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Echan a una chica de su baile de graduación por despertar “pensamientos impuros”

16 mayo 2014

clare_ettingerEsta noticia me ha recordado al fabuloso (por su interpretación) Kevin Spacey en la película American Beauty, y su obsesión casi enfermiza por una ‘cándida’ adolescente. Pues algo muy parecido ha sufrido en sus carnes una joven de 17 años llamada Clare Ettinger, que ha sido la comidilla entre mucho de los padres asistentes a su baile de graduación. Su error: estar que lo rompe y llevar un vestido “inapropiado” para el evento más importante del año. A unos cuantos los debió de poner a mil por hora.

El vestido de la discordia.

El vestido de la discordia.

A pesar de llevar un conjunto correcto para una fiesta de estas características, la muchacha tuvo que abandonar el baile porque algunos de sus compañeros varones y varios padres (hombres talluditos) comentaron en corrillos improvisados que las curvas de la muchacha les provocaron “pensamientos impuros. Da la casualidad que el ágape se celebraba en una institución religiosa de Richmond (EE UU), donde el decoro y las formas se miden al milímetro.

La chica contó en un medio local que una de las organizadoras le indicó que su vestido era “una provocación” y le repitió una por una las normas del código ético del colegio. Poco después viendo el nerviosismo que se estaba creando en la sala, le invitaron a que se marchara. ¿Creéis que el modelito era para tanto?

Kevin Spacey, en American Beauty.

Kevin Spacey, en American Beauty.

Por otro lado, la adolescente indicó que uno de los padres que se encontraba sentado en un palco del salón no la dejaba de observar, “se la comía con los ojos“. Más o menos como miraba Spacey a la amiga de su hija en American Beauty.

Me dijeron que mi forma de vestir y mover mi cuerpo había provocado que ciertos hombres tuvieran pensamientos inapropiados. No soy culpable de que algún padre pervertido de 45 años de edad me desee con locura sólo porque llevo puesto un brillante vestido de graduación. Si piensan que lo soy, entonces quienes tienen un problema son ellos“, añadió Ettinger. No puedo estar más de acuerdo. ¡Un bravo por el sentido común!

(Fotos: Clare Ettinger y captura de Youtube)

Como nadie la invitó al baile de graduación, ¡llevó una calculadora de acompañante!

13 mayo 2013

regina_reynolds

Nunca he estado en los Estados Unidos, pero por el cine para adolescentes (era uno de ellos hasta hace bien poco) sé de la enorme importancia que tienen los bailes de graduación para los estudiantes de instituto. En una liturgia que se repite en todos los estados y en todos los high schools, los chavales que están a punto de dar el salto a la universidad organizan una fiesta en el pabellón de deportes en la que sólo hay dos objetivos: emborracharse y perder la virginidad (aquellos que aún conserven la flor).

El baile de graduación es un evento para el que los estudiantes de último año de instituto se preparan durante todo el curso. Ellos buscan una maciza a la que llevar en su limusina de alquiler y ellas sueñan con un quarterback que les pida ser su acompañante. Eso es así, por muy estereotipado que nos parezca.

Desgraciadamente, no todos alcanzan su sueño. Los hay que se tienen que conformar con ir con su grupo de amigos empollones y esconden su libido tras sobredosis de ponche y las hay que se hacen acompañar de objetos peculiares. A este segundo grupo de desafortunados pertenece Regina Reynolds, una jovencita que, al menos, se tomó su situación con toneladas de humor.

La chica, pragmática, acudió al evento con su compañera más inseparable: su calculadora. Además, lo contó con un mensaje lacónico. “Nadie me invitó al baile, así que llevé mi calculadora“, publicó en su cuenta de Tumblr. Eso sí, no escatimó en detalles hacia su peculiar acompañante y ¡¡le puso una funda que simulaba un esmoquin!!

La peculiar pareja fue la estrella de la noche… y de los días posteriores al baile. En el diario del instituto, hasta el director se reservó una columna para alabar el sentido del humor de Regina. “He aquí una historia clásica y breve: una joven chica fue al baile de promoción sola. La saludé y le pregunté dónde estaba su pareja. Ella sonrió y sacó de su cartera una calculadora que había decorado con un esmoquin de papel. Todos nos reímos, solamente una estudiante podría llevar una calculadora al baile de promoción“, escribió en tono afable.

El sentido del humor y el coraje de Regina son admirables, a una edad en la que cualquier pequeño revés parece un océano de desgracias. La muchacha, requetefeliz a pesar de no tener pareja humana, no se cortó lo más mínimo y subió a la red varias fotos de su “cita” con la calculadora. ¡Mis respetos, Regina!

¿Cuántos globos hacen falta para decir “Te quiero”?

