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Un perro trata de evitar la boda de su dueña

03 junio 2013

La fidelidad de los perros está más que demostrada. Quieren a sus dueños con locura y son capaces de hacer cualquier cosa por ellos. Por eso, cuando este simpático perrete vio a su dueña vestida de novia, armó la de San Quintín. El can, que de tonto no tiene un pelo, sabe perfectamente aquello de “te casaste, la cagaste” (perdón por el lenguaje) y quería evitar que la muchacha cometiera el error de su vida. Sí, amiga, porque hoy estás súper enamorada de tu ya marido, pero ya veremos lo que pasa mañana…

Reconozco que soy muy pesimista con el tema del matrimonio, pero es que las estadísticas me dan la razón, por mucho que la crisis haya rebajado levemente la disparada curva de perspectiva de divorcio. Ahora, por cada tres matrimonios, hay dos divorcios, lo que significa que el 67% de los nuevos casados están condenados a separarse.

Así las cosas, espero que la muchacha del vídeo, tan radiante, tan blanca, tan momentáneamente feliz el día que se grabaron estas imágenes, tenga mejor suerte de la que los datos le auguran. Y que su perro esté equivocado.

PS. Algunos dirán que la reacción del perro es de alegría por ver a su dueña así de feliz, pero muchos sabemos que la verdad no es esa.

Sus fotos de boda ¡¡88 años más tarde!!

26 diciembre 2012
Fuente: www.lasmadrinas.com (Flickr).

Fuente: www.lasmadrinas.com (Flickr).

¡Ah, el amor! ¡Qué cosas tiene! Tan pronto te dibuja una sonrisa en la cara que te hace parecer idiota como te deja frío y desconsolado. Así, hay parejas inseparables o casos como el de un indio que lleva desde el mes de marzo viviendo en un árbol por una infidelidad de su esposa. Como estamos en Navidad, época de buenrrollismo, la historia de hoy es de las del primer grupo, el de las personas que se aman para toda la vida.

La pareja más acaramelada del año vive en China y ambos son centenarios: él tiene 101 años y ella 103. El matrimonio Wu se unió sentimentalmente en 1924 en una época en la que se vivía con más estrecheces de las que sufrimos ahora. Para entonces, hacía casi un siglo que existían las cámaras de fotos, pero no había ninguna en la pequeña aldea china de la que eran vecinos Conghan y Songshi. Así, no pudieron inmortalizar el momento en el que se dieron el “sí, quiero”.

Sin embargo, casi nueve décadas más tarde, la vida les ha dado una segunda oportunidad. Songshi, vestida de blanco inmaculado -como marca la tradición- tomó el brazo derecho de Conghan, quien lucía impecable camisa blanca en contraste con la pajarita negra. Ambos aprovecharon la ayuda de un bastón para mantenerse erguidos y posaron con indisimulada felicidad para la sesión de fotos que habían soñado durante 88 años.

La idea nació de un grupo de vecinos de la pequeña localidad en la que viven, cercana a Nanchong, al noreste de China. Y no quedó solo en la sesión de fotos para la posteridad, sino que hubo fiesta completa, con banquete y tarta. No se ha confirmado si los novios se atrevieron con el vals nupcial pero yo quiero creer que sí. ¡Mis felicitaciones!

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Cuando el “sí quiero” es un puro trámite

13 septiembre 2012

Muchos ponen su empeño en montar una boda por todo lo alto: mariachis, figuras de hielo, acróbatas… Otros intentan que su ceremonia sea divertida y lo llenan todo de bailes, disfraces, cánticos… hasta que alguien llegó y pensó que lo de las bodas diferentes estaba ya muy visto y creyó que lo realmente especial es la pedida de mano. Pues bien, aquí van las cinco que más me han llamado la atención:

5. A 30.000 pies de altura

Ocupa el quinto lugar, pero perfectamente podría estar más arriba. Kat volaba para ver a Lovine, que teóricamente le esperaría en el aeropuerto. La pobre estaba durmiendo cuando Lovine aparece con una guitarra y se pone a cantar. ¡Se había colado en el avión! Después de cantarle una canción, le pidió que saliera al pasillo y entonces su perrito llegó (también por sorpresa) con un cojín y un anillo. “¿Quieres casarte conmigo?”… ¡te dicen que no ahí y te hunden!

