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Venganza después de que su hermano le ‘hackeara’ el perfil de Facebook

18 agosto 2012

Los 15 años son una edad muy mala. Bueno, en general la adolescencia es un período difícil, de demasiados cambios, y quizás por eso a casi todo el mundo le da por hacer cosas raras. A mi amigo Alberto le dio por no afeitarse, y le llamaron durante años Mostacho en honor a su pelusilla, a mi amiga María le dio por llorar: cada lunes tenía un novio nuevo, cada viernes lo dejaban… y a llorar. Y a un compañero de clase le dio por tomarse la justicia por su mano y aplicar el ojo por ojo en todo: terminó llamando “Venganza” a su perro, no os digo más.

“¿A qué viene esta introducción?” Os preguntaréis (como siempre). Pues bien, una vez tenemos los conceptos “15 años” y “venganza” estáis en disposición de leer la historia de hoy, protagonizada por un muchacho holandés vengativo llamado Tobias Mathijsen y su hermano adolescente, que cometió el error de aprovechar que el mayor se había dejado su cuenta de Facebook abierta y puso todo patas arriba.

Aunque no sabemos los detalles, podemos imaginar qué pudo hacer: romper con su novia, subir una foto de Ben Affleck y escribir “este tío me pone mucho”, publicar en el muro “soy tonto y en mi casa no lo saben” y rematar con un “mi hermano es el mejor”, aclarando la autoría de los hechos, por si acaso hubiese dudas.

El hermano mayor dijo que eso no podía ser, puso el grito en el cielo y aprovechó su posición para jurar venganza. Es una cosa que suelen tener los hermanos mayores: son más grandes, más listos y, por ende, más vengativos. A ti te hace una y te la tienes que comer, porque no se te ocurren formas ingeniosas para vengarte; ahora bien, si tú le gastas una broma ten por seguro que te la va a liar… y bien liada. Lo que no tengo claro es si alguien llegaría a los extremos del protagonista del vídeo…

Podría ser una campaña viral (aunque no tiene pinta), pero el vídeo merece la pena que lo comentemos. Con la ayuda de unos cuantos amigos, el hermano mayor redecora la habitación del pequeño: una pared rosa por aquí, un póster de Justin Bieber por allá, unos juguetes femeninos a este lado… ¡y zas! La perfecta habitación de niña… para un chaval de 15 años.

El pequeñín (por ser amable) se lo toma con humor y admite que quizás no debería haber trasteado en una cuenta de Facebook que no era la suya (es lo que en el vídeo se subtitula como ”frape”), al mismo tiempo en que reconoce que es tan vago que probablemente no va a cambiar la decoración, por muy femenina que parezca. Bueno, bastará con que le pongan de nuevo la puerta, porque también se la quitaron para que todos pudieran ver la nueva decoración.

PD: ¿Alguna venganza creativa en vuestro historial? Soy todo oídos.

La mujer que no sabía por qué todo el mundo le regalaba flores

16 agosto 2012

Nuestro sistema inmunitario ha sufrido unas cuantas actualizaciones en los últimos tiempos. Hay una, que aún está por ser perfeccionada, que te permite esquivar los papeles de “Coma en este restaurante” que te dan por la calle; otra, que te vuelve sordo cuando ves a un hippie saltando mientras toca la flauta; y una más, perfectamente asimilada, que te lleva a rechazar todo lo que te ofrecen en la calle y es susceptible de ser cobrado como por ejemplo, las flores.

Por eso no es de extrañar que la protagonista del vídeo que da sentido al post de hoy lo primero que haga sea decir “No” a un señor desconocido que le intenta regalar flores. “¿A santo de qué?”, pensará la mujer. No me extraña, yo hace años que lo único que cojo en la calle es mi edición de 20 minutos para leérmelo en el metro.

El problema para la muchacha es que, según va avanzando, más y más gente se le acerca a regalarle flores hasta que claro, al final termina aceptando. Educadamente recoge una flor, otra, otra y otra y otra más hasta que se junta con un manojo considerable. Mientras tanto, todo está siendo grabado en vídeo sin que ella se dé cuenta.

Cuando la pobre protagonista (Teresa), se ve con ese ramo, ya empieza a olerse la tostada. Al fondo está su novio (Jack), que iba con ella pero había desaparecido… y de repente lo encuentra vestido de gala y con un micro. Cerca hay un escenario… todos hemos visto suficientes vídeos de YouTube como para saber que si te ves dentro de ese contexto te van a pedir matrimonio.

