Cada ejemplar nos cuesta sudar tinta
Desde hace unos días, llevamos en la portada de nuestras ediciones en papel (abajo, a la izquierda) una leyenda que dice "¡Búscalo, léelo y cuando termines pásalo!"
"¿Y eso?", me preguntan algunos lectores. Eso es porque queremos que el diario llegue al mayor número de personas posibles, y no tenemos mucha capacidad de aumentar las tiradas de modo significativo en la mayoría de las 12 plantas de impresión en que se hace cada noche las 14 ediciones de 20 minutos. No son plantas propias, lógicamente, son de otros, y en ellas se imprimen distintas cabeceras que nos disputamos las mejores horas de impresión: las de la madrugada.
Cada mañana, recibo un informe de nuestra sección de Producción que me dice a qué hora se ha cerrado la última página de cada edición y otro muy detallado del departamento de Distribuición sobre lo que ha pasado esa noche en las imprentas. Planta a planta, edición a edición, en éste me detallan la tirada prevista, la tirada real (que casi siempre coincide), la hora de entrega a nuestros distribuidores del último ejemplar, los ejemplares impresos fuera de hora... Hay también un campo sobre incidencias que normalmente no tiene ninguna, pero que en ocasiones indica que la noche ha sido complicada en alguna planta: "avería mecánica", "rotura de planchas", "arranque tardío", "rotura de bandas", "fallo en la potencia del generador", "problemas con la cadena de cierre", "problemas en la plegadora", "problemas en los rodillos"...
He abierto el parte de hoy temiéndome que esta madrugada hubiera sido un desastre, por mi culpa, en las dos plantas que hacen la edición de Madrid. Ocurrió que a las 00.45, ya en mi casa, vi en la prueba de primera página que me llevo siempre que se me había escapado una errata clamorosa: "Los grandes ciudades madrileñas pasan del Día sin Coches". Llamé al redactor jefe de noche, Jaime Jiménez, que arregló el desaguisado a toda velocidad. Afortunadamente, el horario límite de ejemplares no se traspasó.
Como ves, cada ejemplar nos cuesta sudar tinta. Cuando lo leas, no lo escondas, no lo tires a la papelera, no te lo guardes para llevártelo a casa a la noche (salvo si tu madre te ha pedido que se lo lleves)... Dáselo rápido a un compañero de trabajo o de estudios, a un amigo, a un conocido, o déjalo donde lo pueda coger limpio otro lector. ¡Gracias!