4. Todo el parque en pie

En España no se estila pedir la mano, supongo que por las canciones. En Estados Unidos tiran de John Lennon y Michael Jackson, pero nosotros qué podemos hacer… ¿poner “Que te voy a comer” de Manolo Escobar? En fin, que nuestro segundo protagonista (o cuarto, como queráis verlo) hizo que su novia fuese a un parque de Nueva York con una amiga y una vez allí la gente empezó a levantarse y a bailar al ritmo de The way you make me feel. La cosa concluye con una orquesta y un muchacho que se quita el casco para decir: “No sabía cómo demostrar lo que te quiero… pero he traído a unos amigos para enseñártelo”.

3. La chica de las flores

El tercer lugar es para una de las últimas que os he contado, aquella muchacha (Teresa) que empezó a recibir flores de desconocidos, una detrás de otra, sin saber lo que estaba pasando, y que termina con un ramo, en el lugar donde tuvo la primera cita con su novio, mientras que éste (Jack) la espera vestido de gala y con un anillo. ¿Qué podía pasar? Pues que él le pidiera matrimonio y ella dijera que sí, claro.

2. Un baile por toda la calle

El segundo lugar es para una petición de matrimonio que publiqué cuando había superado los 8 millones de visitas en YouTube… y ahora tiene más de 15 millones. Isaac quedó con Amy, pero mandó a su hermano para que sentara a su novia en la parte de atrás de una furgoneta mientras que su grupo de teatro escenificaba, en directo, un baile al ritmo de Marry you de Bruno Mars. Al final, Isaac emerge entre la multitud, se arrodilla y le pide la mano, en el sentido literal y figurado.

1. Una película que no se ha estrenado

Aquí viene, mi favorita, la historia de Matt y Ginny, el chico que se curró un tráiler de cine, consiguió que lo proyectaran, metió a su familia y amigos en un cine al que fue su novia (sin él) y apareció corriendo en la sala como continuación de la película, donde había pedido la mano a su suegro. Son siete minutos de algo sencillamente genial.

PD: La de Matt me gustó tanto que al final conseguí entrevistarle.

 

Tres hermanos austriacos se casan con tres hermanas alemanas

23 agosto 2012

Hay pequeños placeres en la vida que están infravalorados: puedes desahogarte y pasarlo en grande criticando a tu cuñada con tu pareja, o compitiendo con tus hermanos para ver quién tiene la peor suegra. Pues bueno, eso va a ser realmente difícil para los hermanos Reichor, unos señores austriacos que han cometido el error (o acierto, según lo veas) de casarse con tres hermanas. Ya me diréis cómo va cualquiera de ellos a criticar a su cuñada delante de su mujer, sabiendo que son familia directa. Y lo mismo con la suegra: ¿qué interés tiene contar batallitas a tus hermanos si sabes que ellos tienen la misma?

De profundas creencias católicas, el mayor de los Reichor fue quien abrió la veda de este Tres hermanas para tres hermanos en 2005. Simon, que ahora tiene 26 años, conoció a su mujer, Darja, durante unas clases sobre la Biblia en Alemania, a las dos semanas empezaron a salir y la cosa terminó en boda.

Después fue Manuel, de 24 años, quien se casó con Janna, hermana de Darja, en 2009. Aquí la cosa ya cogía tintes peliculeros, pero bueno, digamos que no son un caso excepcional. Quizás sí en Engerwitzdorf, la localidad austriaca donde han ido contrayendo matrimonio, pero yo conozco algún caso de dos hermanos casándose con dos hermanas, si bien es cierto que los que yo conozco son de hace 40 años.

