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Ébola: Supervivientes

Por Agus Morales (Médicos Sin Fronteras, desde Kagadi, epicentro del brote de Ébola en Uganda)*

Ni soy Jorge Javier Vázquez ni los protagonistas de mi historia son famosos. Estos supervivientes son invisibles porque mucha gente cree que no existen: la sola mención del Ébola despierta en el imaginario colectivo la idea de fatalidad. Sabemos que es un virus que no tiene tratamiento ni vacuna, pero contraer esta fiebre hemorrágica no es una condena a muerte. Hay luchadores que superan el Ébola, dejan atrás el estigma y regresan a la vida normal.

Ya ha pasado una semana desde que un equipo de emergencia de Médicos Sin Fronteras se desplegó en el oeste de Uganda para intentar contener la epidemia del Ébola declarada a finales de julio. En la localidad de Kagadi se halla el centro de tratamiento acondicionado a marchas forzadas durante estos días. Hasta ella han llegado profesionales de todo el mundo que conocen bien este virus. Ellos saben que el Ébola puede ser un peligro para la salud pública, pero también que la mortalidad depende de la cepa del virus y de la rapidez de la intervención sanitaria.

Mientras saco fotografías en una zona al aire libre cercana al pabellón en el que se hallan ingresados los pacientes, veo a un hombre sonriente que habla con enfermeros y personal sanitario. Me cuentan que es uno de los supervivientes de la epidemia de 2007 en el distrito vecino de Bundibugyo. Allí trabajaba como enfermero y trataba a pacientes sin la protección adecuada cuando aún se desconocía la enfermedad que afectaba a su distrito. “Tres de mis hijos y yo contrajimos el Ébola. Todos sobrevivimos”, explica sin rodeos Kiiza Isaac, de 42 años.

A esta nueva especie del Ébola se la llamó ÉbolaBundibugyo. Hay cuatro más. La cepa más virulenta es la del Ébola-Zaire, llamada así porque fue detectada por primera vez en humanos en la actual República Democrática del Congo (RDC) en 1976. Desde entonces, algo más de 1.500 personas han muerto a causa del virus.

La tasa de mortalidad varía: desde el 25% del ÉbolaBundibugyo (el que sufrió Kiiza) hasta el 80-90% del letal Ébola-Zaire. La cepa que estos días azota el distrito ugandés de Kibaale ya se conocía: se trata del Ébola-Sudán, que está causando una mortalidad del 30% pero que teóricamente puede causar una mortalidad de entre el 40 y 65%.

Estas son cifras abstractas que se refieren a historias humanas, algunas fabulosas. Todos en el equipo estamos pendientes estos días de un caso singular. Se trata de una mujer de 35 años que ha contraído el Ébola y está ingresada en el centro de tratamiento. Estaba embarazada pero la semana pasada perdió el bebé. Se le tuvo que extraer la placenta y perdió mucha sangre. Sorprendentemente, no falleció y sigue luchando por su vida. Se halla estable dentro de su gravedad. Esperemos que su caso forme parte de ese magnífico grupo de personas que sobreviven al Ébola.

 

(* Agus Morales es responsable de prensa en emergencias de MSF. En estos momentos acompaña al equipo de MSF que está respondiendo al brote de ébola en el distrito ugandés de Kibale).

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Foto 1: Kiiza Isaac, superviviente de la epidemia de ébola en 2007, fotografiado en el hospital de Kagadi, donde un equipo de emerencias de MSF responde al nuevo brote de la enfermedad (© Agus Morales).

Foto 2:  El coordinador logístico de MSF en Kagadi, Henry Gray, ayuda a la doctora Olimpia de la Rosa a vestirse con el traje de protección biológica indispensable para evitar el contagio del ébola al entrar en contacto con los pacientes ingresados en el hospital de Kagadi (© Agus Morales).

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