Y así fue como pasó. El día 2 de agosto, Jack pidió matrimonio a Teresa con la ayuda (y presencia) de un montón de desconocidos en el Instituto de Arte Contemporáneo en Boston. Ahí había sido su primera cita y ahí es donde Jack se la jugaba: daban por hecho que se iban a casar, pero jamás lo habían dicho en voz alta. Como la respuesta no iba a ser un problema, decidió que el rompecabezas sería la pregunta.

Después de ver el vídeo es cuando uno piensa… Jack tiene que haber involucrado a mucha gente para todo esto, ¿no? Las cámaras repartidas por todos sitios, los de las flores, los músicos… Ahí es cuando entras a la web de la pareja y descubres una hilera casi interminable de colaboradores.

PD: Quería contaros esta declaración de amor sin que fuera el rollo de siempre (“una original forma de pedir matrimonio que blablabla”).

Una pareja británica viaja por todo el mundo casándose una y otra vez

09 agosto 2012

Casarse, generalmente, implica cierto jaleo. Lío a la hora de organizar las mesas, de elegir el sitio, el menú, a quién invito y a quién no… Sí, sé que ahora los que comentarán serán los de “pues yo invité solo a cinco amigos blablabla”, pero lo normal no es eso. Lo normal es follón y comeduras de cabeza. Ahora imaginad eso, pero multiplicado por 30 y en distintas partes del mundo.

Es lo que están haciendo Alex Pelling y Lisa Gant, una pareja británica de Manchester que quería conocer mundo, hacer amigos y darse el “sí, quiero”. Por eso vendieron todas sus posesiones y empezaron un viaje que les llevaría por un montón de rincones en los que se dirían “sí quiero, sí quiero, sí quiero, sí quiero…” así hasta 30 veces, tantas como bodas iban a celebrar.

Dicen en su blog que son muy románticos y que querían hacerlo de forma un poco especial: vamos, que no tenían intención de ir de iglesia en iglesia casándose, sino que querían algo distinto, pero les costaba encontrar una cosa que les convenciera. Por eso decidieron que lo mejor sería inspeccionar cada uno de los destinos para encontrar el lugar ideal en el que casarse.

Distintas tradiciones, distintas culturas, distintas bodas… toda una aventura para “viajar, encontrar amigos y divertirse”, según cuenta Lisa. El viaje está previsto que dure dos años y ahora mismo se encuentran en Sudamérica (en Chile, concretamente), después de atravesar Centroamérica, Estados Unidos y Canadá. “A este paso, vamos a terminar con más de 30 ceremonias”, dice Alex (llevan 20, contando la primera, que fue en Manchester al estilo tradicional).

Cuentan que la boda es una excusa y que al final lo bonito es todo el procedimiento, desde que la gente les propone ideas a través de las redes sociales, hasta que dicen el sí quiero, pasando por todos los amigos que hacen en cada viaje. Si te gusta la idea, pero no quieres casarte, puedes participar en algunas de sus ceremonias: tan fácil como hacer una donación para la pareja o para Unicef.

En su blog, además de las bodas, hablan de todas las peripecias que pasan en los países. Hombre, al final tanta ceremonia puede resultar pesada (teniendo en cuenta que a las bodas se va, fundamentalmente, por el banquete), pero a mí un poco de envidia sí me dan, ¿eh? ¡Menudo viaje de novios se están pegando!

PD: ¿Serán todas las noches “noches de boda” y todas las lunas “lunas de miel”?

El día más caluroso de la Estatua de la Libertad

04 agosto 2012

Cuando fui a Nueva York decidí que no iba a visitar la Estatua de la Libertad. Todo el mundo me dijo que no merecía la pena desplazarse hasta el islote pagando unos cuantos dólares si podías montar gratis en el ferry a Staten Island y verla, desde una distancia amplia, pero lo suficiente como para hacerte una foto. Y así lo hice.

Claro que eso fue antes de que el Doctor Doofenshmirtz hiciese de las suyas y derritiera el monumento. ¿O fue una tremenda ola de calor? ¿Un ataque terrorista quizás? No, amigos, quien ha derretido la estatua es un artista alemán llamado Vincent Ullmann.