El caso es que, después de todo esto, supongo que el pequeño Lukas y la pequeña Joy se miraron y pensaron: “Ups… parece que no nos han dejado escapatoria”, así que hace poco más de dos semanas decidieron dar el gran paso (más pequeño desde que inventaron el divorcio) y también se casaron.

Darja, la mayor de las hermanas, está encantada, según contaba a la prensa austriaca: “Siempre soñé que encontraría a un hombre con dos hermanos que se casarían con mis hermanas… y ahora es realidad”. Yo creo que a la pobre le leían muchos cuentos de princesas de pequeña y quedó marcada, porque menudo sueño.

Simon y Darja tienen ya cuatro hijas, pero ven “complicado” encontrar cuatro hermanos para que se casen con ellas. ¡Ah! Y se me ha olvidado deciros que la madre de Simon, Manuel, Lukas, está encantadísima: “Estoy muy feliz, porque ya conozco a mis consuegros”, cuenta la pobre con un poco de resignación.

PD: ¿Alguno de vosotros saldría con su cuñada o cuñado?

Después de 48 años divorciados, se ‘recasan’

01 agosto 2012

Las parejas se enfadan, discuten, muchas se separan. Eso pasa en todos lados. Ocasionalmente, uno de los miembros de la pareja hace un intento desesperado de salvar la situación: “Dame tiempo, puedo cambiar”… pero nadie tiene tiempo. Bueno, nadie… salvo Lena Henderson y Roland Davis, de 85 años, que van a casarse 48 años después de su divorcio.

Roland y Lena se casaron con 17 años, sin saber muy bien dónde se metían. Esta pareja de estadounidenses fue medianamente feliz a lo largo de dos décadas, durante las que tuvieron cuatro hijos como cuatro soles y algunas peleas que terminaron en divorcio allá por 1964, según cuenta la prensa local.

Sé que he empezado diciendo que algo deben haber cambiado en la relación para casarse de nuevo, pero (esto que quede entre nosotros) yo tampoco estoy del todo seguro. A ver, os cuento lo que pasó desde que se conocieron hasta ahora y vosotros juzgáis si el motivo de la boda es amor, contentar a los hijos o que “a la vejez, viruelas”, que es un dicho muy castizo que usamos poco.

Cronología: cuando Ro encontró a Le

  1. Un juez de paz los casó en 1944. No hubo luna de miel.
  2. Veinte años y cuatro hijos después se divorcian.
  3. Ambos se casan de segundas con otras personas.
  4. Roland se muda de Buffalo a Colorado.
  5. En 1996, Lena y Ronald vuelven a encontrarse en un funeral. No se habían visto desde 1964 cuando se divorciaron.
  6. Roland y Lena enviudan.
  7. Roland llama a su exmujer y le pide que se vuelvan a casar, aunque llevaban 16 años sin verse.
  8. Lena acepta y Roland vuelve a Buffalo.
  9. Este sábado se recasan. Por la iglesia, claro.

Durante todo este tiempo supieron el uno del otro a través de sus cuatro hijos, que son quienes iban informando a sus padres de las novedades. Quizás por eso, son ellos los que más se alegran de este compromiso. “Es el sueño de cada niño, que tus padres divorciados vuelvan a casarse”, cuenta Renita Chadwick, la menor de las cuatro criaturas.

Y lo mismo dice la mayor de las hijas, Johnnie Mae Funderbirk, una de las instigadoras de todo este jaleo, que dice sentirse “como una niña de nueve años aunque tengo 65″. Pues que coman perdices, que al fin y al cabo… love is lovelier the second time around.

PD: Ya sabéis que en agosto suele traer sequía de frikismo. Lo intentaremos superar de la mejor forma posible.

La boda terminó de una forma precipitada

27 junio 2012

¿Cuánto diríais que habéis evolucionado en los últimos tres años? Hablo a nivel mental, claro, porque personal y profesionalmente ha sido una época jodida no sin ciertas dificultades. Pues bien, yo puedo decir sin temor a equivocarme que no he avanzado nada, no he mejorado nada y, si me apuráis, estoy aún peor que en noviembre de 2008, cuando empezó toda esta locura.

