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Shaima, 10 años, intentando superar la pérdida en los escombros de Gaza

Por Catherine Weibel desde Gaza, Unicef.

Gaza, estado de Palestina, 29 de septiembre de 2014. Shaima, de 10 años, vive en Shuja’iyeh, en el este de la ciudad de Gaza, un barrio lleno de gente que ahora ha quedado casi reducido a una vasta extensión de escombros. La amenaza de los restos explosivos de guerra se cierne sobre sus habitantes en cada esquina.

Un asesor dirige un juego con globos en un aula Gaza, parte de un esfuerzo para reincorporar poco a poco a los niños en el aprendizaje a través de actividades recreativas.

Un asesor dirige un juego con globos en un aula Gaza, parte de un esfuerzo para reincorporar poco a poco a los niños en el aprendizaje a través de actividades recreativas.

Se estima que 18.000 casas fueron destruidas en Gaza durante la última ronda de hostilidades, que dejó a 506 niños muertos y más de 3.000 heridos. Entre los escombros de lo que una vez fueron hogares hay banderas que llevan los nombres de los antiguos ocupantes y números de teléfono, por si alguien quiere ponerse en contacto con ellos.

Al final de una calle polvorienta llena de aguas residuales hay una pared donde cuelga un tipo diferente de bandera. Con una imagen de tamaño natural de un hombre sonriente y de una niña, marca la entrada a la casa donde ambos murieron.

En el interior, una niña un poco mayor se prepara para la escuela, poniéndose el uniforme verde con cuello de encaje blanco utilizado aquí por los estudiantes.

A los 10 días de conflicto, cuando el barrio estaba siendo atacado con artillería pesada, morteros y ataques aéreos, la familia de Shaima se mudó al apartamento de su abuelo en la planta baja, que creían que era un lugar más seguro.

“Ya desde temprano por la mañana las bombas estaban cada vez más cerca”, dice Shaima. “De repente, una bomba cayó en la casa de al lado. Todo el mundo salió corriendo, a excepción de mi padre y mi hermana menor. Escuché a gente gritando que habían muerto”.

Su padre, Adel, estaba en el sofá de la sala de estar con su hermana de dos años, Dima, en sus brazos, tratando de acunarla para que se durmiera, cuando un proyectil golpeó la casa del vecino. Tanto Adel como su hija murieron a causa de la metralla que irrumpió a través de las paredes.

“Vi a mi tío que llevaba a mi hermana”, dice Shaima. “Me di cuenta de que la metralla había cortado su cabeza. No miré el cuerpo de mi padre, porque tenía miedo de que sus heridas fuesen tan malas. Hui de allí”.

EN ESTADO DE SHOCK

Shaima recibe habitualmente la visita de un asesor del Centro Palestino para la Democracia y la Resolución de Conflictos (PCDCR), una aliada de UNICEF que se especializa en trauma infantil. El asesor la ve en su casa y le ayuda a hablar de su experiencia.

“No puedo cantar. Pienso en mi padre y mi hermana que están muertos. Me siento culpable”, dice Shaima, que perdió a su padre y su hermana menor en un bombardeo en Gaza. (© UNICEF Gaza/2014/El Baba)

“No puedo cantar. Pienso en mi padre y mi hermana que están muertos. Me siento culpable”, dice Shaima, que perdió a su padre y su hermana menor en un bombardeo en Gaza.

“No pude decirle decir adiós a mi padre”, dice Shaima al consejero. “Yo no quiero ser una huérfana, quiero que mi papá esté conmigo. Sólo tengo recuerdos maravillosos de él. Solía comprar juguetes, aunque yo no se los pidiera. Me gustaría poderles ver, a él y a mi hermana Dima. Yo solía jugar con ella. Me gustaba vestirla y peinarla”.

La madre de Shaima, Shereen, está igualmente en estado de choque.

“Mi marido era un hombre bueno. Él nunca negó nada a nuestros hijos, a pesar de nuestros escasos recursos”, dice. “Todo el mundo dice que mi hija Dima era una niña hermosa”, continúa. “He visto antes a niños muertos y mutilados en la televisión, pero cuando trajeron a mi propia hija fue horroroso”.

