Fans de The Wire, esta noticia os arrancará una sonrisa de medio lado por tener como escenario la sórdida y apasionante ciudad de Baltimore. Más concretamente su prisión, donde un recluso se ha estado poniendo las botas a costa de algunas empleadas de seguridad del centro.
El sujeto en cuestión es Tavon White, líder de la Black Guerrilla Family, una banda callejera a cuyos miembros persigue la Justicia por tráfico de drogas, robo y homicidio. El señor White está en prisión preventiva desde 2009, a la espera de ser juzgado por intento de asesinato, y mientras se le condena (o no) parece que sus días en la cárcel no están siendo tan malos como podemos imaginar. Durante este tiempo, ha dejado embarazadas a cuatro vigilantes de seguridad del centro penitenciario, que le han dado cinco vástagos. ¡Por ahí se empieza la reinserción, por fomentar el contacto entre reclusos y guardias!
La noticia ha salido a la luz recientemente y, además de dejarnos boquiabiertos imaginando las hábiles dotes de seducción de Tavon, ha destapado un caso de corrupción penitenciaria que tiene preocupada a la policía federal. Pero a nosotros no nos interesa este conflicto, sino la especie de síndrome de Estocolmo, pero a la inversa, del que son víctima las vigilantes de la cárcel de Baltimore. De hecho, los encantos del recluso White -que no tiene el aspecto de un adonis, precisamente- deben ser enormes (no me hagan bromas… XD), porque dos de las mujeres a las que dejó embarazadas hasta se tatuaron su nombre.
Este escándalo ha abierto un debate acerca de la idoneidad de que haya mujeres responsables de la seguridad en cárceles masculinas. Lisa Gladden, senadora por el estado de Maryland, se ha posicionado en contra, con un argumento aplastante. “Hay muchos casos en los que las mujeres guardias se quedan encantadas con los criminales. Ellos les dicen cumplidos y las mujeres se enamoran. Hace falta tener a hombres brutales y feos”.
Desde ya, los presos tienen un nuevo héroe al que admirar: el señor Tavon White, al que he decidido bautizar como ‘Inseminatorman’. ¡Avon Barksdale es un pringado a su lado!
El vídeo que da sentido a este post le puede costar muy caro a una joven estadounidense, que no midió bien la trascendencia de sus actos el día que decidió hacerse la graciosilla. Se llama Rachelle Braaten, tiene 24 años y podría pasar un largo tiempo en la cárcel por tenencia de drogas y por suministrarle sustancias prohibidas a un menor.
Braaten, madre de dos niños, uno de 5 años y otro de 22 meses, tuvo la inoportuna ocurrencia de darle de fumar marihuana en una pipa de agua al más pequeño de los dos. Alguien grabó la escena y le envió el vídeo a la policía de Centralia, en el estado de Washington. Escandalizados por las imágenes, varios agentes de la brigada anti-crimen acudieron al hogar de la acusada, donde encontraron unas 40 plantas de cannabis.
De inmediato, se llevaron detenida a Rachelle y también a su novio, Tyleer Lee, a la sazón padre de la criatura y confeso vendedor de ‘maría’. “Supongo que fue un error estúpido hacer esta broma”, se sinceró la joven quien permanece en la cárcel a la espera de juicio bajo una fianza de 5.000 dólares. Lee, por su parte, fue puesto en libertad con cargos.
Mientras tanto, la custodia de los niños, los grandes afectados por la sinrazón de sus desafortunados papás, ha pasado a estar en manos de los servicios sociales, que se harán cargo de ellos a la espera de lo que dictamine el juez.
En EE UU, el país de las oportunidades, hay demasiada gente chiflada. Cada semana tenemos noticias de varios sucesos absurdos perpetrados por sujetos que no parecen en sus cabales. Muchos de ellos, además, tienen como cómplice a la Justicia. Es el caso de Daniel O’Hanian, un caballero neoyorquino que ha denunciado a uno de sus vecinos ¡¡¡por reírse demasiado alto!!!
Robert Schiavelli, un orondo señor de 42 años que vive con su madre y está aquejado de diversos problemas neurológicos, recibió hace unos días una citación de la Corte de Long Island por molestar con sus carcajadas a un vecino durante los días 12 y 13 de febrero. Ahora, se enfrenta a una posible condena de 30 días de cárcel o 500 $ de multa. ¿Algo desproporcionado, no? Aunque bien es cierto que, visto el vídeo, la risa del denunciado es de las que sacan de quicio.
