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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Luke en Bihar: el mango como amenaza

Por Luke Chapman (médico de Médicos Sin Fronteras en India)*

Como os decía, el siguiente punto del orden del día tenía que ver con mangos.

“Como estoy seguro que todos sabéis ya, nuestros guardas de seguridad no tienen la potestad de hacer frente a amenazas de seguridad internas.”

¿Amenazas de seguridad internas? Parecía algo serio. Se me aparecieron imágenes de hombres armados con pasamontañas.

“Naturalmente, me estoy refiriendo a los mangos.”

¿Mangos? ¿En serio? Querido lector, por favor no me juzgues severamente por lo que me ocurrió a continuación: un ataque agudo de risa floja. No me estaba riendo de nadie, ni le estaba restando importancia a los traseros cómodos ni a los mangos amenazadores, sólo es que todo aquello empezaba a parecerme un tanto surrealista. Afortunadamente creo que nadie se dio cuenta. Un observador perspicaz se habría percatado de lo apretado de mis labios, de las ligeras sacudidas de hombros y de las oscilaciones de mi nuez.

Parece ser que los mangos, junto con todas las demás frutas, pertenecen legalmente al dueño de la casa en la que estamos alquilados, y entre las tareas de nuestros guardas no está el vigilar que la gente no se los coma. Antes de irme ese día, aún con la sonrisa en los labios, ví una fruta que había caído del árbol dentro del recinto de MSF.

“No te tengo miedo”, le susurré. Al día siguiente pasaba por allí y me tropecé con aquella misma fruta: me caí, con el resultado de un pequeño rasguño en la rodilla izquierda. Me imagino que fue el Karma, diciéndome que no me pasara de listo.

Quince días más tarde más o menos, me encargaron realizar una evaluación del desempeño de un miembro del personal bajo mi supervisión, un hombre al que hacía poco y de quien apenas sabía nada: Kevin, que es registrador. Su trabajo consiste en introducir toda la información de todos los niños de nuestro programa de nutrición en una ficha y en un libro de registro. Esto incluye el registro semanal del peso del niño, que Kevin convierte además en una gráfica perfecta. Siempre les digo a los registradores que su trabajo es tan importante como el de los médicos, porque:

                        -> datos correctos + un mal médico = una decisión clínica errónea

                        -> datos incorrectos + un buen médico = una decisión clínica errónea

Al repasar su evaluación anterior, vi que mi predecesor había identificado algunas áreas de mejora en el trabajo de Kevin. El sistema de evaluación se traduce en una especie de puntuación, y la de Kevin era algo baja. El proceso de evaluación era bastante nuevo para él, y me dijo que temía por su trabajo. Su mirada me decía que su miedo era real. Tras dudarlo un instante, suspiré y tomé una medida que quizás no es la más profesional.

“Kevin, te voy a contar un secreto. No te preocupes demasiado por esta puntuación: no vamos a despedirte.” Se mostró visiblemente aliviado. “Los aspectos en los que tienes que centrarte son estos”, le dije, señalando una pequeña tabla en la parte de atrás de la hoja. “Estas son las cosas que has hecho bien, sigue así y desarróllalas más. Aquí tenemos lo que no hiciste tan bien: son áreas en las que tienes que concentrarte y mejorar. Si lo logras, la próxima vez tu puntuación mejorará. Así podrás decir que estás progresando, yo podré decir que he supervisado tus avances, y los chicos de administración podrán meter la evaluación en un cajón, y podemos irnos todos a casa.” Kevin sonrió. Ojalá alguien me hubiese explicado esto a mí hace diez años. Me hubiera ahorrado mucho tiempo.

Podría seguir, y estoy seguro de que cualquiera que haya trabajado en una gran organización durante cierto tiempo ha tenido momentos en los que hubiera deseado agarrar a la burocracia por el cuello, estrangularla hasta la muerte y darse un festín con sus entrañas. Pero lo cierto es que sin procedimientos burocráticos no alcanzaríamos ninguno de los objetivos de nuestros proyectos. No podríamos hacer el seguimiento de los 700 pacientes que en la actualidad hay en el programa de nutrición y desde luego no habríamos tratado a los aproximadamente 10.000 niños que hemos tratado desde que empezó el proyecto.

Así que, burocracia, puede que seas tan complicada que has acabado convirtiéndote en un cruce entre acelerador de partículas y segadora. Puede que huelas a sudor rancio y a lágrimas frescas. Y sin duda en las fiestas no eres la más popular, arrinconada quizá en el trastero con el impuesto de sucesiones y Céline Dion. Pero tienes un trabajo nada envidiable y prácticamente imposible, y me parece que en general lo haces tan bien como puede hacerse. Burocracia, a regañadientes, yo te saludo.

* Luke Chapman es médico del proyecto de desnutrición infantil de MSF en Biraul, en el estado indio de Bihar.

Foto: Un trabajador local de MSF registrando a los niños de un programa de nutrición en Chad (© Alfons Rodríguez).

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