Ullmann que ha conseguido un efecto la mar de realista: parece como si estuvieras viajando en un helicóptero y, de repente, la pobre estatua empieza a sufrir un sofoco tan grande que termina quedándose en el esqueleto, aunque sin soltar la antorcha, eso sí.

Al final del vídeo, como habréis podido comprobar, da los detalles de los programas y sistemas utilizados para conseguir este efecto y, aunque dice en Vimeo (donde subió las imágenes) que “muchas cosas pueden hacerse mejor”, bien podrían colarte esto en cualquier película… que tragarías.

Es más, no os extrañe que dentro de unos meses lo veamos en cualquier documental post apocalíptico del cambio climático, que podría titularse algo así como: “Primero fueron los dinosaurios… ahora los monumentos”. Podríamos ver cómo se derrite la Torre Eiffel, el Taj Mahal y al final solo quedarían en pie las Pirámides, dejando claro una vez más que los egipcios tenían la clave de todo.

En cualquier caso podéis estar tranquilos, porque Vincent es inofensivo, tal y como él mismo reconoce: “No, no estoy planeando una pistola gigante que derrita cosas para atacar Manhattan, volar por las calles y derretir a todos y cada uno me encuentre en mi camino”.

PD: Pensaréis que su puntualización es una chorrada, pero viendo cómo se las gastan con algunas cosas en Estados Unidos, más vale pecar por exceso que por defecto.

Un científico entra en prisión por ‘la estafa de la top model’

23 julio 2012

A los siete años vi una película de Tony Leblanc que se llamaba Los tramposos, donde el actor practicaba el famoso timo de la estampita. Mi padre me dijo entonces: “A ti que no te engañen con cosas así, ¿eh?” y desde entonces recelo de todo, especialmente de lo que parece demasiado bueno para ser verdad.

Desgraciadamente para él, el físico teórico Paul Howard Frampton no debió de ver aquella película. Por eso, a finales de enero de este año y después de pasar diez días en Bolivia, fue detenido en un aeropuerto argentino por contrabando de drogas. Había enviado una maleta con dos kilos de cocaína envueltos en papel de regalo a, teóricamente, Denise Milani, una modelo checa (Miss Bikini World 2007) a la que había conocido por Internet.

¿Cómo llegó hasta aquí el pobre Paul Howard Frampton, de 68 años? Os cuento. Después de un tiempo de relación virtual con la modelo, ella, teóricamente, había decidido dejarlo todo para irse con él. Así fue como llegó de Carolina del Norte a Toronto, de Toronto a Santiago de Chile y de ahí, a La Paz, donde estuvo 10 días esperando a Denise, tal y como le había pedido el agente de la modelo. Al final, un amigo de la muchacha fue a verle al hotel, le dio una maleta de la joven y le dijo: “Ella te espera en Bruselas”.

Nuestro físico viajó a Buenos Aires, donde ella, muy adinerada, le iba a mandar el billete para Bruselas. El problema es que ni llegaba el billete ni había noticias de la muchacha y un amigo de Paul Howard le dijo que no se fiaba de todo ese rollo (uys, cómo no haberlo pensado antes), le convenció de que se volviera a Carolina del Norte y le pagó un billete de vuelta a casa. Nuestro físico facturó la maleta de su chica… y, sorpresa: contenía cocaína. Además, unos correos en los que un amigo le advertía de que podía ser todo una trampa le dejan sin coartada. Termina en prisión.

Quizás penséis que este tipo estaba metido hasta el cuello. Puede ser. Pero también hay otra teoría, la que dice que este Sheldon Cooper, genial para la ciencia y torpe para las relaciones sociales (ya había sido estafado en otra ocasión en circunstancias similares y otra vez terminó en China buscando una mujer que no existía) hizo el primo. Vamos, que lo llega a pillar Leblanc en aquella película y termina sin calzoncillos.

La teoría del bobo pardillo la defiende incluso su exmujer (no es para menos), que dice que nuestro protagonista tiene “la edad mental de un niño de tres años”. ¿Conclusión? Que el pobre lleva más de 135 días encarcelado y el asunto tiene muy muy muy mala pinta.

PD: La historia es tan loca que os recomiendo que leáis la entrevista que le hicieron en Clarín. No tiene desperdicio.

La forastera que abrazaba a desconocidos para combatir la morriña

19 julio 2012

Había pensado publicar este post el viernes, pero lo he adelantado un día para que no parezca que el viernes es el día de los abrazos becarios, teniendo en cuenta que la semana pasada publicaba aquello de “Una abrazadora profesional cobra 50 euros la hora por dormir contigo en cucharita.