En su defensa, Schiavelli asegura que su risa no es más que un mecanismo de defensa ante el acoso al que se ve sometido por el denunciante. “¿Qué otra cosa puedes hacer cuando un hombre te grita que eres un ‘retarded’ (retrasado)?”, afirma con resignación en el New York Post.
Por lo visto, la citación judicial sólo es un capítulo más de la disputa entre Schiavelli y O’Hanian, que se prolonga desde hace aproximadamente un año. Vamos, el típico enfrentamiento entre vecinos porque uno de ellos pone la tele a un volumen elevado y el otro no abre las ventanas cuando cocina y el rellano huele a fritanga.
Según la esposa de O’Hanian, Virginia, la Policía encontró causa para la denuncia; mientras que Andrew Campanelli, abogado de Schiavelli, confía en que el juez pase del asunto, ya que considera la citación como algo absurdo. Habrá que estar atentos, por si sienta jurisprudencia…
Después de lo del diputado Hernando y el juez Pedraz está el panorama jurídico (¿o judicial?) español algo revuelto. ¡Pero no solo en España! En otros rincones del mundo también se dan historias curiosas relacionadas con la Justicia, por eso de que las leyes admiten interpretaciones diversas. La que me ha valido para el post de hoy tampoco es baladí.
El juez Peter Bowers en el Daily Mirror
En el Reino Unido, el país en el que los magistrados completan su look con una ridícula peluca desde el siglo XVII (corregidme si me equivoco, que aún estoy en fase de aprendizaje), el juez Peter Bowers se ha hecho célebre por sus irreverentes sentencias. Meses atrás dejó en la calle a un hombre que había violado su libertad condicional pocos días después de serle concedida y que contaba con más de 80 delitos en su hoja de servicios.
Su último hit tiene un guiño social que a mí, personalmente, me ha conquistado. Bowers era el encargado de juzgar a Richard Rochford, acusado de robo. Rochford había desvalijado tres casas y la fiscalía pedía dos años y medio de prisión para expiar su delito. Parecía cantado que el ladrón daría con sus huesos en la cárcel. Pero nada está garantizado con el juez Bowers de por medio. Con el sorprendente argumento de que “hace falta una gran coraje para entrar a robar en la casa de alguien”, el juez Bowers empezó la explicación de la sentencia, que condenaba al delincuente a 200 horas de trabajo para la comunidad y la obligación de someterse a un tratamiento para curarse de su adicción a las drogas. Así que el ladrón no irá a la cárcel, al menos por ahora.
Mientras en la sala se armaba un ligero revuelo, Bowers continuaba ‘piropeando’ a Rochman. “Yo no habría tenido el valor. Usted, sin embargo, FUE CAPAZ DE HACERLO”, expuso a la vez que entendía que el acto delictivo se había producido porque el ladrón estaba “impulsado por la desesperación y las drogas”. Además, el juez Bowers instó a cambios en el sistema de penas por según qué tipo de delitos: “Pienso que la prisión pocas veces le hace bien a alguien. Si lo hubiera mandado a la cárcel, solo serviría para que nos sintiéramos un poco mejor con un ladrón menos en las calles”, aseguró.
La sentencia dictada por Bowers, o más bien sus declaraciones, han soliviantado a parte de la sociedad británica. Hasta el Primer Ministro, David Cameron, opinó sobre el asunto. “El robo es un crimen despreciable y odioso”, exclamó mientras confirmaba que la Oficina de Quejas Judiciales intervendría en el caso.
¿Alguno de vosotros sabe cómo se dice en inglés “pijo ácrata”?
Vamos que nos vamos, antes de que se haga más tarde. Estas semanas sin fútbol se me hacen especialmente largas, por más que haya un Drogba que nos alegre el día, un Lorenzo que nos compense las caídas, una fase de ascenso que echarnos a la boca o un playoff de baloncesto que nos arregle lo que la lluvia aplaza en Roma, porque no todo en esta vida va a ser crisis. En fin, que entre tanto deporte también han pasado muchas cosas raras que hemos pasado por alto y que tengo que contaros porque me lo pide el cuerpo. ¿Sabías que…?
1. Una táctica para desconcentrar al rival
En la NBA hay un clásico que podríamos llamar: “Historias para despistar a quien lanza un tiro libre”. La estrella de la sección sería el gran Jack Blankenship, que se imprimió a tamaño gigante su cara con un gesto de desaprobación y la levanta cuando van a tirar. Jack es un clásico que se ha paseado por platós y ha sido portada en muchas webs, de modo que quizás lo conozcáis.
