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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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Mariano Rajoy y el no rescate de la banca

29 de mayo de 2012. Comparecencia de urgencia de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno desde cinco meses antes: “No va a haber ningún rescate de la banca española”. Lo dice él, palabra a palabra, como se observa en el video. Probablemente, en la sede central del PP, por la cartelería que se observa tras el presidente.

Apenas dos semanas después, 13 de junio de 2012. Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. La oposición (Rubalcaba, Rosa Díez, Coscubiela…) interpelan sobre el rescate, pero Rajoy prefiere calificarlo de “préstamo en condiciones ventajosas” “sin coste para la ciudadanía”. En el vídeo con parte de la sesión, el presidente del Gobierno afirma incluso: “Es un crédito a la banca que va a pagar la propia banca”.

Ayer, 10 de enero de 2017. Informe de fiscalización del proceso de reestructuración bancaria del Tribunal de Cuentas en el que afirma que el saneamiento de los bancos le ha costado ya al erario público 60.718 millones de euros. “La cifra no es definitiva, puede aumentar o disminuir”.

En 20minutos hemos echado cuentas (60.718 millones divididos entre 46,5 millones de habitantes) y nos sale que ese préstamo ventajoso que según el presidente del Gobierno iba a pagar la propia banca ya nos ha costado a cada español 1.305 euros.

En la agenda oficial del presidente del Gobierno no está hoy prevista ninguna comparecencia en la que Rajoy explique por qué se equivocó -o por qué mintió- en 2012.

El PSOE, en manos de Rajoy

Lejos de calmar las agitadas aguas internas del PSOE, el anuncio de Javier Fernández, presidente de la gestora, de que el congreso del partido se celebrará “antes del verano” las ha revuelto aún más, sobre todo entre los críticos.

Ciudadanos hará su congreso el primer fin de semana de febrero de 2017. Tanto PP como Podemos, durante el fin de semana siguiente, el segundo de febrero. Y el PSOE, el partido más necesitado de una profunda puesta a punto de su proyecto -puesto que está sin lider, sin propuesta renovada a la sociedad española, con su élite dividida tras un golpe interno bordeando la legalidad, con una parte de la élite divorciada de las bases y con reciente competidores muy fuertes tanto a su derecha, Ciudadanos, como a su izquierda, Podemos- lo deja para “antes de verano”, sin fecha ni concreción.

-Nuestro proceso de congresos no es solo por el nacional, el de febrero, sino por los autonómicos que vienes después y los provinciales más tarde, y tenemos que tener todo acabado antes del 3 de mayo -me dice un alto cargo interno del PP.

-¿Y por qué el 3 de mayo?

-Porque a partir de esa fecha, Rajoy puede disolver las Cortes y convocar elecciones. Es improbable que lo haga, pero tenemos que tener todo a punto en el partido por si acaso.

El PP, en suma, no quiere tener la casa sin organizar por si su propio líder, Rajoy, toma una decisión política tan relevante como es meternos a todos en un nuevo proceso electoral… y el que dice ser su principal opositor, el PSOE, se pone voluntariamente en manos de Rajoy, que si disuelve Cortes y convoca elecciones en mayo podría reducir a escombros el agrietado edificio del PSOE antes de que empezara la restauración.

¿Por qué aplaza a antes de verano el PSOE sus emergencias? ¿A qué responde esa estrategia de la gestora? ¿Qui prodest?

 

El macropuente nos cuesta casi el 0,2% de nuestro PIB

Estamos en la semana más rara del año. Lunes, miércoles y viernes, laborables. Martes y jueves, festivos. Y en muchas empresas, toda la semana festiva: un macropuente que paraliza la actividad y le cuesta a la economía española, según diversos expertos, unos 2.000 millones de euros.

2.000 millones no es una bagatela, equivale a casi el 0,2% de nuestro PIB anual. El macropuente nos va a suponer, por tanto, casi dos décimas de punto porcentual de nuestra riqueza.

