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Un blog desde el terreno de la mano de Ayuda en Acción, Cruz Roja, Ingeniería Sin Fronteras, Unicef, Médicos del Mundo, HelpAge, Fundación Vicente Ferrer, Médicos Sin Fronteras, PLAN Internacional y Farmamundi.

Mi nueva amiga ROSS*

Por Emmett Kearney (Médicos Sin Fronteras, Sudán del Sur)

 

Pasé la mayor parte de mi primera semana en la oficina de Médicos Sin Fronteras delante de mi ordenador, el mismo frente al cual había estado sentado la semana anterior en casa de mis padres, cerca de Chicago, en Estados Unidos. Cinco vuelos después, el escenario había cambiado sensiblemente. Los aeropuertos y los aviones se fueron volviendo cada vez más pequeños, hasta que aterricé en la localidad de Raja, en Sudán del Sur, en un avión monomotor del Programa Mundial de Alimentos.

La pista de aterrizaje, de tierra, se encuentra aproximadamente a una manzana de la oficina de MSF, que a su vez está separada del hospital en el que trabajamos por la distancia equivalente a un campo de fútbol.

Aunque la planificación e investigación que me tiene atado al ordenador es esencial para mi trabajo, siempre que puedo levanto la mirada por encima de la pantalla, alejándome, movido por la curiosidad de saber qué es lo que está sucediendo, y deseoso de “ensuciarme” las manos.

Como técnico de agua y saneamiento, en el hospital soy el responsable de supervisar las cuestiones relacionadas con la calidad y cantidad del suministro de agua, las letrinas y la higiene, así como de llevar a cabo el control vectorial (mosquitos, etc) y la gestión de los residuos procedentes de la atención sanitaria.

La parte técnica debería resultar sencilla: instalar tuberías, cavar zanjas, construir estructuras, sonreír y cortar la cinta. Pero estando en mitad de la nada, las cosas no son lo que uno espera. En este lugar perdido en el mundo, la mayor dificultad con la que nos encontramos es la provisión y abastecimiento de suministros.

El mercado local es un cuadro. En realidad me encanta, pero no encuentro nada que pueda servirme para mi trabajo. Ni siquiera está bien abastecido de comida. ¿Tuberías? Ni una. ¿Grifos? Lo siento, pero no. ¿Cemento? Tal vez, ¿para quién? ¿Cebollas? Sí, pero son caras. Aquí las cebollas son como el oro. Patatas ya ni siquiera se encuentran, pero tenemos un alijo gigante en la cocina. No hay vino… La escasez es genuina.

En el trabajo de gestión de equipos es donde las cosas se vuelven más complejas y difíciles para un técnico de agua y saneamiento. Se trata de formar a las personas, construir para ellas, o incluso muchas veces escucharlas. Como bien es sabido, los seres humanos somos bastante complejos por naturaleza, pero cuando no se comparte el mismo idioma, las mismas raíces culturales, ni se compra en las mismas tiendas, las relaciones pueden volverse mucho más complejas aún. ¿Cómo puedo diseñar letrinas para estas personas cuando llevo en su país menos de una semana? Lo que, por cierto, resulta ser una coincidencia, ya que este país , Sudán del Sur, sólo tenía una semana de vida cuando llegué.

 Por mucho que quisiera creer que mi trabajo es el más importante (que no salga de aquí, pero lo es sin ningún tipo de duda), somos una organización médica, y estoy aquí para apoyar esas actividades. Nuestra doctora argentina, una persona muy enérgica, me ha enseñado el hospital. Edificio por edificio, habitación por habitación, fue indicándome la insuficiencia de puntos de agua, las deficiencias en el sistema de gestión de residuos, los problemas con las estructuras existentes e ideas de cara al futuro.

Hizo todo esto mientras saludaba a hombres y grupos de mujeres y niños con una energía y naturalidad más propias de alguien que se presenta a un cargo público. “Salam aleikum. ¿Tammam?”. “Tammam”, contestaban ellos con una sonrisa. Hizo de todo excepto besar a los niños. Durante la ronda hasta tuvo tiempo de salvar la vida de un bebé: nuestra última parada fue en la sala pediátrica, y justo cuando estábamos terminando, un problema médico con uno de los pacientes requirió su intervención inmediata. Así es más o menos como fue la cosa:

“¿Así que aquí iría un dispensador de agua potable aquí y allí una estación para el lavado de manos?”, digo yo, bizqueando, mientras me ajusto las gafas con el lápiz.

Por encima del hombro, mientras alguien le entrega un bebé que apenas puede respirar, ella me responde: “Lo siento, tengo que conectar este bebé a la máquina de oxígeno, colocarle la vía intravenosa, explicar al personal nacional el tratamiento que debe seguir durante las próximas horas, enviar a alguien rápidamente para que le diga a Wilson que vuelva a encender el generador para así tener la energía suficiente que haga funcionar la máquina, y buscar un traductor que le explique a la madre lo que le estamos haciendo a su hijo”.

“No te preocupes, me quedo por aquí haciendo un pequeño croquis de la sala de pediatría para señalar con puntitos la ubicación de las estaciones de lavado de manos y los dispensadores de agua. ¿Te parece? Estupendo, me quedo aquí entonces.” Por supuesto, lo único que dijo antes de pasar a la acción fue: “Lo siento, Emmeeeett, espérate”.

 Después de pasarme varios días en mi mesa trabajando cuestiones técnicas, examinando las existencias en el almacén e inspeccionando las instalaciones de agua y saneamiento del hospital, me vino bien darme de bruces con esta experiencia médica: me recordó para qué estamos aquí. La visita relámpago que hice con ella fue exactamente lo que necesitaba para conectar las mejoras propuestas en agua y saneamiento, con las personas para quienes lo estoy haciendo y, al mismo, tiempo con cómo debe hacerse.

 De todas maneras, todavía necesito involucrar más al personal nacional –desde médicos hasta personal de la limpieza-, así como a los pacientes, con respecto a la importancia del agua y el saneamiento. Luego tendremos que trabajar para conseguir las piezas que necesitamos…

Eso es todo de momento. De aquí en adelante, intentaré arrojar alguna luz sobre nuestro trabajo y sobre la situación que se vive en este rural, hermoso y hasta ahora tranquilo estado de Bahr el Ghazal Occidental, perteneciente a la recién independizada República de Sudán del Sur (ROSS). ¡Hasta el próximo post!

 

* ROSS: República de Sudán del Sur, por sus siglas en inglés

Emmett Kearney es logista y experto de agua y sanemiento y gestión de residuos. Ha trabajado con diversas organizaciones no gubernamentales, por ejemplo en la frontera entre Myanmar y Tailandia. Su primera misión con MSF se desarrolló en Zambia.

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Foto: Emmett Kearney (© MSF)

 

3 comentarios

  1. ¿Y esta tontería de ROSS es nueva? ¿por qué no le llaman directamente Sudán del Sur?

    http://corruPPto.elbruto.es

    01 Septiembre 2011 | 19:22

  2. Dice ser lorens

    Que buena labor suerte en este proyecto.

    02 Septiembre 2011 | 00:45

  3. Dice ser holandesa

    Muy interesante este blog. Gracias

    15 Septiembre 2011 | 19:44

Los comentarios están cerrados.