Ahora bien, confío, espero y deseo que no sepáis aún quién es el fan de Philadelphia 76ers que ha saltado a la fama de un día para otro después de intentar distraer a Kevin Garnett, de los Celtics, con el baile hipnotizador de su barriga. Suponemos que, o bien Kevin no lo vio, o está acostumbrado a estas historias. A mí me pasa algo tan perturbador y pido el cambio ipsofacto.
2. Huye un preso aprovechando que regaba las plantas
De cómo un preso condenado por homicidio a 10 años de cárcel logró un permiso para regar las plantas podríamos escribir mucho, pero vamos a dejarlo en que parece que las autoridades policiales y judiciales consideraron que era un tipo muy apto para las labores de jardinería, dado su buen comportamiento.
3. Una escolta de lujo
Para que veáis que no tengo nada contra el cuerpo policial, sino que me limito a contar las cosas graciosas que me llegan, os voy a enseñar un vídeo muy tierno en el que los policías, en lugar de allanar las fugas de jardineros homicidas con buen comportamiento, optan por escoltar a una familia de patos que van a cruzar la calle.
Los pobres (bueno, pobres es un decir, no he revisado sus cuentas bancarias e ignoro si tuvieron un funesto final, digo pobres porque me parece que queda bonito, en tono tierno, así a media voz…), los pobres patos, decía, iban a cruzar de forma inconsciente una carretera en Texas cuando llegaron los agentes y…
4. Un policía con doble vida
Sí, amigos, la Policía de todo el mundo ha dado mucho que hablar esta semana. Tenemos a un preso fugado, a una familia de patos escoltada… y a un agente de policía de Phoenix llamado Michael Zeller que conseguía unos ingresos extra con su doble vida como actor de cine para adultos (y no, cuando digo cine para adultos no me refiero a películas raras como las de Medem, sino a cine X).
Este hombre protagonizó dos películas porno y tenía una web de besos y caricias (por decirlo finamente) con su esposa, algo que no ha gustado mucho a sus superiores, quienes agradecen que dejara el empleo en diciembre, antes de ser descubierto, porque de lo contrario habría sido despedido. “No es ilegal, pero estas actividades minan la confianza que intentamos generar”, dicen desde su departamento.
No sé si estos días habéis visto el fútbol. Pues que sepáis que es pecado mortal. Toda esa gente que quiere que pensemos en la crisis y en los mercados de día y de noche, que solo demos vueltas a los recortes… toda esa gente nos odia. Y nos odia doblemente por pasar el rato en el blog del becario, donde no hay ni una ¿noticia? que merezca la pena ser leída. Básicamente porque todo lo que cuento aquí, como en Twitter y en Facebook, son chorradas.
Hoy no va a ser excepción. Así es como, gracias a este blog, descubriréis que hay un señor que se enfrenta a una pena de hasta cinco años de cárcel porque se fue de un establecimiento sin pagar un refresco que valía poco más de 70 céntimos. El hombre en cuestión es Mark Abaire, que tiene 52 años y cara de alemán (aunque es estadounidense).
Resulta que la semana pasada acudió a un establecimiento de comida rápida en Naples (Florida, EE UU) y pidió un vaso para beber agua. Según la prensa local, Mark decidió que mejor que agua se iba a poner un refresquito en una de esas máquinas de “sírvase usted mismo” y, ya puestos, se lo iba a llevar fuera del restaurante para tomárselo.
El gerente le explicó que podía hacerlo, claro, siempre y cuando abonara lo que valía la bebida en cuestión: no llegaba a un euro. Pero Mark, que es muy suyo, decidió que no, que iba a llevárselo fuera y no lo iba a pagar, porque… yo qué sé por qué, igual porque piensa que pagar la bebida es de pobres, vete tú a saber.
Así pues, llamaron a la policía, que le arrestó, y dado que este pequeño hurto se suma a otras condenas por robo de años anteriores… Mark lo lleva crudo. El refresco fue la gota que colmó el vaso y su expediente policial evolucionó de delitos menores a delito grave (por reiteración, como en el fútbol… uy perdón, he dicho fútbol), algo que en Florida supone enfrentarse a una pena de hasta 5 años de cárcel y una multa superior a los 3.700 euros.
