Vuelve al lenguaje económico una expresión que se usaba mucho en los años noventa: la de los “créditos blandos”. Dicen que el Gobierno de Rajoy, entre sus muchos planes, tiene el de dar “créditos blandos” a los emprendedores, a los que funden empresas y lancen proyectos que creen empleo y riqueza.
Hace ya unos cuantos años, a mediados de los noventa, yo escribía en el diario financiero Cinco Días un artículo semanal sobre asuntos de lengua y economía. La serie se titulaba genéricamente Letras de cambio. Reproduzco aquí un texto que escribí sobre los dichosos “créditos blandos”, por si te sirve de lectura sabatina.
El pobre Galdós, sin núcleo estable ni préstamos subvencionados
Arsenio Escolar
Mauricia la Dura es uno de los más singulares personajes creados por Benito Pérez Galdós. Aparece en ‘Fortunata y Jacinta’. Mauricia es una perdedora: una mujer bronca, áspera, tan maltratada por la vida, tan endurecida y correosa, que a su lado Fortunata, que no era manca, parecía una ursulina sensiblera.
Galdós, el creador de Mauricia la Dura, era un blando. De carácter (“Silencioso, sumiso, tímido, retraído…”, lo describe Joaquín Casalduero, uno de sus biógrafos) y de constitución física: la más famosa de sus novias, doña Emilia Pardo Bazán, le dijo una vez en una de sus tórridas cartas: “Siempre me he reprimido algo contigo por miedo a causarte daño físico; a alterar tu querida salud. Siempre te he mirado (no te rías ni me pegues) como los maridos robustos a las mujeres delicadas y tiernamente amadas”.
Hasta ahora, en castellano, blando era Galdós, el algodón, una esponja, algún colchón, un defensa central respetuoso con los tobillos de los rivales… Y duro era el granito, Mauricia, el pedernal, el acero, Gregorio Benito, un boxeador, Humphrey Bogart… Ahora, maltraduciendo del inglés, a los créditos que concede el Banco Mundial a los países pobres nos empeñamos en llamarlos ‘blandos’ y al conjunto de principales accionistas de una compañía hemos dado en llamarlo ‘núcleo duro’.
El Departamento de Español Urgente (DEU) de la agencia Efe (un clásico en la defensa del buen uso del idioma) ha estudiado la parte ‘blanda’ de este asunto y ha llegado a conclusiones claras y terminantes. Según el DEU, el ‘Gloario de términos económicos y financieros internacionales’ de la agencia británica de prensa Reuters define ‘soft loan’ como “préstamo o crédito concedido a bajo interés y a menudo por un periodo más largo del normal, especialmente a países en vías de desarrollo”.
Y en el ‘Glosario de términos de economía y hacienda’ dirigido por José María Lozano Irueste y publicado por el Instituto de Estudios Fiscales aparece ‘soft loan’ correctamente traducido como ‘préstamo subvencionado’, del que se explica que es “el préstamo a un tipo de interés inferior al de mercado que se concede con el fin de fomentar alguna actividad determinada”. El mismo Lozano Irueste traduce ‘soft loan’ en su ‘Diccionario bilingüe de economía y empresas’ (Ediciones Pirámide) como “préstamo sin interés o préstamo subvencionado”.
En cuanto a ‘núcleo duro’, este mismo diccionario nos da una pista de lo inadecuada que es tal expresión. En inglés, ‘hard core’ es, según Lozano Irueste, “el núcleo básico o fundamental de una organización”; y ‘hard’ no significa sólo duro, sino también estable en algunas expresiones: por ejemplo, en ‘hard money’, ‘dinero estable’. En fin: al conjunto de accionistas que están en el capital de una compañía con vocación de permanencia debiéramos llamarlo ’núcleo estable’.
Volviendo a Galdós. El escritor, que vio que con su obra se enriquecían los editores, se metió él mismo a empresario y fundó una editorial que tenía por ‘núcleo estable’ al propio don Benito y a Miguel H. de la Cámara. El núcleo se desestabilizó pronto, y Galdós tuvo que pleitear con su socio para recuperar sus derechos de autor. Se hizo con ellos tras un arbitraje de Gumersindo de Azcárate, pero tuvo que abonar a De la Cámara una liquidación tan elevada que el escritor cayó en manos de prestamistas. Atender las necesidades de algunas de sus novias agravó sus estados financieros. Pese a que era una gloria nacional, nadie le dio al pobre Galdós un ‘préstamo subvencionado’. Murió casi pobre, en 1920. Y sin el Nobel, que ya entonces era una pasta.
Hasta aquí aquel texto. Y ojalá que vuelva el crédito, incluso aunque no esté subvencionado.

Comentarios recientes