Muchos diréis… ¿a qué viene esto, becario? Bueno, si alguno hace memoria, poco después de empezar a escribir aquí publiqué “Juntar tres inútiles en una boda”, un post mítico, legendario, inolvidable… en el que… en el que… en el que no me acuerdo lo que pasaba, porque han pasado muchos años y bastante con que recuerdo el título del post. Era algo así como una caída en dominó de los asistentes a un enlace.

Y lo de hoy viene a ser la edición de aquella entrada, pero remasterizada y con algunos extras. Más gente. Más agua. Más EPIC FAIL… vamos, que deja a Titanic 3D a la altura del betún. En la escena vemos cómo Eric y Maegan Walber posan con todos sus amigos para hacerse una foto divertida, típica de boda, de ésas que aspiran a ser inolvidables. Como veréis en el vídeo, si lo que querían era ser recordados, lo han conseguido.

Estaban los Walber tan felices y sonrientes sobre el lago Gun, en Shelbyville (no, no está al lado de Springfield, sino en Michigan) cuando el puente, de repente, se fue al garete. Las caras de la muchachada son un poema cuando ven que se van al agua, aunque bueno… eso supongo que lo habréis visto ya.

La parte buena que tienen las bodas es que, como todo el mundo está de buen humor, ya puede estar lloviendo a cántaros o cayendo chuzos de punta que todos se lo pasan bien. Les da exactamente igual caerse al lago, empaparse hasta los calzoncillos y dejar toda la ropa para tirarla. Eso, como cuando yo me quedé encerrado en un ascensor con 10 personas y una claustrofóbica, termina siendo un momento divertido digno de ser recordado.

Evidentemente, en ese ánimo desenfadado influye, además del alcohol, que la boda ya había terminado y estaban en la parte final de la fiesta. “Será algo para contar a nuestros nietos”, dicen… pero yo no sé si creérmelo, porque eso es lo que dicen todas las viejas para que les den caramelos en los desfiles y al final son ellas quienes se los comen.

PD: ¿Alguna anécdota de boda digna de ser recordada?

Lo más raro que ha pasado durante la semana (11-17 junio)

18 junio 2012

Tras mi viernes de asueto desperté el sábado y comprobé que todo seguía igual. La escasez de frikismo que se había reproducido de lunes a viernes se repetía el fin de semana. De ahí que probablemente no os extrañe que os diga que ha sido una semana floja, tanto que solo nos da para cuatro chascarrillos que en un momento dado habríamos pasado por alto, pero ahora no. Porque lo mismo en el bar, en la oficina o en el salón de casa estáis flojos de chorradas que comentar y no quiero que me culpéis, que bastante culpable me siento ya. Ahí voy…

1. En la misma casa: madre, hijo, novio de mamá y amante del novio

Sé que muchos estáis enganchados a Modern Family y pensáis que ya lo habéis visto todo en lo que a estructuras familiares se refiere. Sé que creéis que todas las opciones de familias raras están contempladas en el cine y la literatura, pero eso es porque no conocéis a esta familia alemana que ha reunido bajo un mismo techo a una mujer con su novio, el hijo de la señora (de un matrimonio anterior) y al amante del novio de la mujer.

Resulta que, después de 17 años juntos, Ewald (60 años) le dijo a Erika (53 años) que a él en realidad le gustaban los hombres. Salía de una larga depresión saliendo del armario y cuenta Erika que en cierto modo se sintió aliviada. Llegado ese momento había dos opciones: separarse, o acoger al nuevo miembro de la familia y novio de Ewald, Gotthard (60 años). Optaron por lo segundo y ahora viven felices con Elmar (20 años), hijo del primer matrimonio de Erika. Y todos tan felices, según posan en el diario Bild.