Entenderéis entonces que, después del bajón que sentí cuando me enteré de que ya ni los abrazos eran gratis y había gente con la intención de cobrarlos, quiera resarcirme con el resquicio de esperanza de Melinda Schmidt, una estadounidense que se mudó de ciudad y empezó a repartir abrazos a diestro y siniestro para conectar con los desconocidos de la nueva localidad y sentirse como en casa.

Melinda tiene 35 años y dos hijos. Un día decidió que estaba harta de no ser una abrazadora y que quería sentir esa mezcla de alivio y felicidad que sienten quienes los dans (y quienes los reciben). Por eso emprendió su cruzada de los abrazos: iba a pasar los siguientes 365 días estrechando entre sus brazos a desconocidos y lo iba a contar en un blog.

La estructura del blog es sencilla: titular, número de abrazos, persona que lo recibe (el empleado de un gimnasio, los feligreses de una iglesia…) y un poco de qué siente o cómo lleva el proyecto. ¿El resultado? Además de la bitácora, un vídeo que resume bastante bien la idea. Está en inglés, pero os bastará saber que en el primer abrazo el señor dice: “Sí, te daré un abrazo, no sé por qué, pero te lo daré”.

Como no estamos acostumbrados, esto lo vemos raro. Es más, si no fuese por la entrañable sonrisa de Melinda pensaríamos que se trata de una extraña desviación o parafilia: “Abrazos a desconocidos… ¡a quién se le diga…!”. Efectivamente, si te pones en situación lo ves raro, tú vas andando por la calle y alguien viene a abrazarte… raro, sí. Pero si la persona que viene no huele a vino, puede resultar incluso reconfortante.

Cuenta Melinda que le gusta especialmente abrazar a la gente que tiene cara de tener un mal día. Vamos, que seguro que no da abrazos a becarios, que llevamos siempre cara sonriente, y se los quedan todos los jefes y ejecutivos, que pase lo que pasen llevan cara de haber desayunado mal. Aún así qué queréis que os diga, en los tiempos que corren me parece una iniciativa que deberíamos importar.

PD: Además de Melinda, la comunidad abrazadora está formada ya por otras dos personas que se sumaron a la iniciativa. Una de ellas vive entre Baréin y Dubai, “una parte del mundo no abrazadora“. Eso sí que tiene mérito.

Una abrazadora profesional cobra 50 euros la hora por dormir contigo ‘en cucharita’

13 julio 2012

Dicen que en las debilidades hay que ver las oportunidades y, repasando los últimos años, no se me ocurre un momento de mayor número debilidades que éste. Todo parecen tragedias, cada vez vivimos más asfixiados, las depresiones se disparan… y el tijeretazo ha llegado también a los abrazos. ¿Os acordáis de aquellos tiempos en los que se repartían abrazos gratis? Pues dentro de poco eso va a ser un recuerdo difuso, porque ahora también hay quien cobra por darlos.

Sí, chicos, aprovechando que nos sentimos muy solos, que nos cuesta mucho dormir y que las almohadas que te abrazan son al cariño lo que las muñecas hinchables al sexo, Jackie Samuel, de 29 años, ha fundado The Snuggery (algo así como La acurrucadora, más o menos) y cobra 60 dólares la hora por dormir con ella haciendo la cucharita (en lo de “la cucharita” ahondaremos un poco más adelante).

Antes de que la cosa vaya a más os aviso de que se trata solo de dormir o relajarse, nada de sexo. Es más, cualquier contacto de esta índole está terminantemente prohibido en La acurrucadora y así lo explica la propia Jackie, quien aclara que no se trata de sexo, sino de bienestar físico, porque esta práctica “te hace sentirte más tranquilo y tiene numerosos beneficios para la salud”.

Jackie ha montado el negocio en Rochester, EE UU, y dice que antes de hacerlo buscó entrenamiento y licencias para que su negocio fuera más oficial, pero no lo encontró (o encuentró, si te gusta decir las cosas a lo bruto). “Soy una abrazadora cualificada, pero no pude encontrar a nadie que hiciera lo que yo hacía”, contaba apenada a la prensa estadounidense.

