrentan a un día lleno de aventuras por la carretera. Un día de gente a quien saludar y a quien sonreír. NAMASTE

¡Camión cargado! Ya estamos listos… Losas de cemento para la base de las letrinas, palos de bambú para la estructura, plásticos para unas paredes temporales y mucha ilusión. Magnifico proyecto de ingeniería para trabajar en un proyecto de vida: mejora de la salud y las condiciones higiénicas de la población. Metros de bambú y alambre al servicio de la arquitectura sostenible y mas importante aún.. al servicio de las personas. Nuestra fila es hoy nuestra particular montaña. Una ruta planeada que va ascender a un pico casi inalcanzable. Una cumbre que solo mi admirado Carlos Soria podría alcanzar, en su querido Nepal.

Se planea la ruta el día de antes y por fin amanece. NAMASTE. Miramos al tiempo como buenos montañeros, como los agricultores miran y esperan la lluvia. Si sale mal día tocará mojarnos. Pero depende de la ruta. Si hoy subimos a zonas muy inaccesibles, es posible que tengamos deslaves, que no podamos pasar o que pongamos en riesgo al equipo. Toca mirar al cielo cada mañana y admirar el mar de nubes con el que nos saludan al amanecer nuestras montañas. NAMASTE. Solo queda esperar y soñar con un día soleado, de los pocos que pueden aparecer en estos meses de intensas lluvias. Monzón… ¿Eres tú quien llama a nuestra montaña?

Y por fin llegamos, subimos alto y una gran fila de personas espera. FILA DE PERSONAS, no nos olvidemos. De gente que como nosotros mira al cielo, mira las nubes, siente y sonríe. Fila de personas que vive sus emociones al filo de imposible, que llora y ríe, que sonríe y asiente con la cabeza. Llegamos hoy a una de nuestras metas.

Volvemos a nuestra particular campamento base con la bandera ondeante de la Cruz Roja, sonrientes, satisfechos, con nuestras mochilas que salieron por la mañana cargadas con linterna, agua, víveres, chubasquero y ropa de repuesto y que vuelven cargadas de ilusiones, de fotos, de imágenes que estarán grabadas en la memoria para siempre y que al recordarlas esbozaran en tu cara una sonrisa. ¿Puede haber una conquista mas motivante que esta?

Y vuelve a caer la noche. Los días pasan demasiado rápido y casi sin quererlo el tiempo vuela, para lo bueno y lo malo. Y las nubes apenas dejan que podamos ver las estrellas, y tan solo la luna llena aparece por unos instantes para recordarnos que aunque no la veamos ella sigue ahí, velando por nuestros sueños. Y vemos las miles de comunidades a los pies de la ladera, en la cumbre de la montaña, en las faltas de la coordillera. Ellos también han encendido sus luces, siguen ahí, esperándonos con sus toldos plásticos y sus sonrisas. NAMASTE. Hoy la montaña parece el cielo, como dice mi compañero José. Miles de casas que parecen estrellas y que se agrupan por constelaciones: por la mañana serán las comunidades.

No hemos subido un ocho mil. Y las lluvias y las nubes tan solo nos han dejado ver un día las cumbres nevadas por solo unos minutos. No subiremos un ocho mil. Esta vez no. Pero las sonrisas que nos ofrecen cada día, bien valen la recompensa del esfuerzo de subir una montaña, de escalar las cumbres del mundo, los sudores de alcanzar el techo del planeta. Al final, al igual que los montañeros, recogemos la recompensa de la ilusión por alcanzar un objetivo: nuestro particular ocho mil.

Taller de promoción de higiene en un campamento de desplazados de Rasuwa.

Taller de promoción de higiene en un campamento de desplazados de Rasuwa.

Construcción de letrinas en un campamento de desplazados en Kalikasthan.

Construcción de letrinas en un campamento de desplazados en Kalikasthan.

Campamento de desplazados en Rasuwa.

Campamento de desplazados en Rasuwa.

El monzón ocasionará deslizamientos de tierra y bloqueará caminos como el que conduce a Rasuwa.

El monzón ocasionará deslizamientos de tierra y bloqueará caminos como el que conduce a Rasuwa.

Distribución de kits higiénicos en Rasuwa.

Distribución de kits higiénicos en Rasuwa.

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