2. Tres accidentes en menos de 15 metros

Muchas veces, cuando te cuesta aparcar, piensas: “Maldita sea, ojalá hubiese usado el transporte público”. Bueno, pues una vuelta de tuerca es cuando te cuesta aparcar, decides dejar el coche en un parking y en poco menos de 15 metros lo haces mistos después de estrellarlo de tres formas distintas. Algo así le pasó a la persona que protagoniza el vídeo siguiente, que primero destroza el coche contra la pared, no contenta con eso acelera y lo empotra contra el muro y para rematarlo observa impotente cómo el vehículo se va hacia atrás y la puerta se come la pared (Todo a partir de 0:30 segundos).

El vídeo es de 2011, pero fue colgado en YouTube hace unos días y es ahora cuando está cogiendo viralidad.

3. Tuvieron que casarse dos veces en el mismo día

Todos tenemos en la cabeza cómo es la estructura de una boda, ¿verdad? Hemos visto mil veces en televisión cómo él llega a la iglesia, luego llega ella, habla un poco el maestro de ceremonias, él dice “sí, quiero”, ella dice “sí, quiero” y el jefe los declara marido y mujer.

Pues bien, en la boda de Kelly Sweetman y Nathan Rees, no fue así. Estos galeses se casaban en una playa de Chipre y el maestro de ceremonias olvidó pedirle a ella que dijera “sí, quiero”, según recoge la prensa británica. Lo dio por sobreentendido y cuando Nathan aceptó, él los declaró marido y mujer. Craso error, claro, porque la boda quedaba invalidada ante la atónita mirada de los presentes, que se vieron obligados a asistir a un nuevo enlace, celebrado una hora después, en la que esta vez sí escucharon el “sí, yo también quiero”, de boca de la novia.

4. ¿Quién quiere un perro teniendo un pato?

Hay algunos animales que son mascotas incomprendidas. Yo, por ejemplo, quise siempre tener un cerdo. Mi padre nunca accedió a ello porque dice que los cochinos hocican mucho y pueden destrozar el rodapié de la casa. Aún así, la del cerdo es una espinita que tengo clavada, por más que @lachicadebec me dice siempre que conmigo en casa ya hay guarros suficientes.

En fin, que os cuento eso para que sepáis que me solidarizo totalmente con quien tiene a Charley el pato como mascota y se lo lleva a corretear por ahí. Es una muestra de que con los perros y gatos nos estamos cerrando mucho en el mundo animal. Y sí, el vídeo viene a completar la cuota de imágenes de animales que os traigo en cada recopilatorio.

PD: Esperemos que esta semana sea mejor, porque como sea más floja no sé qué voy a hacer.

 

Descubre gracias a Facebook que su marido está casado con otra

12 marzo 2012

Únete a la comunidad becaria en Facebook

¿Cuántas veces os he avisado de los peligros de las redes sociales? ¿CUÁNTAS? De hecho, raro es el mes que no cae un post en el que os hablo de las fotos que nunca debéis subir, del cuidado que tenéis que tener agregando a la gente (no sea que elimines a una amiga de Facebook y te queme la casa), u os recuerdo lo peligroso que resulta confesar crímenes y agresiones en un sitio donde te leen más personas de la que tú crees.

Sin embargo, hoy me voy a remontar a una entrada en concreto, del 31 de mayo del año pasado (cuando éramos 1.600 en la comunidad becaria, ahora somos 2.200), en la que os explicaba que Facebook no entiende de sentimientos. Todo aquello venía a propósito de mi amigo Ramiro, a quien el robot de Facebook le recomendaba que añadiera a su ex, con quien tenía varios amigos en común amén de una ruptura tormentosa. Una chorrada si lo comparamos con el caso de Alan L. O’Neill, o Alan Fulk, según la esposa con la que hablamos, que se enfrenta a cargos de bigamia (que estaba casado con dos mujeres a la vez, vamos).

Os cuento la historia desde el principio, que doy más vueltas que Spartacus. Resulta que Alan, estadounidense de 41 años, se casó con su primera mujer en 2001. Ocho años después se dieron cuenta de que la cosa no iba a funcionar y él se fue de casa, sin pedir el divorcio, eso sí,no sabemos si porque confiaban en una reconciliación o porque la vida está muy cara como para divorciarse.