Supongo que no es fácil ser abrazadora profesional, pero no nos engañemos Jackie: si no encuentras a nadie que haga eso, es que no has buscado mucho. Lo que puede pasar es que no conozcas a nadie que cobre por hacerlo, pero el mundo está lleno de parejas que duermen haciendo la cucharita. Y ahora sí, ha llegado el momento de destapar la caja de Pandora: ¿no sabes qué es la cucharita? En este vídeo te lo explican a partir del 0:59, con un doblaje que te arrancará alguna sonrisa.

Ahora, turno de ruegos y preguntas que probablemente ya están respondidas en su sección de “Preguntas frecuentes”, pero que yo os paso a resumir:

  • Hay un breve encuentro antes de dormir juntos.
  • Hay que dormir con pijama.
  • Si te sientes ‘muy cariñoso’ no te preocupes, pero recuerda que el sexo está prohibido.
  • La posición de la cucharita no es obligatoria (hay más de 100 disponibles en el catálogo), pero es la que más pide la gente.
  • El tiempo máximo por sesión es 90 minutos y cuesta algo más de 70 euros.

PD: También vende abrazos, pero para comprarlos, habiéndolos gratis, hay que estar francamente desorientado y desesperado.

Cosas que no esperas encontrar cuando usas Street View

28 junio 2012

Hay muchas razones para usar Street View, o cualquier sistema igual o parecido de la competencia. Encontrar un sitio al que tienes que ir, visitar lugares a los que nunca has ido y jamás irás, cotillear qué pasaba en tu barrio el día que pasó la camarita de Google… así nos podríamos seguir hasta reunir decenas de motivos por los que perder el tiempo navegando por calles de todo el mundo hasta llegar a la principal: encontrar cosas que no esperas. Y de eso hay un montón, os lo aseguro, mucho más de lo que creemos.

Como hacía tiempo que no recopilaba cosas raras de Google Maps aprovecho para traer las cinco que más me han gustado de las últimas semanas; pero si tenéis alguna que os guste especialmente no dudéis en hacérmela llegar. Vamos para allá:

1. ¿Vuesa merced, dónde me hallo?

Google ha conseguido hacerse con más cariño que una marca blanca, quién lo iba a decir. Por eso los hay que piensan que el gigante de Internet puede hacerlo todo, incluso viajar en el tiempo. Entonces… ¿hay opciones de que un cochecito de Street View viajara un par de siglos atrás al sur de Reino Unido y captara a una noble desconcertada cerca de palacio? Bueno, opciones hay pocas, por no decir ninguna, pero yo no voy a ser quien os quite la ilusión.

2. Tengo un regalo para ti

Me sorprende que cuando hay una cámara de televisión cerca, algunas personas empiecen a actuar de forma extraña y se sientan poseídas por un extraño espíritu que les empuja a hacer el ganso para salir en pantalla. Afortunadamente, no todo el mundo es así, aunque, desgraciadamente, los hay que son justo lo opuesto: en cuanto ven una cámara hacen lo que sea para que no salga su cara y prefieren poner… bueno, ya me entendéis.

3. El descanso del guerrero

Otra de las cosas que encuentras, pero no esperas, en Street View son animales. Ahora bien, si estás navegando por una reserva de monetes en Japón igual no te extrañas tanto cuando ves a un montón de guerreros bañándose entre la nieve, tomando un descanso bien merecido. Me imagino al pobre Peter ahí, disfrutando de unas vacaciones que lleva tiempo reclamando… mientras tanto, que se quede cuidando del teclado en la cabecera.

4. Ahora que nadie me ve…

Los “aquí te pillo, aquí te mato” tienen más inconvenientes que nunca. Ahora, cuando pasees por las calles de Letonia, no puedes pararte en cualquier sitio a vaciar la vejiga (bueno, antes no debías), porque lo mismo te encuentras con que un cochecito pasa por tu lado y te toma una fotografía que queda ahí para la posteridad. Porque una cosa es que a las tres de la mañana, en Malasaña, salga un señor de un portal y te grite “¡gamberro!” y otra es que te recuerden para siempre en esa esquina, junto a esa estatua.

5. Aprovechando el calorcito

Hace calor, ¿verdad? No, no, que va… son rumores, como solía decir mi primo David. Fijaos si hace calor que en algunas zonas de México han decidido tirar a la basura los tendederos y las cuerdas para aprovechar la valla metálica que hay frente a casa. Ahí, si te lo curras, te caben más de cien calcetines y unas cuantas camisetas. A mí no me termina de convencer, porque las vallas suelen tener más mierda que los pies de Frodo a veces contienen restos de suciedad, pero oye, si a ellos les funciona… 

PD: ¿Cuál es vuestra escena favorita? Mi debilidad, como de costumbre, son los monetes.