Puede que considerara una estafa pagar 70 céntimos por un refresco de esas máquinas, dado que muchos consideran que lo único que echan son polvos (y no de los buenos), pero lo mismo el refresquito le sale por 4.000 euros… eso sí le va a doler en el bolsillo.
PD: Un consejo, amigos. Si os cruzáis con un gurú, corred tan rápido como podáis (en dirección contraria a él, por supuesto).
Hasta ahora sabía que alguna gente seguía mis consejos: mi madre, mi padre, lachicadebec y un señor de Murcia, muy agradecido, que me escribe cada semana para acordarse de toda mi familia. Lo que no me esperaba, de ninguna de las maneras, es que mis historias iban a calar en una cárcel estadounidense. ¿No me creéis? Bueno, os explico.
El otro día publicaba ideas descabelladas para el Día de San Valentín y entre ellas estaba una habitación para tres, ideal para sorpresas (no necesariamente positivas). Pues bien, el plan pareció convencer al preso Zachary Johnson, que se encontraba en una cárcel estadounidense y decidió fugarse aprovechando el día de los enamorados. ¿Qué mejor día para escapar de las cadenas de la cárcel que uno que te mete de lleno en una prisión más grande y con carcelero 24 horas del día en las libertades del amor?
Ahora bien, como fugarse es complicado y hacerlo solo un día como ése puede resultar un coñazo, el bueno de Zachary pidió ayuda a su mujer… y a su amante. Sí, amigos, parece ser que el señor Johnson es especialista en meterse en líos y no estaba en la cárcel de casualidad, a juzgar por sus planes descabellados. Lo que aún no me queda del todo claro es si los tatuajes formaban parte de su plan secreto (muy de Prison Break) y tenía escrito, en un código secreto, algo así como “Llamar a mi churri y quedar con mi cari“.
Huyó por un agujero que hizo en el techo por encima de la ducha (muy peliculero) y su amante, Jeanette Segovia, tenía un taxi esperándole para que la llevara con ella. Él se cambió de ropa y fue a verla. El problema es que el pobre tenía demasiado amor para repartir, por lo que consiguió que su esposa, Dawn Hathaway, le hiciera una transferencia para que también fuera a verla a ella. El amor, siempre tan imprevisible.
Cuando se dirigía a ver a su señora (a la oficial), la policía lo alcanzó. Viajaba en un taxi que se detuvo cuando los agentes le dieron el alto y el pobre muchacho echó a correr como un loco, según la prensa estadounidense. No le sirvió de nada, porque la policía volvió a alcanzarlo y terminó detenido.
Para colmo de males, tanto su mujer (a la derecha en la imagen) como su novia / amante (a la izquierda), fueron arrestadas como cómplices. A ver, para colmo de males según se vea. Supongo que a ellas no les hará mucha gracia, pero Zachary habrá visto una buena oportunidad para pedir que las chicas vayan de Erasmus a su cárcel.
No he sido capaz de averiguar si la una sabía de la existencia de la otra (aunque suponemos que sí), o si estamos ante otro caso como el de aquel hombre al que le pegaron el pene al abdomen porque su esposa conoció a sus dos amantes y a una amiga con derecho a roce. Si me entero de algo más, os aviso.
PD: Espero que no hubieran reservado habitación para tres, porque si no… menudo bajón.
¿Cuántas veces habéis oído eso de: “cómo se nota que hay crisis”? Unas pocas, me temo. Pues yo hoy tenía pensado empezar así el post, pero visto que está muy trillado, voy a optar por otro comienzo.
Imaginad que hubiese un juego llamado Theme Prison en el que tenéis que gestionar una cárcel. Pues bien, suponed que en el transcurso del juego, por lo que sea, las cosas os van mal, tenéis sobrepobladas las celdas, apenas os quedan funcionarios y el sistema de alarma no va. ¿Qué hacéis, valientes? No, no es una pregunta retórica. Decidme, ¿qué hacéis?
Pues en la cárcel de Sobral (Brasil) lo tienen claro: comprar un par de gansos y soltarlos por todo el terreno para que graznen [de nada (chiste malo pero necesario)] si ven algún movimiento extraño.
Os prometo que es así, así de surrealista, así de genial. Según un reportaje de una cadena brasileña, en la prisión hay 255 reos (218 hombres y 37 mujeres), pese a que fue concebida para albergar 153 personas. A esto hay que sumarle que hay dos agentes por turno y que las medidas electrónicas de seguridad que se instalaron en la inauguración llevan seis meses sin funcionar.