En diciembre de este año cambió su apellido, Fulk, por O’Neill (quizás para parecer irlandés) y se casó con su segunda esposa, porque el amor te hace cometer locuras, ya sabéis. “¿Qué pasó entonces?” Preguntaréis. Pues bueno, lo que pasó es que Alan agregó a su nueva mujer a Facebook sin borrar a la anterior y entonces la red social, que no entiende de sentimientos, creyó oportuno que ambas mujeres se conectaran y sugirió a la segunda como “persona que quizás conozcas” a la primera.

Imaginad la cara que puso la primera mujer de Alan cuando vio a su marido trajeado y con un pastel de boda en la imagen de perfil de su nueva esposa. Es como cuando ves en una película a un tipo paseando por un callejón silencioso y oscuro… sabes que la cosa va a terminar mal.

En este caso, la primera esposa llamó a su todavía suegra y una hora más tarde nuestro amigo Alan fue a verla (a su mujer, se entiende, a su madre suponemos que iría a verla por lo menos los domingos). Entonces ella le preguntó si aún estaban casados y él respondió varias veces que no, o al menos eso rezan los informes judiciales a los que ha tenido acceso la prensa estadounidense.

En una jugada tan estúpida como desesperada Alan le pidió a su mujer que no dijera nada a su otra esposa, pero no surtió efecto. Llamó a las autoridades y el 22 de marzo será juzgado por bigamia porque, como dice el fiscal Mark Lindquist, “no es el delito del siglo, pero es un delito”. Alan, funcionario de prisiones, se enfrenta a una pena de hasta un año de cárcel.

¿Es que nadie ve Futurama? ¿Nadie recuerda lo mal que le salió la jugada a Alcázar cuando intentó casarse con Leela… y unas cuantas mujeres más? (Os pongo la imagen para que os sirva de recordatorio).

PD: Lo peor de todo es que rebuscando en el archivo becario he localizado un caso casi clavado a éste. Lo protagonizó Richard Barton Jr. en marzo de 2011. Lo mismo es que estamos en la época de los bígamos facebookeros. Si salís al campo y encontráis alguno, me lo pasáis por Twitter, por favor.

El día de su boda fue un desastre y exigen una indemnización

23 enero 2012

Uno suele estar con relativo miedo o inquietud por si el día de su boda va a llover o no, o por si hay un imprevisto de última hora. Después de ver la preparación, desarrollo y desenlace de las bodas de varios amigos míos he llegado a la conclusión de que la última semana te preocupa cuánta de esa gente que te dijo que iba no irá y el último día miras al cielo y confías en que todo lo que ya tienes preparado salga tal y como lo has organizado.

Por eso probablemente vais a quedaros a cuadros cuando conozcáis la historia de Peter (41 años) y Michelle Rogers (36), un (ahora) matrimonio británico que vio cómo su boda, celebrada el 7 de enero, pasó de ser un plan perfecto a un desastre que ríete tú de la boda de Ross y Emily en Friends.

La pareja, natural de Dover (una localidad, no el grupo de música), en Kent (es un condado, no el presentador de Los Simpsons) había comprado en una empresa que organiza estos eventos una especie de paquete de Toda su boda por 5.400 euros con el objetivo de no tener que preocuparse de buscar un lugar, un fotógrafo… todo por separado.

Pues bien, llegado el día la cosa se empezó a torcer 15 minutos antes de la ceremonia, cuando Peter fue  al lugar en el que se iba a celebrar (teóricamente se casaban a las 14.45 horas, pero como el novio llega antes acudió a las 14.30) y le dijeron que el sitio aún no estaba listo y se tenía que ir.