12 junio 2012

Una de las cosas más importantes en esta vida es saber medir. Cada acción debe ir acorde con su importancia, y cada reacción igual. Me explico: yo tenía un amigo en la universidad al que cuando una chica le pedía fuego él se le declaraba. “Lo veo en sus ojos”, me decía, “me quiere y esto es una simple excusa”. Evidentemente se pegó unos cuantos trompazos en la facultad. Lo mismo que mi primo José Luis, que en el primer mes de novio quería comprarle un coche a su ex, y en el primer mes en su trabajo ya quería un aumento. No hijo, no, esto no funciona así.

Con esta introducción no hace falta ser muy inteligente para deducir que os voy a poner en un brete: os pondré un vídeo de un chico que quiere a una chica y vosotros me decís si es acorde con el evento. Estamos acostumbrados a ver pedidas de mano impresionantes, puestas en escena inolvidables, pero… ¿y para eso tan yanqui que es “buscar pareja para el baile de graduación”? ¿Habéis visto alguna vez algo espectacular?

Pues probablemente no, porque en esas edades y con esos amores lo habitual es una sortija, un ramo de flores, unos bombones… y a correr, que tenemos mucha vida por delante. Pero siempre hay una excepción, y esa excepción se llama Matthew Ho, el novio de Tina, que decidió que eso de “ven al baile conmigo” quedaba muy soso sin un poco de aderezo. Por eso preparó esto (lo vemos y lo comentamos):

Vaya por delante que a mí me gusta, ¿eh? Todo lo que sea ternura en estos tiempos de odio y mala leche me hace pensar que aún queda esperanza (mucha o poca), ahora bien, entiendo que algunos de vosotros consideréis que 1.500 globos rosas, la venda en los ojos, el letrero gigante, el instituto lleno de gente y recoger eso en vídeo… es demasiado. Como de película estadounidense pero en versión canadiense, porque la pareja de tortolitos son de Toronto.

Desafortunadamente, llegado este momento no puedo dar un consejo para la gente a la que no le gusten este tipo de iniciativas. Unos párrafos más atrás, hace unos minutos, os podría haber dicho: “No lo veáis”. Ahora es tarde. No obstante, tengo un buen consejo para quienes hayan sucumbido a la idea y tengan pensado importarla en los próximos días: ASEGURAOS DE QUE LA CHICA VA A DECIR QUE SÍ, porque sino el ridículo va a ser del nivel de Ballotelli bailando flamenco.

Os convenza o no, supongo que le reconoceréis a Matt el mérito de montar ese follón y de enrolar a tanta gente en su idea. Yo alucino con personas como él, con tanto nivel de convocatoria. A mí no me hacen caso ni mis amigos; fijaos si me esquivan que cada vez que hago un grupo de Whatsapp salen todos huyendo.

PD: Ha llegado el momento de vuestro veredicto. De uno a diez, ¿qué nota le ponéis?

Pesadilla hecha realidad en la graduación

24 junio 2011

BecConsejo: “Paso firme”

Recuerdo aún que, en mi graduación, Roberto (alias Ferrero), compañero durante los cinco años de carrera y presentador de la ceremonia se puso unos tacones para subir las escaleras hasta el escenario. Lo hizo porque contaba, y no le faltaba razón, que muchas chicas temían ese momento. Subir las escaleras y caer delante de todo el mundo.

Para los más curiosos, que no conocéis a Roberto y no estuvisteis en mi graduación, os informo de que no, Roberto no se cayó. Y no solo se mantuvo en pie, sino que también retó a todas las asistentes a la entrega de diplomas: “Si yo no me he caído, vosotras tampoco os tenéis que caer”.

Y ninguna cayó. Sin embargo, no en todas las graduaciones ocurre lo mismo ya que, en ese caso, los temores de Roberto y mis compañeras serían infundados. Como diría Goyo Jiménez… no lo cuento, lo hago:

Este vídeo, que llegó a mis manos a través de una fuente cuya identidad no puedo revelar (gracias en cualquier caso, Juan), revela varios fallos graves:

Uno. No lleva tacones, así que ni tan siquiera puede utilizar esa excusa para justificar su caída.

Dos. Aunque parezca que la victoria es el diploma, la verdadera proeza es no caerte mientras lo recoges, así que no celebres hasta que no estés en tu sitio.

Tres. Te van a grabar. Aunque no sea tu familia, que también tiene derecho a equivocarse, alguien seguro que te va a grabar, de modo que si vas a hacer un bailecito intenta que sea lo más digno posible.

¿Algo que decir en su favor? Hombre, sí, algo hay. Que pese al hostión que se da resbalón que acaba con su grácil cuerpo en el suelo, la muchacha recoge los restos de dignidad que estaban esparcidos y se lo toma con humor.

Supongo que la pobre pensará que podía haber sido peor. Claro… podría, además, estar desnuda.

PD: ¿Qué tal la noche de San Juan? ¿Muchos baños en la playa? ¡Qué envidia!