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Doña Reyna y la organización comunitaria para gestionar el agua

Jorge Álvarez-Sala, responsable de Ingeniería Sin Fronteras ApD en Nicaragua

Esta semana estuve de visita en la comunidad de La Naranjita, donde estamos instalando un sistema de abastecimiento de agua. El paquete completo incluye la construcción del sistema, un programa de promoción de higiene que dura más de 1 año y la construcción/rehabilitación de letrinas.

Paralelamente se trabaja en el fortalecimiento del Comité de Agua Potable y Saneamiento, que es quien se encargará del mantenimiento del sistema, con el apoyo del técnico de la alcaldía encargada del agua y saneamiento.

Asamblea comunitaria El Barro

Para la construcción del sistema se ha establecido una cofinanciación 70-20-10, es decir, el 70% del proyecto lo pone Ingeniería Sin Fronteras, el 20% la alcaldía y el 10% restante lo pone la comunidad a través de aporte de mano de obra y materiales locales.

El contratista tiene que lidiar con un elemento adicional, y es el hecho de que la mayor parte de su mano de obra no la elige, sino que forma parte del “pack”. Por ese motivo en ocasiones algunos contratistas buscan a promotores que garanticen que todo el mundo trabaje y que el Comité de Auga dé seguimiento a los grupos de trabajo.

En el caso de La Naranjita, esto no ha sido necesario. La organización comunitaria es excepcional y se está trabajando a un ritmo frenético.

Fuente de abastecimiento de agua Zapote Oriental

El plazo de ejecución de la obra estaba previsto en cuatro meses, y se espera terminar en menos de tres. Además hay que tener en cuenta que en estos momentos está iniciando el ciclo agrícola y las familias tienen que preparar la tierra y sembrar.
Normalmente esto es una buena excusa para que la gente se escaquee… (en otras comunidades pasa). Sin embargo aquí se han organizado en turnos rotativos, de modo que puedan compatibilizar la siembra con la excavación manual de miles de metros de tubería.

El día que se iniciaron las obras, hubo una asamblea comunitaria en la que un productor (que además es un gran propietario) se mostró reticente a trabajar e, incluso, a dar permiso para que la conducción pasara por su finca (a pesar de que la alcaldía ya había arreglado con todos los finqueros las servidumbres de paso y los permisos). Sorprendentemente este productor ahora lidera uno de los grupos de trabajo, y es de los que más ganas le echa. Todo un éxito para el Comité de Agua.

Sin embargo no todo es un camino de rosas y los trabajos comunitarios pueden dar lugar a malos entendidos y enemistades que vayan mucho más allá de los cuatro meses de duración de las obras.

Doña Reyna está “arrejuntada” con un borracho haragán que se niega a trabajar en las obras. Sin embargo, ella ansía el agua, puesto que son mujeres y niños quienes más sufren la escasez de agua al ser ellos quienes tienen que ir a buscarla.

Sabiendo que si su pareja no trabajaba en las obras ella se quedaría sin agua, o tendría que pagar una cuota de conexión altísima, decidió pedirle a su hijo de 19 años, que vive en otra comunidad, que viniera a ayudarla y a hacer el trabajo que su pareja no es capaz de hacer. Lamentablemente su hijo tuvo un problema de salud hace unos días y falleció.

En la reunión del comité se discutía si doña Reyna debía tener derecho al agua o no. Algunos alegaban que no era justo que se le diera agua a esa familia si ellos no cumplían con el número de jornales establecidos. Mientras, otros consideraban que la familia “había pagado con la vida del muchacho el derecho a la conexión”.

La solución no era fácil desde el punto de vista de la comunidad, puesto que si hacían una excepción con doña Reyna, el resto de familias podían alegar mil excusas para no cumplir.

En plena reunión apareció doña Reyna entre lágrimas, clamando que se le pusiera la conexión y relatando que ella misma había cogido el pico para intentar terminar la tarea encomendada pero que se le habían pelado las manos (ante la pasiva mirada de su pareja).

Escuela en Río Grande

Como actores externos desde Ingeniería Sin Fronteras teníamos una posición clara, basada en el enfoque de derechos humanos,  de garantizar el acceso al agua para toda la población. Pero no queríamos hacer demasiada injerencia en un asunto que debía ser resuelto en el seno de la comunidad.

Afortunadamente el Comité de Agua escuchó nuestras recomendaciones (y la posición de la afectada) y decidió que doña Reyna tendría su conexión. Además, hablarían con la pareja de doña Reyna y le presionarían para que trabaje en las obras.

Cuando uno ve la infraestructura terminada no se imagina la cantidad de aspectos socio-culturales que hay que tener en cuenta para que la obra funcione, y sobre todo para que perdure en el tiempo.

La organización comunitaria y un comité responsable que dé seguimiento a las obras, pero sobre todo que mantenga las infraestructuras, es la clave del éxito.

Saludos,

Jorge

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