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Peregrinos en tiempos de guerra

Crónica de Omar Ahmed, coordinador de Médicos Sin Fronteras en Najaf, Irak.

Son las seis de la mañana, y a pesar de que en Najaf se superan los cincuenta grados en los meses de calor, en esta época del año las temperaturas son bastante frías. Ayer por la tarde recibimos una llamada de Khalid, un hombre desplazado por la guerra y originario del distrito de Telafar – norte de Iraq -, que trabaja de manera esporádica para nosotros desde la ciudad de Ein el Tamer. Situada en la frontera entre las regiones de Kerbala y Anbar, Ein el Tamer es uno de los puntos de recepción de los cientos de miles de desplazados que han huido de las zonas de combate durante los últimos meses. Lugar idílico lleno de palmeras, frente a un oasis de película, esta pequeña ciudad ha pasado de recibir un turismo local voluntario y con ganas de descansar, a uno forzado y con intenciones de sobrevivir.

Pero volvamos a Khalid. En aquella llamada de ayer, nuestro compañero nos informaba de que durante la última semana estaban llegando cientos de familias de la región de Anbar, concretamente desde las ciudades de Ramadi y Hit, donde actualmente se libran feroces enfrentamientos entre el ejército iraquí y las milicias del denominado Estado Islámico.

Desde hace casi dos meses, en el marco de nuestra intervención de emergencia para asistir a los desplazados de la actual guerra que se vive en Irak, estamos haciendo distribuciones de kits de higiene y de ropa de abrigo que les ayude a afrontar el invierno con mayores garantías. Tras efectuar los estrictos y habituales chequeos de seguridad, dado que no sólo nos dirigimos a una ciudad situada a apenas decenas de kilómetros del frente, sino que tenemos que atravesar un camino en que somos conscientes de que hay un riesgo considerable de sufrir atentados, salimos rumbo al norte con los camiones cargados hasta arriba.

MSF presta asistencia a las familias de desplazados internos en Diwaniya, Kerbala y Babil, en el sur de Irak, con la distribución de KIT sanitarios, atención a través de  clínicas móviles y promoción de la salud. Fotografía: MSF

MSF presta asistencia a las familias de desplazados internos en Diwaniya, Kerbala y Babil, en el sur de Irak, con la distribución de KIT sanitarios, atención a través de clínicas móviles y promoción de la salud. Fotografía: MSF

Para los lectores curiosos: los kits de higiene contienen toda una serie de productos básicos para la higiene diaria y están pensados para que duren alrededor de cuatro semanas (jabón, toallas, compresas, maquinillas de afeitar, champú, cortaúñas, detergente en polvo, y cremas varias). Los kits con ropa de abrigo contienen mantas para cada miembro de la familia, y gorros y calcetines para los niños menores de cinco años.

El camino no es largo, y la peculiar decoración de las casas situadas a ambos lados de la carretera en unas fechas tan señaladas para el Islam Chiíta, lo hace más bien ameno. Nos encontramos en medio del primer mes del calendario islámico – Muharram – en el que curiosamente está prohibido luchar. Y a lo largo de los caminos que llevan a las ciudades santas de Najaf y Kerbala, se preparan las posadas de acogida para los peregrinos – aunque ahora mismo, a quien acogen es los desplazados – y las llenan de banderas negras y verdes, así como de posters y telas con varias representaciones de Hussein, hijo de Ali – sobrino y yerno del profeta Muhammad -, y por tanto personaje venerado por los Chiítas.

Al llegar a Ein el Tamer, gracias a la colaboración del consejo local, equivalente al ayuntamiento de la ciudad, podemos organizar la distribución a cientos de familias. Para poder saber quiénes no han recibido aún estos kits, existe un registro que nos indica la fecha en la que llegaron, pero aún así, las quejas son de tipo y llegan de todos lados. En general, lo que nos dicen es que si bien estos productos les ayudarán a mantener un mínimo de higiene y a protegerse de las bajas temperaturas nocturnas del desierto, están muy lejos de garantizar el bienestar básico y digno que necesita todo ser humano. Y tienen toda la razón: las necesidades son mayores a nuestra capacidad de atenderles. Nos hemos cerciorado de que el hospital de la ciudad ofrecerá atención médica gratuita a estas familias desplazadas, pero probablemente haya que hacer nuevas distribuciones para quienes vayan llegando en las próximas semanas. Además, tenemos que seguir presionando para para que otras organizaciones se hagan cargo de otras áreas de trabajo y así podamos dar una asistencia más completa a todas estas personas.

Durante las siguientes semanas, las regiones de Najaf y Kerbala se llenarán de millones de peregrinos. Y con suerte, inmiscuidos en uno de los mayores espectáculos de solidaridad del mundo actual, los desplazados se beneficiarán de todos los servicios gratuitos que las autoridades religiosas disponen, especialmente durante las dos últimas semanas del Muharram. Lógicamente, lo que más nos preocupa es qué pasará a mediados de diciembre, cuando todo ese despliegue se despida hasta un nuevo año. El reto reside en garantizar la continuidad del acceso a los servicios básicos para los desplazados, en especial, al menos por nuestra parte, a los servicios sanitarios. Estos existen, pero hay varias barreras culturales que propician que no siempre sean accesibles para todo el mundo. Así que, más allá de las distribuciones puntuales de urgencia, esperamos contribuir a la construcción de ese puente necesario para cubrir la brecha entre servicios y necesidades.

Con esa intención, desde el proyecto de Médicos Sin Fronteras situado en Najaf, tras cuatro años de colaboración con el Hospital de maternidad de referencia en la región y habiendo contribuido considerablemente a la reducción de la mortalidad neonatal de los casi tres mil partos mensuales, hemos empezado recientemente una intervención de asistencia a los desplazados del conflicto, llegados del norte del país. Tanto en las regiones santas de Najaf y de Kerbala, como en las de Babil, Diwaniya y Wassit, comenzamos a efectuar clínicas móviles y vamos a ofrecer servicios de salud mental. Esperemos poder contar dentro de unos meses que estamos consiguiendo la necesaria integración de estas familias – en términos de acceso al sistema de salud -, para las cuales la vuelta a casa es incierta. No se sabe cuándo podrán volver, pero en cualquier caso no será muy pronto.

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