La bebida que flota y sorprende a todo el mundo

26 junio 2012

Con lo bien que funciona el boca-oreja (o teclado-pantalla, si queréis) en Internet, no me extrañaría que ya conocieseis la magia de Rahat, que se esconde en un canal de YouTube. Bueno, se esconde… quizás no es la palabra más adecuada si tenemos en cuenta que cada uno de sus vídeos suele superar el millón de visualizaciones.

No obstante, a muchos de vosotros os sonará a chino eso de la magia de Rahat y puede que algún despistado crea que estoy hablando de las maravillas que esconde la capital de Marruecos porque ha leído la magia de Rabat en vez de la de Rahat. Tranquilos, ya ha llegado Bec para llenaros una porción de cerebro con conocimiento baldío. Es mi trabajo.

Una de las especialidades de este mago, cómico y bromista es la de hacer volar cosas en el interior del coche y grabar la reacción de la gente cuando lo ve.

Su última creación es Bebida voladora III: en el vídeo vemos como nuestro protagonista pide la comida en el autoservicio de una especie de Krusty burger (no se me ocurre de qué multinacional de comida rápida puede tratarse). Como podéis imaginar, el mago deja flotar en el aire la bebida y cuando va a pagar y los empleados ven que no la está aguantando con nada, abren los ojos más que Özil.

Como el tipo es un cachondo, cada vez actúa de una forma diferente. A veces se hace el sorprendido, otras actúa con normalidad, una vez rodea la bebida por arriba y por abajo para demostrar que no está colgando de un hilo ni de nada y hay otra que lleva el vacile al extremo y cuando la empleada le dice corriendo al jefe lo que está pasando él coge el refresco con la mano y deja por loca a la muchacha.

La verdad, no tengo ni la más remota idea de cómo lo hace, aunque sí me imagino cuál sería mi reacción si lo viera. Me quedaría mirando fijamente, soltaría un exabrupto (es un taco, no penséis que me iba a poner a escupir delante de todo el mundo) y diría: “Tiene truco. No sé cuál, pero tiene truco”.

PD: Como publicidad del Krusty Burger en cuestión no está nada mal, ¿eh?

 

Denuncia que en el FBI la discriminan por ser guapa y tener éxito como cantante

25 junio 2012

Sabéis que es en este blog es un clásico el “demasiado sexy para”…, incluso Trolly lo ha dicho alguna vez. Pues bueno, como la última vez que vimos un caso de este tipo fue en marzo, cuando un montón de madres y padres cambiaron de guardería a sus hijos porque la profesora era sexy, he decidido que es el momento de hablaros de otro caso de pura envidia, esta vez en el FBI.

Erika Bonilla, una trabajadora californiana de la agencia, ha presentado una demanda contra la organización porque se siente discriminada y acosada por sus compañeros debido a que “están celosos” por su apariencia “y envidian su carrera como artista”, según recoge la prensa internacional.

Dice Erika, de 38 años, que todo este lío empezó en diciembre de 2002, cuando meses después de entrar en el FBI fue ascendida a un puesto de mayor responsabilidad y sus compañeros consideraron que otra persona se merecía el trabajo. Esto es un clásico, ¿eh? Se empieza con una miradita furtiva y un susurro y se termina diciendo “Gracias, Sara”.

Como, desgraciadamente, suele ser habitual en este tipo de casos, empezaron a extenderse los rumores de si “seguro que se acuesta con algún jefe”, “qué habrá hecho para llegar ahí arriba” y algún que otro comentario envidioso hecho solo para incordiar.

El caso es que Erika tiene claro que sus compañeros le tienen manía porque es una “atractiva hispana con carrera en la música latina”. Es algo así como la Jennifer Lopez o la Sofía Vergara del FBI, para que nos entendamos. La pobre decidió cambiar de oficina para poder seguir compaginando su carrera musical con su trabajo en la agencia.

El FBI ha preferido no hacer comentarios al respecto, ni sobre el caso en general ni sobre la indemnización que pide nuestra querida cantante en particular.

PD: Si queréis disfrutar de la música de Erika, podéis escuchar su Cómo te va mi amor.