Quizás penséis que la cárcel es vieja, pero no. Fue abierta en febrero de 2010, pero claro… si metes casi el doble de personas previsto… ¡¡es que en Sobral hay muchos con las manos muy largas!!
Por eso decidieron que una ayuda gansuna no vendría mal y se hicieron con dos gansos que deambulan por la prisión y graznan al menor movimiento. ¿Por qué gansos? Nos lo explica Wellington Correia, director de la cárcel (e ideólogo en sus ratos libres): “Un ganso se adapta a cualquier ambiente y siempre hace ruido cuando hay un movimiento extraño”.
Supongo que entre los siempre cariñosos pitbulls o rotweillers y unos gansos no hay color, menos aún si el encargado de cuidar a los animales es un preso (Francisco José Feitosa, en este caso) quien se muestra convencido de la eficacia del sistema (ya me jodería, por cierto): “El perro se acostumbra a las personas, pero un ganso siempre avisa cuando alguien pasa”.
Yo, si fuera este señor, haría igual. A ver quién es el valiente que viene y me dice… ahora, en vez de cuidar estos dos gansos, potentísima alarma la nuestra, te vas a encargar de vigilar a estos dos doberman / pumas / leones / rinocerontes. Vamos, te convenzo de que los gansos son efectivos y de que los esquimales necesitan comprar congeladores, si hace falta.
PD: Como se enteren los ricachones van a cambiar las alarmas por patos del Retiro. Mientras nadie me eche la culpa…
BecConsejo: “Antes de salir de casa: llaves, cartera y móvil”
Hacer este blog tiene sus cosas buenas (más que malas, si no, no lo haría) y una de ellas es que, al comienzo de cada semana, no tengo ni idea de qué van a ir los posts. Por eso algunas veces se me llena esto de noticias frikis y otras, como estos últimos siete días, lo más noticioso que he contado ha sido lo de King África y Fernando Esteso cantando La Ramona. Vivir para ver.
Por ello, porque por el camino se nos han quedado un montón de churrinoticias que merecéis saber, ahí va, el gran compendio, el increíble resumen, el… bueno, lo más raro que ha pasado durante la semana.
1. Una boda en prisión
Si aún no seguís a @pequeniag en Twitter no sabéis lo que os estáis perdiendo. Gaby es mi corresponsal al otro lado del océano y me chiva cosas tan curiosas como la boda de Eduardo y Vivian en la cárcel de Ezeiza, Argentina.
La historia, que está contada de forma genial en la prensa local, tiene su miga (#clicheperiodistico). Ambos comparten el pabellón de hombres, pero cada uno está en un sector (al parecer, él se encuentra en “el de homosexuales” y ella en “el de transexuales).
Comenzaron fuera de la cárcel su relación, hace cinco años, y se reencontraron por casualidad en prisión, recuperando así el tiempo perdido.
Se casaron en el gimnasio del presidio y, aunque no se especifican las causas de sus internamientos, lo cierto es que ella (natural de Perú) recuperará la libertad el año que viene. Él aún no se sabe.
2. Caos en el tráfico por culpa de un semáforo
No quiero ni pensar qué pasaría en Madrid si alguien tuviera la ocurrencia que han tenido en Nimega, Holanda. En un semáforo de la ciudad cambiaron el muñequito que pasea cuando se pone en verde por… dos muñequitos que se lo pasan en grande cuando se pone en verde. Mejor os lo enseño:
Como habréis podido comprobar, un semáforo en el que dos muñecos se quieren más de la cuenta no es lo habitual, de modo que la gente tenía curiosidad por verlo y pulsaba constantemente el botón para que cambiara a verde, según cuenta la prensa británica, citando a las autoridades holandesas.
Este hecho provocó un auténtico caos circulatorio en las horas punta, porque el semáforo se ponía verde para los peatones (y rojo para los coches, obviamente) muchas más veces que de costumbre.
Las autoridades de transporte investigan cómo cambiaron la imagen. A mí me hace gracia, qué queréis que os diga.
3. Echan de casa a su hijo por fumar
Sabéis que la ley antitabaco española es bastante estricta, ¿verdad? Pues cuando tus padres son peor que la Policía la cosa sólo puede acabar de una forma: durmiendo en la calle.