Hace cinco años, el 19 de diciembre de 2011, en su primer debate de investidura tras ganar las elecciones de noviembre, Mariano Rajoy se comprometió desde la tribuna del Congreso de los Diputados a “racionalizar” el calendario laboral reduciendo los puentes. Concretó incluso cómo se haría: se trasladarían las fiestas que cayeran entre semana al lunes más cercano, «con la excepción de aquellas fechas de mayor arraigo social». Impacto en la opinión pública, portadas en la prensa impresa y online y tema de apertura en los telediarios, alguna resistencia en sectores de la Iglesia, debate ciudadano y en los sindicatos y en la patronal…

Hubo incluso un pacto rápido entre CEOE, CC OO y UGT, firmado apenas tres semanas después, el 9 de enero de 2012, por el que ese año se desplazarían a un lunes tres fiestas muy concretas: el 15 de agosto, que caía en miércoles; el 1 de noviembre, en jueves; y el 6 de diciembre, también en jueves. No fue así. No se movieron esos festivos, no se volvió a hablar del asunto. Ni patronal ni sindicatos ni Gobierno ni oposición explicaron en público por qué razón se paralizó todo el proyecto.

Cinco años después, seguimos como estábamos, sin “racionalizar” el calendario laboral y sin visos de que puentes y macropuentes vayan a dejar de ser un palo en la rueda de nuestra economía.

La nueva saca de la hucha de las pensiones desmiente la recuperación del empleo

La nueva saca de la hucha de las pensiones -9.500 millones, la más cuantiosa de una sola vez de entre las muchas que ya ha hecho el Gobierno de Rajoy en cinco años- pone en evidencia que la recuperación del empleo de la que tanto se jacta el Gobierno es muy endeble. El conjunto de las cotizaciones de los nuevos empleos -muchos de ellos, malparados, temporales y sin jornada completa- no aportan a la Seguridad Social recursos suficientes para afrontar el pago de las nuevas pensiones, de jubilados que de media cotizaron alto en su vida laboral y tienen derecho ahora a pagas altas. En el mes a mes, la Tesorería de la Seguridad Social va tirando, pero cuando llega una extra se encuentra con que no hay dinero en la caja y tiene que echar mano del Fondo de Reserva.

El Fondo de Reserva está para esto, es verdad. Para garantizar los pagos. Pero el ritmo a que ha ido perdiendo peso la hucha es alarmante. Cuando Mariano Rajoy llegó al Gobierno, en la hucha había 66.815 millones, y hoy ya solo quedan 15.915. Suficientes para una nueva saca de otros 9.500 millones, más o menos, con los que afrontar la extra de verano de 2017 de los pensionistas… y nada más. Para la siguiente extra, la de Navidad de dentro de un año, no quedarían euros suficientes.

Ya en julio pasado, con la anterior saca, saltaron las alarmas, pero con la excusa de que estaba en funciones el Gobierno no movió un dedo en la tarea de buscar nuevas fuentes de financiación para la Seguridad Social. En realidad, no quería reconocer en vísperas del intento de Rajoy de una nueva investidura que su reforma laboral no había funcionado y que la recuperación económica y del empleo era muy endeble. Ahora ya está convocado el Pacto de Toledo para afrontar la crisis de las pensiones. Dense maña, Gobierno y oposición, no tengan a los pensionistas en estado de sobresalto.

PD. Tampoco las malas noticias económicas vienes solas. Acaban de hacerse públicos los datos de paro registrado de noviembre. Subió el paro, en 24.841 personas, y bajaron mucho los cotizantes a la Seguridad Social: 32.832 menos en ese mes. Una nueva luz roja de alarma.

Los pitufos de Rita Barberá no son cosa de risa

Dos reflexiones -o dos recordatorios- sobre el presunto pitufeo que ha llevado hoy a la senadora y exalcaldesa de Valencia Rita Barberá a declarar en el Tribunal Supremo.

La primera, que, pese al nombre, no estamos ante un asunto menor. “Pitufeo” se le dice, según la Fundéu, “a ciertas operaciones financieras ilícitas que se efectúan en cantidades pequeñas para que no sean registradas o para no levantar sospechas”. La propia Fundéu, que recomienda el de “menudeo”, dice que el término viene del inglés smurfing, y este formado a partir de smurf, nombre aplicado en esa lengua a los personajes de historietas conocidos en español como pitufos”. 