Salió y media hora después, ya con la novia esperando, les dijeron que la persona encargada de casarlos no había llegado. Supondréis que algo grave había pasado para que se ausentara, ¿no? Bueno, valorad lo grave que es: no acudió a casarlos porque había “salido a pasear al perro”. Lo que conocemos como razones de fuerza mayor, vamos, ya sabéis que la versión de “el perro se ha comido mis deberes” ahora es “no hice los deberes porque saqué a pasear al perro ante el temor de que se los comiera”. ¡Eso cuela seguro!

Llamaron a otro funcionario para que los casara y después de dos horas llegó al lugar. Cuando se presentó y comenzó la boda se dieron cuenta de que tenía mal los votos, la música no era la que habían elegido (daba igual, porque el CD, además, no funcionaba) y… sí, muchachos, aún podía ir peor, dijo mal el nombre de la novia (ahora sí, al más puro estilo Ross).

Según cuenta Peter a la prensa británica, la cosa fue aún peor porque cuando al final se casaron ya estaba demasiado oscuro y el fotógrafo no pudo captar nada del momento. Además, el chico de las fotos tenía otro compromiso y tuvo que irse a toda prisa.

Los responsables de este desaguisado (qué poquito usamos esta palabra con lo bonita que es) han pedido disculpas, pero para la pareja, como imaginaréis, no es suficiente y exigen una indemnización. Desde luego, se le quitan a uno las ganas de casarse…

PD: Dice Peter, y razón no le falta, que seguro que este día no lo va a olvidar.

PD2: La opción b es montárselo al estilo Sabina, pasar de ceremonias y que todas las noches sean noches de boda.

Andrew Montgomery, el hombre que no se daba cuenta de “lo grande que era”

03 enero 2012

Andrew Montgomery es un británico de 34 años que pesaba 190 kilos y que nunca se había subido a una báscula. Dice que jamás se había planteado nada acerca de su tamaño hasta que se vio en las fotos de la boda de un amigo y comprobó que era sustancialmente más grande que la dama de honor. Entonces se puso a dieta y se quedó tan finito como veréis en la imagen que os adjunto más adelante.

Cuenta Andrew a la prensa de su país que no se había dado cuenta “de lo grande que era” hasta que se comparó con otras personas en las fotos de aquella boda. De esto podemos entender varias cosas: que su familia es de su tamaño, que no se hizo foto alguna en su vida hasta esa ceremonia o que cada tarde leía la historia de Gulliver en Liliput y todo le parecía normal.

El peso de nuestro amigo no era casualidad, sino una ecuación de comida basura y basura con forma de comida. No podía subir unas escaleras sin echar el hígado por la boca y hacer vida cotidiana suponía un suplicio para él. Por eso me extraña que tenga que ver unas fotos de una boda para darse cuenta de que tenía un problema de salud: ¿pensaría que cansarse después de dar cinco pasos no era raro, en plan “hola soy Carmen Machi y yo creía que sentirse hinchada era lo normal“?

Después de toda una vida sin subirse a una báscula empezó una dieta, compró una cinta de correr y se enroló en un grupo de Internet donde la gente se conjuraba para perder peso. En un año se ha quitado de encima 95 kilos, lo cual no termino de saber si es muy bueno, muy malo o regular (¿no es demasiado peso en tan poco tiempo?).

“Nunca me había pesado (hasta después de la boda de su amigo) y no me di cuenta de lo grande que era”, asegura este muchacho, a quien le “chocaba” ver “lo grande que parecía al lado de la dama de honor”. “Es la llamada de atención que necesitaba”, dice nuestro despistado muchacho. No hay más preguntas.

Después de quedarse en la mitad de lo que era, a 2012 le pide salir de casa de su madre y encontrar una esposa (eh, eh, eh, eh… Lois, éste no es mi vaso de Batman ¿no estás corriendo demasiado, Andrew? ¿Casarte? ¿Dónde han quedado las primeras citas, el conocerse mejor, el ir a cenar con los suegros…?). Bueno, desde aquí le deseamos suerte. Si es lo que quiere, él sabrá donde se mete.

PD: Mes nuevo, Trolly nuevo. Un superhéroe de los que ya no quedan.