Eso le pasó a un chaval de 16 años natural de Palencia, que el otro día llamó a la Policía a las 3.35 de la madrugada porque no tenía sitio donde dormir. Al parecer, el chico dijo que sus padres le obligaron a irse de casa durante la madrugada por fumar, según publica El Norte de Castilla.
Y se queja la gente porque tiene que salirse a fumar a la puerta del bar. ¡Ja! Cuando tus padres te echen alegando que estás en un lugar cerrado y ahí no se puede fumar, vienes y me lo cuentas.
4. Apartado un profesor por llevar ‘strippers’ a clase
El profesor Rappaport tiene fama de ser un tipo guay. Da clases en la universidad de La Salle, en Estados Unidos, y acostumbra a enseñar las cosas de una manera poco convencional. Así pues, es capaz de enseñar estadística llevando a sus alumnos a una pista de carreras.
Sin embargo, Rappaport, que seguro que es coleguita de gran parte de sus alumnos, ha sido apartado temporalmente de las clases después de que llevara a tres strippers a un simposio de la ética platónica y hegeliana.
Cuenta la prensa norteamericana que el profesor acostumbraba a llevar strippers a la clase, pero que esta vez, además de figurar, empezaron a bailar y a hacer “su trabajo” (según un alumno) durante las explicaciones del maestro Rappaport.
Evidentemente, en un lugar donde hay 30 alumnos, dos de los cuales son mujeres, que han tenido que pagar para ir allí… pues es lógico que no a todos les haga gracia el chiste. Tres cuartos de hora después de empezar el show la clase fue interrumpida por un alto cargo de la universidad, de modo que los alumnos se quedaron sin ver… cómo se aplica correctamente la ética platónica en los negocios.
BecConsejo: “Nunca te des por vencido. Para rendirse siempre hay tiempo”
Estamos en crisis. ¿Lo habíais oído? Fijo que no. Igual que seguro que tampoco sabéis quién es Belén Esteban, o que Iker besó a Sara tras ganar el Mundial. Llevamos tiempo repitiendo las mismas cosas y en eso también yo tengo parte de culpa, pero entenderéis que hay veces que es inevitable decir… ¿esto pasaba antes de la crisis?
Bueno, yo os cuento y vosotros me decís. Dos presos se han escapado de una cárcel argentina porque les vigilaba un maniquí. Sí, muchachos, tal y como os lo leéis. Mientras en Estados Unidos tienen que tatuarse el plan para huir en la espalda (bueno, igual sólo en Prison Break), en España nos dedicamos a hacer jolgorios y en Argentina… en Argentina ponen a Wilson a vigilar (Gabriela, algo falla). Lo de Wilson, por cierto, es por el amigo de Tom Hanks en Náufrago.
Los fugados son Walter Pozo y Andrés César, y nos hemos enterado gracias a que una fuente penitenciaria se chivó a un diario regional. Las cámaras de seguridad no funcionan desde hace meses y no hay personal, de modo que en la cárcel alguien debió de tener la estúpida genial idea de poner a un muñeco. Me imagino la escena…
- Hace falta personal, pero no tenemos dinero.
- ¿Y si ponemos un muñeco?
- ¿Qué?
- No, digo… podíamos poner un muñeco, pero un muñeco currado, así en plan con gorro de policía y todo, para que los presos vean su sombra y sepan que les vigilamos.
- Mmmm… parece interesante, cuenta, cuenta.
- Pues eso, que le podemos poner de nombre Wilson, como el de Náufrago.
- No se hable más. Compren el balón de fútbol y traigan una gorra… es una idea estupendísima.
(Para los más sensibles… sí, obviamente es una conversación ficticia)
Walter y Andrés (los fugados), treparon a un poste y echaron una manta sobre el alambre de púas, de modo que huyeron de la Unidad Penitenciaria 11 de la cárcel de Neuquén como quien va al baño.
Tienen 15 garitas, pero sólo dos personas en su interior (vamos, supongo que serán personas, porque son ellos quienes lo dicen… igual son una muñeca hinchable y un bebé gigante).
PD: Fijo que les pareció una ideaca… pero me temo que no lo era tanto.
PD2: El nombre de Wilson se lo pusieron los trabajadores de la cárcel y sí, su cabeza era un balón de fútbol con una gorra de policía. Trabajaba 24 horas al día… ¡¡y aún nos quejaremos!!
PD3: Me da que alguien se fue de la lengua también con los fugados, jejeje.
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