Los pitufos que en Valencia presuntamente blanqueaban dinero pitufeando eran docenas de concejales, asesores y personal administrativo del grupo del PP en el Ayuntamiento de Valencia que -según la investigación- transferían cada uno de ellos 1.000 euros al partido por vía bancaria y luego recibían la misma cantidad en metálico, en dos billetes de 500 euros, billetes procedentes de comisiones ilegales pagadas por empresas que se hacían allí con contratos publico. El pitufeo del equipo de Barberá, por tanto, era de pequeñas cantidades, sí, pero no por ello cosa de risa o de historieta: de lo investigado hasta ahora se deduce que estaríamos ante una trama organizada, una máquina de muchas piezas, de muchas personas, y algunos de ellos cargos electos, presuntamente dirigidas para delinquir. Poco dinero, pero muchos presuntos delincuentes.

La segunda reflexión -o recordatorio-: Barberá declara en el Supremo, y no en el Juzgado de Valencia donde lo hacen el resto de los presuntos pitufos, porque cuando perdió la Alcaldía, tras las elecciones de mayo de 2015, su partido, el PP, y su presidente y amigo, Mariano Rajoy, le buscaron a Rita un cómodo destino en Madrid, una mamandurria que además de un buen sueldo le proporcionara un cierto blindaje ante los diferentes frentes judiciales que ella tenía ya entonces abiertos: caso Nóos, Ritaleaks, etc.

Pese a ser senadora sin pasar por las urnas populares sino por decisión del PP y designación de Las Cortes Valencianas, Rajoy no le exigió a Barberá cuando fue imputada en el pitufeo que devolviera el escaño, cosa que sí hizo incluso el propio PP valenciano en el parlamento autonómico. Al presidente del PP y del Gobierno le bastó con que Barberá se diera nominalmente de baja en el partido para hacer que zanjaba el asunto y simular que ya había pedido responsabilidades. Con estos pasos camina Rajoy en la senda de la regeneración democrática.

 

Luzón, fiscal jefe anticorrupción… o no

Esta tarde da un nuevo paso el procedimiento por el que José Manuel Maza, a propuesta del Gobierno, será en unos días, a todos los efectos, el nuevo fiscal general del Estado: el Pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) se reúne en sesión extraordinaria para pronunciarse sobre la idoneidad para el cargo del que hasta ahora era magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Tras este trámite, le queda otro a Maza: comparecer en breve en el Congreso, en la Comisión de Justicia, para que los diputados examinen sus méritos.

Maza sustituye en la Fiscalía General a Consuelo Madrigal, que fue nombrada hace apenas dos años tras dimitir su antecesor, Eduardo Torres-Dulce, por varios encontronazos con el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Parecía que Madrigal, que cesó automáticamente hace apenas dos semanas, cuando hubo nuevo Gobierno, iba a ser propuesta de nuevo para el cargo. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, se lo insinuó incluso en una reunión, pero alguna discrepancia reciente y creciente de Madrigal con el nuevo Ejecutivo y con su presidente, Rajoy, echaron por tierra su candidatura. ¿Cuál era la discrepancia? Las personas idóneas para dos delicados nombramientos en puestos clave de la Fiscalía que el titular del cargo tiene que afrontar de inmediato: la jefatura de la Fiscalía Anticorrupción y la jefatura de la Fiscalía de la Audiencia Nacional.

Ambas fiscalías son piezas clave en varios sumarios relevantes, con políticos de diferentes signos en los encausados, sobre todo del PP, que se están instruyendo y acabarán juzgándose en los próximos meses, y ni el Gobierno ni Rajoy quieren perder influencia sobre esos órganos jurisdiccionales. Y en ambas hay que nombrar máximo repsonsable de inmediato. En la de la Audiencia Nacional -una instancia cada día menos dedicada a su tarea tradicional, la lucha contra el terrorismo, y más volcada en perseguir la delincuencia económica a gran escala- porque el titular, Javier Zaragoza, está pendiente de la renovación o no renovación en el cargo. En la Fiscalía Anticorrupción, que se ha llenado en los últimos años de fiscales jóvenes, técnicamente muy bien preparados y con muchas ganas de combatir caiga quien caiga la lacra de la corrupción que está asolando nuestra vida pública, porque su titular, Antonio Salinas, tiene ya 70 años y se jubila.