Conseguir que Shaima vuelva a la escuela es una prioridad para darle un sentido de normalidad a su vida. No es una tarea fácil en Shuja’iyeh, donde la nueva normalidad es que las calles estén llenas de edificios destrozados, y los estudiantes tropiecen con escombros cuando se dirigen a la escuela.

Incluso la propia escuela lleva las cicatrices de la guerra, ya que una parte del edificio fue derribada en un ataque aéreo.

VUELTA AL APRENDIZAJE

Para ayudar a que los niños alejen de sus mentes los horrores que presenciaron y experimentaron, UNICEF y la organización aliada Centro de Desarrollo MA’AN dedicaron la primera semana de escuela a actividades recreativas destinadas a introducir lentamente a los estudiantes en el aprendizaje. UNICEF lleva a cabo la capacitación de cerca de 12.000 asesores, maestros y supervisores escolares para que puedan hacer frente a la ansiedad de los estudiantes después del conflicto, y para identificar a las personas que necesitan atención especializada. Esto ha llevado a que 230.000 niños en edad escolar reciban apoyo psicosocial y participen en actividades recreativas durante la primera semana de regreso a la escuela.

“Yo no quiero ser huérfana, quiero que mi papá esté conmigo”, dice Shaima a un consejero del Centro Palestino para la Democracia y la Resolución de Conflictos, una aliada de UNICEF que se especializa en el tratamiento del trauma infantil.

“Yo no quiero ser huérfana, quiero que mi papá esté conmigo”, dice Shaima a un consejero del Centro Palestino para la Democracia y la Resolución de Conflictos, una aliada de UNICEF que se especializa en el tratamiento del trauma infantil.

En la clase, Shaima y los otros estudiantes juegan con globos de colores bajo la atenta mirada de los consejeros de MA’AN. De repente, ella se queda quieta, y con una mirada vacía en sus ojos observa las paredes, ajena a su entorno. Uno de los asesores le atiende inmediatamente. “Ven, juega con nosotros, y luego vamos a cantar juntos”, dice. “No puedo cantar. Pienso en mi padre y mi hermana que están muertos. Me siento culpable”, responde Shaima con lágrimas en el rostro.
“Nuestros estudiantes han visto y vivido cosas terribles. No pueden volver a estudiar como si nada hubiera pasado”, dice Randa Mahmoud, que enseña inglés a Shaima. “Las actividades recreativas y el apoyo psicosocial ayudan a hacer frente a sus experiencias. Incluso Shaima ha conseguido sonreír después de jugar en la clase, aunque sólo sea por un rato”.

Hay por lo menos 373.000 niños en Gaza que necesitan desesperadamente apoyo psicosocial. UNICEF debe recaudar 4,5 millones de dólares para programas de apoyo psicosocial como parte de un llamamiento más amplio de 12,5 millones de dólares para el plan de respuesta de la protección de la infancia.

* Fotos: © UNICEF Gaza/2014/El Baba

3 comentarios

  1. Dice ser Sicoloco Del Castin De Foolyou

    Y Judea aun sin castigár por esta bárbara carniceria de niños.ninguna represalia internacionál por esto.ninguna peste enviada por dios para castigarlos.todo el trabajo de justicia aun por hacer.

    28 Octubre 2014 | 14:59

  2. Dice ser konver | toner

    Cuanta penuria están pasando la gente de países del llamado tercer mundo mientras en este país salen los ladrones como hongos con sus caprichos y sus cuentas en paraísos fiscales.

    ce285a
    http://www.konver.com/es/hp/10-pack-ahorro-hp-laser-ce285a-compatible.html

    28 Octubre 2014 | 18:31

  3. Dice ser Brisha

    El sionismo ha actuado como un cruel verdugo asesinando miles de vidas en Gaza. Estos asesinatos serán recordados por muchos para que cuando nuestros hijos tengan que recordar la historia reciente judia no solo quede en las penurias que este pueblo paso en el holocausto nazi, si no que tambien se les recuerde por convertirse en el pueblo rencoroso y criminal que es ahora.

    Las victimas que se convirtieron en verdugos.

    05 Noviembre 2014 | 11:36

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