Hace un par de meses, con Madrigal aún al frente de la Fiscalía General y sin certeza de investidura de Rajoy, se daba por muy probable que el sustituto de Salinas al frente de la Fiscalía Anticorrupción sería Alejandro Luzón, ahora teniente fiscal de la Secretaría Técnica de esa misma fiscalía y fiscal de gran prestigio que se ha desempeñado con eficacia en casos muy relevantes, desde el remoto de Luis Roldán a recientes como el de las tarjetas black. No renovada Madrigal y llegado Maza, ya hay dudas sobre el nombramiento. Como diría Rajoy, Luzón será el fiscal jefe anticorrupción… o no.

Rajoy, ante un circo de tres pistas

Una idea y la contraria. Que remodelación pequeña, que mediana, que grande. A pocas horas de que Rajoy anuncie su nuevo Gobierno, hay más especulaciones que certezas. «Ni idea, ya sabes cómo es. Nadie sabe nada de nada», me dice un ministrable que aparece en muchas quinielas.

Las certezas -o casi certezas-, que será un Gobierno “dialogante”, obligado Rajoy porque se encuentra en minoría parlamentaria y necesita ministros con cintura y capacidad de interlocución con los otros partidos. Y también la certeza de que no estaríamos ante una simple remodelación de Gobierno, sino ante «un circo de tres pistas» -en expresión de otro ministrable- que hay que coordinar y sincronizar: la pista del Gobierno, que es la que se despeja hoy; y las pistas del partido -que en pocos meses tiene que afrontar su Congreso- y del equipo parlamentario, que pueden despejarse en parte hoy y en parte en breve.
Algún jugador de estas dos últimas pistas circenses -partido y grupo parlamentario del PP- pueden pasar a la primera, y eso explicaría que Rajoy se haya tomado cinco días desde la investidura para encajar las piezas.

Por lo demás, las especulaciones más repetidas son:

-Que habrá un Ministerio de Administraciones Públicas autónomo, no con Hacienda, para afrontar desde la política y no solo desde la financiación el debate territorial y especialmente el asunto Cataluña.

-Que dejan el Ejecutivo casi seguro Fernández Díaz y probable Margallo.

-Que es muy probable que Cospedal entre, para Interior, Defensa o Justicia.

-Que al presidente se le ocurrirá alguna fórmula para que la jefa de Cospedal no sea Soraya Sáenz de Santamaría y así evitar choques entre sus dos actuales segundas, que no se llevan ni medio bien.

-Que el ministro más joven podría ser Pablo Casado.

-Que si se confirma lo de Cospedal, secretaria general del PP, y Casado, vicesecretario general, ya tenemos la segunda pista circense necesitada de cambios.

-Que hay otra pugna en el área económica, con De Guindos y Montoro disputándose la supremacía y la dirección de la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, que ahora lleva Rajoy en persona.

-Y que suenan mucho como posibles ministros tres ‘monclovitas’ hoy en la segunda fila: Jorge Moragas, José Luis Ayllón y Álvaro Nadal.

Será una legislatura complicada, pero el más resistente es Rajoy

El Mariano Rajoy del diálogo y la mano tendida del pasado miércoles se ha matizado a sí mismo en apenas tres días. Hoy se ha venido arriba y ha vuelto el Rajoy del no -ha pronunciado más veces esa palabra en su intervención de 10 minutos que el Pedro Sanchez del “no es no” en el último año en esa misma tribuna-, el Rajoy que les ha dicho al resto de grupos parlamentarios que no va a rectificar sus políticas del pasado y que no va a ceder “salvo en lo razonable”, y lo razonable será solamente de nuevo aquello que decida el ya presidente del Gobierno que lo sea. Si el Ciudadanos de Albert Rivera del sí a Rajoy y el PSOE de la gestora que con su abstención ha permitido la investidura pensaban que iban a tener un papel crucial en la legislatura, quizás ya estén empezando a dudarlo.

La legislatura va a ser complicada para un Rajoy y un PP en minoría, sí, pero probablemente lo sea más para otros líderes y otras fuerzas. El poder desgasta mucho, en efecto, pero el no tenerlo y ser socio o semisocio del que lo tiene desgasta mucho más. No te beneficias de sus aciertos y te salpican sus errores. Será una legislatura muy complicada para Ciudadanos, abducido y satelitelizado por el PP en estos meses, y para el PSOE, dividido, roto, sin líder, sin proyecto y divorciado de su base militante, electoral y social. Sobre ambos, además, penderá una incertidumbre: si se pasan en sus exigencias o en su tira y afloja con Rajoy, este podrá a partir de mayo próximo disolver las Cámaras e ir de nuevo a elecciones, y las expectativas electorales de Ciudadanos y de PSOE no son nada halagüeñas.

Ha dicho Pablo Iglesias que este periodo que comienza es el del epílogo de Rajoy. Puede que sí, pero también puede que no y también puede que el epílogo sea larguísimo. Rajoy es un resistente. Una de sus más profundas convicciones vitales y políticas la plasmó en dos de sus vergonzosos sms, cuando le dijo a Bárcenas el “sé fuerte” y a la mujer de Bárcenas aquello de “al final la vida es resistir y que alguien te ayude”.

¡Y tanto! En las elecciones del 20 de diciembre pasado, el PP perdía 3,6 millones de votos respecto a 2011 (pasaba de 10,86 millones cuatro años antes a 7,2 millones ese día) y uno de cada tres escaños, pues pasaba de 186 a 123. Rajoy parecía políticamente tocado, casi moribundo. Y no, ha sido fuerte, ha resistido, le han ayudado muchos en estos meses (el PP siempre, Ciudadanos bastante, hoy el PSOE, Podemos en marzo, la prensa afín al PP y alguna que no lo parecía también siempre…) y ahí está, de nuevo presidente del Gobierno a todos los efectos.

El debate de investidura lo pierde el PSOE

Los abrazos de oso aliado de Mariano Rajoy y las acerbas críticas de Pablo Iglesias han convertido al PSOE roto de Antonio Hernando, de la gestora, de los barones rebeldes y de Susana Díaz en el gran perdedor de la primera sesión de investidura. Rajoy ha perdido la votación, sí, pero el que más pierde en términos políticos de credibilidad, mercado, solar, espacio, relevancia, sustancia y posición es el PSOE.

Y parte de lo que al PSOE le queda, me temo, lo perderá pasado mañana sábado, cuando consume la abstención que convertirá de nuevo a Rajoy en presidente del Gobierno con todas las de la ley. La abstención socialista confirmará lo que algunos dirigentes del propio PSOE venían temiéndose desde hace días: le están regalando gratis el Gobierno al PP y gratis también la oposición a Podemos.

A estas alturas de desastre socialista, ¿tiene algún arreglo? Pues quizás sí. Uno posible, que la gestora les diera libertad de votos a sus diputados el sábado, de modo que sólo se le cedieran a Rajoy 11 abstenciones y se intentara recuperar de verdad el papel de oposición, y convocar de inmediato el Congreso Extraordinario al que obligan los Estatutos socialistas para que el PSOE afronte cuanto antes sus cinco grandes problemas:

No tiene líder.

Se encuentra profundamente dividido y fracturado por las guerras internas.

Se está produciendo un divorcio traumático entre la nueva dirección y una gran parte de la militancia, a la que no se le ha dado ni voz ni voto en el conflicto interno.

Carece de un proyecto sólido que ofrecer a la sociedad española.

Ve cómo una franja importante de su electorado afín se le aleja, en parte por los cuatro problemas anteriores y en parte porque ese electorado está viendo una alternativa en Podemos y en otras recientes formaciones y movimientos políticos de izquierdas.

Mañana es tarde.

 

Cospedal a Interior y otros cuatro o cinco ministros nuevos

Aunque el PSOE aún no ha tomado formalmente la decisión de facilitar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno, en el PP y en el Ejecutivo en funciones ya dan por hecho que lo hará y hay quinielas sobre ministros que salen o ministros que entran, carteras que cambian de mano, ascensos dentro de un mismo ministerio (de secretario de Estado a ministro, por ejemplo), etc.

He hablado recientemente con varios altos dirigentes del partido y del Gobierno y, aunque todos insisten en que Rajoy es un enigma y probablemente sorprenda a todos con alguna presencia o con alguna ausencia imprevistas, sí tendría ya claras el presidente hoy en funciones las siguientes decisiones:

-Retocar menos de la mitad del Gobierno, para que no pareciera que se hacía Rajoy a sí mismo una enmienda a la totalidad o una rectificación en toda regla. El Ejecutivo saliente tenía 13 carteras, luego -dicen los entendidos- ahora habría novedades en un máximo de 6.

-A tres carteras es obligado buscarle nuevo titular, ya que han quedado vacantes por diferentes motivos recientes durante el ya largo periodo en que Rajoy está en funciones y no puede hacer nombramientos. La de Industria, Energía y Turismo, desde que en abril pasado la tuvo que dejar José Manuel Soria, salpicado por los papeles de Panamá. La de Fomento, desde que en julio pasado la dejó Ana Pastor para convertirse en presidenta del Congreso de los Diputados. Y la de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, desde que en agosto pasado la dejó Alfonso Alonso para irse de candidato del PP a las elecciones vascas de septiembre.

-Una cuarta cartera, la de Defensa, quedará también disponible, porque su titular, Pedro Morenés, ya le dijo al presidente hace casi un año, en vísperas de las elecciones de diciembre de 2015, que le gustaría salir del Gobierno y volver a sus negocios.

-Una quinta y quizás una sexta cartera, la de Interior y la de Asuntos Exteriores y Cooperación, quedarían disponibles… por decisión personal de Rajoy de relevar a sus actuales titulares, Jorge Fernández Díaz y José Manuel García-Margallo. El primer relevo se da por seguro: en estos nuevos tiempos políticos sin mayoría absoluta, Rajoy no querría que la continuidad de su ministro más controvertido y más cuestionado, Fernández Díaz, fuera interpretada como una provocación a toda la oposición, y especialmente a las formaciones que previsiblemente harán posible la investidura: Ciudadanos y PSOE. El segundo relevo es menos seguro. García-Margallo encabezaba en el Gobierno un grupo, el G-8 (con Fernández Díaz, Pastor, Soria, Cañete cuando estaba, Morenés, Tejerina -Agricultura- y Catalá -Justicia-), que constituía todo un frente anti Soraya Sáenz de Santamaría, la poderosa vicepresidenta. Hay división de opiniones sobre si Margallo seguirá en el Gobierno o no seguirá. Si no sigue, tanto que se apunta la vicepresidenta.

Además de las líneas generales antecedentes, se da por seguro que Sáenz de Santamaría seguiría de vicepresidenta -“pese ha tenido algún desencuentro reciente con Rajoy”, me dicen dos fuentes diferentes, sin más concreción- y que María Dolores de Cospedal entraría en el Ejecutivo como ministra de Interior -“lo conoce bien, fue subsecretaria de ese Ministerio de 2002 a 2004, y además es uno de los pocos departamentos que no cuelgan de la vicepresidenta sino del presidente, con lo cual se ahorra Rajoy el choque entre sus segundas”-.

Y hay dudas sobre si habrá un vicepresidente económico (y si lo sería o no Luis de Guindos); sobre si algunos ministros van a seguir, pero cambiando de cartera; sobre si se repescará a Alfonso Alonso, aunque no sea en Sanidad; sobre si entre los nuevos ministros estará el joven Pablo Casado; sobre si Rajoy premiará con un ministerio a su jefe de gabinete y director de las dos últimas campañas electorales del PP, Jorge Moragas…